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viernes, 17 de enero de 2025

PARALISIS, PERDÓN Y SANACIÓN

Asombra ese perdón de sanación, que no se ve, de nuestros pecados. Y asombra porque, además de que no se ve, quizás no se nota si tu conciencia no es consciente, valga la redundancia, de sus pecados. Luego, permaneces igual al no experimentar esa paz y gozo de sentirte limpio y perdonado de toda culpa cometida.

Y es que lo verdaderamente importante es el perdón de tus pecados, porque ese perdón misericordioso – gratuito por amor – es el que te lleva a la verdadera y única vida eterna de gozo y plenitud. La Misericordia de Dios es la que realmente nos da la verdadera vida, tanto ahora en este mundo como en el otro, pero con la particularidad que en el otro será eternamente.

Por tanto, no tengamos muy encuentra nuestras parálisis de este mundo, que si bien buscamos su sanación, sabemos que de una u otra manera volverán. Lo que verdaderamente interesa saber y recibir es el perdón de nuestros pecados, porque ello nos dará vida gozosa y eterna.

Jesús, hace el milagro de sanar la parálisis de este enfermo, aparte de su compasión y por la fe de los que allí le presentaron, para que los que dudan de su poder de perdonar los pecados puedan, a través de su poder de sanar nuestro cuerpo, ver su poder para perdonar nuestros pecados.

Tengamos siempre presente que el perdón de nuestros pecados, que Jesús, nuestro Señor, nos lo regala gratuitamente y siempre, nos sana plenamente, tanto físico como espiritual, porque de esa forma partimos hacia la Casa del Padre, donde el gozo y la felicidad será eterna.

lunes, 5 de diciembre de 2022

¿QUÉ SALVACIÓN BUSCAMOS Y PREFERIMOS?

La cuestión es enterarte o darte cuenta de que estás salvado. Y salvado significa que has conseguido eso que tanto buscas, felicidad, gozo y paz eterna. Esa es la cuestión y no otra. Y tanto es que todo el mundo la busca, lo que no se enteran o prefiere las cosas caducas de este mundo. ¡Que sí, dan cierta felicidad, pero no es plena ni eterna. De la misma manera que aparece, desaparece.

Jesús es ese salvador eterno que buscas. Posiblemente estas ciego. En su vida dio vista a muchos ciegos, pero fueron ciegos que buscaban la luz, ¡la verdadera luz!, que es la que alumbra el camino que nos lleva a descubrirle, escucharle y a seguirle. Porque, una vez que llegas a un profundo conocimiento de Jesús no puedes evitar seguirle. Y es que Él es el Camino, la Verdad y la Vida. ¡Y no hay otro!

Si quieres ser feliz eternamente la cuestión está en escuchar y seguir a Jesús de Nazaret, porque, Él es el Hijo de Dios que, encarnado en Naturaleza humana, ha venido a este mundo a anunciarnos esa Buena Noticia de su Padre: el gozo y la felicidad de vivir eternamente en su Gloria. Y eso fue lo primero que Jesús le ofreció a aquel hombre que, paralitico en su camilla, fue llevado a su presencia: «Hombre, tus pecados te quedan perdonados». Y conocemos, por el mismo Evangelio, la respuesta de los fariseo y maestros de la ley.

Pero, la cuestión es ¿qué pensamos ahora nosotros? Olvidémonos de lo que pensaron aquellos fariseos y maestros de la ley y tomemos nosotros su lugar. ¿Creemos que Jesús blasfemaba como respondieron aquellos fariseos «Los escribas y fariseos empezaron a pensar: «¿Quién es éste, que dice blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados sino …» y maestros de la ley? ¿Creemos en Jesús y en su Palabra? Y si creemos, ¿cuál es la razón por la que no le seguimos? No es cuestión de responder aquí sino buscar y respondernos cada uno a nosotros mismos.

jueves, 13 de enero de 2022

UNA NOTICIA QUE NO SE PUEDE SILENCIAR

Mc 1,40-45

Aquel leproso, marginado y expulsado del entorno social por la lepra. Sufriendo sus propias consecuencias, que derivan de la enfermedad, añadida al asilamiento que le impide relacionarse en el Templo con Dios y con los hermanos, es sanado por Jesús de esa triple esclavitud a la que le somete la lepra.

