jueves, 16 de enero de 2020

CONTACTO CON JESÚS

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Jesús se hace cercano porque esa es su misión. Ha venido para estar cerca de los hombres y, por eso, se hace hombre, igual en todo menos en el pecado. Está presente entre los hombres y anunciarles el Amor del Padre y su Infinita Misericordia. Y, por los méritos de su Pasión y Muerte, aceptada voluntariamente y también por Amor, nos rescata de la esclavitud del pecado y nos devuelve la dignidad de hijos de Dios alcanzando, por su Misericordia, el compartir su misma Gloria.

Pero, la cercanía de Jesús nos da también la posibilidad de entrar en contacto con Él, bien Eucarísticamente o por la Gracia indirecta de Dios a través de otras personas - caso del sacramento de la reconciliación -  y recibir no sólo la sanación corporal sino el perdón de los pecados. Exactamente igual que en sus tiempos cuando caminaba por este mundo, de cuerpo presente, acompañado por sus apóstoles y discípulos. Extendía sus brazos, se los imponía y tocaba a los que le suplicaban y pedían que les sanara.

Hoy, también, sigue sanándonos por medio de su real presencia en el sacramento Eucarístico, en la oración, o por intercesión de la comunión de los santos. Sólo necesitamos tener fe y confiar en Él, porque el Señor quiere nuestro bien y ha venido a salvarnos. Luego, ¿cómo no nos va a atender y hacernos el bien para que seamos felices? Es lo que precisamente Él nos ha ofrecido, la Felicidad plena y Eterna.

Confiando en tu Poder de sanación y, sobre todo, por tu Infinito y Misericordioso Amor, nos ponemos en tus Manos, Señor.

miércoles, 15 de enero de 2020

EN LA MISIÓN DE CADA DÍA

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Mc 1,29-39
Jesús se mezcla con la gente y actúa. Acude a la casa de Pedro y, encontrándose la suegra en cama con fiebre, se lo dicen a Jesús que se le acerca, la toma de la mano y levantándola la fiebre la dejó. Inmediatamente se puso a servirles. Son los actos normales de cada día donde podemos descubrir nuestro amor haciendo el bien. Se trata de lo normal y natural sobre naturalizarlo por obra y Gracia de Dios. Así nos lo enseña y muestra Jesús.

La noticia se propaga como el fuego y, pronto, al atardecer mucha gente le busca y acuden a que les sane y alivie sus enfermedades, y Jesús les atiende. Curó a muchos de diversas enfermedades y expulsó muchos demonios. Luego, de madrugada se levantó y buscó un lugar solitario donde se puso a hacer oración. Sin lugar a duda, Jesús ora y la oración tiene un lugar importante en su vida.

Nuestra labor no está en un lugar extraordinario ni se trata de hacer cosas extraordinarias, sino todo consiste en actuar en la cotidianidad normal de cada día. Se trata de vivir en la presencia de Jesús en cada momento sencillo de nuestra vida divinizando lo sencillo y natural. Se trata de hacer el bien en cada instante y momento de tu vida, sea en tu casa, en familia, en el trabajo o en el tiempo de ocio y diversión. Se trata de ser misericordios en tus relaciones y en tus acciones cotidianas.

Se trata de, injertado en el Espíritu Santo, ese mismo Espíritu Santo del que ayer decíamos que también nosotros recibimos en nuestro bautismo, actuar misericordiosamente siguiendo las enseñanzas de Jesús y, por la acción del Espíritu Santo, actuar poniendo todo lo máximo posible de nuestra parte para parecernos a Jesús.

martes, 14 de enero de 2020

AUTORIDAD = COHERENCIA ENTRE PALABRA Y VIDA

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Mc 1,21-28
La autoridad no reside en el poder ni en los cargos relevantes, ni siquiera tampoco en los conocimientos o sabiduría. La verdadera autoridad nace de la coherencia entre lo que dices y haces. Porque, si tus palabras dicen una cosa, pero tu vida dice otra, tu autoridad se desvanece y desaparece. Jesús enseña con autoridad porque lo que dice y enseña se corresponde con lo que hace. Su Palabra se descubre, se nota, se percibe y se ve en las obras y hechos de su Vida.

Jesús no se destaca por ocupar un cargo relevante y de gran importancia. Ni siquiera pertenece a una familia notable, rica y destacada. Digamos todo lo contrario. Nació en una cueva abandonada a las afuera de Belén, en un pesebre y su nacimiento fue anunciado a los más pobres y marginados, los pastores. Sin embargo, fue visitado por unos Magos de Oriente que lo reconocieron como rey.

