miércoles, 18 de mayo de 2011

TODO ESTÁ CONSUMADO (Jn 12, 44-50)


Cuantas veces he deseado una nueva revelación, o aparición, o la novedad de un nuevo mensaje que me haga reaccionar. Cuantas veces he buscado en la vivencia de unos nuevos ejercicios espirituales o retiros el recuperar el amor primero que parece ha decaído, como los de Emaús, en mi camino.

Siempre andamos buscando, ¡y no es malo!, nuevas experiencias sin percatarnos que todo ya ha sido revelado. Para eso vino JESÚS, para decirme lo que el PADRE me ama y quiere para mí. Y para cada uno de sus hijos. No debo, pues, seguir buscando sino creer en Aquel que se ha hecho visible entre los hombres, JESÚS de Nazaret. El que lo ve a ÉL, ve al PADRE, porque ÉL lo ha dicho y tiene Palabra de Vida Eterna.

JESÚS me habla hoy a mí. Me habla en este momento, en esta cultura y en este lugar (La Iglesia). Sus Palabras son actuales, responden a mis interrogantes e inquietudes, y le dan respuesta. Debo, pues, buscar en un diálogo sincero y transparente su Voluntad, lo que quiere de mí, lo que quiere para mí, y darle respuesta en mi vida.

Y no debo angustiarme porque lo mandado está en proporción de mis fuerzas. ÉL me las dará para que pueda cumplir con lo misionado. Esa es la fe que debo tener y debo pedir, y la Iglesia me lo testimonia en la vida de muchos que lo han hecho (santos). JESÚS se hace contemporáneo mío, se acerca en mi camino hacia Emaús y me alienta hasta que mi corazón arde de pasión y entusiasmo. Luego, al calor de la mesa y la fracción del pan se me hace visible y reconocible. En la Eucaristía recobro la Luz y le reconozco.

Que nunca deje de visitarte y alimentarme
en el Pan Eucarístico, donde, TÚ, SEÑOR
te haces presente y reconocible. Amén.

martes, 17 de mayo de 2011

DIOS NOS HABLA EN NOSOTROS (Jn 10, 22-30)


Santo Tomás de Aquino comenta este pasaje del Evangelio diciendo: «Puedo ver gracias a la luz del sol, pero si cierro los ojos, no veo; pero esto no es por culpa del sol, sino por culpa mía»

DIOS nos regala a su HIJO, nuevo don, que es la Palabra viva en nosotros, y que en nosotros habla y nos interpela... La gran sinfonía musical de DIOS, en la revelación de su Palabra al hombre, es interpretada, desde el corazón de DIOS, al corazón del hombre por un único solista, JESUCRISTO, quien le da vida y vida de salvación.

DIOS nos habla desde nosotros mismos. Está en nuestras entrañas, en nuestro propio ser. No en vano, somos sus hijos, sus propias criaturas. Por lo tanto, toda manifestación de lo creado es fien testimonio de la Palabra de DIOS, y el hombre es su locura, su máxima expresión de amor. Por eso, nos regala a su HIJO hasta el extremo de morir por todos nosotros.
 
Debemos, pues, abrir los ojos y mirarle con fe, porque solo así seremos capaces de reconocerle como verdadero HIJO de DIOS.  Juan Pablo II hablaba en el año 2000, en el encuentro con los jóvenes en Tor Vergata, del “laboratorio de la fe”. Para la pregunta «¿Quién dicen las gentes que soy yo?» (Lc 9,18) hay muchas respuestas... Pero, Jesús pasa después al plano personal: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». Para contestar correctamente a esta pregunta es necesaria la “revelación del Padre”. Para responder como Pedro —«Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo» (Mt 16,16)— hace falta la gracia de Dios.

Necesito ser humilde, SEÑOR. Humilde para
ser capaz de reconocerte, de sentir que
sólo TÚ tienes Palabra de vida eterna.

Necesito, SEÑOR, abajarme, abandonarme
en tus Manos y confiar que TÚ eres 
verdadermente el HIJO de 
DIOS, porque TÚ lo
dices y tus obras lo manifiestan. Amén.

lunes, 16 de mayo de 2011

PODER PARA DARLA Y RECOBRARLA (Jn 10, 11-18)


El rebaño necesita pastoreo, un director de orquesta que los dirija y los lleve a buen puerto, seguro y alejado de todo peligro. Hay muchos lobos hambrientos de ovejas dispuestos a devorarla y, sin pastor, quedan a merced del peligro de serlo. Por eso, la necesidad de pastores es de primera necesidad, valga la redundancia.

Pero, no basta con tener pastores, sino que necesitamos el mejor, el único, el verdadero que pueda llevar a cabo esa misión. Y ese es JESÚS: "YO soy el Buen Pastor. El Buen Pastor es aquel que da la vida por sus ovejas de forma libre y voluntaria. Sin condiciones ni intereses, sólo por amor, y por amor, sus ovejas, porque en ÉL se sienten seguras, conocidas y amadas, le obedecen y acuden a ÉL.