Consecuencia de esa liberación e integración en la vida social, así como su sanación de la terrible enfermedad de la lepra, aquel leproso no se resistió a permanecer en silencio, sino que estalló en júbilo y alegría anunciando a los cuatro vientos la acción salvífica que había recibido de Jesús. Una salvación y liberación que nos une en amor fraterno, verdad y justicia. Resurge y nace la paz y la felicidad. Esa felicidad que, aunque por caminos erróneos todos buscamos.

Ahora, ¿somos nosotros conscientes de esa Buena Noticia? ¿Nos sentimos salvados por la acción de Jesús, por los méritos de su Pasión, muerte y Resurrección? Y, si es así, ¿por qué no anunciamos la Buena Noticia, como aquel leproso, de la Infinita Misericordia y liberación que Jesús, el Hijo de Dios nos regala gratuitamente por Amor?

miércoles, 22 de septiembre de 2021

ENVIADOS A PROCLAMAR EL REINO DE DIOS

 

No cabe ninguna duda que junto a la Palabra está la vida, y, añadida a la proclamación está la curación. Es indudable que si no curas o manifiesta un poder extraordinario, tu palabra no surte efecto. Es decir, nadie te escucha ni da crédito a tu palabra. Cuando alguien nos dice algo que nos parece bueno y hasta lógico, le pedimos pruebas y demostraciones. 

Le sucedió a Jesús. Recordemos la curación del aquel paralítico - Mc 2, 1-12 - cuando al ponérselo delante le dijo: Hijo, tus pecados te son perdonados. ¿Y qué sucedió? Que muchos de los que estaban allí no le creyeron. Luego, Jesús, sabiendo cómo pensaba dijo: ¿Por qué pensáis estas cosas en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: «Tus pecados te son perdonados», o decirle: «Levántate, toma tu camilla y anda»?  Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados (dijo* al paralítico): A ti te digo: Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa.

Por eso, Jesús, el Señor, les da poder para curar y sanar junto con la proclamación. Y también eso, es lógico, suponernos, Jesús nos envía a cada uno de nosotros - bautizados - con y en las mismas condiciones. Porque, la Palabra de Dios salva y cura. La Palabra de Dios nos trae la salvación y eso significa que estamos liberados de todo mal. Jesús, nuestro Señor, comparte con nosotros su Poder de aliviar y sanar.

Y somos enviados en el Señor. Sin apoyos en las cosas de este mundo. Nuestra roca y nuestro apoyo es el Señor - Lc 6, 47 - que nos sostiene y nos libera de todas las ataduras que el mundo nos tiende, nos seduce y nos esclaviza. Por eso nos envía: ... «No toméis nada para el camino, ni bastón, ni alforja, ni pan, ni plata; ni tengáis dos túnicas... Nuestra seguridad está en el Señor. Confiamos en su Palabra y en su Poder sanador. Él es esa Roca en la que descansamos y en la que ponemos toda nuestra seguridad y esperanza.

jueves, 16 de enero de 2020

CONTACTO CON JESÚS

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Jesús se hace cercano porque esa es su misión. Ha venido para estar cerca de los hombres y, por eso, se hace hombre, igual en todo menos en el pecado. Está presente entre los hombres y anunciarles el Amor del Padre y su Infinita Misericordia. Y, por los méritos de su Pasión y Muerte, aceptada voluntariamente y también por Amor, nos rescata de la esclavitud del pecado y nos devuelve la dignidad de hijos de Dios alcanzando, por su Misericordia, el compartir su misma Gloria.

