jueves, 21 de enero de 2010

AUN SIN SABERLO, EL SEÑOR NOS ACOMPAÑA.


En tu presencia reina la paz, el silencio, la tranquilidad. Cesa el bullicio, el ruido, las alocadas carreras sin sentido, sin, incluso, saber bien a donde vas. Es el mundo que anda descentrado, loco de dar vueltas que no le conducen a ningún lugar, pero continúan sin saber que TÚ, mi SEÑOR, permaneces tranquilo esperando.

Cada cual va buscando la solución de su problema. Su vida está parada en el momento de saber que su hijo está gravemente enfermo, y pasa a tu lado sin saber que TÚ puedes sanarla y, también, puedes sanar a su hijo. Corre preocupada y dolorida, y deja atrás la solución de sus males. Miro al otro lado y contemplo a aquel muchacho que busca desesperado los euros de la ración del día de hoy con los que calmar su dependencia. Está atado a un clavo y su libertad es esclava del vicio.

Pero, tampoco, piensa ni cree que TÚ, SEÑOR, puedes liberarlos y hacerle libre. Y, menos aún, que eres el deseo de felicidad más fuerte que deseamos. Está sometido, ciego, alocado y atrapado en un mundo de esclavitudes, de prisas, de deseos caducos, de sin sentido. Y, sin embargo, se pasa media vida delante de TI, a las puertas de tu Casa, saludando a los que entran y salen, y mendigando unos céntimos para la ración del próximo día.

Y presencio perplejo a aquella joven que llora porque su pareja la ha dejado, porque su amado está cansado o busca otros nidos donde satisfacer su ego carnal. Y el mundo se le viene encima, y todo se vuelve negro, sin horizonte. Permanece ciega, perdida sin advertir que TÚ, SEÑOR, permaneces a su lado esperando una mirada, una petición para consolarla y darle ánimo.

Y para decirle que nada está perdido, que el amor apoyado en sentimientos y afectos de cualquier tipo es un amor falso, aparente, pero no real. Que el amor es responsable, es entrega, es generosidad, es verdad... Y que en TÚ compañía todo se supera, se ilumina, se clarifica, y se ve desde el lado verdadero y auténtico.

Y continúan pasando y pasando, hombres y mujeres, jóvenes y niños que se agarran a un mundo, que sin TI, está vacío y caduco, y pierde todo su sentido. Porque TÚ lo creaste para que lo administráramos según tu Voluntad, pero nosotros lo hemos hecho según la nuestra. Y ya lo ves, todos pasamos de largo y no nos paramos a charlar CONTIGO un momento.

Tenemos el Tesoro delante, pero buscamos en donde nunca puede estar. TÚ nos lo dijiste: "Mi Reino no es de este mundo..." Y lo más grande es que, a pesar de todo, queramos o no queramos, TÚ estarás ahí esperándonos a que recapacitemos, a que nos demos cuenta de que no hay que desesperar sino hablar CONTIGO y creer que TÚ, a pesar del sufrimiento y dolor, darás respuesta a nuestro vivir sin sentido.

lunes, 18 de enero de 2010

ORAR ES HACER TU VOLUNTAD.


¡SEÑOR!, ¿cómo puedo escucharte
sin desapegarme de mi voluntad?
Voy a tu encuentro,
pero llevo conmigo
mis pensamientos y proyectos.

No podré, de esa manera,
abrirme a TÚ Palabra,
y menos estar dispuesto
a esforzarme en hacer
lo que TÚ quieres que yo haga.

Hablar contigo supone poner en TUS MANOS
mis asuntos y problemas,
pero, también, recoger y hacer míos
tus proyectos, sufrimientos y deseos.

Y, eso sí lo sé, SEÑOR,
TÚ quieres mi bien, mi felicidad
porque me has
creado por amor
y has puesto todo lo que necesito
para mi disfrute y bienestar.

Y tu VOLUNTAD
es hacer que todos los hombres
sean hermanos, vivan en paz
y se amen como JESÚS, tu HIJO,
nos enseñó.

Y te reconozcan como PADRE y Creador,
y sean uno para Gloria y Alabanza TUYA.

