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lunes, 4 de abril de 2022

LA LUZ NOS DESCUBRE QUIENES SOMOS

 

No busquemos luz donde no la hay, porque, la luz del mundo es opaca y no nos alumbra el verdadero camino que nos lleva a la Vida Eterna, esa chispa que arde dentro de nosotros y nos llama irremediablemente a la eternidad gozosa y plena. La Luz que buscamos, la que verdaderamente alumbra es Jesús, el Camino, la Verdad y la Vida. En Él podemos encontrar esa Luz que buscamos y que, verdaderamente, nos alumbra e ilumina para mirarnos interiormente y vernos tal y como somos: imperfectos y pecadores, necesitados de y para ir mejorando y alcanzando la perfección, cuyo modelo es Jesús. En Él nos miramos y, tratando de imitarle, seguimos sus pasos.

Jesús, nuestro Señor, es el enviado del Padre, a quien nadie conoce ni ha visto. Y, precisamente, no le conocen porque se resisten a conocer a Jesús, que viene en nombre del Padre y avalado por el Padre, que da testimonio de Él. Su testimonio es, pues, valido porque sabe quien es y en nombre de quien viene. Y, precisamente, viene a alumbrarnos nuestra vida, nuestro interior, nuestras imperfecciones. Porque, si nos reconocemos imperfectos, nuestro camino debe ir mejorando y caminar hacia la perfección, a pesar de queo no podamos alcanzarla plenamente.

Vernos interiormente tal y como somos: nuestra naturaleza herida por el pecado: soberbia, vicios, debilidades y pasiones que avivan nuestras flaquezas y caídas, y ponen de manifiesto nuestra impotencia para resistirnos y liberarnos de la tentación al pecado. Y solo Jesús nos ilumina, nos libera y nos señala el camino a seguir.

jueves, 27 de enero de 2022

LUZ QUE ALUMBRA A LA HUMANIDAD

Mc 4,21-25

 

Sería un contrasentido esconder la luz. Su función natural – para eso ha sido creada por Dios – es alumbrar, dar claridad. Bien, es verdad, que hay una luz, descubierta por el hombre, artificial que desnuda la oscuridad y permite ver con los ojos que Dios nos ha dado los colores, la naturaleza y todo lo que hay en el universo. Amén de la luz del sol con la que vemos y gozamos de la hermosura de los colores y de nuestros rostros.

Sin embargo, hay una luz que no necesita la luz – valga la redundancia – del sol, ni tampoco la descubierta por el hombre para ver. Par ver lo verdaderamente importante, el Amor y la Misericordia de Dios. De eso nos el Evangelio de hoy, de esa Luz que viene de Dios para alumbrar a toda la humanidad y para abrir los ojos a todo hombre que busca la única y verdadera salvación eterna: Aceptar la Misericordia Infinita de nuestro Padre Dios.

Tras la muerte y Resurrección de Jesús, su Palabra es la máxima expresión del Amor de Dios. Es Luz para toda la humanidad. Crucificado y abandonado, tras tres días de silencio y muerte, su Resurrección Gloriosa alumbra al mundo. Es, por tanto, la Luz que alumbró y alumbra, al mundo de ayer y al mundo de hoy. Y que, después de más de dos mil años continúa haciéndolo. Es el Camino, la Verdad y la Vida. Su Palabra refleja verdad y justicia. Es Luz para todos aquellos que tienen sed de verdad y justicia.

Sin embargo, hay quienes, ya lo hicieron unos en su tiempo, quieren erradicarlo también ahora. Tratan de apagar esa luz, de esconderla debajo de la mesa, de secuestrarla en las sacristías, de expulsarlas de los colegios…etc. Y, disparatadamente, niegan su Resurrección tratando de abajarlo del lugar prominente desde donde alumbra a la humanidad. Les será imposible, la Luz siempre emergerá y alumbrará. Y, de la misma manera que no escuchan, tampoco serán escuchados por Dios. Tendrán la misma medida que la que ellos han medido.

miércoles, 28 de abril de 2021

SOY LA LUZ DEL MUNDO

 
Jesús no viene por su cuenta, aunque, eso sí, viene libre y por voluntad propia, obedeciendo la Voluntad del Padre, que lo envía como Luz del mundo. Quien cree en El cree en el que lo ha enviado, y quien le ve, ve al que le envió, el Padre. Y eso no lo digo yo sino el mismo Jesús:
                       En aquel tiempo, Jesús gritó y dijo: «El que cree en mí, no cree en mí, sino en aquel que me ha enviado; y el que me ve a mí, ve a aquel que me ha enviado. 
 