Pero, la cercanía de Jesús nos da también la posibilidad de entrar en contacto con Él, bien Eucarísticamente o por la Gracia indirecta de Dios a través de otras personas - caso del sacramento de la reconciliación -  y recibir no sólo la sanación corporal sino el perdón de los pecados. Exactamente igual que en sus tiempos cuando caminaba por este mundo, de cuerpo presente, acompañado por sus apóstoles y discípulos. Extendía sus brazos, se los imponía y tocaba a los que le suplicaban y pedían que les sanara.

Hoy, también, sigue sanándonos por medio de su real presencia en el sacramento Eucarístico, en la oración, o por intercesión de la comunión de los santos. Sólo necesitamos tener fe y confiar en Él, porque el Señor quiere nuestro bien y ha venido a salvarnos. Luego, ¿cómo no nos va a atender y hacernos el bien para que seamos felices? Es lo que precisamente Él nos ha ofrecido, la Felicidad plena y Eterna.

Confiando en tu Poder de sanación y, sobre todo, por tu Infinito y Misericordioso Amor, nos ponemos en tus Manos, Señor.

lunes, 29 de octubre de 2018

SENTIDO COMÚN Y HUMILDAD

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Lc 13,10-17
Dentro de cada uno de nosotros hay un corazón lleno de Amor de Dios. Un corazón lleno de buenos sentimientos aunque tocado y herido por el pecado. Un corazón capaz de razonar con sentido común y ver que primero está hacer el bien y después la regla o la norma. Nunca se puede anteponer la ley, la norma o la costumbre al bien de la persona. Porque, amar es hacer el bien, entendiendo por ello aquello que conviene y es bueno para su salvación.

Porque, puede ocurrir que algo que, en apariencia, conviene o nos favorece no sea lo bueno o lo que realmente nos salva. Es cómodo no esforzarse, pero no es bueno, porque el esfuerzo es necesario y conviene para conseguir lo bueno, lo que nos hace bien y nos mejora como persona. Por lo tanto, conviene hacer el esfuerzo cuando sucede y curar cuando la ocasión se presenta, sea sábado o no, incumpliendo la regla, porque, esa regla, no está legislada para el bien de la persona. Limita su curación, y la ley no puede ser cumplida a costa de dejar que la persona sufra.

Se necesita sentido común y mucha humildad para dejar entrar en tu corazón la Misericordia que Dios te ofrece y te regala. Y experimentar el buen gusto y el gozo de sentirte derecho, limpio, digno y erguido ante todas tus frustraciones pecados que te esclavizaban y te sostenían sometido. Jesús, el Hijo de Dios, ha venido para erguirte, para fortalecer tu espíritu y limpiarte de todo pecado. Es tiempo de salvación y todo instante es bueno. Es tiempo de ponerte en defensa contra el demonio, que quiere encorvarte y someterte hasta arrastrarte por el suelo, y Jesús, el Hijo de Dios, te libera y salva.

Estamos tentados a edificar dentro de nosotros nuestros propios ídolos: la arrogancia, la sabiduría, la suficiencia, la soberbia...etc. Sin darnos cuenta formamos nuestros propios dioses, que acunamos en nuestro corazón, y los arrullamos con nuestras palabras y nuestra razón. Y levantamos barreras que nos impiden ver  al verdadero Dios y hacemos de la ley nuestro dios. Se hace necesario abrir nuestro corazón, llenarlos de humildad y sentido común.

miércoles, 5 de septiembre de 2018

NINGUNA ESTRATEGIA

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Lc 4,38-44
Hoy podemos observar en el Evangelio una día normal en la vida de Jesús. No hay nada previsto ni tampoco predeterminado, todo sucede según se va presentando. Así, después de estar un tiempo en la sinagoga va a casa de Simón - Pedro - y allí sana a la suegra de Simón que ardía en fiebre. Más tarde, al ponerse el sol muchos acuden a Él con la intención de que sane a sus enfermos.

Todo se sucede de forma natural, no hay ninguna estrategia señalada. Jesús dedica esa tarde a sanar a todos los que le llevan enfermos e incluso expulsa demonios que gritaban y decían: «Tú eres el Hijo de Dios». Pero Él, conminaba y no les permitía hablar, porque sabían que él era el Cristo.

