martes, 10 de junio de 2014

SAL Y LUZ



Dos factores muy necesarios para recorrer el camino de nuestra vida. La sal le da gusto a nuestros alimentos y los hace más apetecible y sabrosos al paladar. La luz alumbra la vida y nos descubre los colores, el camino para evitar los obstáculos con los que podamos tropezar. Ambas, sal y luz, nos son muy necesarias.

Pero de la misma forma, los cristianos tienen que ser la sal del Evangelio. Esa sal que da entusiasmo y sabor a la Buena Noticia que nos habla de la salvación del hombre. Esa sal que nos mantiene despierto nuestro corazón por gustar y saborear el banquete de salvación que es comer el Cuerpo y beber la Sangre de nuestro Señor Jesús. Esa sal que se derrama y contagia de perseverancia a todo lo que toca y les impetra del olor de gozo y felicidad que es encontrar al Señor Jesús. 

No desprender ese perfume que transmite el aroma de amor de Jesús sería descubrir que la sal de mi Evangelio se ha corrompido y no da los frutos de sabor y conservación evangélico.

Caminar en la oscuridad es avanzar sin rumbo, sin sentido y directos al precipicio. La luz alumbra nuestros pasos y nos descubre el verdadero rostro de Jesús orientados por el gusto y el sabor del gozo que se siente al experimentar su Amor. 

Ese Amor que Él nos revela y nos enseña con su Vida y su Testimonio, y que nosotros, por la acción del Espíritu Santo, queremos transmitir a todos los que prueban nuestra sal y se alumbran en nuestra luz.


lunes, 9 de junio de 2014

LA FIDELIDAD SE PRUEBA EN LA ADVERSIDAD

(Mt 5,1-12)

No es fiel aquel que cumple las leyes a raja tabla, sino el que las vive con amor y persevera en la adversidad y dificultades. Porque cuando todo va bien, según nos conviene, somos cumplidores y observamos la ley, pero cuando algo no encaja con nuestra manera de interpretar o ver las cosas, se nos ve el plumero.

Eso fue lo que ocurrió en tiempos de Jesús con los fariseos, sacerdotes y jefes del sanedrín. Jesús les importunaba sus costumbres, sus tradiciones y sus maneras de interpretar la ley. Jesús les cuestionaba sus actitudes ante la ley y la manera de aplicarla. Jesús les descubría sus privilegios y exclusiones de entrega y sacrificio por los demás. Y Jesús les amenazaba sus poderes legislativos sobre el pueblo.

Bienaventurados somos cuando experimentemos que necesitamos la Misericordia y la paz de nuestro Padre Dios, porque en Él seremos saciados. Bienaventurados seremos cuando sepamos aceptar que todo lo que tenemos lo hemos recibido para el recorrido de nuestra vida y para compartirlo con los que han recibido menos. Bienaventurado seremos cuando nuestro corazón sienta los sufrimientos, injusticias, pobreza de aquellos que caminan con nosotros también.

Seremos bienaventurados cuando descubrimos que somos amados misericordiosamente por Dios para que también nosotros amemos con misericordia asistidos por el Espíritu de Dios. Amén.

domingo, 8 de junio de 2014

JESÚS RESUCITADO SE HACE PRESENTE EN CADA UNO DE NOSOTROS

(Jn 20,19-23)


Jesús continúa su labor evangelizadora: "Anuncia que el Padre nos ama y nos busca para darnos el gozo de la vida eterna a su lado". Y lo hace en el Hijo, enviado para revelarnos esa Buena Noticia del Amor del Padre. Ahora, Jesús hecho Hombre, la segunda Persona de la Santísima Trinidad, asciende a los Cielos, pero, Resucitado,  continúa su labor evangelizadora en la tierra.

Es el Espíritu de Jesús quien, desde el corazón de los apóstoles, aquel día de Pentecostés, continúa la labor evangelizadora en la Iglesia y desde el corazón de cada creyente. Por eso, no debemos tener miedo en no saber que decir, o miedo a fracasar y no dar la talla. Nos experimentamos pecadores, cargados de defectos, y fallos e imperfecciones que no dan buen ejemplo ni alcanzan la dignidad necesaria para ser buenos testigos y luces para otros.

