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miércoles, 4 de diciembre de 2024

LA OPCIÓN DE COMPARTIR

Compartir es la palabra, pues no se trata de multiplicar ni de aumentar el fausto de cada uno, sino de compartir lo que tiene cada uno. Se trata de dividir, de partirse o de darse. Esa es el gran significado de la multiplicación de los panes y peces. Tenerse en cuenta unos y otros. Sobre todo a aquellos más necesitados, más carentes de lo necesario para vivir.

La actitud que nos muestra Jesús es la de preocuparnos por los demás. No se trata de una preocupación superficial, sino de lo que realmente subyace dentro de cada persona y de sus verdaderas carencias, tanto espirituales como materiales. Quizás no vemos nada en lo exterior, pero sí puede haber cosas escondidas que no llegamos a apreciar.

De cualquier manera la actitud de Jesús estaba en asistir las posibles necesidades de aquel gentío tanto de hambre como de posibles desfallecimientos. Y, advertido de tal necesidad, se preocupó de proveer lo necesario.

Esa es la actitud y la misión: compartir todo lo recibido, pues gratis lo hemos recibido y gratis debemos ponerlo en servicio de los demás.

domingo, 28 de julio de 2024

DE LO PEQUEÑO A LO UNIVERSAL

Ocurre siempre igual, de lo pequeño nace lo grande y universal. Jesús busca y escoge lo pequeño para hacerlo grande, para alumbrar su Palabra y darle poder. Digamos que hace lo imposible, es decir, un milagro. Donde no hay, pone, y de cinco panes y dos peces da de comer a una multitud. Evidentemente, eso solo lo puede hacer Aquel que es el Hijo de Dios.

Afortunada o desgraciadamente, no sé que será, Jesús, el Hijo de Dios, se vale de lo pequeño, de lo limitado y casi sin capacidad o valor humano para darle grandeza, capacidad y valor. Siempre toma lo pequeño, lo ignorado, lo que nadie elegiría y lo que al mundo poco importa o no le da valor.  Y lo coge para demostrarnos su Poder y para llamarnos la atención a que su Palabra es Palabra de Vida Eterna.

Y cuando actúa, lo hace buscando siempre el bien de alguien o de muchos. En el caso que nos trae el Evangelio de hoy domingo se trata de darle de comer a un gentío que le había seguido y esperaban su Palabra. Se da cuenta de la situación, de la lejanía para conseguir alimento y la necesidad de alimentarse. Y, valiéndose de cinco panes y dos peces que tenía un muchacho, hace el milagro de la multiplicación de esos panes y peces.

De alguna forma es el adelanto de la Eucaristía. Jesús se hace comida y alimento espiritual para darnos su Vida, su Espíritu y fortalecernos en el Camino, en la Verdad y la Vida. Más adelante nos lo dirá claramente en la última Cena, y nos lo dirá con estas palabras: Marcos 14, 12-16. 22-26 … «Tomad, este es mi cuerpo.» Tomó luego una copa y, dadas las gracias, se la dio, y bebieron todos de ella. Y les dijo: «Esta es mi sangre de la Alianza, que es derramada por muchos …

martes, 13 de febrero de 2024

EMBOTADOS Y CIEGOS DE TANTA MUNDALIDAD

El mundo nos embota, nos ciega y debilita nuestra voluntad hasta el punto de que nos somete y dirige como meras marionetas. Tenemos delante la solución y no la vemos; oímos la Palabra y no la entendemos ni le prestamos la debida atención. Caminamos embotados y ciegos como ovejas sin pastor seducidas por lobos. Realmente, ¿sabemos a dónde vamos?

¿Es que no nos damos cuenta? Pensamos en la muerte, cosa segura y cierta, pero no nos paramos a pensar que hay detrás de ella. ¿Acaso no sentimos dentro de nosotros – en lo más profundo y recóndito de nuestro corazón – un impulso y fuerte deseo de vivir eternamente? ¿Por qué no lo escuchamos y reflexionamos al respecto? ¿Nos da miedo? ¿Y no nos dará más miedo y será trágico encontrarnos con la verdad cuando llegue la hora de la muerte? ¿Cómo es posible que no tratemos de indagar, buscar, escuchar, atender y ver que es lo que está pasando? ¡Nos jugamos la Vida y la Felicidad Eterna!