Al amanecer Jesús busca silencio y se va a un lugar desierto. Se supone que se retira a orar, a estar a sola con su Padre. Es necesario la oración y Jesús nos enseña que es fundamental en su vida, como lo debe ser también para todos nosotros. Si nos fijamos, primero ha estado enseñando, proclamando la Palabra de Dios, y ahora, después de sanar a todos los que le traían, busca ese espacio vital para entablar un diálogo con su Padre. Enseñanza, oración y servicio o atención a todos los que le necesitan-

Pero, la gente, quizás más por los beneficios de las curaciones y liberaciones, le buscan y le asedian hasta el punto que les dice: «También a otras ciudades tengo que anunciar la Buena Nueva del Reino de Dios, porque a esto he sido enviado». E iba predicando por las sinagogas de Judea.

lunes, 1 de septiembre de 2014

ENVIADO PARA LIBERAR

(Lc 4,16-30)


No viene Jesús a proclamar, sino a liberar. Y eso es lo que proclama: "La liberación del hombre": «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor».

Jesús viene a salvar. Salvar a los pobres, a los cautivos; devolver la vista a los ciegos que caminan en la oscuridad y dar libertad a los oprimidos, explotados y excluidos. Pero, para eso tenemos que cumplir esa condición, pues quien no es pobre, ni se siente oprimido, sino que oprime. Quien no está excluido, sino que se permite excluir, o no se siente ciego, ni que camina en la oscuridad, difícilmente podrá ser curado, alumbrado o liberado.

Posiblemente, Jesús actúa fuera de su pueblo porque es en su pueblo donde no se le cree. Viene la curación a una pobre viuda de Sarepta de Sidón y a un leproso sirio, Naamán. Ambos necesitados. Una en su pobreza económica y otro en su pobreza física, pero ambos pobres y necesitados. Es en la humildad donde está el camino del encuentro con el Señor, y quien no es humilde opta por otros caminos que no llevan al encuentro con Jesús.

Sólo desde la necesidad y la pobreza podremos encontrarnos con Jesús, porque Él viene especialmente para eso. Y quien no es capaz de humillarse, de abajarse, de experimentarse pobre, no podrá experimentar el alivio, la cercanía y la presencia de Jesús, el Hijo de Dios verdadero.

viernes, 14 de febrero de 2014

ABRE MIS OÍDOS Y DESATA MI LENGUA

(Mc 7,31-37)


Hay muchas ocasiones que oímos, pero no escuchamos. De cualquier forma se hace necesario, primero oír, y después escuchar. Ambas cosas son necesarias y ambas cosas le faltaban a aquel sordo de trabada lengua. Y son las súplicas de otros, familiares y amigos, los que ruegan a Jesús que lo libere de esas carencias necesarias para desarrollar la vida normal.

Y Jesús, todo bondad y atención, se compadece, y apartándole de la gente, a solas, le metió sus dedos en los oídos y con su saliva le tocó la lengua. Y, levantando los ojos al cielo, dio un gemido, y le dijo: «Effatá», que quiere decir: "¡Ábrete!".

Todo lo hace bien y para bien de las personas. Es la etiqueta que colocan a Jesús. Le buscan porque el contacto con Él es medicina de sanación. Y es que el hombre busca salvarse. Salvar su cuerpo de la enfermedad pero también, y eso le pasa más desapercibido, salvar su alma.

Porque el cuerpo volverá a enfermar, pues de algo hay que acabar aquí este camino de peregrinación, pero el alma seguirá su camino hasta la Resurrección y la vida auténtica y eterna junto al Padre. Y es esa la que importa curar definitivamente.