Hoy, la Palabra de DIOS, nos interpela, porque todos somos pastores en nuestra familia, con nuestros hijos, familiares, amigos... y, nuestro tiempo y trabajo, debemos organizarlo y, en la medida de nuestras posibilidades, entregarlo al servicio de los demás, no por un salario o interés, sino de forma libre, voluntaria y por amor.

EL SEÑOR es mi Pastor, y con ÉL
nada me falta. Sólo ÉL me 
basta, y en ÉL me 
cobijo y abandono. Amén.

domingo, 15 de mayo de 2011

YO SOY EL BUEN PASTOR (Jn 10, 1-10)


Porque hay muchos pastores, pero sólo Uno es el Bueno y Verdadero. Y ese es JESÚS de Nazaret, el Pastor que conoce a todas sus ovejas, y las llama por su nombre. El Pastor que está solícito a cualquier necesidad o desventura de sus ovejas; el Pastor que cuida de forma personal e íntima a cada una de sus ovejas.

Nadie podrá compartir nuestra más íntima soledad, ni el momento de nuestra muerta. Nadie puede ir, ni acompañarnos en el viaje último de nuestras vida. Podrán estar a nuestro lado, pero no podrán ir ni compartir nada con nosotros. Sólo estaremos con nuestro Pastor. JESÚS es el Único que puede estar y viajar con nosotros en el momento de nuestra mayor soledad, nuestro último viaje, porque ÉL es nuestra única salvación.

Jesús es también la puerta (P. Pere SUÑER i Puig SJ (Barcelona, España). La única puerta. «Si uno entra por mí, estará a salvo» (Jn 10,9). Y poco más allá recalca: «Nadie va al Padre sino por mí» (Jn 14,6). Hoy, un ecumenismo mal entendido hace que algunos se piensen que Jesús es uno de tantos salvadores: Jesús, Buda, Confucio…, Mahoma, ¡qué más da! ¡No! Quien se salve se salvará por Jesucristo, aunque en esta vida no lo sepa. Quien lucha por hacer el bien, lo sepa o no, va por Jesús. Nosotros, por el don de la fe, sí que lo sabemos. Agradezcámoslo. Esforcémonos por atravesar esta puerta, que, si bien es estrecha, Él nos la abre de par en par. Y demos testimonio de que toda nuestra esperanza está puesta en Él.
Dame, SEÑOR, la luz y el oído necesario
para escuchar tu voz, y distinguirla
de las demás voces que me
llaman.

Que sepa siempre quien es mi verdadero
Pastor y que conozca en todo 
momento la puerta de
mi verdadero
redil. Amén.

sábado, 14 de mayo de 2011

EL AMOR NOS LLENA PLENAMENTE (Jn 15, 9-17)

Como el Padre me amó, así os he amado yo.

La carencia del deseo nos hace felices, porque cuando en tu horizonte no hay deseos egoístas aceptas con alegría los acontecimientos que te suceden. Hay frases que recogen esta idea y que pensadores han plasmado de mucha formas. La felicidad está en no desear nada, porque si nada te turba ni te mueve, nada va a alterar tus ansias de tener o poseer.

JESÚS nos deja asombrados porque está por encima de todo esto. Sus Palabras perfeccionan todo lo que define y señala. En el " Amaos los unos a los otros" está contenido todo lo que se pueda pensar y decir sobre la felicidad, sobre la paz y la armonía. Porque amándonos toda envidia, todo orgullo, soberbia, vanidad, intereses y egoísmos quedan vencidos.

Cuando amas y procuras el bien del otro lo haces de forma desinteresada, pues de otra forma ya no sería amor sino egoísmo que busca su interés. Y cuando amas al estilo de JESÚS se hace presente la felicidad y la alegría, pues el bien del ser amado te llena plenamente.

Enseñame, SEÑOR, a saber morir a mis gustos y placeres. 
Buscarme a mí y mis intereses es lo primero que hacemos, 
porque pensamos que es ahí donde encontraremos 
el disfrute y la felicidad. Pero pronto nos damos 
cuenta que todo es efímero y caduco. 

Nada te sacia. Es entonces, cuando descubre 
que el camino es erróneo y que el gozo
y la felicidad están en otro lugar:
"El amor con el que JESÚS me ama 
y quiere que todos nos amemos". Amén.

viernes, 13 de mayo de 2011

EL DESEO DE VIVIR SIEMPRE (Jn 15, 1-8)


“Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el que la cultiva...

No podemos negar que dentro de nosotros hay una fuerza irresistible de aspirar a la vida eterna. No nos vale vivir para morir, sino que vivimos para vivir siempre. Eso es lo que nos iguala y lo que nos hace sentir esperanza y deseos para luchar siempre en esta vida. Y es que, desde que no nos sintamos así estamos acabados y muertos de verdad.