Sin embargo estamos ahí por la Gracia de Dios. Porque Él ha querido, como a los apóstoles, elegirnos para ser instrumentos de evangelización. Ahora, Él lo hace en su Espíritu a través de la Iglesia, y también lo hacemos cada uno de nosotros cuando abrimos nuestro corazón a la acción del Espíritu. Sabe de nuestras dudas y tribulaciones, por eso nos enseña sus Manos y Costado para que tengamos pruebas de que es Él. Y nos transmite su Paz.  

Porque sólo en la Paz podemos dejar pasar la Luz del Espíritu Santo que nos ha sido enviado y que mora dentro del corazón de cada creyente. Porque la Paz es el hogar del Amor y con amor podemos testimoniar al mundo que Jesús Vive.

sábado, 7 de junio de 2014

¿QUIÉN SOY YO PARA METERME EN TUS ASUNTOS, SEÑOR?

(Jn 21,20-25)


Perdona Señor por mi ignorancia y mi atrevimiento a meterme en tus asuntos. No soy nadie ni tengo autoridad para criticar o juzgar lo que hagan otros, y menos amonestar u opinar sobre actitudes o acciones de otras personas. Perdona Señor mi inclinación a querer dar pautas y caminos a otros cuando soy yo el que no hago ni cumplo, ni tampoco soy ejemplo con mi propio camino.

Me avergüenzo de mi ignorancia atrevida al preguntarte por tantos otros Juanes que se cruzan en mi vida. ¿Quién soy yo para hacerlo? Ni siquiera he sido ejemplo para mi familia, ¿y me permito interpelar a otros? Dame la paciencia y la sabiduría de silenciar mi lengua y vivenciar mi vida en obras según tu Voluntad.

Enséñame a servir sin miramientos ni etiquetas, ni exigencias de cumplimientos o de criterios sino de servicio y disponibilidad con y por amor. Cierra mi boca y silencia mi lengua de todo maledicencia que pueda alejar a la gente de mi y darle un mal ejemplo de Ti, Señor, porque mi ser y obrar, si no estás Tú será mío y mis obras son malas si no proceden de Ti. 

 Sé, Señor, y te ruego que cambies mi corazón en un corazón como el Tuyo, que sin Ti nada puedo. Calma mi sed Señor con esa Agua que, manada de Ti, salta hasta la Vida Eterna.

viernes, 6 de junio de 2014

CONSCIENTES DE NUESTRAS LIMITACIONES

(Jn 21,15-19)

Esa triple insistencia de Jesús a Pedro me sugiere el conocimiento que tiene Jesús de nuestra naturaleza humana. Él se ha hecho Hombre y ha tomado esa misma Naturaleza humana, pero limpia de pecado, pero conoce porque lo ha experimentado y sufrido, las tentaciones e inclinaciones a la que estamos sometidos nosotros sus hermanos.

Sabe de nuestros apegos y apetencias; sabe de nuestros sometimientos, temores y apetencias y quiere que estemos atentos y prestos a estos peligros. Pedro experimenta y revive sus momentos de arrepentimientos en la hora de sus tres negaciones a la Persona de Jesús. Y Pedro se rinde a la sabiduría y al amor de Jesús. Es eso lo verdaderamente importante:" la esperanza de sabernos perdonados en la Misericordia del Padre que Jesús nos revela y nos acerca".

En nuestro camino de seguimiento al Señor confundimos nuestra voluntad con la del Señor, y queremos seguirle, pero autoengañados nos seguimos nosotros mismos y no al Señor. Haremos la Voluntad del Padre cuando seamos capaces de seguir el camino tal y como nos lo traza el Espíritu Santo. Camino que muchas veces no entenderemos ni será el que nosotros elijamos.