Y Jesús ha venido precisamente para eso, para salvarnos no de una muerte temporal, sino de la muerte eterna y darnos la Vida gozosa y plena de felicidad eternamente.

martes, 21 de diciembre de 2010

LETANÍAS DE NUESTRA SEÑORA DE LA LIBERACIÓN

Virgen Señora nuestra liberadora


SEÑOR, ten piedad.
CRISTO, ten piedad.
SEÑOR, ten piedad.
CRISTO, oyénos.
CRISTO, escúchanos.

Ten piedad de nosotros
DIOS, PADRE celestial,
DIOS, HIJO, Redentor del mundo,
DIOS, ESPÍRITU SANTO,
Trinidad Santa, un solo DIOS,
Ruega por nosotros
Santa María, Nuestra Señora de la Liberación,
Santa María, Nuestra Señora de las Victorias,
Santa María en quien reposó el poder del Altísimo,
Santa María, más valiente que Ester y Judit,
Santa María, cuyo HIJO aplasto la cabeza de Satanás,
Mujer vestida de sol, i nvulnerable a los ataques de Satanás,
Santa María, que nos proteges contra el dragón furioso,
Santa María, Refugio de los pecadores,
Santa María, Liberadora y salud de los enfermos,
Santa María, Esperanza de los desesperados,
Santa María, que proporcionaste a Isabel una feliz liberación,
Santa María, protectora de las mujere encinta,
Santa María, buena liberación de las mujeres que trabajan,
Santa María, Consoladora de los niños abortados.

Virgen María, libéranos
Del poder y de las tentaciones de Satanás,
De las seducción de los ídolos y de las falsas doctrinas,
De las posesiones demoniacas,
De los embustes perniciosos del espíritu de las tinieblas,
De los ataques de brujos y maestros ocultos,
De los pactos diabólicos que nos hacen esclavos de Satanás,
De la idolatría, del espiritismo y del satanismo,
De las sectas, brujerías y sociedades secretas,
De las trampas de la adivinación y de las falsas predicciones,
De las falsas visiones y de los sueños engañosos,
De toda maldición,
De embrujos, sortilegios y maleficios,
Del espíritu de muerte que imulsa al suicidio y al homicidio,
De las enfermedades provocadas por sortilegios,
De las plagas devastadoras,
Del hambre, de la violencia y de la guerra,
De los accidentes mortales,
De las enfermedades contagiosas,
De la esterilidad de origen maléfico,
De toda Amenaza contra los niños en el seno materno,
De alumbramientos dificiles,
De los traumatismos de nuestra infancia,
De las perversiones de las que son víctimas los niños,
De las angustias del alma y de los males del cuerpo,
De las ataduras genealógicas que afectan a los vivos,
De las desapariciones misteriosas de parientes próximos,
De los bloques de la vida sentimental y de nuestras facultades mentales,
De los estragos que causa la impiedad,
De los avances del descreímiento y de la civilización de la muerte,
De la tentación contra la fe,
De las comuniones indignas y sacrílegas,
De la desesperanza y del desánimo,
Del espíritu de miedo que mata la fe en DIOS,
De la tibieza en el servicio a DIOS,
Del espíritu de orgullo y de dominio,
Del endurecimiento en el pecado,
Del pecado contra el ESPÍRITU SANTO,
Del no querer perdonar a nuestros enemigos,
De los pensamientos de odio y de los pensamientos impuros,
De los embustes del demonio a la hora de la muerte,
De los sufrimientos del Purgatorio,
De la condenación eterna,

Cordero de DIOS que quitas el pecado del mundo,
          Perdónanos, SEÑOR.
Cordero de DIOS, que quitas el pecado del mundo,
          Escúchanos, SEÑOR.
Cordero de DIOS que quitas el pecado del mundo,
          Ten piedad de nosotros, SEÑOR.

CRISTO, vencedor de la muerte,            Escúchanos.
CRISTO, vencedor de Satanás,               Atiende nuestras súplica.
ESPÍRITU SANTO, el liberador                Escúchanos.
ESPÍRITU SANTO, el consolador,             Atiende nuestra súplica.
DIOS, PADRE Todopoderoso,                 Escúchanos.
DIOS, PADRE Todopoderoso,                 Libéranos del Maligno.

