miércoles, 14 de octubre de 2009

DESDE SAN FRANCISCO HASTA NUESTROS DÍAS


Cuando te paras y empiezas reflexionar sobre lo que ocurre a tu alrededor sucede que según para el lado que mires las cosas se ven de una forma u otra. Diríamos que hay luces y sombras. Luces que marcan el camino de la evolución de lo pasado a lo actual, pero sombras que persiguen a los avances y los mantienen anclados en el pasado.

Hoy se oyen muchas voces clamando por derechos, "derechos humanos", que defienden a la persona humana y la liberan de esclavitudes y miserias. Sin embargo, a pesar de esas voces la sombra de la esclavitud sigue perenne ensombreando el camino del hombre y anclándolo en el pasado de forma firme e inamovible.

Ni que decir hay que desde mi niñez hasta hoy, han pasado casi 64 años, he vivido muchos cambios, y más resaltado cuando se vive en un pueblo pequeño como era, y es aunque ha crecido mucho, mi querido Arrecife. Desde sentarte a esperar el adorable sueño sin ninguna preocupación oyendo el susurro de los alegatos de tu madre y algún cuento, ¡aquellos cuentos! que te levantaban el corazón y agudizaban tu imaginación sintiéndolos tuyos como si lo vivieras en ese mismo momento.

Desde el portal de Belén, que cada día era recibido con la ilusión de mover un pasito más los camellos o caballos hacia el lugar del nacimiento del niño JESÚS, hasta la venida de la luz perpetua y los días de cine semanales. Como un torbellino que no te deja pensar aparecieron los transistores, los tocadiscos, el teléfono automático, la tele, y una carrera vertiginosa que no para de crecer hasta nuestros días.

Todo, lavadora, maquina de afeitar eléctrica, neveras, cocinas de gas...etc empezaron a revolucionar la forma del vivir de aquella época y no sólo cambiaron las costumbres, sino que se originó una nueva forma de relacionarse y de conducta. Ahí empezó a cambiar los criterios y valores y, si por un lado se iba creciendo tecnológicamente, por otro se iba decreciendo humanamente en dignidad.

Se vivía mejor y creo que ahora se vive mucho mejor, pero como persona no se había avanzado. Aquellas películas, al igual que hoy, que nos describían las costumbres, los valores,los derechos y la dignidad de las personas de la época seguían permaneciendo en mi época, y siguen permaneciendo hoy. Nada había cambiado en lo verdaderamente importante. La sustancia del valor que dignifica a la persona sigue pisoteado incluso ahora más que antes.

Cuando Francisco de Asís experimentó la esclavitud y miseria a que eran sometidos los empleados, mejor esclavos, que su padre utilizaba para florecer en su negocio y obtener todo aquel oro que le enseñaba, jactándose de su habilidad para conseguirlo (ver película), su conciencia y su llamada a la dignidad, por ser hijos de DIOS, de todos los hombres, no pudo aguantar ni soportar tamaña injusticia y explotación.

Ensimismados y asombrados de aquellas historias que nos relataban las esclavitudes, las miserias de aquellos tiempos, hoy contemplamos que frente a los avances técnicos la dignidad del hombre sigue anclada en el pasado. Mencionar lo que ocurre en el llamado tercer mundo bastaría para dejar constatado todo lo que trato de comunicar (ver blog Humanizando tu entorno).

Sin embargo, también en el llamado primer mundo o países superdesarrollados ocurre lo mismo. Donde abundan los rascacielos, los coches de lujo, la joyerías enjoyadas y... a tres pasos más allá y a la vuelta de la esquina permanecen los marginados, los desheredados, los hambrientos, los denigrados, los miserables. Y lo son porque, como aquellos de la época de Francisco, estos aparentan mejores condiciones, pero la realidad es la misma: sufren bajos salarios, condiciones infrahumanas, no se les respetan los derechos y son explotados.