Podemos preguntarnos, siendo todo esto así, ¿de dónde le viene esa admirable autoridad percibida por los que le escuchan? Sin lugar a duda que sus enseñanzas calan, porque lo que transmite tiene eco en la vida de los que escuchan. Sus Palabras trascienden y se cumplen. Su coherencia no da lugar a duda, pues lo que dice se hace y deja huella en el corazón de los que oyen y ven. Cosa que nunca habían observado en los demás.

Realmente, no valemos por lo que tenemos sino por lo que somos. Es decir, mi autoridad no me viene del rango o la riqueza que pueda poseer, sino por lo que realmente soy. Es esa coherencia entre lo que soy y hago lo que da valor y sentido a mis palabras.

lunes, 13 de enero de 2020

EL REINO, LO PRIMERO


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Mc 1,14-20
Cuando fue arrestado Juan, Jesús se marcha a Galilea a anunciar el Reino de Dios: «El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva». Y empieza a formar el grupo con el que va a constituir la Iglesia, que continuará su misión cuando Él regrese, Resucitado, a el Padre. Su misión durará tres años en este mundo y en ese tiempo dejará constituida su Iglesia con la comunidad apostólica que, a partir de ahora, irá formando. Desde este momento, Jesús recorrerá toda la región de Galilea anunciando la Buena Noticia y haciendo el bien por todos los lugares que va recorriendo. 

También, el Señor busca colaboradores hoy y tras el bautismo, los bautizados reciben al Espíritu Santo, el mismo Espíritu Santo que recibió Él en su bautismo y que le acompañó durante su tiempo en este mundo. Ese Espíritu Santo, que nos asistirá también a nosotros durante nuestro tiempo terrenal, será nuestro asistente y defensor para cumplir nuestro compromiso bautismal de anunciar el Reino de Dios.

Tenemos que tener en cuenta que los apóstoles al seguir a Jesús lo dejaron todo. Eso significa que también nosotros al seguir a Jesús lo tenemos que dejar todo. Sin embargo, eso no significa que tengamos que hacer lo mismo que los apóstoles sino que el Reino de Dios debe estar y ser lo primero en nuestros corazones. Anunciar la Buena Noticia de Salvación debe ser nuestra prioridad.

Anunciarla con nuestra vida tratando de imitar en todo momento y en todas las circunstancias de nuestra vida el estilo de Jesús. Un estilo que no se concreta sólo en la palabra sino también con el ejemplo de nuestras vidas.

domingo, 12 de enero de 2020

PRESENTACIÓN DE JESÚS

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Mt 3,13-17
El bautismo de Jesús es el arranque de su misión. Ante la sorpresa de Juan, Jesús le conmina que ha de ser bautizado para seguir el Plan de Dios, y es ese momento el punto de partida del Anuncio de la Buena Noticia. El Espíritu Santo desciende sobre Él y le acompañará durante toda su vida terrenal asistiéndole en su misión de anunciar el Reino de Dios.

También, tú y yo hemos recibido el bautismo y el Espíritu Santo. Igual que Jesús hemos sido nombrados hijos predilectos de nuestro Padre Dios y, de la misma manera, tenemos el compromiso de anunciar el Reino de Dios. Tenemos la misma misión que Jesús por nuestro compromiso de bautismo y el mismo Espíritu Santo que nos asiste. Jesús, el Señor e hijo de Dios Vivo, es nuestra referencia y nuestro camino, verdad y vida y en Él tendremos todo nuestro apoyo y sustento. 

Él es el Pan Eucarístico donde nos fortalecemos y donde nos sustentamos cada día y donde, desde Él, le servimos injertados en Él, en la misma misión, la de anunciar la Buena Noticia. Un noticia que nos compromete cada día en una batalla de ser fieles reflejos del estilo de vida de nuestro Señor Jesús. En nuestro bautismo recibimos esa Gracia que nos fortalece y nos anima a renovar cada día nuestro corazón y transformarnos según Cristo Jesús.

sábado, 11 de enero de 2020

EXCLUIR O INCLUIR

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Lc 5,12-16
Hablamos de igualdad y de derechos humanos, pero, tanto ayer como hoy hay muchos excluidos. Todo, bajo las apariencias de la igualdad sigue igual. Igualdad no significa igual o al menos no busca la verdadera igualdad en dignidad y derechos, sino se esconden en guetos y colectivos que, diferenciándose unos de otros, proclaman o buscan entre ellos la igualdad excluyendo a los demás. Esa es la imagen que la sociedad en la que vivimos refleja y vive.