Por lo tanto, la cosa es seria, pues son Palabras del mismo Jesús. Y será la Palabra quien te juzgue al final de tu vida. Jesús no viene a juzgar sino a salvar. Por y para eso, Él, trae la Luz para que veamos y sepamos salir de las tinieblas en las que estamos. Él es la Luz que nos ilumina y nos señala el Camino, la Verdad y la Vida. Él es nuestra referencia y modelo hasta el punto que su Palabra nos marca la verdad, la justicia y el amor que debemos tener respecto a los demás.

No viene a juzgarnos sino a salvarnos, y, aquellos que no creen en Él y le rechazan quedarán juzgados por su Palabra. Porque su Palabra es el Camino y la Verdad que todos debemos seguir. Sin ella el mundo queda en la oscuridad y a la deriva. ¿No lo notas? Es lo que está sucediendo ahora en este mundo de espalda a Dios, donde el hombre está perdido y experimenta que cada vez más la oscuridad envuelve al mundo.

Sus Palabras son claras y despejan toda duda: 
                                                                     Yo, la luz, he venido al mundo para que todo el que crea en mí no siga en las tinieblas. Si alguno oye mis palabras y no las guarda, yo no le juzgo, porque no he venido para juzgar al mundo, sino para salvar al mundo. El que me rechaza y no recibe mis palabras, ya tiene quien le juzgue: la Palabra que yo he hablado, ésa le juzgará el último día; porque yo no he hablado por mi cuenta, sino que el Padre que me ha enviado me ha mandado lo que tengo que decir y hablar, y yo sé que su mandato es vida eterna. Por eso, lo que yo hablo lo hablo como el Padre me lo ha dicho a mí».

miércoles, 15 de mayo de 2019

LA PALABRA JUZGA LOS ACTOS DE MI VIDA

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Jn 12,44-50
El hombre busca respuestas a la vida y va abriéndose camino. En estos momentos el cambio que se opera y se constata en el mundo preocupa al hombre. Hablamos del camibo climático. Pero, al parecer sólo preocupa a unos cuantos. Las grandes empresas y los gobernantes, a pesar de ser consciente de lo que está sucediendo, no cambian el rumbo de la economía ni de la producción. Y ese gran consumo está deteriorando el mundo.

¿Qué es lo que ocurre? La cuestión se esconde en que algunos, precisamente los que dirigen el mundo, están sólo preocupados en sus propios intereses. La riqueza, el poder y sus propias ambiciones les impiden actuar en el bien de todos. Y mientras unos disfrutan y se benefician, el mundo va camino de resquebrajarse y destruirse. Con ellos perderemos todos los que en él vivimos. Tanto los responsables como los que no lo son.

En ese contexto, ya desde los tiempos antiguos, porque todo ha sido un proceso, viene Jesús al mundo y trae la Luz. No una luz como la de los hombres, sino una Luz que alumbra a todos por igual y busca, no el bien de unos cuantos, sino el bien de todos. Mientras los hombres tratan de responder a las necesidades, no de todos, sino la de unos cuantos privilegiados, Jesús trae la Luz que alumbra para el bien de todos. Tanto  de los débiles como de los fuertes; tanto de los ricos como de los pobres.

Jesús piensa en el sufrimientos de todos y responde a las necesidades e interrogantes de todos. Su Vida ilumina al mundo, porque trae paz frente a la violencia; trae justicia frente a las injusticia; trae amor frente al odio; fraternidad frente a la necesidad; trae servicio frente a la opresión, sometimiento y dominio. Por lo tanto, Jesús responde a todo lo que los hombres y las mujeres buscan. Jesús es la respuesta a todas las iniciativas y propuestas de los hombres que, heridos y tocados por el pecado en su naturaleza humana, terminan por engañarse y enfrentarse unos con otros.

Por eso, rechazar su Palabra es oponerse al bien de todos, al bien del mundo. Es sufrir las consecuencias que estamos observado y experimentando ahora en este mundo que vivimos. Podríamos proclamar, sin temor a equivocarnos, que no seguir la Palabra que Jesús, enviado por el Padre, nos propone, es ir a favor de destruir este mundo en el que vivimos. Excluir a Jesús de nuestra vida es dejar paso y abrir la puerta a l violencia, a la injusticia, a la mentira, a los enfrentamientos, a las guerras, al odio, a la muerte, al sufrimiento al hambre y a la destrucción. Y una pregunta, ¿no está pasando realmente eso?