domingo, 22 de mayo de 2011

TENEMO UN LUGAR EN EL CIELO (Jn 14, 1-12)


En la casa de mi PADRE hay una morada para mí, y también otra para ti, porque es PADRE de todos. JESÚS es el Camino para alcanzar esa morada, y en ÉL, creyendo en ÉL, también creemos en el PADRE, porque es el PADRE quien lo ha enviado.

Todo es del PADRE, y también las obras, por lo tanto, ellas nos ayudan también a creer que el HIJO es el enviado del PADRE. Y, nos dice JESÚS, que si creemos en ÉL podremos hacer también las mismas obras que ÉL, e incluso mayores.

Pero sin ÉL nada podemos hacer, ni mover un pelo de nuestro cabello. Por eso, cuando la tempestad llega a nuestra vida sentimos que sólo JESÚS puede calmarla, y lo hace, como todas sus obras, en nombre del PADRE. Por eso, desde nuestra impotencia en la experiencia de nuestro acontecer en la vida diaria, experimentamos que sólo en JESÚS, con JESÚS y por JESÚS llegaremos a alcanzar las moradas de la Casa de nuestro PADRE.

Te permito, SEÑOR, que gobiernes mi vida,
que hagas de mí el fruto de tu Camino, de
 tu Vida y Verdad, y que convertido en TI, 
contigo y por TI, llegue a alcanzar
un lugar en la Casa del PADRE. Amén.

sábado, 21 de mayo de 2011

NOS CUESTA CREÉRNOSLO (Jn 14, 7-14)


Nos cuesta creérnoslo, pero es Palabra de JESÚS. Nuestro SEÑOR JESÚS nos promete que haremos las mismas obras que ÉL si creemos en ÉL. A la pregunta de Felipe, SEÑOR, muestranos al PADRE, JESÚS le responde: El que me ha visto a mí, ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: ‘Muéstranos al Padre’? ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre está en mí? Las palabras que os digo, no las digo por mi cuenta; el Padre que permanece en mí es el que realiza las obras. 

¿Qué nos ocurre entonces? Posiblemente sea el poco conocimiento que tenemos de JESÚS. Conocer a JESÚS es permanecer en ÉL y caminar junto y en ÉL. Necesitamos la confianza, que acrecentará nuestra fe, de que JESÚS está el PADRE, y quien lo ha visto a ÉL, ha visto al PADRE. Y todo lo que pidamos en su Nombre, el PADRE nos lo concederá.

Posiblemente no la entendamos, porque pedimos cosas que no se nos concede, sin embargo más adelante caemos en la cuenta que esas cosas pedidas no eran las que necesitabamos, y que de haberlas tenido nuestra camino hubiese sido otro diferente y perjudicial. Nuestro PADRE sabe lo que nos conviene y eso es lo que nos dará, lo que nos salva y nos hace verdaderos hijos suyo.

Pidamos, pues, con confianza, seguros de que todo aquello que es para nuestro bien será concedido por el PADRE Bueno del Cielo.

Escucha, SEÑOR, mis peticiones y dame todo
aquello que sólo sirva para mi bien y
salvación. Porque esa es tu
Voluntad y lo mejor
para mí. Amén.

viernes, 20 de mayo de 2011

COMPAÑEROS DE CAMINO (Jn 14, 1-6)

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

Todo camino tiene un objetivo y, en consecuencia, un final. Si caminamos es que vamos a algún sitio, nos dirigimos a alguna parte. Porque, ¿qué pensaríamos de aquel que camina sin saber a dónde va? Y la pregunta no se hace esperar, cae de madura: ¿Cuál es la meta y objetivo de nuestro camino? ¿A dónde vamos? ¿Por qué caminamos? ¿Y cuanto dura ese camino?

Son preguntas que están en lo más profundo de nuestro corazón, y querer obviarla y mirar para otro lado es de tonto y de poco sentido común. Porque tarde o temprano el camino de nuestra vida llegará a su término y nos encontraremos con la verdad de nuestra vida. Es, por lo tanto, conveniente y necesario preguntarnos ahora cuál es ese camino y si vamos bien encaminados.

