miércoles, 4 de diciembre de 2024

LA OPCIÓN DE COMPARTIR

Compartir es la palabra, pues no se trata de multiplicar ni de aumentar el fausto de cada uno, sino de compartir lo que tiene cada uno. Se trata de dividir, de partirse o de darse. Esa es el gran significado de la multiplicación de los panes y peces. Tenerse en cuenta unos y otros. Sobre todo a aquellos más necesitados, más carentes de lo necesario para vivir.

La actitud que nos muestra Jesús es la de preocuparnos por los demás. No se trata de una preocupación superficial, sino de lo que realmente subyace dentro de cada persona y de sus verdaderas carencias, tanto espirituales como materiales. Quizás no vemos nada en lo exterior, pero sí puede haber cosas escondidas que no llegamos a apreciar.

De cualquier manera la actitud de Jesús estaba en asistir las posibles necesidades de aquel gentío tanto de hambre como de posibles desfallecimientos. Y, advertido de tal necesidad, se preocupó de proveer lo necesario.

Esa es la actitud y la misión: compartir todo lo recibido, pues gratis lo hemos recibido y gratis debemos ponerlo en servicio de los demás.

martes, 3 de diciembre de 2024

PROCLAMAR SU PALABRA ES SEGUIR A JESÚS

A veces observas, y eso te llena de satisfacción y júbilo, que muchos se retiran, dejan de seguirte o, simplemente, se dan de baja de tus páginas de Facebook o Twitter. Es evidente que te seguirán los que quieres leer la Palabra de Dios o, simplemente, comentar o reflexionar mis humildes reflexiones sobre la misma. Y los que no están de acuerdo, o no les gusta dejarán de leerlas y seguirlas.

Una cosa es evidente, la Palabra es la Buena Noticia que nos trae Jesús expresamente con su Palabra. Él es la Palabra; Él es la Buena Noticia; Él es el Camino, la Verdad y la Vida. Y en Él está contenido todo, tanto lo que se ve como lo que no se ve. Y proclamar la Palabra es hablar de Jesús, de su Vida y Obra.

Y lo podemos hacer, siempre con buena intención, mejor o peor, pero siempre será su Palabra. Sobre todo si, al hacerlo, sincera y humildemente nos ponemos en presencia del Espíritu Santo y dejamos que Él nos aconseje, nos dirija y nos ilumine. Podrá resultarnos bien o no tan bien, pero a través de ella iremos descubriendo nuestro camino, nuestra verdad y nuestra vida. Caminando en el Señor encontraremos siempre la Verdad.

Una Verdad que al Padre le ha parecido bien derramar en los sencillos y humildes. Y que Jesús lo alaba y da gracias por ello. Y tal es la gracia que nos dice: «¡Dichosos los ojos que ven lo que veis! Porque os digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que vosotros veis, pero no lo vieron, y oír lo que vosotros oís, pero no lo oyeron».

lunes, 2 de diciembre de 2024

PEQUEÑEZ Y GRANDEZA

Nos cuesta, o mejor, nos resulta muy dificultoso reconocernos pequeños, pero, sobre todo, indignos de presentarnos delante del Señor. Es verdad que lo decimos cada vez que comulgamos, pero una cosa es lo que se dice y otra, muy diferente, lo que se vive y como se vive.

Posiblemente no tengamos capacidad para darnos cuenta de la grandeza de, a quien recibimos y, quizás mediatizados por la frecuencia de recibirlo, nos acostumbramos a hacerlo sin caer en la cuenta de a quien estamos recibiendo. Recordar y tener en cuenta esas palabras de aquel centurión nos aviva y advierte la importancia y grandeza de lo que significa y tiene la comunión.

Es evidente que creer en Dios es darnos cuenta de que Él nos ha creado tal y como somos, y de que también ha creado todo lo visible e invisible que no alcanzamos a ver. Por lo tanto, descubramos nuestra pequeñez, no sólo para darnos cuenta de nuestra impotencia, sino para apreciar y maravillarnos de la Infinita Misericordia de nuestro Padre Dios.

domingo, 1 de diciembre de 2024

¿EN ACTITUD DE ESPERA O SOMETIDO A LA COSTUMBRE?

No es cuestión de un momento, de un acontecimiento o de una emoción. Se trata de una actitud de vida, de un camino en actitud vigilante y atentos a la Palabra de Dios que nos da cada día, para levantarnos con ilusión y actitud de crecer, de avanzar y de vivir en esa Voluntad de nuestro Padre Dios.