Oh María, sin pecado concebida,
Ruega por nosotros que recurrimos a ti.

Ruega por nosotros, Nuestra Señora de la Liberación,
Para que seamos liberados de todas nuestras tribulaciones.

Oremos: Te alabamos, oh DIOS, por tu amor, tu misericordia y tu poder, por la victoria de la Sangre del Cordero, tu HIJO Nuestro SEÑOR JESUCRISTO. Te alabamos por nuestra Madre, la Virgen María. Concede a todos los que se refugian bajo su maternal protección, la liberación de los males que les afligen, líbrales del poder de las tinieblas par que vivan en la libertad de los hijos de DIOS, en el cortejo triunfal de CRISTO Resucitado. ¡Amén!

jueves, 9 de diciembre de 2010

ORACIÓN PARA LA LIBERACIÓN INTERIOR, LA SANACIÓN Y LA CONVERSIÓN

El ministerio de la oración: liberación y sanación interior

 SEÑOR JESÚS, HIJO de DIOS Vivo, ven a cubrirme con tu Preciosa Sangre; ven a cubrir estos lugares y todas las personas presentes aquí y en mi corazón.

Abbá, papá, mi PADRE Celeste.
Por el Nombre de JESÚS y por su Preciosa Sangre, Vencedor de todas las fuerzas del mal, por la intercesión de la Virgen María, victoriosa del Maligno, por mi bautismo que ha hecho de mí tu hijo muy amado, ¡ven ahora a sanarme y a liberarme de todo mal, de todo obstáculo al Amor!

PADRE mío, por la Preciosa Sangre de JESÚS, sáname en mi inteligencia de toda tiniebla, de todo prejuicio, del espíritu razonador, del espíritu de duda, de toda confusión mental.

PADRE buenísimo, sáname en mi memoria de todo recuerdo doloroso, de los traumas psicológicos procedentes de mi árbol genealógico, del seno de mi madre y de cada etapa de mi vida: nacimiento, infancia, adolescencia y edad adulta.

PADRE, sáname en mi imaginación de todo idealismo soñador, de la huida de la realidad, de toda fantasía enfermiza, de todo engaño, de toda alucinación y de todo delirio.

PADRE, por el Nombre de JESÚS sáname en mi corazón de toda herida, de toda autocompasión, de toda cerrazón y dureza, del rechazo de perdonar, del resentimiento, de los recelos malintencionados y de la maldición.

PADRE del Cielo, sáname en mi voluntad de todo espíritu de dominio, de la tentación, de la obsesión, de la opresión, de la posesión, del embrujamiento, de la hipnosis, de todo voluntarismo orgulloso, de toda actitud intolerante y sectaria, de toda debilidad, indecisión y desviación.

PADRE muy amado, sáname, por tu HIJO JESÚS de Nazaret, de todo desequilibrio en mi sensibilidad, mi afectividad, mi emotividad, mi sexualidad, de todo sentimiento de rechazo, de vergüenza, de vacío, de culpabilidad persistente, complejo de inferioridad, timidez, de toda ansiedad, inquietud, miedo, insomnio, tristeza, del asco de la vida, de las ideas suicidas, de toda esclavitud de la droga, el alcohol, el tabaco y de cualquier otra dependencia.

PADRE Creador, por la Sangre de CRISTO, sáname de toda desviación que me venga de herencia, de la educación recibida en mi tierna infancia, de las presiones ejercidas sobre mí en mi ambiente familiar, escolar, comunitario, social, eclesial, de todo acontecimiento pasado que haya vejado mi libertad interior y mi audacia por ti.

PADRE Todopoderoso, sáname de todo lo negativo, de todo lo doloroso que ha sufrido mi pequeño ser, relegándolo a mi inconsciente o mi subconsciente.

