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viernes, 2 de mayo de 2025

SACIADOS DE PAN Y PESCADO

Todos buscamos saciarnos de todo aquello que nos apetece y experimentamos que nos hace feliz. Dicho en otras palabras: «Buscamos ser felices». Pero, sucede que no es cosa fácil ni tampoco sostenible. Sí, hay momentos de felicidad, pero ella no se sostiene. La sustituye la tristeza o angustia, y hay mucho momentos de desaliento o depresión.

El pan y pescado que nos ofrece Jesús, aunque de forma metafórica, podemos decir es la antesala del verdadero alimento que nos sacia plenamente. El pan y vino, especies materiales, que tras la epíclesis eucarística, por la acción del Espíritu Santo, se transforman en el Cuerpo y Sangre del Señor, sacia nuestras ansias de felicidad plenamente.

De modo que quien come su Cuerpo y bebe su Sangre vivirá eternamente y gozo y plenitud eterna. Así, en cada eucaristía recordamos de esta comida que Jesús ofreció a aquella multitud hambrienta. También nosotros, hoy, necesitamos saciar nuestra hambre de Dios, y a la Eucaristía acudimos con ese deseo: «Saciarnos del hambre de Dios»

martes, 4 de octubre de 2022

EL CAMINO JUNTO A LA ORACIÓN

Lc 10,38-42

Tiene dos opciones en tu vida, caminar por ti mismo sin contar con nadie y, por supuesto, sin oración, o caminar en constante y permanente oración con el Señor. La primera es una opción que se agota en el mismo mundo. Todos tus afanes y ambiciones tienen el límite de la mundanidad. Tienen olor a caducidad y todo se queda aquí abajo. Es un camino sin esperanza que recorres cegado y engañado por el Maligno. ¡Claro, y sin oración con el Señor, quedas vencido por el mundo, demonio y carne.

La segunda opción no te eximirá de los mismo problemas y tentaciones. Pero, con una gran diferencia: Tienes al Señor, por medio de la oración, contigo. Le abres tu corazón, por la oración, para que Él more dentro de ti y, por supuesto, estás auxiliado por su Gracia y, abierto también a la acción del Espíritu Santo que has recibido en la hora de tu bautismo.

Para eso ha bajado el Señor, para revelarnos la compañía de nuestro Padre Dios. Nos anuncia su Amor Misericordioso y su cercanía a través de el mismo. Quien le recibe a Él recibe al Padre. Y quien está con Él está con el Padre. Por tanto, nuestra unión – a través de la oración – con el Señor nos lleva a la intimidad también con el Padre. Pues, por Jesús vamos al Padre. De manera que, siendo necesario las cosas de este mundo, lo primero y más importante es nuestra unión con el Señor a través de la oración y la Eucaristía. Todo lo demás, sin perder su importancia y necesidad, es secundario.


Si no voy unido al Señor, por la oración, el mundo, demonio y carne terminan por vencerme y desviarme del camino hacia mi Padre Dios —puntualizó Manuel.

—Creo que es cierto y estoy de acuerdo con lo que dices —respondió Pedro. Si no nos apoyamos en el Señor, perdemos su contacto, su Palabra y terminamos sometidos al mundo.

—Sí, la oración y la Eucaristía es el vínculo que nos mantiene juntos y unidos al Señor. Y, en eso, la parroquia – comunidad – nos puede ayudar mucho.

 

Ambos amigos habían descubierto la necesidad imprescindible de la oración. Como María habían elegido la mejor opción, la de caminar junto y en atenta escucha a la Palabra del Señor.

domingo, 19 de junio de 2022

EL INFINITO E INMENSO REGALO DE LA EUCARISTÍA

Lc 9,11b-17

Todo es Gracia, regalo de Dios. Desde la hora de nuestro nacimiento, mejor, de nuestra concepción como persona en el vientre de nuestra madre, todo nos ha sido regalado gratuitamente hasta que, alcanzada la madurez, podíamos valernos por nosotros mismos. Pero, nuestra gratuidad no acaba ahí. Nuestro Padre Dios, viendo la debilidad de nuestra naturaleza herida por el pecado nos ha dejado la Eucaristía – Cuerpo y Sangre de su Hijo Jesucristo – que nos sostiene, nos alimenta y nos fortalece para superar las adversidades del mundo, demonio y carne.