Y, para todos aquello que están desorientados, perdidos o confusos, JESÚS nos recuerda y aclara hoy en su Palabra que, ÉL es el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al PADRE sino por MÍ. Todas nuestras búsquedas y dudas encontrarán respuestas. Hay que perder el miedo a viajar.  Nos muestra una meta, nos habla de un camino para llegar a ella.

Quizás, este encuentro bloguero, próximo a celebrar, el 17 de agosto, donde confluiremos muchos de nosotros, puede ser un encuentro que nos ayude a descubrir más nuestro propio camino, pues, injertados en CRISTO y unidos a los hermanos el camino puede ser más nítido y firme.

Despierta en mí, SEÑOR, esas ansías de 
buscarte por las caminos de mi vida.
Haz que no deje de caminar hasta
encontrarte en mi propia cruz.

Porque en mi cruz aceptada, cómo
TÚ lo hiciste por mí, y por tus
méritos y gracia, en el 
ESPÍRITU SANTO 
encontraré
el camino de tu Morada. Amén.

jueves, 19 de mayo de 2011

PERSONAS, PERO NO OBJETOS (Jn 13, 16-20)

Después de lavar los pies a sus discípulos, Jesús les dijo: «En verdad, en verdad os digo: no es más el siervo...

Nuestra medida es la de la utilidad. Tanto haces, tanto vales. Nos cocificamos y convertimos en objetos de valor para los otros. Tengo un valor por las cosas que hago, no por el hecho de ser persona y de estar en actitud de servicio hacia los demás. Es el amor lo que nos engrandece y nos llena plenamente de gozo y felicidad.

Porque lo importante es mantenerme en una actitud de servicio hasta el extremo de abajarme y lavar los pies, es decir, hasta la humillación por amor. Porque eso  fue lo que hizo JESÚS al rebajarse a lavarme mis pies. Todos no lo comprendieron, y Pedro se reveló. También yo me revelo, porque tengo que aceptar que me cuesta ser reprendido; que me cuesta servir a los pequeños, y que me cuesta aceptar que estoy para servir y no ser servido a pesar de mis capacidades.

SEÑOR, sé lo que me pides, y sé
lo que me espera. El enviado
no es más que quien lo
envía. 

Pero incluso, sabiéndolo encuentro
resistencia. Ayúdame, SEÑOR, a
crecer en humildad. Lavar
pies también es mi
tarea. Amén. ( Oración de "orar y celebrar").

miércoles, 18 de mayo de 2011

TODO ESTÁ CONSUMADO (Jn 12, 44-50)


Cuantas veces he deseado una nueva revelación, o aparición, o la novedad de un nuevo mensaje que me haga reaccionar. Cuantas veces he buscado en la vivencia de unos nuevos ejercicios espirituales o retiros el recuperar el amor primero que parece ha decaído, como los de Emaús, en mi camino.

Siempre andamos buscando, ¡y no es malo!, nuevas experiencias sin percatarnos que todo ya ha sido revelado. Para eso vino JESÚS, para decirme lo que el PADRE me ama y quiere para mí. Y para cada uno de sus hijos. No debo, pues, seguir buscando sino creer en Aquel que se ha hecho visible entre los hombres, JESÚS de Nazaret. El que lo ve a ÉL, ve al PADRE, porque ÉL lo ha dicho y tiene Palabra de Vida Eterna.

JESÚS me habla hoy a mí. Me habla en este momento, en esta cultura y en este lugar (La Iglesia). Sus Palabras son actuales, responden a mis interrogantes e inquietudes, y le dan respuesta. Debo, pues, buscar en un diálogo sincero y transparente su Voluntad, lo que quiere de mí, lo que quiere para mí, y darle respuesta en mi vida.

