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miércoles, 1 de septiembre de 2021

¿ESTÁS TÚ TAMBIÉN EN LA BÚSQUEDA DE JESÚS?

Lc 4,38-44

Puede suceder que nuestra búsqueda del Señor esté mediatizada por el interés de sanación que Él hace a todos los que se le acercan. Le buscan y Jesús les cura, e incluso el diablo sale huyendo de la presencia de Dios entre gritos y exclamaciones. Reconoce que Jesús es el enviado por Dios, el Hijo predilecto, pero Jesús les increpa y conmina prohibiéndoles hablar. 

También a nosotros puede sucedernos que la presencia de Jesús nos incómoda y nos resulte exigente, no grata y hasta molesta. Y nuestros primeros impulsos pueden ser de rechazo, sobre todo si no salen las cosas como esperamos. Queremos estar con Jesús según nuestros intereses y cuando no es así, salimos también huyendo. Sin embargo, a pesar de nuestras actitudes e intenciones de búsqueda, Jesús sigue con los brazos abiertos a recibirnos y atendernos.

Busca espacios de oración porque el contacto con su Padre Dios es imprescindible y necesario. Nos enseña el camino para que también nosotros busquemos esos espacios más intensos y directos con nuestro Padre Dios y tratemos de buscar luz y orientación para el camino. Y, a pesar de nuestro interés de tenerlo siempre a nuestro lado, Él nos enseña que ha venido para llevar esa Buena Noticia a todos. Por consiguiente, tiene que trasladarse a otros lugares a proclamar esa Buena Noticia.

También nosotros debemos reconocer que Dios ha venido para todos y eso nos hace hermanos y nos exige el amar. Y, verdaderamente amamos cuando tratamos de superar esa pequeña dificultad que nos aísla, nos individualiza y nos aparta de poder servir a los demás.

miércoles, 5 de septiembre de 2018

NINGUNA ESTRATEGIA

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Lc 4,38-44
Hoy podemos observar en el Evangelio una día normal en la vida de Jesús. No hay nada previsto ni tampoco predeterminado, todo sucede según se va presentando. Así, después de estar un tiempo en la sinagoga va a casa de Simón - Pedro - y allí sana a la suegra de Simón que ardía en fiebre. Más tarde, al ponerse el sol muchos acuden a Él con la intención de que sane a sus enfermos.

Todo se sucede de forma natural, no hay ninguna estrategia señalada. Jesús dedica esa tarde a sanar a todos los que le llevan enfermos e incluso expulsa demonios que gritaban y decían: «Tú eres el Hijo de Dios». Pero Él, conminaba y no les permitía hablar, porque sabían que él era el Cristo.

Al amanecer Jesús busca silencio y se va a un lugar desierto. Se supone que se retira a orar, a estar a sola con su Padre. Es necesario la oración y Jesús nos enseña que es fundamental en su vida, como lo debe ser también para todos nosotros. Si nos fijamos, primero ha estado enseñando, proclamando la Palabra de Dios, y ahora, después de sanar a todos los que le traían, busca ese espacio vital para entablar un diálogo con su Padre. Enseñanza, oración y servicio o atención a todos los que le necesitan-

Pero, la gente, quizás más por los beneficios de las curaciones y liberaciones, le buscan y le asedian hasta el punto que les dice: «También a otras ciudades tengo que anunciar la Buena Nueva del Reino de Dios, porque a esto he sido enviado». E iba predicando por las sinagogas de Judea.