Y, sin embargo, DIOS mío,
a mí alrededor veo mucho dolor,
mucho sufrimientos y miserias.
Si todo lo creado ha sido para nuestro bien,
no parece que haya suficiente para todos.

Y es, SEÑOR, que nosotros, tus hijos,
te fallamos y no escuchamos tus consejos
y tus intenciones.
Sólo nos importa nuestro "yo",
y nuestros "planes".

Y lo estropeamos todo. El mundo que TÚ
nos diste, lo hemos mal usado
y lo estamos convirtiendo
en un lugar inhabitable y dañino.

Y todo, SEÑOR, porque no salimos
de nuestro ego personal, no nos disponemos
a morir a nuestras cosas,
y a preocuparnos por las TUYAS.

Y cuando estemos en tu presencia
podemos sorprendernos con tu desconocimiento
para con nosotros,
pues no por el hecho de decir:
¡SEÑOR, SEÑOR!, seremos reconocidos
por tus hijos,
sino, simplemente, por hacer tu VOLUNTAD.

miércoles, 13 de enero de 2010

HIMNO ( de Laudes del miercoles de la primera semana).


Buenos días, SEÑOR, a ti el primero
encuentra la mirada
del corazón apenas nace el día:
TÚ eres la Luz y el Sol de mí jornada.

Buenos días, SEÑOR, contigo quiero
andar por la vereda:
TÚ, mi camino, mi verdad, mi vida;
TÚ, la esperanza firme que me queda.

Buenos días, SEÑOR, a ti te busco,
levanto a ti las manos
y el corazón, al despertar la aurora:
quiero encontrarte siempre en mis hermanos.

Buenos días, SEÑOR Resucitado,
que traes la alegría
al corazón que va por tus caminos,
¡vencedor de la muerte y de la mía!

Gloria al PADRE de todos, gloria al HIJO y al
ESPÍRITU SANTO;
como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos te alabe nuestro canto. Amén.

sábado, 9 de enero de 2010

HIMNO ( de las Vísperas del domingo de la primera semana).


Mas ¿por qué se ha de lavar
el Autor de la limpieza?
Porque el bautismo hoy empieza,
y ÉL lo quiere inaugurar.

Juan es gracia y tiene tantas,
que confiesa el mundo de él
que el hombre no nació mayor
ni delante, ni después.

Y, para que hubiera alguno
mayor que él, fue menester
que viniera a hacerse hombre
la Palabra que DIOS es.

Esta Palabra hecha carne
que ahora Juan tiene a sus pies,
esperando que la lave
sin haber hecho por qué.

Y se rompe todo el cielo,
y entre las nubes se ve
una paloma que viene
a posarse sobre ÉL.

Y se oye la voz del PADRE
que grita: "Tratadlo bien;
escuchadle, es el Maestro,
mi HIJO querido es".

Y así Juan, al mismo tiempo,
vio a DIOS en persona tres,
voz y paloma en los cielos,
y al Verbo eterno a sus pies. Amén.

martes, 5 de enero de 2010

MARÍA CONSERVABA ESTAS COSAS MEDITÁNDOLAS EN SU CORAZÓN (Lc 2, 16-21).


UN AÑO NUEVO

Hemos dejado ya atrás un año más y nos disponemos a comenzar un año nuevo. En estos momentos nace casi espontáneamente en nosotros la reflexión.

Tomamos conciencia más lúcida del tiempo, de esa curiosa realidad que vamos gastando sin tomarla demasiado en cuenta.Son momentos idóneos para realizar un balance del pasado y proyectar también nuestra mirada hacia el porvenir.

Muchas cosas que nos angustiaban y nos parecían casi insuperables ya han pasado. Hoy nos parecen insignificantes y sin importancia. Mirando hacia atrás, los días que fueron duros tienen un aspecto diferente. Ahora nos sentimos más tranquilos y serenos, incluso, ante lo que ahora nos agobia y que también un día pasará.

Al mismo tiempo, sentimos nostalgia. Nada permanece. Con el viejo año se van no sólo las cosas difíciles y duras sino también las hermosas y buenas. Y cuanto más avanza uno en edad tanto mayor es la fuerza con que percibe el paso inexorable del tiempo.

