sábado, 4 de enero de 2025

UN ENCUENTRO QUE TRANSFORMA

Posiblemente, y deduciendo tras leer este Evangelio, yo no he tenido todavía un encuentro fuerte y real con Jesús. Y digo esto porque, pienso, a no ser que esté equivocado, cosa normal en mí, que mi vida no ha sufrido un cambio radical.

Sin embargo, es posible que ese cambio que yo espero o entiendo, no sea el que me imagino o el que creo debe ser. Quizás, el cambio no se note tanto como yo creo, y sea más sencillo de lo esperado. Un cambio de actitud, apoyado en el amor y la misericordia de Dios, respecto a mi relación con los demás; a mi relación con mi trabajo; a mi relación con mi familia, mi parroquia, mi círculo de amigos …etc.

María, Madre de Dios y Madre nuestra, me puede enseñar mucho. Mirándola, observo que fue muy sencilla; que aparentemente no hizo gran cosa; que apenas se nombra en los Evangelios; que no parece que hizo nada relevante. Simplemente, fue la joven humilde, callada, silenciosa que Dios eligió para que fuese la Madre de su Hijo. Y simplemente ella aceptó poniéndose a disponibilidad de la Voluntad del Señor: «Eh aquí la esclava del Señor, hágase su Voluntad».

Y eso fue lo que hizo en su vida, cumplir la Voluntad del Señor en la cotidianidad de su vida, y realizando su papel de Madre y esposa de José, su marido. Y tal fue su recorrido que, fiel a su papel de Madre, estuvo con su Hijo hasta la cruz.

Quizás para cada uno de nosotros, seguir al Señor, será, como María, ponernos en disposición de hacer la Voluntad del Señor, sin muchas pretensiones sino con la disponibilidad de hacer su Voluntad contando con la asistencia del Espíritu Santo que hemos recibido en la hora de nuestro bautismo.

viernes, 3 de enero de 2025

JUAN SEÑALA A JESÚS COMO EL CORDERO DE DIOS

Juan, desde su experiencia propia, señala a Jesús como el Hijo de Dios. No lo hace desde una opinión subjetiva o supuesta especulación, sino desde una experiencia objetiva que lo ve claramente y, por eso, da testimonio.

Sus palabras no dan lugar a duda: Al día siguiente Juan ve a Jesús venir hacia él y dice: «He ahí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Éste es por quien yo dije: ‘Detrás de mí viene un hombre, que se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo’. Y yo no le conocía, pero he venido a bautizar en agua para que él sea manifestado a Israel». Y Juan dio testimonio diciendo: «He visto al Espíritu que bajaba como una paloma del cielo y se quedaba sobre Él. Y yo no le conocía, pero el que me envió a bautizar con agua, me dijo: ‘Aquel sobre quien veas que baja el Espíritu y se queda sobre él, ése es el que bautiza con Espíritu Santo’. Y yo le he visto y doy testimonio de que éste es el Elegido de Dios».

También en cada uno de nosotros – los bautizados – ha bajado el Espíritu. El mismo Espíritu que bajó sobre Jesús en el Jordán. Y lo hace – por regalo gratuito del mismo Jesús y por los méritos de su preciosísima sangre – para que podamos alcanzar el perdón de nuestros pecados y alcanzar la paz. De ahí la gran importancia de recibir el bautismo.

jueves, 2 de enero de 2025

JUAN SEÑALA AL CAMINO, LA VERDAD Y LA VIDA

La fama de Juan había llegado hasta Jerusalén, y, precisamente, de allí vienen a preguntarle si él es realmente el enviado, el Profeta prometido y esperado. La respuesta de Juan no deja lugar a duda

Ante las preguntas que previamente le habían hecho: «¿Quién eres tú?». El confesó, y no negó; confesó: «Yo no soy el Cristo». Y le preguntaron: «¿Qué, pues? ¿Eres tú Elías?». Él dijo: «No lo soy». «¿Eres tú el profeta?». Respondió: «No». Entonces le dijeron: «¿Quién eres, pues, para que demos respuesta a los que nos han enviado? ¿Qué dices de ti mismo?: «Yo soy voz del que clama en el desierto: Rectificad el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías».