Hay quienes se pasean por sus jardines y no advierten nada. Incluso llegan a pensar que se vive bien y que todo está en su lugar y no hay grandes ni graves problemas. Sus reales apreciaciones les llevan a exclamar. "¡se vive bastante bien!".

Atrincherados en su propio bienestar y confort se autotraicionan y distorsionan la realidad viendo justicia en donde hay injusticia; viendo libertad donde habita la esclavitud; viendo derechos donde se práctica abusos e imposiciones a su antojo. Y con una sonrisa como queriendo encubrir la realidad se autocomplacen satisfechos, pero que no tranquilos. Sus conciencias los descubren y le interpelan.

Convergemos en que todo sigue igual. El genocidio, aunque fue mucho anterior, de Herodes se repite, pasando por Hitler, ahora con el aborto. La imposición y persecución de Nerón y las muertes, para deleite del pueblo romano, se repiten hoy con Epc, retirada de crucifijos, persecuciones incluso de muerte en mucha partes del mundo... y todo porque se quiere seguir esclavizando al hombre por el hombre. Unos los ricos y poderosos y otros los siervos y lacayos.

Conclusión: no hay derechos humanos, y se grita que sí los hay, es una gran mentira; no hay libertad y se habla del logro de la libertad, es una gran mentira; no hay justicia ni solidaridad, y se hacen la fotografía y regalan premios Nobel, y como quieran llamarles, en nombre de luchar por la paz, es una gran mentira... todo sigue igual y los pueblos siguen explotados y denigrados, esclavizados y abandonados... todo sigue peor.

Y el Único qué desde siempre creó al hombre bueno en un mundo bueno; y el Único qué se interesó por el hombre cuando eligió caminar por donde sólo conseguirá su propia muerte, fue el Creador, y ese Creador envió a su HIJO para rescatar la Verdad, para encauzar los Valores, para encaminar al hombre por el camino único de salvación. Y ha sido el Único que lo ha defendido y ha puesto sobre la mesa sus Derechos Humanos. Y todo por amor.

Ahora, ¿con qué derecho se autoadjudican muchos de ser ellos los defensores y los creadores de derechos y libertades? ¿Realmente a quién defienden y liberan? ¿Se les nota eso en su forma de vivir y de darse a los demás? ¿Realmente luchan y se entregan hasta la muerte por defender la justicia, la paz y la concordia entre los pueblos? ¿Son solidarios con los pueblos más pequeños, pobres e ignorantes?¿Luchan por crear vida, protegerla, defenderla y acompañarla para lograr un mundo mejor para todos y en paz?

Si eso no es así, luego ¿de qué hablan?

lunes, 12 de octubre de 2009

¡ACOGIDA!


En el prologo del Evangelio de Juan, cuando se nos resumen y adelantan todos los temas que serán desarrollados en las páginas que siguen, se nos habla de que la Palabra de DIOS, que desde siempre es DIOS, estaba en el mundo, porque el mundo se hizo por medio de ÉL. Todo llevaba su sello y su imagen, y por eso era "suyo" en un sentido muy profundo. Y sin embargo "el mundo no lo conoció", "vino a su casa, y los suyos no lo acogieron". Ciertamente no fueron todos los que negaron esta acogida, pues hubo quienes si lo acogieron, y "a los que le acogieron les dio poder de ser hijos de DIOS".

Este contraste, este conflicto atraviesa todas las páginas del texto de Juan, clasificando en cierto modo a las personas que se acercan a JESÚS. Pero en realidad este conflicto atraviesa también el corazón mismo de los creyentes, de todos los creyentes. No se trata de un posicionamiento que define los bandos sin más ni más, sino de un movimiento por el que cada uno se siente siempre confrontado a acoger a JESÚS, su Palabra y su obra, y a estar siempre en tensión para no instalarse en la duda, la perplejidad, o el cansancio y la falta de fe.