¿Te has parado a pensar lo que ocurrió en el milagro de los panes y peces? ¿No entiendes como Jesús multiplica el pan y da alimento a todos? ¿Y no nos lo promete pocas horas antes de morir en la última cena? ¿No entrega su Cuerpo y Sangre para hacerse alimento espiritual para todos los que en Él creen? ¿Y no nos promete qué quien come su Cuerpo y bebe su Sangre tendrá Vida Eterna? Luego, ¿qué estamos haciendo y en qué estamos perdiendo el tiempo? ¿Vale la pena vender ese regalo de Vida y Felicidad Eterna por un poco de felicidad – nunca plena – cuatro días en este mundo?

Conviene que nos serenemos, nos apartemos un poco del ajetreo de este mundo y reflexionemos sobre nuestro futuro, sobre nuestra felicidad y sobre lo que realmente nos da gozo y plenitud eterna como realmente deseamos.

martes, 15 de febrero de 2022

CON LA VISTA EN EL PAN MATERIAL

 

Es verdad que necesitamos los bienes materiales y que no podemos dejar todo a la improvisación, pero, no podemos perder de vista que Dios es nuestro Padre y sabe de nuestras necesidades. Posiblemente, todo aquello que no podamos remediar, el Señor nos asistirá y proveerá. Lo esencial es que no pongamos nuestra confianza en los bienes materiales, sino en Dios, nuestro Padre.

Jesús nos ha mostrado el camino con estos dos milagros de la multiplicación de los panes y peces. Ha saciado el hambre de aquella multitud que le seguía y llevaba varios días con Él. Y el resultado es que todos se saciaron y sobraron unas doce canasta y en el otro siete – Mt 14, 13-21 y Mc 8, 1-10 – mostrándonos que Él se preocupa por nosotros y que estando en Él nada nos faltará. 

Quiere enseñarnos que nuestra confianza debe estar en Él, y no en el mundo ni en nuestras fuerzas. Quiere hacernos ver que, suceda lo que suceda, debemos de confiar y apoyarnos en Él. ¿Qué nos sucede? ¿Es que no vemos lo que Jesús hace por nosotros? ¿Es que no sabemos y creemos que Jesús, venciendo la muerte, ha Resucitado? ¡Abramos nuestros ojos y oídos!

domingo, 2 de agosto de 2020

CINCO PANES Y DOS PECES.

evangelio san mateo 14 13 21 lunes 1 de agosto de 2016 ...
Mt 14,13-21
Cinco panes y dos peces es la medida más pequeña que cada uno puede dar. No cabe duda que con cinco panes y dos peces, tú puedes comer bien y quedar, por ese día, bien alimentado, pero, ¿qué son cinco panes y dos peces para unas cuantas miles de personas? Esa es la cuestión, ¿qué soy yo para solucionar los ingentes problemas de este mundo? 

Sin embargo, Dios no te pide sino tu persona, tu entrega, tu cinco panes y dos peces, porque, Él pondrá lo demás. Dios sabe quién eres y sabe lo que realmente puedes hacer. Sólo te pide que tengas fe en Él, y Él hará lo que convenga y sea necesario. Así ha sido en todos los que se han fiando de Él. La lista es larga y la historia los guardas para que tú puedas conocerlos y aprender de ellos. De esa forma tocó el Señor el corazón de San Ignacio de Loyola - fundador de la compañía de Jesús -.

Si piensas un poco, descubres que todas las grandes cosas que se han hecho han empezado por la aportación de cinco pobres panes y dos peces, y Dios ha hecho el resto. Esos cinco panes y dos peces son esos talentos que Dios te ha dado para que los pongas al servicio de los demás. Indudablemente que te cuesta ponerlos en pleno rendimiento, pero, ¿a quién no le cuesta? Tu vida te ha sido regalada para el bien de otra. Por eso, la comunidad es necesaria y el hombre y la mujer son necesariamente comunitarios. La célula de la sociedad es la familia.

Es posible que tu hambre lo abastezcas en las cosas materiales que, aunque te alimentan ahora, se gastan después. Son alimentos temporales, vacíos y huecos que se consumen y se destruyen. Es necesario que te des cuenta que hay un alimento superior, espiritual y eterno que debe descubrir y alimentar tu deseo de Él, porque es ese alimento el que sacia tu hambre para Siempre y te da la Vida Eterna en plenitud.

sábado, 10 de febrero de 2018

EL SEÑOR SE COMPADECE DE LA MULTITUD

Mc 8,1-10
Es el Señor y lo es porque su compasión es Infinita, hasta el punto de preocuparse por la situación de aquella multitud, que le había seguido, y compartir con ellos la necesidad que tienen de saciar su hambre. Entonces, Jesús nos enseña y nos muestra que con Él todo es posible y que tengamos plena confianza en Él. Pide nuestra colaboración y, habiendo unos pocos panes y algunos peces, los multiplica para que la ingente multitud pueda saciar su hambre.

