domingo, 24 de mayo de 2015

EN EL ESPÍRITU SANTO ALCANZAMOS EL PERDÓN

(Jn 20,19-23)


¿A dónde iríamos por nosotros mismos? ¿Qué haríamos sin el poder del Espíritu Santo? Sin lugar a dudas, el Señor, que nos conoce a fondo, nos tenía reservado ese momento en el que recibiríamos el Espíritu Santo. Porque sin Él nada podemos hacer.

Por medio de sus apóstoles, Jesús confiere el poder del Espíritu de Dios para que transmitan y proclamen el Evangelio a todos los hombres. Seremos nosotros ahora, que, por el Bautismo, hemos sido configurados como sacerdotes, profetas y reyes, los que en el Espíritu demos fe y testimonio del Evangelio y la Palabra del Señor.

En el Espíritu Santo son perdonados nuestros pecados. «Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos». 

No podemos perdonarnos nosotros mismos. Recibimos el perdón de quien tiene poder para perdonar. Y ese no es otro sino Jesús. Es Él quien lo ha conferido a sus discípulos, y estos lo dan en su Nombre. El perdón se pide, se pide a Otro. Y en la Confesión pedimos el perdón a Jesús. El perdón no es el fruto de nuestros esfuerzos, sino que es un regalo, un don del Espíritu Santo, que nos llena con el baño de misericordia y de gracia que fluye sin cesar del corazón abierto de par en par de Cristo crucificado y resucitado (de la Homilía de S.S. Francisco, 19 de febrero de 2014).

Experimentamos en el perdón una paz y unas renovadas fuerzas que nos da ánimos para transmitir y contagiar a los que abran sus corazones a la acción del Espíritu. Porque es en el Espíritu Santo donde encontramos ese tesoro que todos buscamos: la felicidad eterna.

Las cosas del mundo terminan por esclavizarnos y ser una carga demasiada pesada en nuestra vida. Sus consecuencias son envidia, ambición, poder, riqueza, soberbia...etc, que nos llenan de infelicidad y tristeza. Es la experiencia que observamos en este mundo en el que vivimos. Todas las historias están salpicadas de enfrentamientos y luchas a muerte.

Gracias Señor por darnos tu Espíritu, para que, abiertos a su Gracia, podamos encontrar la sabiduría, la fortaleza y la paz necesaria para llevarte a ti en nuestro corazón y darlos a todos los hombres. Amén.


sábado, 23 de mayo de 2015

DESPOJARME DE MIS PLANES

Jn 21, 20-25


Queremos y confesamos seguir a Jesús, pero, quizás sin darnos cuenta, seguimos nuestras propias ideas y planes. Por nuestra propia naturaleza nos cuesta seguir los planes de otros, y también los de Jesús. Nos resistimos a sus señales, signos o indicaciones, y optamos por los nuestros.

Realmente nos cuesta despojarnos de nuestros egos, y, liberados, seguir los de Jesús. Pedro, al parecer, no estaba muy de acuerdo con que fuera Juan detrás de él y de Jesús, pero, interpelado Jesús, le responde que a él no le corresponde decidir. Pedro tenía sus planes, pero los que importa son los planes de Jesús.

Igual nos ocurre a nosotros. Interpelamos a Jesús y ponemos trabas a sus proyectos. Incluso los rechazamos. Le seguimos cuando nos interesa y cuando los vientos nos son favorables, pero no ocurre así cuando la dirección del viento cambia y sopla en dirección opuesta. No nos da lo mismo, ponemos nuestra condición e interrumpimos nuestro camino y nos paramos. 

Entonces tomamos un atajo que nos parezca  más acorde con nuestros planes y rechazamos los de Jesús. Ponemos nuestras condiciones y establecemos un plan que sea compatible con el nuestro. En otras palabras, encendemos una vela a Dios y otra al diablo, o algo parecido. Es esa la cuestión. Debemos priorizar y poner a Jesús en el centro de nuestra vida y por encima de todos y todo.

Jesús como fundamento y camino de nuestra vida, sin miramientos ni influencias, envidias, o retos que vengan de otros lugares o personas. Él es la Referencia, el Modelo, la Palabra, el Norte que debe impregnar mi vida de criterios, de verdad, de justicia y, sobre todo, de amor.