En el Evangelio de Juan lo siguen y lo abandonan los oyentes en cada página. La expresión "muchos creyeron en ÉL" es tan frecuente como "volverse atrás" o "recoger piedras para apedrearle". De hecho, incluso los que con Pedro pueden decir: "SEÑOR, ¿a quién vamos a acudir? TÚ tienes Palabra de vida eterna, nosotros creemos y sabemos que TÚ eres el Santo de DIOS" (Juan 6, 68-69), lo abandonarán y huirán. Pedro lo seguirá de lejos después del prendimiento en el huerto para negarlo en seguida. Al pie de la Cruz María, la Madre, unas pocas mujeres y el discípulo. "Vino a los suyos y los suyos no lo acogieron".

El tema no es exclusivo de Juan. Lucas nos cuenta cómo y dónde inicia JESÚS su ministerio público, leyendo a Isaías en la sinagoga de Nazaret; y nos relata cómo todos al oírle "les expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de su boca". Pero unas líneas más abajo, en el mismo lugar y momento, ya leemos que "todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo echaron fuera del pueblo y lo llevaron hasta un precipicio con intención de despeñarlo (Luc 4, 22-29).

Mateo concentrará en el final del ministerio público de JESÚS sus lamentos y juicios sobre el rechazo de su "visita", hasta aquella cariñosa queja dolorida del Maestro: ¡Jerusalén, Jerusalén!, cuantas veces intenté reunir a tus hijos, como la gallina reúne a los polluelos bajo sus alas y no habéis querido" (Mt 23, 37).

El rechazo que el hombre hace de DIOS es el rechazo del HIJO, un rechazo por el que terminamos sacándolo de la ciudad y llevándolo a la Cruz. Pero esa Cruz se convierte en realidad en el gran abrazo de DIOS al hombre. Los brazos abiertos de JESÚS de Nazaret en el Calvario acogen en el corazón de DIOS a todo el que quiere entrar.

Visto desde nosotros el texto del Evangelio es la historia de un progresivo rechazo hasta el final de la Cruz, visto desde CRISTO, la historia cambia totalmente de signo y es una permanente, total y misericordiosa acogida, hasta el abrazo final de la Cruz. A lo largo del Evangelio y hasta el final es JESÚS quien mantiene permanentemente abierta la puerta de su corazón y de su vida con la acogida más amplia y total.

Los letrados y fariseo le juzgarán precisamente por esa acogida: "Ese acoge a los pecadores y come con ellos" (Lc 15, 2), y entenderán que en su actuación concreta ÉL es el padre misericordioso que sale de la casa en busca del hijo que marchó lejos, y que ahora les está invitando a entrar a ellos.
No pone condición alguna para entrar en el banquete, pero sólo entrarán quienes sean capaces de comprender que quién está dentro es un hermano y no un extraño pecador. Los oyentes entienden lo que está proponiendo, pero no comprenden ni aceptan la misericordia que se hace acogida fraternal.

La acogida de JESÚS es total y además transforma al acogido, no es un abrazo neutro como simple invitación a entrar. El encuentro acogedor del Maestro cambia al que responde a la acogida con la acogida. Lucas nos cuenta que tras la llamada que JESÚS hace a Leví (Mateo), este le ofrece en su casa un gran banquete, al que se suma un gran número de publicanos. Podemos multiplicar el repaso de estos encuentros acogedores de JESÚS, en los que comprendemos al mismo tiempo su amplitud incondicional, y la transformación que invita a asumir y que provoca en el que es acogido.

Zaqueo, en quién nos queremos fijar ahora, acoge a JESÚS en su casa, porque JESÚS lo ha acogido primero en su corazón al invitarse ÉL mismo a pesar de la previsibles y reales críticas de todos; pero la acogida de Zaqueo en su casa es sólo el principio de un giro total en el enfoque y la marcha de su vida. (Hasta aquí la introducción al Curso Pastoral 2009-2010 de la Diócesis de Canarias por Monseñor Francisco CasesAndreu, Obispo de Canarias).