Hoy, celebramos ese día, y es un gran regocijo darnos cuenta y tomar conciencia, que Jesús, el Hijo de Dios, que dio su Vida por la nuestra, se ha quedado Vivo, Presente, Real y Misericordioso, bajo las especies de Pan y Vino para ser nuestro sustento, alimento y fortaleza espiritual contra todos esos obstáculos que, derivados del pecado, tratan de manchar nuestra alma, debilitarla y engañarla seduciéndola con las ofertas de ese mundo, demonio y carne.

Manuel se levantó y dando un golpe en la mesa dijo:

—¿Cómo es posible que no nos demos cuenta de que el mundo, demonio y carne, los tres peores enemigos del alma, nos pueden? Necesitamos, pues, un apoyo superior para poder resistirlos y vencerlos.

—Una de las estrategias de estos grandes enemigos es hacernos ver que nuestra felicidad está en ellos. ¿Recuerdas, Manuel —dijo Pedro— cuando Jesús, el Hijo de Dios y nuestro Señor, fue tentado en el desierto?

—Claro —respondió Manuel— con firmeza y seguridad.

—Quiso seducirlo ofreciéndole el mundo y haciéndolo rey y poderoso —siguió Pedro. Pero, Jesús se resistió. Recuerda que no estaba solo, le asistía el Espíritu Santo.

—Y nosotros —interrumpió Manuel— también tenemos al Espíritu Santo y la Gracia del mismo Jesús Resucitado en su Cuerpo y Sangre Eucarística. De ahí la gran importancia y necesidad de alimentarnos Eucarísticamente con frecuencia y con confianza. Es el Señor Resucitado que nos da su Gracia para resistirnos a esos peligro del alma: mundo, demonio y carne.

 

Se dieron la mano, sus semblantes reflejaban paz, serenidad y confianza. Manuel y Pedro transmitían deseos, confianza y una fe en la Eucaristía que les daba fuerza para navegar por ese entramado mundo lleno de peligros, trampas y seducciones. Se sabían débiles, pero fortalecidos en la Eucaristía y confiados que, con el Espíritu Santo, igual que el Señor, vencerían al mundo, demonio y carne. Complacidos y alegres, emprendieron cada cual su camino.

miércoles, 31 de marzo de 2021

¿ACASO SOY YO?

Mt 26,14-25

 No podrás disimular aunque te lo propongas. Quizás no te hayas dado cuenta pero, directa o indirectamente, tú también lo has vendido y entregado a los sumos sacerdotes. ¿Acaso no adviertes y tomas conciencia que cada vez que tu corazón se comporta de forma egoísta, soberbio, vengativo y adopta una actitud de desamor con respecto a los que le rodean, estás entregando y condenando a Jesús?

Cada día en la Eucaristía, Jesús renueva el memorial de su Sacrificio en la Cruz. Un Sacrificio que ahora ofrece de forma incruenta por los pecados de todos los hombres y para, redimidos por su Muerte y Resurrección, devolvernos nuestra dignidad de hijos de Dios. Un Sacrificio escondido bajo las especies de pan y vino que no alimenta, nos fortalece y nos da esa vida espiritual que nos alimenta y nos hace partícipe de su Gloria. 

En la Eucaristía  renovamos nuestra entrega y seguimiento al Señor, y, de ella, tomamos el alimento espiritual que necesitamos para compartir también las cruces de nuestra vida con Él. Será, pues, muy importante no desentenderse ni mirar para otro lado. Vale reconocerse culpable, pecador y confiar en la Infinita Misericordia del Señor. Él nos espera y nos aguarda pacientemente y misericordiosamente. Conviene, pues, no desesperar ni perder la paciencia y la esperanza. 

Confiermos y descansemos en su Infinito Amor y esforcémonos en convertirnos y entregarle al Señor nuestro corazón.

martes, 7 de abril de 2020

ENTREGADO POR AMOR

Juan 13,21-33.36-38 | Misioneros Digitales Católicos MDC
Jn 13,21-33.36-38
Se hace difícil entender lo que sucedió aquella noche. Una cena, una traición y una entrega por amor. No se entiende desde el punto de vista humano. La condición humana no actúa así. Ante una ofensa o traición ataca con aires de venganza. Le es imposible contenerse y, menos, perdonar. No se puede entender humanamente lo que hizo Jesús. Una noche donde la respuesta a la traición la responde con amor.

