sábado, 3 de mayo de 2025

¿ACASO HEMOS VISTO A DIOS?

Todavía seguimos preguntándonos que no hemos visto a Dios. Incluso, muchos lo afirman de otra manera: «no he visto a nadie que, muerto, haya vuelto a la vida». De alguna manera, al no creer en la resurrección, confesamos que no hemos visto a Dios. También los apóstoles no entendían lo de la resurrección y les costaba creer que Aquel que tenían delante era el Señor.

Hoy, son muchos los que siguen en y con la misma actitud. Incluso, muchos de los que creen no, como ocurrió con Felipe, conocen a Jesús, y se crean un Jesús a su manera y forma de pensar. Sin embargo, Jesús, quieran o no, está Vivo y entre nosotros, y nos señala el Camino, la Verdad y la Vida.

Él, creas o no, está a tu lado, sostiene tu vida y te tiende sus brazo con un amor pleno de misericordia para que reacciones y le abras tu corazón. Mientras lata estás a tiempo. En ese sentido, la vida es el don más grande que nuestro Padre Dios nos ha regalado, porque, a través de ella podemos encontrarnos con el Señor y reconocerle, darle gracias y aceptar su Infinita Misericordia.

viernes, 2 de mayo de 2025

SACIADOS DE PAN Y PESCADO

Todos buscamos saciarnos de todo aquello que nos apetece y experimentamos que nos hace feliz. Dicho en otras palabras: «Buscamos ser felices». Pero, sucede que no es cosa fácil ni tampoco sostenible. Sí, hay momentos de felicidad, pero ella no se sostiene. La sustituye la tristeza o angustia, y hay mucho momentos de desaliento o depresión.

El pan y pescado que nos ofrece Jesús, aunque de forma metafórica, podemos decir es la antesala del verdadero alimento que nos sacia plenamente. El pan y vino, especies materiales, que tras la epíclesis eucarística, por la acción del Espíritu Santo, se transforman en el Cuerpo y Sangre del Señor, sacia nuestras ansias de felicidad plenamente.

De modo que quien come su Cuerpo y bebe su Sangre vivirá eternamente y gozo y plenitud eterna. Así, en cada eucaristía recordamos de esta comida que Jesús ofreció a aquella multitud hambrienta. También nosotros, hoy, necesitamos saciar nuestra hambre de Dios, y a la Eucaristía acudimos con ese deseo: «Saciarnos del hambre de Dios»

jueves, 1 de mayo de 2025

EL PELIGRO DEL APEGO A LA TIERRA

Somos humanos y, en consecuencia apegados a lo humano. Es decir, somos de la tierra y apegados a la tierra. En otras palabras, nuestro pecado es tener un corazón endurecido y apegado a lo materialmente humano. Necesitamos levantar nuestra mirada y pasar de lo humano, material y terreno a lo trascendente. Dios, nuestro Padre, está en lo alto, y quien viene de lo  alto está por encima de todo.

Y sucede que cuando levantas tu mirada con un sentido trascendente, tu vida cobra sentido, y tu esperanza renueva la alegría de tu corazón. Es un nuevo nacer al gozo y felicidad de vida eterna a la que estamos llamados. Todo lo de aquí abajo, termina aquí abajo. Es caduco y finito.

Jesús nos trae la Palabra del Padre, su anuncio nos revela el Amor Misericordioso del Padre que da al Hijo la potestad de decirnos: (Jn 3,31-36): El que viene de arriba está por encima de todos: el que es de la tierra, es de la tierra y habla de la tierra … El que cree en el Hijo tiene vida eterna; el que rehúsa creer en el Hijo, no verá la vida, sino que la cólera de Dios permanece sobre él.

miércoles, 30 de abril de 2025

TODO ES CUESTIÓN DE FE, RAZONES HAY

La experiencia de nuestra propia vida nos dice que no hay más amor más grande que el de nuestra madre. Y, a pesar de nuestros fallos, decepciones y fracasos, nuestra madre siempre está ahí dispuesta a tendernos sus manos. Luego, ¿qué hará nuestro Padre Dios, que nos ha creado y nos ha dado la vida para que seamos verdaderamente felices? Supongo que sabiendo de un Padre así, no tengamos miedo de estar a su lado y nuestra confianza en Él sea plena.

