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miércoles, 26 de diciembre de 2018

TESTIGOS

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Mt 10,17-22
Jesús es el Mesías enviado por el Padre para dar testimonio de su Palabra y para anunciarnos, con su Vida y sus Obras, el Amor del Padre. En un momento determinado llega a decir que si no le creemos por su Palabra - Jn 10, 31-42 - creámosle por sus Obras. Sin embargo, el pueblo no le ha creído y le ha rechazado hasta el punto de condenarle a muerte.

Pero, antes de llegar a la Cruz, Jesús tuvo que sufrir afrentas, bofetadas, rechazos e indiferencias. Incluso, hasta de sus propios discípulos. Su vida ha sido marcada para el servicio. Él mismo lo ha dejado muy claro al decir - Mt 20, 17-28 - "no he venido a ser servido sino a servir". Y su Vida lo ha reflejado de forma muy clara y refrendada por las obras.

Por lo tanto, ¿qué esperas tú a la hora de decirte seguir a Jesús? No pretendas ni entiendas que seguir y creer a Jesús significa que tu vida va a cambiar para bien, sino todo lo contrario. Será como tú te esfuerces que seas, pero el sacrificio de servir te hará sufrir en muchos momentos. Porque, te exigirá comprensión, entrega, disponibilidad, generosidad, escucha, paciencia y sobre todo, amor. Porque, amar es todo eso hasta dar tu propia vida. Y eso duele, escuece, es duro y produce dolor. Sólo la fe en el Señor te dará fuerzas, ese es el cambio y el milagro, para poder resistir ese camino. Tal y como lo hizo Jesús, el Señor.

Por eso, la Iglesia celebra hoy, y nos lo recuerda, el martirio de San Esteban, a quien veneramos como protomártir del cristianismo. Es un testimonio que nos viene ver para recordar el camino a seguir. Pero, sin miedos ni temores. Ya nos lo recordó San Juan Pablo II: "No tengan miedo".  Es verdad que nuestra naturaleza humana es débil y siente temor y horror al sufrimiento, pero el Espíritu Santo nos fortalecerá y nos dará el valor necesario para superar con paciencia estos momentos de martirio y sostenernos firmes en la fe.

martes, 26 de diciembre de 2017

LA MUERTE ES SÓLO EL BILLETE DE CAMINO AL CIELO

Mt 10,17-22
Al cristiano, creyente en Jesús, poco le importa la muerte. Mejor, diría, que le apasiona la muerte, porque es el billete que le da paso hacia el camino del Cielo y de ver a Jesús a la derecha del Padre. Eso fue lo que presenció Esteban, el protomártir, primero en dar su sangre por Jesús.

Nuestra fe se resume en Muerte y Resurrección, porque ese ha sido el resumen de la muerte de el Señor. Se ha encarnado en naturaleza humana, es decir, hecho carne como nosotros, para así, liberándonos del pecado, darnos la Resurrección, no sólo del alma, sino también de nuestra propia carne. Y eso queda claro en el Evangelio de hoy. Jesús nos lo dice, porque Él no engaña. Es Camino, Verdad y Vida, y nos deja todo muy claro: «Guardaos de los hombres, porque os entregarán a los tribunales y os azotarán en sus sinagogas; y por mi causa seréis llevados ante gobernadores y reyes, para que deis testimonio ante ellos y ante los gentiles. Mas cuando os entreguen, no os preocupéis de cómo o qué vais a hablar. Lo que tengáis que hablar se os comunicará en aquel momento. Porque no seréis vosotros los que hablaréis, sino el Espíritu de vuestro Padre el que hablará en vosotros. Entregará a la muerte hermano a hermano y padre a hijo; se levantarán hijos contra padres y los matarán. Y seréis odiados de todos por causa de mi nombre; pero el que persevere hasta el fin, ése se salvará». 

No hay nadie que no entienda esto. El camino es difícil, pero no vamos solos. El Espíritu Santo, recibido en el Bautismo, el mismo Espíritu Santo que recibió Jesús y le señaló como Hijo Predilecto en el bautizo de Juan Bautista en el Jordán, es el que nos guiará también a nosotros y nos fortalecerá y auxiliará en todo momento, abriéndonos la boca para que digamos lo que tengamos que decir.

Jesús ha nacido, y se ha anonadado tomando nuestra carne humana para liberarnos del pecado y para darnos la resurrección, como Él mismo ha Resucitado. Una resurrección tanto de alma como de cuerpo, porque así Él mismo ha Resucitado.