Con el milagro de los panes y peces, Jesús nos enseña que Él está siempre con nosotros, y que nuestras buenas obras, en su Nombre, siempre tendrán respuesta y buen fin, y serán multiplicadas. Es decir, magnificadas por su Gracia y su Bondad. Nos pide nuestras total disponibilidad y nuestra colaboración. Nuestro pobre esfuerzo, Él, lo hace fértil, exitoso y grande - el ciento por uno - pero, necesita nuestra confianza y nuestra fe.

Nuestra situación es diferente a los discípulos de entonces. Ellos no le conocían todavía y sus dudas estaban presentes, aunque quedaban asombrados por el poder del Señor. Jesús, el Señor, les muestra que con Él todo es posible y con sus obras les invita a confiar y creer en Él. Sin embargo, le debemos a los apóstoles que confiaran en el Señor y sus testimonios nos fortalecen y nos llenan de esperanza y alegría. Ellos nos permiten conocer al Señor, incluso mejor que ellos en esos momentos antes de la Resurrección. Hoy nosotros sabemos, por sus testimonios, que el Señor ha Resucitado y está presente entre nosotros.

Y nos reparte el pan que nos alimenta, que nos une, que nos da fuerza y fortaleza, que nos hermana y que nos sostiene en la fe y la esperanza. Jesús es el Señor y el multiplica todos nuestros esfuerzos y convierte nuestros fracasos en éxitos y alimento abundante. Muchos de nuestros panes y peces, esfuerzos presentes en nuestras vidas, son convertidos en verdadera comida y alimento para otros muchos por la Gracia de Dio. Nosotros humildemente, sólo tendremos que dejarnos llevar, ponernos en sus Manos y estar disponible para que el Espíritu Santo haga en nosotros la obra que el Señor quiere. ¡Alabado y glorificado sea el Señor!

lunes, 7 de agosto de 2017

ÉL NOS VE Y ESTÁ ENTRE NOSOTROS

(Mt 14,13-21)
No estamos muy seguros y fiamos nuestras acciones a nuestra razón y prudencia. No está mal, es lógico y de sentido común. Para algo se nos ha dado la cabeza y también el sentido de la prudencia. Y cuando tenemos un problema delante de nosotros, lo pasamos por nuestra razón y discernimos al respecto. Era lógico, pues, que los discípulos se plantearan mandar a la gente, congregada ante Jesús, a las aldeas más próximas en busca de alimentos. Ante tal situación no podían hacer otra cosa.

Sin embargo, Jesús rompe nuestra lógica y nos desafía a solucionar, nosotros, esos problemas que nos salen al paso: Al atardecer se le acercaron los discípulos diciendo: «El lugar está deshabitado, y la hora es ya pasada. Despide, pues, a la gente, para que vayan a los pueblos y se compren comida». Mas Jesús les dijo: «No tienen por qué marcharse; dadles vosotros de comer». Dícenle ellos: «No tenemos aquí más que cinco panes y dos peces». Él dijo: «Traédmelos acá». 

¿Es que, a pesar de pensar y creer en su presencia, no terminamos de creernos que Jesús está presente entre nosotros y le importa nuestros problemas? Es bueno y necesario ser prudente, porque no tendría sentido creernos que el Señor es una caja mágica para solucionar nuestros problemas, pero, cuando los problemas son ineludibles y necesitan solución, que quizás no está a nuestro alcance, pensemos y creamos que el Señor está presente y actúa, si se lo pedimos con fe.

Supongo, así al menos quiero pensarlo, que Jesús quiere advertirno que con Él podemos superar muchos problemas a los que no le vemos salida, y, para los cuales nos vemos impotente de solucionar. Él es nuestro alimento y nuestra esperanza, y con Él podemos saciar el hambre y la sed de todos aquellos que buscan una esperanza de gozo, de felicidad y vida eterna. Es ese el verdadero alimento que importa y que nos alimenta eternamente.

sábado, 11 de febrero de 2017

DESPIERTA MI HAMBRE DE TI, SEÑOR

(Mc 8,1-10)
En muchas ocasiones seguimos al Señor. Incluso, hay momentos que nos sentimos eufóricos y con mucho entusiasmo. Es, entonces, cuando le damos el lugar que le corresponde en nuestra vida, el primero, el centro de todo nuestro ser y obrar. Sin embargo, pronto todo se viene abajo, como la semilla que sembrada entre pedregales y abrojos se seca y se pudre.