Este año que ha pasado nos deja también sabor agridulce. No hemos sido lo que deseábamos ser. No hemos hecho lo que nos habíamos propuesto. No hemos sido fieles a nosotros mismos. Un año más que se va sin que hayamos crecido en verdad, en generosidad, en amor.

Hoy comenzamos un año nuevo. Dice H. Hesse que «en cada comienzo hay algo maravilloso que nos ayuda a vivir y nos protege».

Qué verdad se encierra en estas palabras cuando uno mira todo comienzo con ojos de fe.

De nuevo se nos ofrece un tiempo lleno de esperanza y de posibilidades intactas. ¡Qué haremos con é1!

Las preguntas que podemos hacernos son muchas. Aumentaremos nuestro nivel de vida y nuestro confort quizás, pero, ¿seguirá empequeñeciéndose nuestro corazón? Tendremos tiempo para trabajar, para poseer, para disfrutar, ¿lo tendremos también para crecer como personas?

Este año será semejante a tantos otros. ¿Aprenderemos a distinguir lo esencial de lo accesorio, lo importante de lo accidental y secundario? Tendremos tiempo para nuestras cosas, nuestros amigos, nuestras relaciones sociales. ¿Tendremos tiempo para ser nosotros mismos? ¿Tendremos tiempo para Dios?

Y sin embargo, ese Dios al que arrinconamos día tras día entre tantas ocupaciones y distracciones es el que sostiene nuestro tiempo y puede infundir a nuestra existencia una vida nueva.

PREGUNTAS DE AÑO NUEVO

Hoy comenzamos un «año nuevo». ¿Cómo será?, ¿qué espero yo del nuevo año?, ¿qué deseo de verdad?, ¿qué es lo que necesito?, ¿a qué dedicaré mi tiempo más precioso e importante?, ¿qué sería para mi algo realmente nuevo y bueno en este año que hoy comienza?

¿Viviré de cualquier manera, pasando de una ocupación a otra, sin saber exactamente qué quiero ni para qué vivo, o aprenderé a distinguir lo importante y esencial de lo que es secundario? ¿Viviré de forma rutinaria y aburrida, o aprenderé a vivir con espíritu más creativo?

¿Seguiré este año alejándome un poco más de Dios o empezaré a buscarlo con más confianza y sinceridad? ¿Seguiré un año más mudo ante él, sin abrir mis labios ni mi corazón, o brotará por fin de mi alma maltrecha una invocación pequeña, humilde pero sincera?

¿Viviré también este año preocupado sólo por mi bienestar o sabré preocuparme alguna vez de hacer felices a los demás?, ¿a qué personas me acercaré?, ¿sembraré en ellas alegría, o contagiaré desaliento y tristeza? Por donde yo pase, ¿será la vida más amable y menos dura?

¿Será un año más, dedicado a hacer cosas y más cosas, acumulando egoísmo, tensión y nerviosismo o tendré tiempo para el silencio, el descanso, la oración y el encuentro con Dios?, ¿me encerraré solo en mis problemas o viviré tratando de hacer un mundo más humano y habitable?

¿Seguiré con indiferencia las noticias que día a día me llegarán desde los países del hambre?, ¿contemplaré impasible los cuerpos destrozados de las gentes de Irak o los ahogados de las pateras?, ¿seguiré mirando con frialdad a los que vienen hasta nosotros buscando trabajo y pan? ¿Cuándo aprenderé a mirar a los que sufren con corazón responsable y solidario?

Lo «nuevo» de este año no nos vendrá de fuera. La novedad sólo puede brotar de nuestro interior. Este año será nuevo si aprendo a creer de manera nueva y más confiada, si encuentro gestos nuevos y más amables para convivir con los míos, si despierto en mi corazón una compasión nueva hacia los que sufren. (Homilía enviada por Manuel Merchán).

sábado, 26 de diciembre de 2009

EL COMPROMISO DE BELÉN.


Me ha parecido muy provechoso y clarificador el empaparnos de esta siguiente reflexión por su contenido y profundidad. Es muy posible que, ocupados y sumergidos en el activismo consumidor del mundo en el que estamos inmerso, no tomemos conciencia de lo realmente importante y del verdadero significado de lo que celebramos, al menos los creyentes.