Así nos lo presentó Jesús en el huerto de Getsemaní cuando sudando sangre pidió al Padre que pasara de Él ese cáliz, para a renglón seguido someterse a su Voluntad. Pidamos nosotros también voluntad y luz para someternos a la Voluntad del Padre. Amén.

jueves, 5 de junio de 2014

TAMBIÉN, EL SEÑOR, RUEGA POR MÍ

(Jn 17,20-26)


Es alentador saber que el Señor Jesús reza por mí y por cada uno de nosotros. Eso me invita a mí también a rezar por otros, y no sólo rezar sino a tratar de amarnos hasta el punto de que nuestra unidad sea como uno solo, tal y como son el Padre y el Hijo.

Esa es nuestra meta: "Amarnos como nos ama el Padre Dios en el Hijo". Hoy, en el Evangelio, el Señor nos lo repite por activa y por pasiva: "Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado". «Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te he conocido y éstos han conocido que tú me has enviado. Yo les he dado a conocer tu Nombre y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que tú me has amado esté en ellos y yo en ellos».

Es la Misión del Señor: "Darnos a conocer el Amor Inmenso que el Padre nos tiene". Y nos revela que continuará, ¡está entre nosotros !,pidiéndole al Padre por nosotros y caminando con nosotros alentándonos en el camino ante las dificultades y obstáculos que salen a nuestro paso.

Tengamos la esperanza y la confianza de perseverar a pesar de nuestras caídas y despiste; a pesar de nuestros fracasos y tropiezos; a pesar de nuestros pecados y limitaciones. El Señor sabe de nosotros, nos conoces y nos ama tal y como somos.

 Gracias Padre del Cielo por darnos a tu Hijo para que haga el camino con cada uno de nosotros. Amén.

miércoles, 4 de junio de 2014

UN MUNDO SIN JESÚS ES UN MUNDO INFELIZ

(Jn 17,11b-19)


No hace falta profundizar más para darse cuenta que el mundo está lleno de problemas. La panorámica que nos pintan los medios de comunicación, así como el cine son siempre noticias y argumentos con problemas. El mundo no sabe vivir la felicidad de Jesús si trata de buscarla en las cosas de este mundo. Sin Jesús no se puede encontrar la verdadera y eterna felicidad.

Hoy, en el Evangelio, Jesús nos habla tan claro que nos maravilla y nos llena de esperanza: «Padre santo, cuida en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno como nosotros. Cuando estaba yo con ellos, yo cuidaba en tu nombre a los que me habías dado. He velado por ellos y ninguno se ha perdido, salvo el hijo de perdición, para que se cumpliera la Escritura». Pero ahora voy a ti, y digo estas cosas en el mundo para que tengan en sí mismos mi alegría colmada. Yo les he dado tu Palabra, y el mundo los ha odiado, porque no son del mundo, como yo no soy del mundo. No te pido que los retires del mundo, sino que los guardes del Maligno. Ellos no son del mundo, como yo no soy del mundo. Santifícalos en la verdad: tu Palabra es verdad. Como tú me has enviado al mundo, yo también los he enviado al mundo. Y por ellos me santifico a mí mismo, para que ellos también sean santificados en la verdad».

Nada que temer porque el Padre nos guarda, por encargo de su Hijo Jesús, del Maligno. Somos santificados en la Verdad por la Palabra del Padre y en Él encontramos las fuerzas para resistir los embates de este mundo que nos odia porque rechaza al Señor. Por lo tanto, no desesperemos a pesar de sentirnos mal, fracasados, inútiles, inconstantes, caídos, tocados, lejos de ser buenos ejemplos, y experimentados todas las vivencias y experiencias que nos alejen del Señor.

El Padre nos ama. Ha enviado a su Hijo, incluso a una muerte de Cruz, para probarnos todo su Amor. Y Él sabe como somos, pues somos sus hijos. No desesperes ni te derrumbes. Camina, a pesar de tus malos pasos, hacia Él y esfuérzate, aún haciéndolo mal, en acercarte y comer su Cuerpo en la Eucaristía. Él, que te ama con locura, hará que cambies y transformará tu corazón cuando sea el momento preciso de su Voluntad.

Sí, Señor, queremos hacer el recorrido de este mundo al que Tú nos envía, en tu Nombre y por tu Nombre, esperanzados y confiados en tu Palabra y Misericordia. Amén.