Y no debo angustiarme porque lo mandado está en proporción de mis fuerzas. ÉL me las dará para que pueda cumplir con lo misionado. Esa es la fe que debo tener y debo pedir, y la Iglesia me lo testimonia en la vida de muchos que lo han hecho (santos). JESÚS se hace contemporáneo mío, se acerca en mi camino hacia Emaús y me alienta hasta que mi corazón arde de pasión y entusiasmo. Luego, al calor de la mesa y la fracción del pan se me hace visible y reconocible. En la Eucaristía recobro la Luz y le reconozco.

Que nunca deje de visitarte y alimentarme
en el Pan Eucarístico, donde, TÚ, SEÑOR
te haces presente y reconocible. Amén.

martes, 17 de mayo de 2011

DIOS NOS HABLA EN NOSOTROS (Jn 10, 22-30)


Santo Tomás de Aquino comenta este pasaje del Evangelio diciendo: «Puedo ver gracias a la luz del sol, pero si cierro los ojos, no veo; pero esto no es por culpa del sol, sino por culpa mía»

DIOS nos regala a su HIJO, nuevo don, que es la Palabra viva en nosotros, y que en nosotros habla y nos interpela... La gran sinfonía musical de DIOS, en la revelación de su Palabra al hombre, es interpretada, desde el corazón de DIOS, al corazón del hombre por un único solista, JESUCRISTO, quien le da vida y vida de salvación.

DIOS nos habla desde nosotros mismos. Está en nuestras entrañas, en nuestro propio ser. No en vano, somos sus hijos, sus propias criaturas. Por lo tanto, toda manifestación de lo creado es fien testimonio de la Palabra de DIOS, y el hombre es su locura, su máxima expresión de amor. Por eso, nos regala a su HIJO hasta el extremo de morir por todos nosotros.
 
Debemos, pues, abrir los ojos y mirarle con fe, porque solo así seremos capaces de reconocerle como verdadero HIJO de DIOS.  Juan Pablo II hablaba en el año 2000, en el encuentro con los jóvenes en Tor Vergata, del “laboratorio de la fe”. Para la pregunta «¿Quién dicen las gentes que soy yo?» (Lc 9,18) hay muchas respuestas... Pero, Jesús pasa después al plano personal: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». Para contestar correctamente a esta pregunta es necesaria la “revelación del Padre”. Para responder como Pedro —«Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo» (Mt 16,16)— hace falta la gracia de Dios.

Necesito ser humilde, SEÑOR. Humilde para
ser capaz de reconocerte, de sentir que
sólo TÚ tienes Palabra de vida eterna.

Necesito, SEÑOR, abajarme, abandonarme
en tus Manos y confiar que TÚ eres 
verdadermente el HIJO de 
DIOS, porque TÚ lo
dices y tus obras lo manifiestan. Amén.

lunes, 16 de mayo de 2011

PODER PARA DARLA Y RECOBRARLA (Jn 10, 11-18)


El rebaño necesita pastoreo, un director de orquesta que los dirija y los lleve a buen puerto, seguro y alejado de todo peligro. Hay muchos lobos hambrientos de ovejas dispuestos a devorarla y, sin pastor, quedan a merced del peligro de serlo. Por eso, la necesidad de pastores es de primera necesidad, valga la redundancia.

Pero, no basta con tener pastores, sino que necesitamos el mejor, el único, el verdadero que pueda llevar a cabo esa misión. Y ese es JESÚS: "YO soy el Buen Pastor. El Buen Pastor es aquel que da la vida por sus ovejas de forma libre y voluntaria. Sin condiciones ni intereses, sólo por amor, y por amor, sus ovejas, porque en ÉL se sienten seguras, conocidas y amadas, le obedecen y acuden a ÉL.

Hoy, la Palabra de DIOS, nos interpela, porque todos somos pastores en nuestra familia, con nuestros hijos, familiares, amigos... y, nuestro tiempo y trabajo, debemos organizarlo y, en la medida de nuestras posibilidades, entregarlo al servicio de los demás, no por un salario o interés, sino de forma libre, voluntaria y por amor.

EL SEÑOR es mi Pastor, y con ÉL
nada me falta. Sólo ÉL me 
basta, y en ÉL me 
cobijo y abandono. Amén.