Y ese Amor queda instaurado y dado en la institución de la Eucaristía. Jesús se entrega por amor a pesar de esa traición que preludia las muchas traiciones de las que ha sido objeto en su vida y las que seguirán a través de los tiempos. Porque, yo también me siento traidor cuando le fallo, cuando le defraudo y cuando le doy la espalda inmerso en mis caprichos, mis deseos y mis proyectos.

El resultado lo vemos en nuestras propias vidas. Porque, cuando la guardamos para nosotros mismos y no la entregamos, tampoco la disfrutamos como realmente queremos y deseamos. La vida si no es entregada se malogra, como dice el Papa Francisco. Y tiene toda la razón, porque cuando gastamos nuestro tiempo en cosas, en acumular bienes y en procurarnos satisfacciones, terminamos vacíos e infelices. Y no hemos sido creados para eso, sino para todo lo contrario. Nuestra camino y destino es la felicidad, y no en este mundo, sino más allá, en la eternidad.

En la Eucaristía, Cuerpo y Sangre de Cristo, encontraremos esa fuerza y luz que nos falta para entender la respuesta de Jesús a la traición de Judas aquella noche y a las traiciones de cada día de todos nosotros. Encontraremos la Gracia para amar a pesar de no tener razones humanas, según nuestros criterios, para amar y perdonar. 

lunes, 5 de agosto de 2019

TAMBIÉN TÚ PUEDES MULTIPLICARTE

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Mt 14,13-21

Posiblemente, tus panes y tus peces no son demasiados, pero algo de hambre pueden calmar. La cuestión es que estén disponibles para saciar el hambre de alguien y eso basta, porque el hambre de los otros le corresponderán a otros. El asunto es que tú y los otros satisfagan el hambre de los que lo pasan mal. Pero, no simplemente un hambre material sino también un hambre espiritual.

La actitud de Jesús fue esa, la de estar atento a la compasión y necesidades de los que le necesitaban, porque no puede llegar a aquellos que no le necesitan y que menos le buscan. Por lo tanto, para encontrarnos con el Señor necesitamos abrirnos y estar disponible a recibirle y aceptarle según su Palabra y sus mandatos. Y eso nos exige seguirle y buscarle y estar presente para recibir su alimento espiritual, porque ese es el alimento fundamental.

¿Qué nos ocurre entonces?  Quizás abrimos la boca y le buscamos para saciarnos del hambre material y para solucionar nuestros problemas, pero, ¿y el alimento espiritual? ¿Buscamos realmente el alimento que nos dé la fortaleza y la sabiduría para dejar todo aquello que se hace impedimento y barrera y nos aleja del Señor? Porque, de no buscar ese verdadero alimento, el otro, el necesario para vivir terminará matándonos, pues es perecedero y simplemente nos mantiene vivo durante el camino, pero, ahí termina sus efectos.

Necesitamos el Pan Eucarístico, Pan verdadero de Vida Eterna que nos alimenta y nos fortalece y nunca perece, y eso sólo nos lo puede dar el Señor. De ahí que tengamos que estar cerca de Él y vivir en su presencia, para, como Él y por su Gracia, darnos también a los demás. Y nos damos en la medida que buscamos multiplicar mis panes, por pocos y pequeños que sean, para el bien de los demás y por la Gracia de Dios. 

Panes que pueden concretarse en una sonrisa, en una compañía, en una obediencia, en un servicio simple y sencillo, en una colaboración, en una oración, en una catequesis, en una...El Espíritu te irá poniendo delante los panes y los peces que debes compartir.

domingo, 23 de junio de 2019

EL PAN Y EL VINO QUE NOS ALIMENTA

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Lc 9,11b-17
El Evangelio de hoy nos presenta un adelanto de la institución más tarde de la Eucaristía en la última cena. Hoy Jesús nos asiste al vernos hambrientos y cansados. Y es que seguir al Señor presupone caminos de dificultades y obstáculos. Seguir al Señor nos exige negarnos y remar contra corriente y eso produce un desgaste que nos fatiga y nos cansa. Necesitamos, pues, alimentarnos, pero no de un alimento cualquiera y perecedero, sino de un alimento que nos sostenga y nos dé esperanza y fortaleza para avanzar.

Jesús multiplica aquellos cinco panes y dos peces y sacia el hambre de todas aquellas personas. Es comida abundante hasta el punto que con lo sobrante llenan doce canastos. Jesús sabe de nuestras fatigas y de lo duro y arduo que es el camino y nos transmite su Fuerza, su Espíritu en ese alimento espiritual de su Cuerpo y su Sangre bajo las especies de pan y vino.