Adviento es camino de espera, de esperanza y de salvación. Es actitud de esperar a Aquel que nos salva, que no viene a traer esa felicidad que buscamos y anhelamos. Pero, una espera no de brazos cruzados, sino una espera activa, atenta, de camino, de avance, de crecimiento y de verdadero amor y misericordia.

Un camino de fortaleza y de mantenerse en pie para alzar a los que se doblan. Un camino de reconocernos pobres y pecadores, pero conscientes de que llega el Mesías que ha de salvarnos y en el que podemos injertarnos para, en y con Él, superar todos las dificultades y obstáculos que se nos presentan.

Adviento es el anuncio de la venida del Niño Dios a nuestros corazones. Y en Él estamos salvados. Ya nada importa, porque en Él está esa vida eterna que buscamos y que nos ofrece gratuitamente con un amor infinitamente misericordioso.

sábado, 30 de noviembre de 2024

DESCUBRIR LA HUELLA DE AMOR QUE DIOS HA SEMBRADO EN TU CORAZÓN

Ese es el interrogante de nuestra vida: «descubrir el amor que hay dentro de nosotros». Un amor que se prolonga y se sostiene en nuestro Padre Dios. Un amor por el que hemos sido creados y, también, salvados. Un amor que nos invita cada día a amar como somos amados por nuestro Padre. Un amor fraterno que nos hace hermanos e iguales, e hijos de un mismo Padre.

Ante este hermoso horizonte, Jesús llama a sus discípulos, y entre ellos nos encontramos hoy, después de XXI siglos, también nosotros. Tú y yo, y de nuestra voluntad dependerá, por un lado, darnos cuenta. Y por otro lado, comprometernos a que ese amor que vive dentro de nosotros bulla y llegue hasta contagiar a los demás.

 Porque, de eso se trata, de contagiar el mundo de amor. De verdadero amor fraterno, un amor que busca y trata a los demás como se trata a sí mismo. Un amor como el que nos enseña Jesús hasta el extremo de estar dispuestos a dar la vida por el bien de los demás. Una vida que no se entrega en un acto de heroísmo, sino en el día a día y con un servicio generoso, humilde, paciente y misericordioso.

viernes, 29 de noviembre de 2024

CAPACIDAD DE OBSERVACIÓN

Se nos ha dado capacidad para discernir y observar. Cuando observamos tenemos la oportunidad de analizar lo que vemos y, en consecuencia, discernir. Discernir sobre el bien y el mal; distinguir lo bueno de lo malo; diferenciar lo trascendente de lo intrascendente. En definitiva, ver lo verdaderamente importante: caminamos hacia el Reino de Dios, un Reino de Paz, Justicia y Amor.

Ahora, ¿cómo nos comportamos? ¿Realmente observamos, discernimos y nos preparamos para alcanzar la meta para la que hemos sido creados? Somos capaces de darnos cuenta, así como la proximidad del verano cuando observamos que la higuera ya echa brotes, de que nuestro verdadero destino es la Casa del Padre? ¿Y nos damos cuenta de que podemos perder esa oportunidad si no abrimos la puerta de nuestro corazón al Espíritu Santo?

Darnos cuenta de que nuestra hora está cerca es lo más importante de nuestra vida. Es el Tesoro escondido en nuestro corazón. Y está cerca porque, al margen del final de este mundo, que no sabemos cuándo, tampoco sabemos el final de nuestra vida que puede sorprendernos en cualquier momento.

jueves, 28 de noviembre de 2024

ERGUIDOS POR LA FE Y ESPERANZA

Está meridianamente claro que todos tendremos un fin. De la misma manera que hemos iniciado nuestra vida, sin apenas darnos cuenta, iniciaremos también nuestro final. Con la hora de nuestra propia muerte, o, quizás, ¡quién sabe!, con la venida del Hijo del Hombre. De una u otra forma nos encontraremos con el Señor.

Y eso debe alegrarnos, darnos fortaleza, sostenernos erguidos, en pie y firmes por la fe y esperanza en el Amor Misericordioso de nuestro Señor. Él ha entregado su Vida por salvar la nuestra, y vendrá al final de los tiempo ha darnos esa vida eterna y gozosa que ha prometido a todos aquellos que ha puesto su vida en sus manos y han creído en su Palabra.

Es verdad que las señales del derrumbe y ocaso de este mundo son nefandas y nos ponen en un brete sin posibilidades de efugios, pero nuestra confianza y fe en el Señor nos mantendrá siempre alegres, esperanzados y confiados en nuestra salvación por su Amor Misericordioso.

Por nuestra parte debemos estar preparados. Siempre contando con la Gracia del Señor y la asistencia del Espíritu Santo. Y, confiados en su Infinita Misericordia, esperar con fe y alegría que el Señor nos colme de felicidad eterna.