Situándonos en el contexto histórico observemos que el Sr. Zaqueo era un recaudador, tal como existen hoy, él le adelantaba la posible recaudación que en aquel pueblo de Jericó se calculaba, a los Romanos y luego él se encargaba de cobrarla. Ni que decir tiene que se aprovechaba de la situación, cómo hoy lo hacen muchos en similares oportunidades, y sacaba suculentas ganancias engañando y robando. Su acomodación era privilegiada y tentadora, de modo que salir de ella suponía un cambio duro, difícil de realizar y, sobre todo, compensatorio a tanta riqueza y privilegios.

Zaqueo tuvo que descubrir el gran tesoro que supone seguir a JESÚS que su opción fue lo suficiente pesada para desequilibrar la balanza del estado de su vida actual y optar por la de convertirse a la Voluntad del Reino propuesto por JESÚS. Y cuando se descubre una cosa así no hay muro, barrera ni obstáculo que pueda impedirlo. Pero dónde realmente quiero detenerme es en la posible causa que motivó su cambio.

Creo, por eso la reflexión apoyada en la introducción del Sr. Obispo, que la clave está en la "acogida". Acoger es hacer un lugar dentro de mí, para que el otro lo ocupe. Es permitir la entrada en mi recinto interior, para dar todo el calor y fuego que de mí entrega y servicio soy capaz. Y esa acogida, que no es otra cosa que el fruto de mi amor hace que el otro, en este caso Zaqueo, abra su corazón y responda con su acogida, no sólo física, material, sino con la entrega de su corazón al servicio del amor.

Me parece una buena ocasión para meditar, revisarnos, pararnos y mirarnos cómo está nuestra particular morada interior para estar presta a acoger a los que tocan a mi puerta. Observar como está dispuesta mis actitudes, mi servicio, mi disponibilidad, mi apertura, mis ventanas para, no sólo acoger, sino transmitir y acercarme. Experimentar como JESÚS cree y se comunica firmemente en el PADRE, como se acerca y finalmente acoge con infinita misericordia y amor.




miércoles, 7 de octubre de 2009

AUSENCIA DE DIOS


Estaremos de acuerdo que en todo joven hay una aspiración a la felicidad, quizás mezclada con un sentimiento de inquietud. Sin embargo, esa aspiración termina, a menudo, dirigida por la sociedad de consumo que los envuelve y manipula sin darse cuenta. Son falsamente alienados y anulados en su característica más singular como es la libertad: terminan esclavizados.

Se hace necesarios valorar seriamente el anhelo a la felicidad que exige una respuesta verdadera y exhaustiva. A la edad temprana de un joven es cuando se realizan las primeras grandes elecciones, capaces de orientar la vida hacia el bien o hacia el mal. Y, por desgracia, no son pocos que se dejan seducir por espejismos ilusorios de paraísos artificiales que encierran en el fondo resultados de soledad y tristeza. Vendemos el mayor tesoro de nuestra vida: la verdadera felicidad, por aparentes momentos de seudo felicidad con etiqueta de caducidad.

Son etapas difíciles y momentos de verdadero peligro porque, educarse en ser buena persona, aparte de lo recibido, que es fundamental, en el seno familiar, se hace ineludible caldearse en unas circunstancias de actitudes en la verdad y orientaciones que les dirijan por la búsqueda del bien y lo bueno. No consiste, por tanto, la educación enseñar conocimientos o tratados matemáticos, literarios o científicos, que también, sino en dar criterios para saber distinguir donde está el bien y donde el mal. Ser buena persona es saber discernis lo bueno de lo malo. Porque lo bueno libera y lo malo esclaviza.

Dice el Papa Benedicto XVI, donde apoyo mi humilde reflexión, que los jóvenes deben mirarse en la experiencia de San Agustín, que decía que el corazón de toda persona está inquieto hasta que no encuentra lo que verdaderamente busca. Y él descubrió que sólo JESUCRISTO era la respuesta satisfactoria al deseo suyo y de cada hombre, de una vida feliz, llena de significado.