(Recitar tres veces esta oración)
PADRE nuestro, en el ESPÍRITU SANTO y por el poder y la autoridad de JESÚS de Nazaret, corto todos los lazos negativos existentes en mí y en mi familia. En este momento, cierro de forma definitiva todas las puertas que hayan podido abrirse en mí y en mi familia. Amarro todos los poderes de las tinieblas al árbol de la Cruz de CRISTO hasta el fin de los tiempos. En el nombre del PADRE, del HIJO y del ESPÍRITU SANTO. Amén.

(Y a continuación)

PADRE del Cielo, lávame, purifícame, límpiame. Como a un recién nacido, sumérgeme en un baño de amor, un baño de ternura y misericordia. Derrama sobre mí el agua de mi bautismo, el agua del ESPÍRITU SANTO, para que sea puro como la Virgen María. Haz fluir tu fuente de vida. Ahora PADRE, ya que has expulsado las tinieblas de mi cuerpo, de mí alma y de mi espíritu, ven a colmarme con sobreabundancia en todos mis vacíos.

Por el ESPÍRITU SANTO despierta en mí, SEÑOR, tus siete dones sagrados, reanima en mí el don de Sabiduría, Inteligencia, Consejo, Fortaleza, Ciencia, Piedad y Santo Temor de DIOS.

Lléname, SEÑOR, de todos los frutos del ESPÍRITU SANTO con sobreabundancia:

SEÑOR, has destruido el odio en mi corazón. Dame, SEÑOR, más amor, si mucho más amor, aún más amor, SEÑOR, más, más, más amor en mí y en mi familia.

SEÑOR, has destruido la tristeza en mi corazón. Dame, SEÑOR, más alegría, sí, más alegría, SEÑOR, más, más, más alegría en mí y en mi familia.

SEÑOR. has destruido las divisiones en mi corazón. Dame, SEÑOR, más paz, sí, mucha más paz, más , más, más paz en mí y en mi familia. Envía un espíritu de reconciliación en mi corazón y en mi familia.

SEÑOR, has destruido la cólera y el juicio en mi corazón. Dame, SEÑOR, más paciencia e indulgencia, sí, mucha más paciencia e indulgencia, más, más, más paciencia e indulgencia en mí y en mi familia.

SEÑOR, has destruido la duda y la violencia en mi corazón. Dame, SEÑOR, más humildad y bendición, sí, más humildad y bendición, más, más, más humildad y bendición en mí y en mi familia. Que sólo salgan de mi boca palabras condescendientes.

SEÑOR, has destruido las dependencias y los bloqueos en mi corazón. Dame, SEÑOR, más libertad en ti, sí, más, más, más libertad en ti, SEÑOR, en mí y en mi familia.

SEÑOR, has destruido la impureza y los falsos ídolos en mi corazón. Dame, SEÑOR más pureza y espíritu de adoración y alabanza, sí, más, más,  más pureza y espíritu de adoración y alabanza en mí y en mi familia. ¡Qué seas tú el primero en mi vida!

PADRE de Misericordia, concédeme despertar y dar los frutos de una conversión auténtica y encontrar mi verdadera libertad en hacer tu voluntad.

SEÑOR JESÚS, Cordero de DIOS, ejerce Tu señorío y Tu Realeza en todos los ámbitos de mi persona.

Cúbreme, JESÚS, con tu preciosa Sangre y protégeme de todo mal y  también protege a todos los que llevo en el corazón. 

Inúndame, SEÑOR, con tus ríos de Gloria a fin de que proclame sin cesar, día tras día, tu alabanza.

ESPÍRITU SANTO, revélame todos tus carismas, tus dones y tus regalos del Cielo para la Gloria de DIOS.

María, Madre de DIOS  y Madre mía, enséñame a decir siempre SÍ al Amor, de forma incondicional y total como tú.

Pido también la asistencia de todos los Ángeles y de todos los Santos del Cielo, día tras día, para siempre en mi vida.

Gloria al PADRE, al HIJO y al ESPÍRITU SANTO. Amém.

(De Thierry Fourchaud, inspirado en una oración de las Hermanas de CRISTO Rey. Extraído del libro "Seré sanado").