Mostrando entradas con la etiqueta Hijo de David. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Hijo de David. Mostrar todas las entradas

viernes, 5 de junio de 2026

EL GOZO DE ORAR CON EL SEÑOR

Mc 12, 35-37

En muchos momentos me he preguntado si mi relación con el Señor es más de cumplimiento que de gozo. Y digo esto porque «experimento más esfuerzo que gozo en mi relación con Él».

En muchos momentos se lo pido: Haz, Señor, que mi relación contigo sea de verdadero gozo y alegría, y no una relación de mero cumplimiento sostenida por la fe.

Quiero, Señor, que mi relación contigo no sea consecuencia de una decisión ética o una gran idea, como diría Benedicto XVI, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y con ello, una orientación decisiva.

En algunas ocasiones siento vergüenza o desilusión. Me experimento egoísta y fiel más a una idea que a un sentimiento filial. 

Por el bautismo soy hijo de Dios, y mi relación con Él debe ser como la de un hijo con un padre.

Pero yo no lo siento así y, aunque quiero, experimento que no puedo.

Por eso, Señor, te pido que me des la sabiduría, la fortaleza y la paz para experimentarme verdaderamente como hijo tuyo, y hermano de mi Señor, nacido de la estirpe de David, Jesucristo.

Creo en Ti, mi Señor, y en tu infinita Misericordia. Por eso, no me desespero y, a pesar de mis egoísmos, mis pecados y mi inconsciencia de tu presencia, sigo buscándote y tratando de seguir tus pasos.

viernes, 9 de junio de 2017

EL MESÍAS ESPERADO, DE LA ESTIRPE DE DAVID

(Mc 12,35-37)
¡Bendito el Reino que viene, de nuestro padre David! ¡Hosanna en las alturas! - Mc 10, 11 -. Jesús es el Mesías prometido que el pueblo esperaba. Por eso, en muchos momentos es aclamado como el Hijo de David, pues, el título “Hijo de David” aplicado a Jesucristo forma parte de la médula del Evangelio. En la Anunciación, la Virgen recibió este mensaje: «El Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la estirpe de Jacob por siempre» (Lc 1,32-33) ( del Comentario: P. Josep LAPLANA OSB Monje de Montserrat (Montserrat, Barcelona, España).

Jesús, el Señor, deja todo aclarado ante las dudas que podía suscitar esa ascendencia de "Hijo de David" al citar el salmo 110, dándole la correcta explicación y el verdadero sentido de esa promesa mesiánica. «¿Cómo dicen los escribas que el Cristo es hijo de David? David mismo dijo, movido por el Espíritu Santo: ‘Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra hasta que ponga a tus enemigos debajo de tus pies’. El mismo David le llama Señor; ¿cómo entonces puede ser hijo suyo?».

Una cosa que nos anima y nos alienta es comprobar como todo lo profetizado en y para el Señor, en Él se cumple a su debido tiempo. Él es el enviado, el Señor, el que quita los pecados del mundo y nos hará libres para, liberados, valga la redundancia, de todo pecado, seamos salvo y llenos de su Gracia y acogidos en su Misericordia.

El Señor es nuestro Pastor y en Él nada nos falta. Sólo Él nos basta y en Él somos guiados hacia la morada plena y de vida eterna.