Por todo ello, se hace necesario reflexiones que nos abstraigan de tanto consumismo y obligaciones paganas de regalar, de dar y recibir cosas, de celebrar comilonas, juergas y alegría basura y caduca, para adentrarnos en el verdadero significado de lo que celebramos, sin que ello signifique apartarnos de todo lo demás, pero sí de poner las cosas en su sitio, y vivir lo que realmente importa: "el amor".

Por todo ello, trancribo integramente esta, a mi parecer, buena reflexión que nos puede ayudar a comprender y vivir estos días el auténtico significado de la "encarnación del Niño DIOS".

La seriedad de la Navidad

¿Entenderemos todos lo que allí, en Belén, se juega? ¿Nació en cada uno de nosotros, ese Niño Dios?
Autor: P. Antonio Rivero, L.C. | Fuente: Catholic.net

En general, la Navidad toma la encarnación del Verbo de Dios en la parte más descomprometida e infantil. Es un niño quien ha nacido. Y un niño no dice cosas serias. Este Niño Dios no ha dicho todavía “Sed perfectos”, ni “sepulcros blanqueados”, ni “vende tus bienes y sígueme” ni “Yo soy la Verdad y la Luz”. Todavía está callado este niño. Y nos aprovechamos de su silencio para comprarle el Amor barato, a precio de villancicos y panderetas.

En el día de la Encarnación todos vuelven la vista hacia Belén, como en día de sol radiante se refugian todos a la sombra del alero. Los más complicados Góngoras hacen versillos de claveles y auroras, con melodía pastoril. Los más escolásticos y abstractos Calderones, escriben para la fiesta diálogos de Mengas y Pascuales. San Juan de la Cruz, que ha volcado hasta los umbrales del divino desposorio, en una Nochebuena sale de su celda como un loquillo de atar, meciendo al Niño en sus brazos, bailando y cantando una cancioncilla de amores aldeanos:

“Si amores me han de matar ¡agora tienen lugar!"

En esa Nochebuena no intuimos el tremendo compromiso que adquirimos los humanos. Como es un Niño el que nos ha nacido, no percibimos la Ley y el Compromiso serio, que nos trae debajo de su débil brazo. En torno a un niño todo parece ser cosa de juego y de algarabía. ¿También con el Niño Dios?

No; no puede ser la Navidad subterfugio y evasiva de la Encarnación. No es la fiesta de un derretimiento pueril y pasajero. Es la fiesta de un exigente amor varonil y total.

Vienen ya de camino Magos de Oriente que le van a quitar al portal todo el aspecto de fiesta de familia. Los magos no son ya pastores con cantarcillos, con requesón, manteca y vino. Son sabios y poderosos y científicos y extranjeros que vienen aleccionados por la astronomía. No vienen a pactar una noche de tregua de trinchera a trinchera: vienen a exigir las últimas consecuencias de la Paz prometida a todos los hombres. Vienen a hacer de Belén, la aldea de la Encarnación, la primera ciudad plenamente internacional del planeta. Vienen a ver si realmente ha nacido un rey que traiga la verdadera paz, la justicia auténtica y el amor sin componendas.

¿Hemos entendido esto del todo?…¿A qué nos compromete la Encarnación del Hijo de Dios? ¿Qué nos quiere decir a nosotros hoy la Encarnación?

A Belén se acercarán este año:

  • El Papa, llevándole a Jesús todas las luces y sombras, las alegrías y las tristezas de la Iglesia.
  • Los obispos y sacerdotes de todo el mundo, llevando a sus espaldas sus diócesis y parroquias, sus movimientos y grupos, para regalárselos a Jesús.
  • Religiosos y religiosas, con sus corazones consagrados y sus ansias de seguirle en pobreza, castidad y obediencia.
  • Misioneros y misioneras, dispuestas a aprender las lecciones de esa cátedra de Belén.
  • Laicos, admirados o indiferentes, despiertos y somnolientos, santos y pecadores, sanos y enfermos, jóvenes y adultos, niños y ancianos.