Porque morir significa no creer, precisamente, en la vida, pues hemos sido creados para ella, para vivirla gozosamente y eternamente. Pero hay una condición: “Se necesita nuestro concurso libre y voluntario”, para eso hemos sido adornados con la capacidad de elegir libremente, o de renunciar y rechazar el don de la felicidad eterna. Por lo tanto, de ti depende. ¿Qué decides ahora?

Lo más sensato es buscar si hay Alguien que nos pueda dar tan alta aspiración, y, de buen gusto es, hallado, seguir sus indicaciones y mandatos. Pues sería contradictorio querer y desear algo tan fuertemente y rechazarlo cuando se nos ofrece.

Pues bien, esto es lo que JESÚS de Nazaret nos viene a prometer hoy. Hoy, 13 de mayo de 2011, día de Nuestra Señora de Fátima. Y mañana volverá a decirnos lo mismo. El SEÑOR nos llama cada día, a cada hora, en cada momento: “El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día”.

No se puede ser más claro y firme. Ese deseo del corazón y que tanto buscamos, nos lo resuelve JESÚS, y nos dice: “mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él. Lo mismo que el Padre, que vive, me ha enviado y yo vivo por el Padre, también el que me coma vivirá por mí. Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron vuestros padres, y murieron; el que coma este pan vivirá para siempre». Esto lo dijo enseñando en la sinagoga, en Cafarnaúm.

Pero nosotros nos empeñamos en comer el pan de aquí abajo, ese pan caduco y perecedero que, aunque nos sacia temporalmente, nunca nos deja plenamente satisfechos.

Danos la sabiduría y fortaleza de despertar
nuestros egoísmos e iluminar nuestras
mentes para comprender que lo que
buscamos es lo que JESÚS, 
Nuestro SEÑOR JESUCRISTO
nos propone.

ÉL es nuestro verdadero Camino,
nuestra verdadera Verdad y 
nuestra verdadera Vida. Amén.

jueves, 12 de mayo de 2011

DIOS ESTÁ DENTRO DE NOSOTROS (Jn 6, 44-51)


Dentro de nuestro propio ser está su Creador. El sello de DIOS PADRE vive dentro de nosotros y su presencia en nuestro ser nos atrae y nos interpela a corresponderle como verdaderos hijos que buscan el amor del PADRE. Porque sentimos desde dentro una fuerza irrefrenable que nos mueve a buscar la felicidad eterna.

Nada sucede sin el visto bueno del PADRE, porque todo está creado por ÉL y para darle gloria a ÉL. Sin el PADRE no podemos llegar al HIJO, porque es el PADRE quien nos atrae y nos entrega al HIJO. ÉL nos ha creado para, en el HIJO, volver a ÉL.

Pero nos ha hecho libres y capaces de responder por nosotros mismos. Necesita, pues, nuestra colaboración libre y voluntaria para en el HIJO, por el HIJO y con el HIJO llegar a la Casa del PADRE, que nos espera ardiente de amor y misericordia (Parábola del hijo prodigo).

El pan vivo es Jesús. No es un alimento que asimilemos a nosotros, sino que nos asimila. Él nos hace tener hambre de Dios, sed de escuchar su Palabra que es gozo y alegría del corazón. La Eucaristía es anticipación de la gloria celestial: «Partimos un mismo pan, que es remedio de inmortalidad, antídoto para no morir, para vivir por siempre en Jesucristo» (San Ignacio de Antioquía). La comunión con la carne del Cristo resucitado nos ha de acostumbrar a todo aquello que baja del cielo, es decir, a pedir, a recibir y asumir nuestra verdadera condición: estamos hechos para Dios y sólo Él sacia plenamente nuestro espíritu.

Pero este pan vivo no sólo nos hará vivir un día más allá de la muerte física, sino que nos es dado ahora «por la vida del mundo» (Jn 6,51). El designio del Padre, que no nos ha creado para morir, está ligado a la fe y al amor. Quiere una respuesta actual, libre y personal, a su iniciativa. Cada vez que comemos de este pan, ¡adentrémonos en el Amor mismo! Ya no vivimos para nosotros mismos, ya no vivimos en el error. El mundo todavía es precioso porque hay quien continúa amándolo hasta el extremo, porque hay un Sacrificio del cual se benefician hasta los que lo ignoran.

PADRE mío, te doy gracias por tu
amor y por tu HIJO JESÚS.
 Por ÉL te conocemos,
y en ÉL queremos
amarte. 

Por ÉL sabemos de tus cuidados,
y en ÉL aprendemos a ser
tus hijos según tu 
Voluntad.

Gracias por darnos el alimento,
en tu hijo, que nos sostiene
y nos vivifica para 
permanecer en TI. Amén.