Juan cumple con su destino. Viene a allanar y preparar el camino al Señor. Él trae con su palabra ese aire fresco que suscita esperanza de un mundo nuevo; un mundo de amor y misericordia; un mundo de justicia, amor y paz. Una conversión para dejarnos llenar del amor de Dios y de su misericordia infinita. Un arrepentimiento de todo lo que nos suscita el mundo, demonio y carne, y nos invade de un felicidad caduca, engañosa que pasa y nos deja vacío.

Una Palabra a la que nos invita Juan a seguir, escuchar y dejar entrar en nuestro corazón. Una Palabra que nos señala porque es Él el único y verdadero Camino, Verdad y Vida.

miércoles, 1 de enero de 2025

NOS HA NACIDO UN REDENTOR PARA EL PERDÓN DE NUESTOS PECADOS.

La vida se hace vida desde que tomamos conciencia de que nos ha nacido un Redentor. Redentor que se visibiliza en ese Niño nacido en Belén. Y los pastores inician el nuevo año con cantos y alabanzas a María y José y a ese Niño Dios nacido en Belén.

De la misma manera, se me ocurre a mí FELICITAR este nuevo año que hoy comienza con el deseo de vivir todo el año en la presencia de Dios. Un Dios encarnado en ese Niño de Belén que viene a este mundo a anunciarnos que su Padre Dios nos quiere con Amor Misericordioso e Infinito, y nos invita a compartir su Gloria con todos nosotros.

Necesariamente, el vínculo que nos une y nos permite aceptar esa invitación de gozo y felicidad eterna es el Hijo. Su Hijo predilecto que nos ha presentado en su bautizo en el Jordán por Juan el Bautista. Allí, bajo la acción del Espíritu Santo, Jesús, el Hijo de Dios Vivo, es presentado y anunciado al mundo. Y a nosotros se nos invita a hacer lo que Él nos mande.

Entre todo esto, María, su Madre, le da a luz por Voluntad del Padre, aceptando voluntariamente a ser su esclava y cumplir su Palabra. Y, a pesar, como quizás nos suceda a cada uno de nosotros, de no entender muchas cosas, María, la Madre, meditaba y guardaba todo esto en su corazón.

Tratemos también nosotros de meditar y guardar todo lo que recibamos de manos del Espíritu Santo, aunque no lo entendamos, en nuestro corazón. Tengamos paciencia, esperanza y, sobre todo, fe: La Luz llegará y podamos ver y palpar el Amor Misericordioso de nuestro Padre Dios.


FELIZ AÑO 2025

martes, 31 de diciembre de 2024

A DIOS NADIE LO HA VISTO JAMÁS

El Misterio me sobrecoge y sobrepasa, y hay instantes en mi vida que me deja perplejo y anonadado. ¿Cómo puede alguien existir siempre?, es la pregunta que revive en mi corazón. Mi corta mente nunca podrá entender eso.

Sin embargo, ¡me toco y es real, existo! Luego, ¡Alguien me ha creado! Y eso deja claro, en mi corta y humilde mente, que ese Padre Dios, Bueno y Misericordioso ha existido, existe y existirá eternamente por los siglos de los siglos.

Y yo, Señor, Hijo del Padre. Mesías prometido, que has nacido en Belén, fiesta que hemos celebrado estos días, creo profundamente en tu Palabra. Tú, mi Señor, eres el Verbo hecho carne, que, rebajándose de su dignidad de Dios, sin perder su Naturaleza Divina, ha tomado la humana, se ha hecho hombre como yo menos en el pecado. Y todo para mostrarme el Camino, la Verdad y la Vida.