    ¿Entenderemos todos lo que allí, en Belén, se juega? ¿Nació en cada uno de nosotros, ese Niño Dios?

    Navidad no son las luces de colores, ni las guirnaldas que adornan las puertas y ventanas de las casas, ni las avenidas engalanadas, ni los árboles decorados con cintas y bolas brillantes, ni la pólvora que ilumina y truena.

    Navidad no son los almacenes en oferta. Navidad no son los regalos que demos y recibimos, ni las tarjetas que enviamos a los amigos, ni las fiestas que celebramos. Navidad no son Papá Noel, ni santa Claus, ni los Reyes Magos que traen regalos. Navidad no son las comidas especiales. Navidad no es ni siquiera el pesebre que construimos, ni la novena que rezamos, ni los villancicos que cantamos alegres.

    Navidad es Dios que se hace hombre como nosotros porque nos ama y nos pide un rincón de nuestro corazón para nacer. Por eso, ser hombre es tremendamente importante, pues Dios quiso hacerse hombre. Y hay que llevar nuestra dignidad humana como la llevó el Hijo de Dios Encarnado. Por eso, Navidad es tremendamente exigente porque Dios pide a gritos un hueco limpio en nuestra alma para nacer un año más. ¿Se lo daremos?

    Navidad es una joven virgen que da a luz al Hijo de Dios. Por eso, dar a luz es tremendamente importante a la luz de la Encarnación, porque Dios quiso que una mujer del género humano le diese a luz en una gruta de Belén. Tener un hijo es tremendamente comprometedor, pues Jesús fue dado a luz por María. No es lo mismo tener o tener un hijo; no es lo mismo querer tenerlo o no tenerlo. Navidad invita al don de la vida, no a impedir la vida.

    Navidad es un niño pequeño recostado en un pesebre. Por eso es tan tremendamente importante ser niño, y niño inocente, al que debemos educar, cuidar, tener cariño, darle buen ejemplo, alimentarle en el cuerpo y en el almacomo hizo María. Y no explotar al niño, y no escandalizar a los niños, y no abofetear a los niños, y no insultar a los niños.

    Navidad son ángeles que cantan y traen la paz de los cielos a la tierra. Por eso, es tremendamente importante hacer caso a los ángeles, no jugar con ellos a supersticiones y malabarismos mágicos, sino encomendarles nuestra vida para que nos ayuden en el camino hacia el cielo y hacerles caso a sus inspiraciones. Por eso es tremendamente importante ser constructores de paz y no fautores de guerras.

    Navidad son pastores que se acercan desde su humildad, limpieza y sencillez. Por eso, es tremendamente importante que no hagamos discriminaciones a nadie, y que si tenemos que dar preferencia a alguien que sean a los pobres, humildes, ignorantes. Quien se toma en serio la Encarnación del Hijo de Dios tiene que dar cabida en su corazón a los más desvalidos de la sociedad, pues de ellos es el Reino de los cielos.

    Navidad es esa estrella en mi camino que luce y me invita a seguirla, aunque tenga que caminar por desiertos polvorientos, por caminos de dudas cuando desaparece esa estrella. La Encarnación me compromete tremendamente a hacer caso a todos esos signos que Dios me envía para que me encamine hacia Belén, siguiendo el claroscuro de la fe.

    Navidad es anticipo de la Eucaristía, porque allí, en Belén, hay sacrificio y ¡cuán costoso!, y banquete de luz y virtudes, y ¡cuán surtidas las virtudes de Jesús que nos sirve desde el pesebre: humildad, obediencia, pureza, silencio, pobreza; y las de María: pureza, fe, generosidady las de José: fe, confianza y silencio!, y Belén es, finalmente, presencia que consuela, que anima y que sonríe. Belén es Eucaristía anticipada y en germen. Belén es tierra del pany ese pan tierno de Jesús necesitaba cocerse durante esos años de vida oculta y pública, hasta llegar al horno del Cenáculo y Calvario. Y hasta nosotros llega ese pan de Belén en cada misa. Y lo estamos celebrando en este año dedicado a la Eucaristía.