Quiero, Señor, que esa hambre se despierte dentro de mí y que perdure y se sostenga dentro de mi corazón por tu Gracia. Y dé frutos. Frutos que alegran la vida de todos aquellos que se cruzan en mi vida y le den fuerza y alimento espiritual. Y eso, Señor, sé que sólo Tú lo puedes dar. Despierta en mí esa hambre de amor y de hacer tu Voluntad.

Quiero alimentarme de tu Palabra, y fortalecer mi espíritu, para saciada mi hambre y sed de Ti, transformarme yo también en pan y alimento que despierte la sed de buscarte y estar contigo. Porque Tú, Señor, eres dueño de la Vida y la muerte, y, por verdadero amor, nos ofrece la salvación.

Empeñémonos en seguir al Señor y llenarnos de su verdadero alimento: su amor por nosotros, para llenos de Él corresponder nosotros de la misma forma. Pidamos sabiduría para dar respuesta a nuestras posibilidades, que muchas veces las dejamos dormir indiferente sin comprometernos con la realidad que nos rodea. Es verdad que nos sentimos impotente, y recurrimos con asiduidad a justificarnos apoyándonos en esa impotencia, pero también sabemos que, por la Gracia del Señor, podemos movernos y responder.

Y eso es lo que quiere el Señor, que hagamos algún movimiento. Darle nuestros cinco panes y peces, y luego Él pondrá el resto. Creamos en su Podre, en su Amor y Misericordia.

lunes, 11 de abril de 2016

BUSCANDO SACIARNOS, PERO, ¿DE QUÉ?

(Jn 6,22-29)

Esa es la verdadera intención que, quizás esconde nuestro corazón. Buscamos saciarnos, pero muchos creen encontrarlo en las riquezas; otros la buscan en el poder, el prestigio o la fama, y cada cual busca donde cree encontrar el verdadero tesoro. ¿Y cuál es ese tesoro?

Equivocados o no en buscar, todos ansían encontrar la felicidad y la eternidad. Lo hacen procurando ser ricos y poderosos, pero experimentan que de esa manera les llega la muerte también. No terminan por saciarse plenamente y, al final, se hace el vacío y la tristeza invade su corazón. Quizás en esos momentos sea tarde para cambiar el rumbo de tu vida, pero sólo en ese cambio y orientado por el verdadero camino puedes encontrarte con el único y verdadero Salvador.

Que no está en el poder ni las riquezas, sino en creer en el que el Padre ha enviado, el Hijo del Hombre. Porque podemos quedar deslumbrado por las obras que Jesús, el Señor, ha hecho, y, sin palabras, ante la multiplicación de los panes y peces. Pensamos que junto a Él, por su poder, vamos a tener de todo y nunca escasez de hambre ni sed. Y seremos salvados de toda enfermedad y peligro. Y, por eso, le buscamos.

Y tampoco se encuentra ahí nuestro verdadero tesoro. El Señor hace estas obras con una finalidad, para que creamos que Él es el enviado del Padre, y tiene poder para hacer todo lo que promete. Pero lo que nos pide es que creamos en Él.

Las cosas del mundo son del mundo, y en el mundo se quedan hasta que regrese el Señor. Nunca nos podrán salvar ni dar vida eterna. Es, sólo, el Alimento Espiritual, que más tarde consagrará en el Pan y el Vino Eucarístico, el que nos dará Vida Eterna. Y eso sólo lo puede dar el Señor, porque ha sido enviado por el Padre a darnos Vida Eterna.

No perdamos el tiempo buscando al Señor en las cosas de este mundo, sino, a través de ellas, pongamosno en disponibilidad de utilizarlas como camino para alcanzar el Verdadero Alimento que nos lleva a la presencia del Padre para vivir eternamente junto a Él.

miércoles, 2 de diciembre de 2015

SACIARNOS PARA FORTALECERNOS

(Mt 15,29-37)


No cabe ninguna duda que comer ahora y saciarnos, significa que, más tarde, tendremos de nuevo necesidad de comer. La vida es un camino que exige fortaleza y eso trae como consecuencia alimentarnos. Pensar que con esa comida del monte, que organizó Jesús todo está hecho, es pensar mal. 