A pesar de las apariencias hay muchas personas excluidas de la sociedad y de los derechos. Hay muchos eventos a los cuales sólo acceden unos cuantos y para los que se han construidos esos lugares que lo acogen. Muchos conciertos en auditorios y teatros que sólo son accesibles a unos excluyéndose a otros. Claro que la solución se me antoja difícil, pero, a pesar de ello siempre se puede luchar por empezar a enderezarla desde abajo, desde la familia y la educación.

De cualquier forma, nuestra sociedad no parece el lugar donde todos tengamos las mismas posibilidades ni oportunidades. La solución no es crear un ministerio de igualdad, sino proteger y ayudar a las familias y darles circunstancias donde puedan educar a sus hijos. Luego vendrá la cultura para todos. Porque, igualdad no significa que todos seamos iguales - parábola de los talentos - Mt 25, 14-30 - sino que todos tengan las mismas oportunidades de ejercer sus derechos y de acceder a ellos. Luego, cada cual los administrará o utilizará según sus apetencias, libertad o intereses. Al final rendirá cuenta de todo lo recibido.

 La exclusión se produce cuando no hay un tratamiento igual para todos ni una misma medida desde la justicia y la verdad. Se excluye cuando no se respeta ni se da el tratamiento digno que merece toda persona. Ayer, los leprosos, los enfermos crónicos y ancianos - que parece que estorban y sobran - los pobres, los disminuidos y los sin familias y otros son excluidos. Y hoy ocurre exactamente lo mismo. Excluimos cuando tratamos de forma indiferente su dignidad a una persona y le pisoteamos sus derechos.

Jesús no actúa así, sino nos enseña otra forma de tratar a los demás, sobre todo, a los pobres, a los necesitados y marginados; a los excluidos y desvalorados o a los que se les trata como objetos ya inútiles o inservibles. Para Él son muy valiosos y muy dignos e hijos de su Padre Dios. Ha venido muy expresamente a liberar y a limpiar a esos pobres y necesitados, y hay muchos, incluso muchos que no se reconocen así. Y a limpiarlos de todo pecado.

viernes, 10 de enero de 2020

JESÚS, EL MESÍAS PROMETIDO

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Lc 4,14-22
Israel espera un Mesías - Mi 5, 2. - Is 7, 14. Hay muchas profecías que así lo descubren a lo largo de toda la Biblia, tanto en el A.T. como en el N.T. Pero, los judíos se habían formado un idea muy personal de como tendría que ser ese Mesías esperado y profetizado en las escrituras. Nadie imaginaba un Mesías pobre, sencillo, de apariencia pacífica y proclamando la fraternidad y el amor entre todos los hombres. No era esa la idea que el pueblo, sobre todo su aparato jerárquico y religioso que los dirigía, esperaban del Mesías prometido.

Por tanto, la aparición de Jesús tiene sus contradiciones para ellos. No entienden que sea uno más del pueblo y de familia humilde y poco destacada. Venido de un pueblo insignificante y pequeño. Nada coincide con los que ellos esperaban y con la situación en la que se encontraban bajo el dominio de los romanos. El Evangelio de Lucas, que corresponde al día de hoy dice: «Esta Escritura, que acabáis de oír, se ha cumplido hoy».

Jesús se declara como el Mesías enviado y presenta su tarjeta de visita. El Evangelio de Lucas dice que todos daban testimonio de Él y estaban admirados de las palabras llenas de gracia que salían de su boca. Eso deja al descubierto que Jesús tenía algo diferente y que sus Palabras desprendían admiración y enseñaba con autoridad. Jesús anuncia que su misión es proclamar la Buena Noticia de Salvación y se afirma como el Mesías enviado Lc 7, 18-23 -; Mt 11, 2-6.

Jesús anuncia a un Dios Misericordioso dispuesto a perdonar todos nuestro pecados a aquellos que se abren a su Palabra y a su Amor. Nos habla de un Dios Padre que le envía, como Hijo, a anunciar el Reino de Dios, sobre todo a los pobres y oprimidos a los que viene a aliviar y a darle esperanza de un mundo de justicia, de amor y de paz.