Ocurre que la prontitud de los resultados, la inmediata felicidad, lo fugaz, lo ¡ya!... es lo que nos atrae, nos deslumbra y entusiasma. A pesar de lo repentino y lo instantáneo del gozo, quedamos atrapados, habituados, dependientes de esos actos casi involuntarios y teledirigidos que terminan por esclavizarnos y cegarnos hasta no ver la verdadera realidad, sino una realidad distorsionada por nuestra dependencia. Todo está condenado al vacío, soledad y tristeza.

Y aunque la película se repita innumerables ocasiones el joven no reacciona atrapado por la sin razón, dependencia y sin horizontes con sentido. La caída necesita un esfuerzo superior para levantarse que no se tiene, y sólo con voluntad de dejarse ayudar se consigue ir dándole sentido a la vida. Es el momento del encuentro con el SEÑOR, el único que nos puede sacar y salvar, que nos llama a la puerta de nuestra libertad y pide ser acogido como amigo.

Es la oferta más grande y mayor que aspiramos, y más, la única que queremos y por la que luchamos toda nuestra vida: nos invita y quiere hacer felices. La fe cristiana es esto: el encuentro con CRISTO. Persona viva que da a la vida un nuevo horizonte y, con ello, la dirección decisiva. Y cuando el corazón de un joven se abre a sus designios, no le resulta difícil reconocerle y seguir su voz. Toda ausencia de DIOS es pérdida y confusión, porque el hombre sólo puede encontrarse a sí mismo en su Creador y, por consiguiente, es ahí donde se encuentra su gozo y plenitud.

domingo, 4 de octubre de 2009

SIN MÍ NADA PODEIS HACER: SOLO DIOS BASTA.


Necesitamos de TI, de TI solamente, y de nadie más. Solamente TÚ, que nos amas, puedes sentir por todos nosotros que sufrimos, la compasión que cada uno siente en relación consigo mismo. Sólo TÚ puedes medir qué grande, qué inconmensurablemente grande es la necesidad que hay de TI en este mundo, en esta hora.

Todos necesitan de TI, también aquellos que no lo saben, y éstos necesitan bastante más que los que lo saben.

El hambriento piensa que debe buscar pan y, mientras tanto, tiene hambre de TI. El sediento juzga necesitar agua, mientras siente sed de TI. El enfermo se ilusiona en desear salud; su verdadero mal, sin embargo, es la ausencia de TI. Quien busca la belleza del mundo, sin darse cuenta te busca a TI, que eres la belleza plena.

El que en sus pensamientos busca la verdad, sin darse cuenta te desea a TI, que eres la única verdad digna de ser conocida. El que se esfuerza por conseguir la paz, está buscándote a TI, Única Paz donde pueden descansar los corazones inquietos.

Ellos te llaman sin saber que te llaman, y su grito es, misteriosamente, más doloroso que el nuestro. Te necesitamos. Ven SEÑOR.

martes, 29 de septiembre de 2009

EL ESCAPULARIO VERDE.


El R. P. Roberto A. Macdonald, C.SS.R. se esfuerza en pagar una deuda de gratitud para con la Virgen, y a través de este folleto trata de inculcar y esparcir una tierna devoción al Inmaculado Corazón de María. De esta forma, cuenta su historia y cómo llegó al escapulario verde.