Nos descubrimos egoístas, pecadores y suficientes. El Señor es el Mesías, el Hijo de Dios Verdadero. Redentor y Salvador bajado del Cielo para salvarnos de la esclavitud del pecado. ¿Cómo no seguirlo? Es Él quien nos llevará por la senda de la Verdad y de la Vida, pues Él es el Camino, la Verdad y la Vida.

viernes, 22 de mayo de 2015

NO HAY OTRA MANERA DE DECIRLE AL SEÑOR QUE LE AMAS SINO AMANDO AL PRÓJIMO

(Jn 21,15-19)


Puedes hablar el idioma que quieras, pero Jesús sólo entendera un idioma: El Amor. Fuera del Amor nada tiene valor, porque lo que no se haga con Amor se hace por egoísmo e interés. El Amor es la prueba del compromiso solidario y del interés por el bien común. 

Donde no existe amor aparecen las rencillas, las envidias, los enfrentamientos, la mentira y el deseo de venganza. Se hace insoportable la vida y viene el caos. Es en ese lugar donde se mueve a sus anchas el Maligno y donde despliega su poder para confundirnos y enfrentarnos. Y si permanecemos solos, sin la asistencia del Espíritu, nuestras posibilidades de amar son nulas, y en cambio las de perdernos, todas. 

Pedro tuvo la sabiduría del arrepentimiento. Abrió su corazón a la Gracia de Jesús y sostuvo su mirada en el Señor. Lloró amargamente su pecado, pero creyó en la Misericordia de Dios y permaneció pacientemente en su Palabra. Pero, ¿qué significamos con permanecer? ¿Qué realmente queremos expresar cuando decimos permanecer en el Señor? Permanecer quiere decir servir, porque la Voluntad de Jesús se hace servicio, y entrega su vida por darse y servir a todos los hombres.

Es esa la Voluntad del Padre, y Jesús ha venido para cumplir la Voluntad del Padre, que no es otra sino servir a los hombres por amor para salvarlos de las garras del pecado. Pero se nos hace difícil entenderlo, porque en nuestra cabeza no entra nada que sea entregado gratis. Nuestro mundo es un mundo de intereses y rentabilidades. Vales por lo que tengas y puedas conseguir. El amor se compra, y a todo se le pone un precio.

Olvidamos que el egoísmo e interés rompe la esencia del amor, porque amar significa darse sin pedir nada a cambio. Y eso está escrito dentro de las entrañas del hombre. Quieras o no quieras, te sentirás mejor y en paz cuando tu amor es desinteresado y gratuito. Ese es el amor que te gustaría recibir y, también, dar. 

Y cuando experimentas que has sido vencido por el egoísmo y el interés, te sientes mal. Sabes y prefieres que ese amor dado gratuito es lo que te gustaría y lo que te hace feliz. Supongo que eso fue lo que experimentó Pedro y otros muchos hombres arrepentidos. Vale la pena levantarse y tender la mano al Espíritu Santo para dejarnos levantar y amar por Jesús.

jueves, 21 de mayo de 2015

JESÚS RUEGA POR TODOS

(Jn 17,20-26)


No es nuestro Dios un Dios que señala y revela el camino y se desentiende de los caminantes que lo emprenden. Todo lo contrario, no sólo lo marca y señala, sino que lo recorre con cada uno de los que, confiados en Él, corresponden con la voluntad de emprenderlo apoyados en su Palabra.

No encontramos en ninguna otra religión un Dios de estas características. Un Dios que nos ama con verdadero amor, hasta la locura de encarnarse en naturaleza humana, y dar su Vida para salvarnos. No hay mayor prueba de amor que ese compromiso extremo de entregarse hasta la muerte. Y una muerte de Cruz, señalada como la muerte más baja e indigna para un hombre. No existe ningún otro Dios que se le pueda igualar.

Nuestro Dios es único, inigualable, misericordioso, justo, verdad, camino, vida, pero de una forma especial, es Amor. Es el Dios Verdadero, creador del mundo, del cielo y la tierra, de todo lo visible e invisible. Señor de la vida y la muerte. Rey del Universo y único Dios. Un Dios en el que encontramos misericordia, comprensión, perdón, ternura, afecto, compañía, alegría, consuelo, gozo, felicidad, pero sobre todo Amor.