    Navidad es ternura, bondad, sencillez, humildad. Por eso, meterse en Belén es tremendamente comprometedor, pues Dios Encarnado sólo bendice y sonríe al humilde y sencillo de corazón.

    Navidad es una luz en medio de la oscuridad. Por eso, la Encarnación es misterio tremendo que nos ciega por tanta luz y disipa toda nuestras zonas oscuras. Meterse en el portal de Belén es comprometerse a dejarse iluminar por esa luz tremenda y purificadora.

    Navidad es esperanza para los que no tienen esperanza. Por eso, la Encarnación es misterio tremendo que nos lanza a la esperanza en ese Dios Encarnado que nos viene a dar el sentido último de nuestra vida humana.

    Navidad es entrega, don, generosidad. Dios Padre nos da a su Hijo. María nos ofrece a su Hijo. Por eso, quien medita en la Encarnación no puede tener actitudes tacañas.

    Navidad es alegría para los tristes, es fe para los que tienen miedo de creer, es solidaridad con los pobres y débiles, es reconciliación, es misericordia y perdón, es amor para todos. ¿Entendemos el tremendo compromiso, si entramos en Belén?

    Ya desde el pesebre pende la cruz. Es más, el pesebre de Belén y la cruz del Calvario están íntimamente relacionados, profundamente unidos entre sí. El pesebre anuncia la cruz y la cruz es resultado y producto, fruto y consecuencia del pesebre. Jesús nace en el pesebre de Belén para morir en la cruz del Calvario. El niño débil e indefenso del pesebre de Belén, es el hombre débil e indefenso que muere clavado en la cruz.

    El niño que nace en el pesebre de Belén, en medio de la más absoluta pobreza, en el silencio y la soledad del campo, en la humildad de un sitio destinado para los animales, es el hombre que muere crucificado como un blasfemo, como un criminal, en la cruz destinada para los esclavos, acompañado por dos malhechores.

    En su nacimiento, Jesús acepta de una vez y para siempre la voluntad de Dios, y en el Calvario consuma y realiza plenamente ese proyecto del Padre.

    ¡Qué unidos están Belén y Calvario!

    El pesebre es humildad; la cruz es humillación. El pesebre es pobreza; la cruz es desprendimiento de todo, vaciamiento de sí mismo. El pesebre es aceptación de la voluntad del Padre; la cruz es abandono en las manos del Padre. El pesebre es silencio y soledad; la cruz es silencio de Dios, soledad interior, abandono de los amigos. El pesebre es fragilidad, pequeñez, desamparo; la cruz es sacrificio, don de sí mismo, entrega, dolor y sufrimiento.

    Ahora sí hemos vislumbrado un poco más el misterio de Belén, el misterio de la Navidad, el misterio de este Dios Encarnado.

    ¿Castañuelas, panderetas y zambombas? ¡Bien! Pero no olvidemos el compromiso serio de este Dios Encarnadopues en cuanto comience a hablar nos va a pedir: “Niégate a ti mismo, toma tu cruz y sígueme”. Entonces nos darán ganas de tirar a una esquina la pandereta, las castañuelas y comenzar a escuchar a ese Dios Encarnado que por amor a nosotros toma la iniciativa de venir a este mundo, para enseñarnos el camino del bien, del amor, de la paz y de la verdadera justicia.

    Terminemos con una oración:

    “Niño del pesebre, pequeño Niño Dios, hermano de los hombres. El alma se me llena de ternura y el corazón de dicha, cuando te veo así, pequeño, pobre y humilde, débil e indefenso, recostado en las pajas del pesebre.

    Enséñame, Jesús, a apreciar lo que vale tu dulce encarnación. Ayúdame a comprender el profundo sentido de tu presencia entre nosotros. Haz que mi corazón sienta la grandeza de tu generosidad, la profundidad de tu humildad, la maravilla de tu bondad y de tu amor salvador”.



  • martes, 22 de diciembre de 2009

    LA EUCARISTÍA MERECE RESPETO.