Hace varios años, antes de que se hubiera descubierto el uso de la penicilina, yo me encontraba en un hospital gravemente enfermo de pulmonía. Cuando me empezaron las hemorragias pulmonares los médicos decidieron someterme a una operación arriesgadísima, como último recurso, pero una de las Hermanitas del hospital, entrando en mi cuarto, me dijo: "Padre, ¿no tiene usted gran fe en la Madre de DIOS, especialmente en su Inmaculado Corazón? Si esto es así, usted puede curarse."
-"¿Cómo Hermana?"
-"Por medio del escapulario verde"
-"¿Y qué es eso?"
-"Hace cuatro años, Padre, a mí me operaron de cáncer, pero éste estaba ya tan avanzado, que sin hacerme nada, me volvieron a cerrar y me enviaron al convento para que muriera allí. Entonces yo empecé a rezarle a Ntra. Señora del escapulario verde, y, cansada de esperar por la muerte, que no acababa de llegar, me levanté y me puse a trabajar. Actualmente estoy curada. Padre, ¿quiere usted que le dé un escapulario verde?"
-"Si,Hermana, por favor."
Y, diciendo yo esto, ella me puso un escapulario sobre la cabeza. Un sentimiento de absoluta confianza me invadió en aquel momento, y la sangre cesó de salir de mi boca. Dos días después, al ir a sacarme una radiografía, me preguntaron los médicos cuánto tiempo hacía que había cesado la hemorragia. Al constestarle yo que hacía unos dos días, se quedaron sorprendidos, y me dijeron:- "Usted tiene una lesión en el pulmón que está cicatrizada hace lo menos seis meses, y no hay ninguna otra señal."

Al presente, aun la cicatriz de la lesión ha desaparecido, y por eso he dicho anteriormente que tengo contraída una deuda de gratitud con el Inmaculado Corazón de María, la cuál jamás podré pagar debidamente. Desde entonces he hecho cuanto ha estado en mi mano para extender esta devoción, y, con gran sorpresa y gozo mios, he visto que todos aquellos a quienes he hablado del escapulario verde, se han llenado aún de más celo que yo por darlo a conocer.

En el mes de mayo, después de mi curación, le pedí permiso al P.Rector de la iglesia de San Patricio, en Toronto, para hablar del escapulario en los ejercicios de devoción que se tenían allí, los miércoles. Yo tenía conmigo mil escapularios verdes, pero todos creíamos que la gente no pediría más de treinta. Los mil desaparecieron aquella misma mañana, y los devotos se apiñaron de tal manera para obternerlos en el salón donde yo los distribuía, que llegué a temer hubiera algún accidente.

Durante todo aquel día me encontré de continuo sitiado por todas partes de los que venían a pedirme más escapularios; tontamente se me ocurrió enseñarles el que yo usaba, y, al momento me lo arrebataron de las manos.

El escapulario verde es la historia de Sor Justina Bisqueyburu, que, habiendo quedado huérfana en muy temprana edad, fué adoptada por unos parientes muy ricos, los cuales le dejaron una cuantiosa fortuna al morir, Sin embargo, ella eligió ser pobre con CRISTO pobre, y el 27 de noviembre de 1839, el día más feliz de su vida, entró en el noviciado de las Hermanas de la Caridad de San Vicente de Paul, en Paris.

La hermana Justina supo inspirar amor y emulación en cuantos tuvieron la dicha de conocerla. Fue la confidente del Papa Pio IX en los sombríos días que precedieron a su prisión en el Vaticano; fué la admiración de los mahometanos en el Norte de África, y la recipiente de la halagadora imitación del "Ruiseñor de Florencia" en los campos de batalla de Crimea.

Las Hermanas de San Vicente de Paul podrán contarles que; a pesar de sus esfuerzos por mantenerse ignorada, su secreto fué descubierto; el escapulario verde llegó a manos del Papa Pio XI y cómo se apareció la Sma. Virgen en toda su belleza, ante los ojos de la joven novicia; cómo la celestial Señora volvió a aparecérsele una y otra vez mientras el escapulario no fué hecho y distribuido.

Ellas podrán explicarles cómo la Sma. Virgen le enseñó a Sor Justina que el escapulario podía ser bendecido por cualquier sacerdote, llevarse colgado al cuello o en cualquier otra forma sobre la persona, y aun dejado en la habitación, con la sola condición de que se diga una vez al día (por sí mismo o por otro): "Inmaculado corazón de María, rogad por nosotros ahora y en la hora de nuestra muerte".