Necesitamos alimentarnos con frecuencia. Como mínimo una vez a la semana, pero, si puedes, todas las veces que puedas. Si puedes a diario y tienes esa posibilidad, pues diario. En ese alimento, que es el mismo que se nos da, recibimos la fortaleza para seguir el camino de nuestro peregrinar de cada día. No es fácil superar todas las adversidades que surgen dentro de nosotros y también las que nos vienen de afuera, pero con Él podemos enfrentarnos y salir victoriosos. 

Y lo tenemos siempre a mano. El Señor esta real y presente en la Eucaristía. Jesús se ha quedado para siempre con nosotros y lo podemos ver y tocar cada día. Está en el Sagrario y es una maravilla que, muchas veces por rutina o distracción, no nos damos cuenta de apreciar ese regalo de su presencia. Tratemos de reflexionar y tomar conciencia de que el Señor está real y presente en nuestra vida y que podemos estar con Él en cada momento. Él es nuestro alimento y nuestra fuerza.

viernes, 10 de mayo de 2019

ALIEMENTO QUE DA VIDA ETERNA

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Jn 6,52-59
Jesús es el alimento que nos da Vida Eterna y para ello hay que conocerlo. Es el mismo quien nos dice muy claramente: «En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él».

Comer tiene un significado simbólico y se trata de ir asimilando ese alimento espiritual que nos vaya haciendo como el Señor. Es decir, parecernos a Él; ir asimilando su mismo estilo de vida y sus mismos sentimientos para con los demás. Por eso, se hace necesario la comunión, en y con Él a través de la Eucaristía, como alimento espiritual. 

Por y para eso se ha quedado real y presente bajo las especies de pan y vino en el Sagrario. Y nos ofrece su carne y su sangre en cada Eucaristía como alimento espiritual que nos sostiene, fortifica, transforma y nos convierte para que vivamos según su Palabra. Necesitamos comulgar para mantenernos en unión con Él, pensar como Él, hablar como Él, hacer y actuar como Él realizando las mismas obras y aun mayores - Jn 14, 12 - y, sobre todo, para amar como Él.

En la Eucaristía Jesús se nos manifiesta real y presente y nos unimos a Él espiritualmente para actuar, pensar, sentir y vivir como Él y junto a Él. Porque sin Él no podremos hacer nada. Es en esos momentos cuando advertimos lo pequeños que somos y lo lejos que estamos de su estilo de vida, de sus sentimientos y de, al menos, aproximarnos a parecernos a Él. 

Descubrimos nuestras pobrezas, nuestras miserias y nuestros pecados. Experimentamos la infinita distancia que estamos de Él y, sobre todo, la necesidad que tenemos de estar a su lado, comer su carne y beber su sangre para, de ese modo, ir asimilando su estilo y sus mismos sentimientos.

lunes, 11 de febrero de 2019

¿TIENES TÚ INTENCIÓN TAMBIÉN DE TOCAR LA ORLA DE SU MANTO?

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Supongo que habría muchos que no acudirían a la plaza o no se molestarían mucho por tocar la orla de su manto. Quizás por ignorancia, porque no tenían quien les llevara o por simple apatía. El resultado que hoy continúa ocurriendo lo mismo. Son muchos los indiferentes, los que no creen en su Palabra ni en el contacto con su Cuerpo y no se esfuerzan en acercarse a Él. Al contrario se alejan y le rechazan
        
Pero, como ocurrió en su tiempo, también hoy hay muchos que creemos en su Palabra y nos acercamos también a tocarle en la Eucaristía donde está real y presente bajo las especies de pan y vino. Y sentimos ese hálito de vida que nos fortalece, nos sana y nos llena de gozo y paz.
                              
Jesús verdaderamente es el Camino, es la Verdad y es la Vida. Todo su ser desprende vida y en Él esperamos renacer a la verdadera Vida. Esa Vida Eterna que Él nos promete si creemos en Él. Por eso, no desaprovechemos esa oportunidad de tocar al Señor y alimentarnos de su Palabra y de su Cuerpo y Sangre en cada Eucaristía. Se ha quedado para eso, para que nos acerquemos a Él y le toquemos con la confianza y la fe de ser curados.