 Un Dios que busca salvarnos y unirnos y que se preocupa de nuestra respuesta de amor. Y permanece en cada uno de nosotros para, con nosotros, buscar personalmente caminos y soluciones a los obstáculos que nuestra vida nos presenta. Porque nuestra naturaleza tocada por el pecado es tentada y provocada por el Maligno.

Necesitamos, pues, la asistencia del Espíritu para superar esas pruebas con la que el Maligno quiere alejarnos y perdernos. Pidamos al Espíritu la luz y la sabiduría de encontrar fortaleza y paciencia que nos sostengan y nos ayuden a permanecer confiados a su acción.

miércoles, 20 de mayo de 2015

UN DIOS PADRE, ÚNICO Y VERDADERO DIOS

(Jn 17,11b-19)


Hay un sólo Dios y un sólo camino de salvación. No hay otros dioses ni otra forma de ser dios sino la que reveló el Señor Jesús. Un Dios Padre que nos ama y nos cuida, y que acabada la misión de su Hijo Jesús, es requerido por éste para que no nos deje solos y nos proteja de los peligros del mundo.

Esta es la gran diferencia. Nuestro Dios es el único y Verdadero porque es un Dios Amor. Un Dios que se implica en nuestra salvación y que se hace el único y verdadero camino por el que podemos salvarnos. Mientras otros dioses nos dan una doctrina, método o normas para que las cumplamos, manteniéndose ellos fuera de nuestro camino, el Dios de nuestro Señor Jesús nos invita a caminar con Él y a dejarnos conducir y salvar por su Misericordia y Amor.

No nos salvamos nosotros por nuestro cumplimiento y esfuerzo, sino que es la Gracia del Dios revelado por el Hijo quien nos redime por su Misericordia y Amor. Sí, nos hace libre para que, colaborando con Él, pongamos en sus Manos el regalo de nuestra libertad y, dejándonos amar dejemos redimirnos por su Amor. 

Jesús nos revela hoy al Único y Verdadero Dios que nos busca y se hace el encontradizo para ofrecernos su Amor incondicional y su Misericordia Infinita. Él es el Mesías prometido, el Hijo de Dios Vivo, que se hace Hombre para, entregando su Vida por nosotros, pagar un rescate de salvación que sólo está al alcance del Dios Verdadero. 

Jesús ruega al Padre, momentos antes de su Ascensión, pidiéndole que nos proteja ante los peligros del mundo, para que, fortalecidos e iluminados por su Gracia, seamos capaces de superar las pruebas y obstáculos que el mundo nos ofrece. Nunca pactando componendas que nos separen el amor a Dios del amor al prójimo. Porque es precisamente en el amor a los hombres donde Jesús es glorificado al entregar su vida por la salvación de todos.

Por eso, Señor, consciente de mis pecados, mis fracasos y debilidades, te entrego mi vida y mi libertad para que, glorificada en Ti, sea capaz de amarte a Ti amando a los hombres. De manera especial a los más pobres, desposeídos, enfermos y necesitados. Sé Señor que no estoy a la altura de lo que Tú me has dado y me pides, y que nunca lo estaré sin Ti, pero no pierdo la esperanza de que, por tu Gracia, mi corazón sea transformado. Amén.

martes, 19 de mayo de 2015

CRISTO SE UNE A NOSOTROS

Jn 17, 1-11


Hace días hablábamos de un Dios que se implica con el hombre que ha creado. Un Dios que no se aparta ni se aleja, sino que se acerca y busca al hombre para amarlo y salvarlo. Un Dios que no se va, sino que se queda y se une a cada uno de nosotros.

Nuestro Dios es un Dios diferente. Es un Dios que no nos explica una doctrina y nos exhorta a cumplirla, sino que la enseña, la vive, y quiere también vivirla con nosotros. Para eso, se pone el primero y camina delante de nosotros dándonos testimonio de su amor. No hay ningún Dios como el nuestro. Realmente, Jesús es el Hijo de Dios Vivo y Verdadero.