Necesitamos sacar consecuencias de esa enseñanza que Jesús nos muestra. La compasión que sentimos por aquellos que sufren y padecen no debe nacer y morir dentro de nosotros. Se hace necesario alimentarle de lo de cada día, pero más, del verdadero alimento, que perdura y da la Vida Eterna.

Seguros que algunos habrán abandonados antes de la invitación a comer; otros se descuidan de proveerse de lo que necesitan de forma negligente, y otros acuden sólo buscando la oportunidad del alimento material. No se podrá atender a todos, porque se necesitan colaboradores que ayuden a acercar a los impedidos por muchas cosas, no sólo físicas, a Jesús. El Evangelio nos dice que acudían enfermos, lisiados, tullidos, ciegos, cojos...etc., pues bien, esa gente tendrían que ser ayudados por otros. Y así debe ser, muchos unos dependen de otros.

La Iglesia continúa esforzándose en dar el alimento, tanto material como espiritual a todos aquellos que lo solicitan. Es verdad que el material hay que darlos a los que lo necesitan, pero el espiritual, el Cuerpo y la Sangre del Señor, lo necesitamos todos. Y ese es el verdadero alimento, porque en Él encontraremos las fuerzas para buscar el otro alimento con nuestro trabajo y esfuerzo. 

Busquemos al Señor, no sólo para pedirle el alimento material, sino precisamente para pedirle el alimento espiritual. El Alimento que nos da Vida Eterna y nos hace herederos de su Gloria. Pero, también, pongamos nuestro esfuerzo y nuestra colaboración en ofrecer eso cinco panes y dos peces de nuestra vida, para que la Gracia del Señor nos transforme y nos multiplique en ser comida y alimento, por su Gracia, para otros.

viernes, 17 de abril de 2015

LES SEGUÍAN INTERESADOS POR LAS CURACIONES

(Jn 6,1-15)


En principio no hay un seguimiento incondicional, sino condicionado por las señales que le veían realizar en los enfermos. La gente advertía algo extraordinario en Jesús, y admirados por su generosidad y curaciones seguían sus pasos.

Posiblemente ese sea el primer paso que nosotros también damos. Muchas veces por que nos invade alguna enfermedad seria y grave; otras porque se trata de algún familiar directo o un buen amigo, y otras porque nos desencantamos de lo que nos ofrece este mundo caduco y rutinario que siempre está dando vueltas sobre sí mismo. De ahí no sale, pues no tiene ningún horizonte que ofrecernos sino la propia muerte.

Cuando descubrimos que Jesús habla de Agua que sacia la sed. De Agua que salta hasta la Vida Eterna y nos satisface plenamente, quedamos perplejos y admirados. Porque eso es lo que también buscamos nosotros. Claro, antes hay que descubrir la necesidad de beber esa Agua eterna, porque la de aquí abajo, nos quita la sed, pero la sed de este momento, pero no la de mañana. Buscamos Agua Eterna que nos sacie plenamente y eternamente.

Desde ese momento, Jesús es nuestra Estrella;  desde ese momento, Jesús es nuestro Camino y nuestra Verdad; desde ese momento, Jesús es nuestro Alimento y nuestra Vida. Desde ese momento. Jesús es la solución a todas nuestras esperanzas, y en Él confiamos. Y ahora si le seguimos incondicionalmente y en actitud de entregarnos a servirle por amor en los hombres. Porque solo sirviendo a los hombres podemos expresarle nuestra prueba de amor.

Esa es su Voluntad. No quiere honores, ni nombramientos, ni tronos. Se escapa cuando ve que su milagros y poder despiertan admiración y deseos de nombrarle rey. Él ha venido pobre y pobre quiere seguir. Ha venido a servir, y servir es su misión. Un servicio libre, voluntario y por amor. Nos da ejemplo y nos presenta el amor como arma de unidad y de lucha. Amar es lo que nos enseña, y amar es lo que nos deja como mandato. 

Porque en el amor está contenido todo lo demás. Un amor que nos exige estar atento a las necesidades de los demás, a las injusticias y mentiras que buscan satisfacer los egoísmos de unos explotando los derechos de otros. Un amor que proclama la verdad y la justicia.