Él nos lo ha prometido: El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él. Como el Padre, me ha enviado, posee la vida y yo vivo por él, así también el que me come vivirá para mí - Jn 6, 51-58 -.

viernes, 26 de mayo de 2017

EL CAMINO ES PESADO Y DURO

(Jn 16,20-23a)
No podemos esconder ni obviar la realidad, el camino y la renuncia se hace difícil y entristece. Enfrentarse a las dificultades, a los problemas, consigo mismo y tratar de hacer lo que no quiero hacer, porque sé que es lo bueno y lo que siento en lo más profundo de mi corazón, se hace muy duro. Y la dureza origina tristeza y amargura. A nadie le gusta sufrir.

Esa es la realidad, pero leamos y escuchemos el Evangelio de hoy: «En verdad, en verdad os digo que lloraréis y os lamentaréis, y el mundo se alegrará. Estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en gozo».

El Señor ya sabe lo que nos ocurre, y nos lo descubre, y nos lo dice. Sí, la travesía es dura, pero al final aparece el gozo y la alegría. Y eso ellos no lo sabían, pero sí lo sabemos nosotros, precisamente, por ellos. Porque, el Señor ha regresado ya, está presente en la Eucaristía y desde esa presencia espiritual nos conforta, nos fortalece y nos hace el camino más ligero y hasta alegre. Por eso, el creyente es alegre, porque es capaz de sobreponerse a los sufrimientos que el camino le presenta.

Por eso, amigos y compañeros en la fe, la Eucaristía es un regalo inmenso, pues, nada más y nada menos, que Jesús que se queda con nosotros. Sabemos que, más tarde, regresará tal y como nos ha prometido: "También vosotros estáis tristes ahora, pero volveré a veros y se alegrará vuestro corazón y vuestra alegría nadie os la podrá quitar".  

Jesús está realmente con nosotros, y podemos aprovecharnos de su presencia real Sacramental y Eucarística. Es un regalo que nos sobrepasa y que debemos aprovechar siempre que podamos. La Eucaristía es el mismo Jesús que nos habla, que nos conforta, que nos da fortaleza para soportar las dificultades del mundo y nos da la alegría de saber que vamos camino hacia Él.

jueves, 19 de mayo de 2016

JESÚS NOS PREPARA PARA VIVIR EN ÉL, ALIMENTADOS DE SU ESPÍRITU BAJO LAS ESPECIES DE PAN Y VINO

(Lc 22, 14-20)

No se trata de ningún invento, ni de imaginación o suposiciones humanas. Son las Palabras del propio Jesús las que nos descubren su permanencia entre nosotros bajo las especies de pan y vino: Este es mi cuerpo que es entregado por vosotros; haced esto en recuerdo mío.» De igual modo, después de cenar, hizo lo mismo con una copa de vino, diciendo: «Esta copa es la Nueva Alianza, sellada con mi sangre, que es derramada por vosotros.

Y la Iglesia, fiel a su Palabra continúa sin interrupción desde su comienzo este memorial que constituye el centro de nuestra fe, porque, en la Sagrada Hostia está presente Jesús Sacramentado, bajo las especies de pan y vino. Y recibiéndola, los fieles nos alimentamos de su mismo Espíritu, para fortalecidos en Él encontrar la fortaleza y el camino de ir hacia Él.

La Eucaristía nos convoca a reunirnos en torno a la mesa del banquete Pascual. Es nuestra esperanza viva porque en ella está Presente y Vivo el mismo Jesús espiritualmente bajo las especies de pan y vino. Y eso significa que Jesús Vive y ha Resucitado.

Jesús sigue pastoreándonos como sumo Sacerdote y en Él, también los sacerdotes, que como seguidores de los apóstoles y enviados también por el Espíritu Santo,  junto a los seglares y fieles, forman la Iglesia que sigue los pasos del Señor, con Pedro, hoy Francisco, a la cabeza e injertados en el Espíritu Santo.

Te pedimos, Señor, que nos des la Gracia de no desfallecer y de, perseverando unidos, sepamos sostenernos en tu presencia hasta que sea establecido tu Reino. Reino que esperamos confiados en tu Palabra.

jueves, 28 de mayo de 2015

JESÚS SE QUEDA BAJO LAS ESPECIES DE PAN Y VINO

Lc 22, 14-20


Todo permanece igual, no se ha cambiado ninguna palabra. La institución de la Eucaristía permanece sin ninguna alteración. Es el centro de nuestra fe en la que permanece y reina la presencia viva de Jesús.