Curiosamente este artículo hace el número 300 que he escrito, durante los 570 días de mi andadura por mis tres blogs. Este blog, "de dodim a agapé" contiene a los otros dos, pues vivencias y reflexiones es el resultado de lo que escribo en dichos blogs. Digo curiosamente, porque me encomiendo a la Sma. Virgen para que interceda al ESPÍRITU y nos llene de Gracia, sabiduría, fortaleza y paz a todos los blogueros católicos con el fin de seguir llenando el espacio bloguero de criterios y razones que proclamen el Reino de DIOS.


viernes, 25 de septiembre de 2009

NECESIDAD DE ORAR.

La oración es la forma de comunicarnos con nuestro PADRE DIOS. JESÚS nos lo enseñó con su ejemplo y su constante diálogo con el PADRE. También nos invitó a que hiciéramos lo mismo y a depositar toda nuestra confianza en las cosas que le pidiésemos al PADRE: "Nuestro PADRE no nos va a desoír ni nos va a dar algo que no sea para nuestro bien.

Y ese es el secreto de la oración: muchas veces pedimos lo que creemos que nos conviene, pero la realidad es que no sabemos qué es lo que realmente nos conviene. Y, nuestro PADRE DIOS nos da siempre aquello que nos conviene y es para nuestro bien. Ocurre que nuestra ceguera y apetencias no coinciden con las de nuestro PADRE DIOS y entendemos que no nos escucha ni atiende.

Si nos fijamos atentamente y reflexivamente, observamos que JESÚS, que tanto habló y oró al PADRE, nunca pidió nada para ÉL, pues las cosas se le complicaban y los sacrificios y molestias, cuando no insultos, atentados y peligros le acechaban por doquier. No comprendemos como una Persona con tanta autoridad, poder de hacer prodigios sobrenaturales e HIJO de DIOS pudiera sufrir y padecer ante la incomprensión de los hombres.

Desde esta reflexión debemos deducir que la oración es camino de perfección y Gracia para, no solucionar, sino superar y cumplir con nuestra propia misión cuál es la de, injertados en CRISTO, vivir y proclamar la Vida de la Gracia, o lo que es lo mismo, el Reino de DIOS. Y eso supone ir muriendo a nuestra propia vanidad, soberbia y orgullo hasta quedar confundido con la misma Gracia que es DIOS mismo que se nos da. Es la meta y esperanza que anhelamos alcanzar y dónde radica toda fuente de gozo y felicidad.

Será el SEÑOR QUIÉN nos dará, cómo, cuándo y dónde, lo que sea más conveniente para, no triunfar ni alcanzar el éxito en este mundo, sino para vivir el Reino de DIOS proclamándolo con nuestra vida y obras. Y eso es ir contra corriente y enfrentado a todo lo que suponga seguir el camino que siguió JESÚS.

De ahí la necesidad de orar, pero orar en ese sentido que nos lleva desde nuestro ser personal e individual al nosotros comunidad y pueblo que nos realiza en el amor mutuo. Porque para amar es necesario que hayan más, más sin ningún vínculo familiar ni nada humanamente que nos relacione, sino l Gracia de sentirnos hermanos e hijos de un mismo PADRE en el HIJO: JESÚS.

Y es cuando descubre el valor fundamental de orar y pedir por la salvación de los que peregrinan por este mundo, pero también por los que, cumplida aquí su misión, están en la presencia del PADRE que los acoge en su Misericordia infinita. Es por eso por lo que ruego a todos los que puedan leer estas humildes líneas se unan en oración: un PADRE Nuestro y un Ave María por el alma de todos los que peregrinamos todavía por este mundo, y por aquellos que ya han partido, especialmente por los más necesitados.

