sábado, 1 de agosto de 2026

LA BUENA NOTICIA

La Buena Noticia no consiste en contar que ha ocurrido algo agradable. Es Buena porque, incluso en medio del sufrimiento, despierta la esperanza y llena el corazón de bondad.

Cuando buscas el bien, te sobrepones a todo aquello que impacta, que duele por lo absurdo e incomprensible, muertes resultantes de la banalidad y el capricho.

Con frecuencia dejamos que nuestra vida esté gobernada por el deseo de agradar, por el orgullo o por el miedo al qué dirán.  Sin embargo, sorprendentemente, afirmamos que en cristiano, incluso en medio del dolor y la tragedia, brota una Buena Nueva.

Pedro no quedó muy convencido de las palabras que con tanta dulzura y esperanza decía Manuel.  Lleno de dudas, inquietudes e interrogantes, y con cara de desafío, dijo:

—¿Cómo reconocer Buena Noticia en circunstancias que desalientan y abruman?…

Hizo una pausa, le miró con desconfianza y añadió:

—Me pregunto cómo afrontar esos momentos desde ti. ¿Cómo te haces presente en realidades que duelen tan profundamente?

Manuel, mostrando una serenidad notable, respondió:

—La Buena Noticia contiene siempre buena intención. Siempre hay unas manos dispuestas a acoger, a aliviar, a ocuparse de los despojos desde el respeto…

Y lleno de paz, con una voz suave y gozosa, agregó:

—La vida solo tiene valor al donarla en el amor, en la verdad, a los demás en la vida de cada día, en la familia.

Abrió la Biblia y, mostrando el evangelio de Mt 14, 1-12, dijo:

—Eso fue lo que sucedió cuando el rey, Herodes, seducido por la danza de la hija de Herodías, mandó matar a Juan el Bautista…

Al terminar de leer el pasaje evangélico, comentó:

—Si alguien toma la vida para sí mismo, para custodiarla, como el rey en su corrupción, o la señora con el odio, o la joven, arrastrada por la vanidad y manipulada por el odio de su madre, la vida muere, deja de ser un don y termina destruyéndose.

En el ambiente flotaba la conciencia de que Juan el Bautista había donado su vida: «Yo, en cambio, debo disminuir para que Él sea escuchado, sea visto, para que el Señor se manifieste». (Papa Francisco 08/02/2019).

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