    Debo confesar y me culpo ante DIOS de ello que muchas veces no le doy la importancia debida a las condiciones necesarias para tomar la Eucaristía. La Santa Madre Iglesia nos recuerda que, para recibir la Sagrada Eucaristía hace falta tres condiciones:
    1) Estar en gracia de DIOS; 2) saber a Quién se va a recibir, acercándose a comulgar con gran devoción; 3) y guardar una hora de ayuno antes de comulgar.

    Hoy quiero reflexionar sobre esta última condición, en la que, confieso, he tomado con ligereza en algunos momentos. El Catecismo de la Iglesia Católica señala en el número 1387 la tercer condición para comulgar dignamente: para prepararse convenientemente a recibir este sacramento, los fieles deben observar el ayuno prescrito por la Iglesia ( cf CIC can 919). También, por la actitud corporal (gestos, vestidos...) se manifiesta el respeto, la solemnidad, el gozo en ese momento en que CRISTO se hace nuestro huésped.

    El Código de derecho Canónico contiene la ley de la Iglesia de rito Latino (hay otro Código para los de rito oriental). El canon al que remite el catecismo dice:

    "CIC 919 # 1 Quien vaya a recibir la Santísima Eucaristía ha de abstenerse de tomar cualquier alimento y bebida al menos desde una hora antes de la Sagrada Comunión, a excepción de agua y de medicinas.

    CIC 919 # 3 Las personas de edad avanzada o enfermas, y así mismo quienes las cuidan, pueden recibir la Santísima Eucaristía aunque hayan tomado algo en la hora inmediata anterior".

    No es sólo un consejo, es mucho más. Es una disposición jurídica: "deben observar ayuno" y "ha de abstenerse de cualquier alimento" son expresiones de obligatoriedad que prescriben que no se debe comulgar sin cumplir esta condición.

    Ocurre que, con el tiempo, cada uno nos inventamos nuestra propia ley, y la ajustamos a nuestros gustos y necesidades; a nuestras apetencias e intereses. Es la moda del relativismo en que cada uno tiene su verdad, su razón, y nada ni nadie pueden obligarte a nada que tú no lo veas así. Queremos innovar, sin diferenciar lo accidental de lo sustancial, y el sólo hecho de correr otros tiempos, etiquetamos lo antiguo como algo que perteneció a la época de nuestras abuelas, pero ahora corren otros tiempos.

    El Código de Derecho Canónico del que hablamos no es el viejo de 1917, sino el sancionado de 1983. Y el Catecismo de la Iglesia publicado en 1992. Y que están ambos vigentes en la Iglesia. El último documento que habla del ayuno Eucarístico es el Instrumento Laboris del Sínodo sobre la Eucaristía (octubre 2005). Es decir, que la actualidad del precepto está fuera de toda duda.

    La ley meramente eclesiástica - ley humana de la Iglesia - no obliga cuando hay una dificultad grave. En este tema, no parece fácil imaginar un caso así, fuera de la situación de enfermedad expresamente prevista en el canon citado.

    A la hora de querer modificar, justificar nuestras rebeliones aducimos que unos minutos menos no tienen mayor importancia, que lo importante es la Eucaristía y...etc. Esto nos va llevando a desconsiderar los mandatos de la Iglesia y a terminar por ser nosotros mismos los que pongamos nuestras propias leyes.

    Una hora son 60 minutos, y, además, la Iglesia no dice escuetamente una hora, sino que afirma "al menos una hora", lo que supone que debe ser una hora o algo más si cabe, nunca menos. No olvidemos que hasta tiempos de Pio XII el ayuno regía desde el día anterior. Por eso no había entonces Misas vespertinas. En la década del cincuenta del siglo pasado, dicho Papa redujo el ayuno a tres horas; y después del Concilio Vaticano II, se pasó a una hora.

    La Iglesia no pretende limitar la Comunión - que sean menos los fieles que comulgan - sino velar por el respeto y la veneración a tan gran sacramento porque recibimos al mismo CRISTO. Y debemos tomarnos con mucha seriedad esta norma porque no estamos obligados a comulgar y no hemos guardado la debida preparación para hacerlo. Llegado este caso es mejor no comulgar como signo de respeto y veneración, que hacerlo incumpliendo las normas y condiciones que la Santa Madre Iglesia nos exhorta a cumplir.