Pero, para que esto se nos confirmara, envió a su Hijo para anunciarnos su Infinito Amor Misericordioso, y para que nadie dejara de conocerlo. De Él sabemos cuanto nos quiere nuestro Padre Dios, hasta el extremo de entregar su Vida para que entendiéramos su gran amor por cada uno de nosotros. Verdaderamente, esa felicidad que todos buscamos en este mundo, la tenemos en el Amor Infinito de nuestro Padre Dios que nos lo demuestra en su Hijo, nuestro Señor. En la medida que confiemos en Él, encontraremos camino, verdad y vida.

martes, 29 de abril de 2025

UNA BUENA NOTICIA QUE SOLO ENTIENDEN LOS PEQUEÑOS

La sabiduría, cuando no nace de la humildad y mansedumbre, enciende la soberbia y se cierra a la Sabiduría que viene de lo alto. Significa esto que los sabios y entendidos se creen con la capacidad de saber tanto más que lo que viene de Dios, y, en consecuencia, lo que no pasa por su razón no la aceptan ni lo acogen. Sus soberbias les cierra el corazón. Solo los pequeños son sensibles a la esperanza de un cambio mayor en los corazones de las personas y en la configuración de nuestras sociedades.

Sólo desde una humilde mansedumbre y pobreza podemos abrirnos a la Sabiduría divina que nos viene de arriba: la Palabra de Dios. Los sabios, encerrados en sus prepotencias, no entienden nada. Los pequeños, despreciados y humildes, tenidos por simples e ignorantes llegan a captar el mensaje del Reino, y a sentirse atraídos por él. Es evidente que sólo en la humildad de reconocernos pecadores y pobres de espíritu podemos alcanzar la sintonía del Espíritu y abrirnos a su Gracia.

Por tanto, tratemos de estar entre los humildes y mansos de corazón y abiertos al Espíritu para ver el mundo, no desde nuestros ojos e intereses, sino desde y con los ojos de Dios e involucrarnos en su movimiento de compasión hacia todas las criaturas.

lunes, 28 de abril de 2025

UN NACIMIENTO NUEVO

Una forma nueva de pensar, de ver las cosas y de sentirlas. Y para eso es imprescindible nacer del Espíritu y tomar sus valores, muy diferentes a los nuestros. De ahí que para ver el Reino de Dios hay que transformarse plenamente con el agua y el Espíritu del Bautismo. Porque, sólo, en y con el Espíritu Santo, podemos transformar nuestro corazón endurecido en un corazón suave, bueno, humilde, generoso, paciente y comprensivo.

Y capaz de darnos con gratuidad, con misericordia,  con compasión; con preferencia por los más débiles, necesitados y pobres. Y todo eso apoyados y confiados en Dios. Porque, nuestros valores son totalmente contrarios a los del Reino, y sólo inmersos en el Espíritu Santo podemos cambiarlos. De ahí que necesitamos nacer de nuevo, un nacimiento en el Espíritu Santo que nos cambie interiormente nuestros valores y manera de ver las cosas  con preferencia para los más desfavorecidos, marginados y excluidos.

domingo, 27 de abril de 2025

ENCERRADOS POR MIEDO

Estaban todos los apóstoles encerrados por miedo. No se sentían con fuerza ni con capacidad para anunciar la Palabra del Señor. Mantenían las puertas cerradas por miedo a los judíos y sin apenas esperanza de anunciar que Jesús había resucitado. Supongo que a nosotros nos sucede algo parecido. Creemos, pero no somos capaces de confesar nuestra fe según el ambiente donde estemos. ¿Qué nos pasa?

Posiblemente sea lo mismo que les ocurrió a los apóstoles. La diferencia fue que en esos momentos, los apóstoles recibieron al Señor, y éste les infundió el Espíritu Santo. Así lo dice este pasaje evangélico: (Jn 20,19-31): Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: «La paz con vosotros». Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron de ver al Señor. Jesús les dijo otra vez: «La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío». Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos» …

No hay justificación, porque también nosotros, los bautizados, hemos recibido al Espíritu Santo en la hora de nuestro bautizo. Y, abiertos a Él podemos hacer lo mismo que los apóstoles, pues así nos lo ha dicho el Señor – Jn 14, 12-17 –. Lo que ocurre que nos falta fe igual que le ocurrió a Tomás. Necesitamos ver para creer. Pidamos que seamos capaces de fiarnos de la Palabra de nuestro Señor.