El Señor se hace presente entre nosotros y nos brinda su Espíritu para que en Él seamos su presencia en este mundo y la semilla que lo transforme hasta implantar su Reino. La Eucaristía es el centro de los sacramentos, porque en ella recibimos el Cuerpo y la Sangre presente de Jesús bajo las especies de pan y vino.

El encuentro con Jesús nos renueva y nos fortalece. Por eso, la Eucaristía es el sacramento frecuente, y si se puede, diario, que el creyente debe celebrar. No es la Eucaristía un acto más de piedad, sino una celebración que celebra, valga la redundancia, el encuentro con Jesús. ¿Y quién no celebra y tiene un encuentro con su mejor amigo cada día?

La Eucaristía es el instante que, lleno de Jesús, fortaleces tu alma y vigorizas tu voluntad para la lucha de cada día en este mundo en el que vives, pero al que no perteneces. Es el entreno necesario para, por la Gracia del Espíritu, encontrar luz y sabiduría en tu camino hacia la liberación de tu propia esclavitud por el pecado. Claro queda que le necesitamos, y que cada Eucaristía es un regalo inmenso que no tiene precio. 

Claro queda que debemos priorizar, siempre que podamos, acudir a la Eucaristía porque en ella fortalecemos nuestro espíritu y voluntad para vivir según el Espíritu de Jesús y cumplir su Palabra.

Jesús es el Señor que ha sellado una nueva alianza con su sangre para, derramada por todos los hombres, salvarnos de la esclavitud del pecado y darnos la Vida Eterna.

domingo, 22 de junio de 2014

EL VERDADERO ALIMENTO PARA LA VIDA


(Jn 6,51-58)

Sabemos que comer es imprescindible para vivir. Sin alimento no hay posibilidad ninguna de vida, y el pan es el símbolo del alimento necesario para vivir. Pero ese pan material tan necesario es sólo un alimento temporal. No sólo caduca su propia materia, sino que también caduca quien se alimenta sólo de él. Necesitamos otra clase de pan para satisfacer nuestra hambre de vida eterna.

Y ese Pan es Jesús: «Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo». Es este el Pan que colma toda nuestra vida y que responde a las expectativas de lo que todos los hombres buscan y quieren: "Hambre y sed de vida eterna".

No hay otra alternativa ni otro camino. Necesitamos estar centrados en el Señor y alimentarnos de su Cuerpo Eucarístico para, fortalecidos por Él, tener la garantía y capacidad de superar todas las inclinaciones, por el pecado, que se nos presentan en este mundo. Sin Él nada podemos hacer, porque Él es el Alimento que nos da la Vida Eterna que todos buscamos.

Danos Señor la sabiduría de saber alimentarnos por el Pan que, no sólo nos alimenta y nos da fuerza, sino que nos capacita para alcanzar llegar a Ti y tener en tu presencia Vida Eterna. Amén.

jueves, 12 de junio de 2014

COMIDA Y ALIMENTO


Lucas 22, 14-20

Sabía el Señor de nuestras debilidades, y no podía dejarnos solos ante el peligro del Maligno. Se ha quedado con nosotros, no sólo enviándonos El Espíritu de Dios, la tercera Persona de la Santísima Trinidad, el Espíritu Santo, sino quedándose bajo las especies de Pan y Vino, su Cuerpo y su Sangre, para alimento de nuestra alma.

Jesús, su Espíritu, vive dentro de nosotros y lo recibimos cada vez que comemos su Cuerpo y bebemos su Sangre bajo las especies de pan y vino. En Él somos fortalecidos y configurados por su Gracia para vencer las embestidas del Maligno y las debilidades de nuestra naturaleza caída. Pero eso nos exige un constante acercamiento a su Persona Eucarística y un ejercicio penitencial del Sacramento de la Penitencia.

Son las armas que nos guardan y fortalecen para la lucha de cada día. Jesús nos deja esta Alianza que nos configura y que se derrama en su Sangre por cada uno de nosotros. No estamos solos sino alimentados en Cuerpo y Sangre de Jesús en la Eucaristía. No perdamos esa fuente de alimentación espiritual que nos configura con Xto. Jesús y nos salva de la amenaza del Maligno.

Vivamos la promesa de Jesús cada día actualizándola y haciéndola vida real en nuestra vida injertados en Él a través de su promesa Eucarística. Amén.