Y es el momento de presentar, de forma especial, mi petición por mis padres, mis suegros, mis familiares, la suegra de mi amigo Manolo y madre de su esposa Aurelia, los padres de Ricardo G. Rosano, el padre, D. Pedro, de mi amigo Santiago, los necesitados de Eufemiano, amigo de Marisela, los pobres de iskander, para que le sea abierto el local, y los de todos mis amigos blogueros y no blogueros; también por todos los familiares de aquellos no creyentes, de otras creencias o religiones, y del mundo en general. Sólo DIOS sabe lo que necesitamos y lo que depende de nosotros mismos, pues se nos ha sido dada la libertad para decir sí o no.

lunes, 21 de septiembre de 2009

RELIGIOSIDAD, TRADICIÓN, COSTUMBRE O FE.


DIOS, nuestro PADRE, nos quiere hasta el extremo qué, independiente de nuestra respuesta, nunca nos deja de querer porque DIOS no puede hacer nada que no sea Amar. Precisamente DIOS es Amor y el Amor es todo lo contrario al mal que encarna el desamor.

Por lo tanto, DIOS nunca nos va a preguntar en el atardecer de nuestra vida de caminatas, costumbres, tradiciones y preceptos a cumplir. Independiente de que hayamos caminado, celebrado centenares de Eucaristías, comido su CUERPO y bebido su SANGRE, cumplido normas y preceptos, nuestro PADRE nos quiere infinitamente y nos acoge y abraza amorosamente a pesar de nuestra indiferencia, y nos cuida y protege.

Confundir que nuestro PADRE nos tratará mejor o peor en correspondencia a nuestras promesas, caminatas, peregrinaciones y demás es no entender lo que significa PADRE y, menos aún, ser hijo. Desde la experiencia de vivenciar el encuentro con JESÚS y, por supuesto, de sentirnos hijos de un mismo PADRE, damos sentido al compromiso libre y voluntario de creer en ÉL y, en consecuencia, seguirle.

Y eso significa otra cosa. Si bien, todas las tradiciones, caminatas, peregrinaciones, celebraciones y costumbres cobran sentido en esa línea y dan significado y respuesta a la fe, no dejan de ser meros actos que nada significan desencarnados de una vida injertada y movida en CRISTO.

Cuando rezamos el Padrenuestro lo hacemos desencarnados de la realidad vital que significa. Igual nos pasa con las romerías y demás. Porque “Nuestro” significa salir del recinto cerrado de nuestro yo. Nos exige entrar en la comunidad de los demás hijos de DIOS. Nos exige abandonar lo meramente propio, lo que separa. Nos exige aceptar al otro, a los otros, abrirles nuestros oídos y nuestro corazón.

Con la palabra nosotros decimos sí a la Iglesia viva, en la que el SEÑOR quiso reunir a su nueva familia. Así, el Padrenuestro es una oración muy personal y al mismo tiempo plenamente eclesial. Al rezar el Padrenuestro rezamos con todo nuestro corazón, pero a la vez en comunión con toda la familia de DIOS, con los vivos y con los difuntos, con personas de toda condición, cultura o raza. El Padrenuestro nos convierte en una familia más allá de todo confín.

Sólo JESÚS puede decir con pleno derecho “PADRE mío”, porque realmente sólo ÉL es el HIJO unigénito de DIOS, de la misma sustancia del PADRE. En cambio, todos nosotros tenemos que decir: PADRE nuestro. Sólo en el nosotros de los discípulos podemos llamar PADRE a DIOS, pues sólo en la comunión con CRISTO JESÚS nos convertimos verdaderamente en hijos de DIOS (recogido del libro JESÚS de Nazaret de Benedicto XVI).

Experimentado ese encuentro con JESÚS que nos hace hermanos e hijos, en ÉL, de un mismo PADRE, descubrimos nuestra vocación comunitaria a la que estamos llamados. No podemos mantenernos aislados ni individualistas, pues nuestra propia esencia nos llama a la comunión con los demás. Por eso la necesidad de constituirnos Iglesia que ya JESÚS nos dejó orientada desde el colegio Apostólico.