Tú, Señor, Hijo de Dios, nos muestra la Gracia y la Verdad sellada en la Ley que nos dejo Moisés. Una Gracia y una Verdad que nos purifica y nos hace hermanos en el amor y la misericordia que da sentido a la Ley y a los Profetas. Y de Ti, mi Señor, recibo esta fe que se fortalece en el amor de compartir con los hermanos tu Camino, tu Verdad y tu Vida.

Gracias, Señor, porque, aunque es cierto que nadie te ha visto, sí, por tu Gracia experimentamos tu presencia, y en la Palabra, tu Hijo, nuestro Señor, nos manifiesta tu Amor y Misericordia enseñándonos el Camino, la Verdad y la Vida.

FELIZ AÑO 2025

lunes, 30 de diciembre de 2024

UNA VIDA AGUARDANDO AL SEÑOR

Posiblemente, detrás de aquella anciana viuda, casada durante siete años, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro, según narra el Evangelio, había una decidida y perseverante vigilancia por esperar la venida del Mesía prometido. Dice el Evangelio que no se apartaba del templo sirviendo a Dios con ayunos y oraciones noche y día.

Y la insistencia, como nos invita al Señor ya mayor y en su vida pública – Lc 18, 1-8 – se hace necesaria e imprescindible. Nuestra vida – camino hacia la Casa de nuestro Padre Dios – es un camino de vigilancia, de perseverancia y de relación constante, diaria y a cada instante con nuestro Padre Dios.

Conocemos nuestras debilidades, nuestras facilidades para caer en la trampa de la seducción y del pecado. Por tanto, estemos vigilantes, atentos, en oración constante para no caer en la trampa que el mundo, demonio y carne nos tienden.

Ana, esa viuda, hija de Fanuel, y de la tribu de Aser, nos puede servir de ejemplo. Su constancia, su alabanza y actitud de dar a conocer a ese Niño Dios a todos los que aguardan y esperan en el Señor, es una actitud que también nosotros podemos hacer nuestra en nuestra vida. Primero en espera y vigilancia, y, segundo, en constante relación con el Señor, y abiertos a la acción del Espíritu Santo que hemos recibido en la hora de nuestro bautismo, para aprovechar las oportunidades que nos da la vida para hablar del Señor y, con nuestras obras y actitudes, mostrar su Amor y Misericordia a los demás.

domingo, 29 de diciembre de 2024

ENRAIZADOS EN UNA FAMILIA

No aparecemos por arte de magia, ni tampoco por el impulso de un deseo. Nacemos por amor. Ese ha sido el deseo de nuestro nacimiento. Dios nos ha creado por amor, y, por amor, venimos a este mundo. Y, sea como sea, nuestros primeros pasos y años transcurre en una familia.

Así sucedió con Jesús, el Hijo de Dios. Vino a este mundo, encarnado en naturaleza humana, y por la acción del Espíritu Santo, en el seno de María. Su Madre. Y José fue elegido como su padre adoptivo. En esa sencilla y humilde familia, Jesús pasó sus primeros años.

Y, llegada ya su momento, visitó el Templo, la casa de su Padre, y allí empezó a dar sus primeros pasos respecto a su misión evangelizadora del anuncio de la Buena Noticia para la que su Padre le había enviado.

Y ante la supuesta pérdida que, su Madre María y su padre adoptivo José, habían pensado, Jesús, una vez encontrado en el Templo, y ante la pregunta de María: «Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira, tu padre y yo, angustiados, te andábamos buscando», les responde: «Y ¿por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?» Pero ellos no comprendieron la respuesta que les dio.

Quizás a nosotros, hoy, después de tantos siglos nos ocurra algo parecido. En nuestro caso ni siquiera muchos lo buscamos, y otros no le escuchamos ni tampoco guardamos, como María, lo que no entendemos en nuestro corazón.