Un signo que nos indica su Divinidad como es la Paz. Dónde esté el Señor, allí tendrá que haber paz, y donde hay paz se hace la Voluntad de Dios. Por lo tanto, todo creyente debe vivir en la paz, y, para eso, dejarse amar por Dios, porque Dios es Amor y Paz. No significa eso que dejemos de luchar, sino todo lo contrario: luchar de forma constante y paciente por lograr que reine el amor, la justicia y la paz entre los hombres.

Jesús nos propone vivir en la Verdad y la Justicia. Ambas van unidas, y así, respecto a la unidad también debemos de estar y permanecer todos los hombres. Porque sólo hay una verdad, y sí una Verdad, una sola también Justicia y un sólo Camino. Todo se hará entonces como nos sugiere la Voluntad de Dios. Todo lo demás son desviaciones y caminos erróneos.

No olvidemos que nunca estamos solos aunque lo parezca. El Espíritu de Dios permanece en nosotros si nosotros le permitimos, y en Él estamos seguros, y nada nos puede ocurrir que nos haga perder el Tesoro de nuestra vida y amor al Señor. Entonces viviremos en paz, porque la paz nace de la semilla de la Verdad y la Justicia.

No estamos escuchando a alguien que propone una doctrina y que luego, él cumple solo sin implicarse en los demás. Ni de un profeta que habla y no se sabe bien si él cumple o dónde se encuentra. No hablamos de los que proponen, sino de Alguien que propone, pero primero lo vive, da ejemplo, lo sufre y padece y lo ofrece con la garantía de que Él lo ha hecho de forma satisfactoria venciendo y realizándolo.

Ese es el Señor, que tiene Palabra de Vida Eterna y lo demuestra y prueba con su Resurrección

lunes, 18 de mayo de 2015

NO HAY POR QUÉ TENER TEMOR, CRISTO HA VENCIDO AL MUNDO

Jn 16, 29-33


Podemos experimentar que el mundo está mal y que no hay quien lo arregle. Se suceden fiestas centradas en el sexo, porno y en darle riendas suelta a las apetencias y al cuerpo. Prima las satisfacciones, el gozo y la lujuria. La vida hay que vivirla. Experimentamos que la fe en Cristo se debilita y que no podemos resistirnos a las tentaciones del mundo, demonio y carne.

Los valores del consumismo, del capitalismo, de la sensualidad y del materialismo están en boga y en todo lo que suponga ponerse en sintonía con las exigencias evangélicas. Pero, este conjunto de valores y de maneras de entender la vida no dan ni la plenitud personal ni la paz, sino que sólo traen malestar e inquietud interior.

 No va la gente contenta y alegre por las calles. Al contrario, van enfurruñadas, cerradas, tristes y preocupadas por un futuro que no ven nada claro, precisamente porque se lo han hipotecado al precio de un coche, de un piso o de unas vacaciones que, de hecho, no se pueden permitir. La experiencia nos revela que detrás de todas esas cosas, que vivimos en el mundo, hay una puerta falsa que conduce al vacío y sin sentido. El mundo no ofrece soluciones verdaderas, sino espejismos que pronto desaparecen sumiéndonos en la perdición y muerte.

Cristo ha vencido al mundo. Nos anima a vencerlo también nosotros. Ha tenido que sufrir padeciendo una muerte de Cruz, pero ha Resucitado. Y con su Resurrección ha alcanzado la Vida Eterna, aquella que no tiene obstáculos ni límites, porque ha vencido todos los límites y ha superado todas las dificultades. 

Nuestro camino no será un camino de rosa, pero injertado en el Señor podemos recorrerlo y superar todos los obstáculos y dificultades que salgan al paso. Superar pérdidas de amigos; separaciones de personas amadas; fracasos de proyectos y debilidades humanas son muertes que irán acaeciendo a lo largo del camino, pero recorriéndolo en el Espíritu de Dios iremos venciendo cada uno de esos obstáculos.

Nos apoyamos en Ti, Señor, y caminamos en paz a pesar de los peligros que nos acechan, porque sabemos y confiamos que al final Tú nos sostendrás en pie para alcanzar el triunfo.