martes, 20 de diciembre de 2016

ABIERTA A LA ACCIÓN DEL ESPÍRITU

(Lc 1,26-38)
La cuestión es estar dispuesto y abierto a la acción del Espíritu Santo. No se trata de lo que somos, podemos o tenemos. Simplemente, Dios mira la disponibilidad y humildad de nuestro corazón, porque, abiertos a su Gracia, Él tomará nuestra vida y transformará nuestro corazón.

Esos son los atributos de María: humilde, sencilla, disponible ante la Voluntad de Dios, generosa y llena de Gracia, porque el Señor la mira y derrama sobre ella su Gracia. Y Dios tiene sus planes para ella, como también los tiene para ti y para mí. Claro, Dios no nos ha creado para que sobráramos, sino que ha pensado en tu misión y también en la mía. Descubrirla nos toca algo a nosotros, porque Dios nos está tocando a través de su Espíritu en cada instante.

No se trata de desesperar, sino de esperar. María, espera pacientemente con humildad, sencillez, entrega y generosidad, y el Señor la elige. No es cuestión de hacer, sino de esperar que el Señor haga en ti. Eso sí, tú tienes que tener el campo abonado para que la semilla de Dios pueda germinar y dar frutos. Y ese abono tiene que contener las semillas de la humildad, de la sencillez, del servicio, de la entrega, del amor.

Dios toma lo pequeño, lo humilde, lo que no hace ruido, lo que no se mira y está perdido en el mundo de los hombres. Una chica joven, humilde, insignificante, sin notoriedad; un pueblo pequeño sin ninguna relevancia, ni siquiera reseñado en el mapa. Un acontecimiento sin espectáculo, pero un acontecimiento grandioso, inmenso, vital para la vida del hombre.

Prepararnos para la Navidad es contemplar estas sencillas estampas del nacimiento del Señor, el Hijo de Dios, y de las actitudes de María y José. Contemplarlas que significa imitarlas y reflexionarlas y descubrir cuáles son las mías. ¿Busco yo vivir la disponibilidad de estar abierto a descubrir lo que Dios espera de mí?

lunes, 19 de diciembre de 2016

PROFECÍAS Y MILAGROS

(Lc 1,5-25)
Muchos nos preguntamos por señales, signos o milagros que nos descubran la Divinidad de Dios, y los pedimos como pruebas para creer. Exigimos pruebas a quien nos ha dado la vida. Y, de manera soberbia, mantenemos los ojos cerrados ante lo que ocurre delante de nosotros.

En la primera lectura del Evangelio de hoy, Jueces 13, 2-7. 24-25a; se nos proclama como Dios, por medio de un ángel comunica a una mujer estéril que va a tener un hijo. Y con las mismas condiciones que, siglos después, lo hará con la mujer de Zacarías, comunicándole a este que su mujer, estéril, va a tener un hijo. Hijo, Juan el Bautista, que preparará los caminos del Señor.

Y así sucede cuando llega el momento y la hora. Todo se cumple según ha sido comunicado y narran las escrituras. ¿No significan estos acontecimientos, señales, signos y milagros el poder Omnipotente de Dios? ¿Tan cerrado están nuestros ojos que no vemos las signos proféticos que Dios nos revela y nos ofrece?

El nacimiento del niño. llamado Sansón, y luego, muchos siglos después, el de Juan el Bautista, son, entre otros, signos y señales con las que Dios ilumina y se revela a su pueblo, para terminar en la plenitud del nacimiento de su Hijo, el amado y predilecto. Nuestro Señor Jesús. Cada época tiene su señal, y en la plenitud de los tiempos, nace en Belén el Salvador y Mesías prometido, que alumbra el Camino, la Verdad y la Vida para todos los hombres.

Pidamos tener los ojos abiertos, y bien abiertos, para ver en estos momentos que nos ha tocado vivir las señales que nuestro Padre Dios nos envía en el Espíritu Santo. Abramos nuestro corazón para que bien despierto nuestros ojos vean al Salvador que quiere nacer cada día dentro de nosotros.

domingo, 18 de diciembre de 2016

JOSÉ, UN HOMBRE DE DIOS

(Mt 1,18-24)
No cabe duda que tanto María como José tuvieron una gran participación en la obra redentora de Dios. Y queda al descubierto y para admiración de todos, la fidelidad y fe depositada en las Manos del Señor al porner en Él toda su confianza. Dejar tus proyectos y sueños para aceptar los que el Señor te propone no es tarea fácil. Quizás preguntándotelo puedes calibrar lo duro y difícil de responder afirmativamente.

José no podía comprender que ocurría con María. Sabía que era imposible lo que estaba viendo, pero era la realidad. Pero José conocía a María yo no podía creérselo. Tanto es así que desidió repudiarla en secreto. No quería perjudicarle. Dice la Bilbia de él que era varón justo. Podemos suponer los momentos y días que tuvo que pasar José. Y también María.

Podemos preguntarnos:  ¿Cómo seguir adelante cuando la vida se nos complica tanto? Esperamos que todo con el Señor nos vaya mejor, pues se lo pedimos, y sin embargo sucede lo contrario. Nace en nosotros la tentación del rechazo y abandono. Y ocurre lo contrario, tanto María como José escuchan la Palabra del Señor y aceptan su Plan.

Me gusta imaginar los deseos que tendría José de encontrar una justificación, una razón para llevar a María a su casa. Porque, también lo quiero suponer, sabía de su honradez y sinceridad. Y es que cuando uno quiere escuchar al Señor porque cree en su Palabra y se fia de Él, el Señor le responde. Así, José recibió la respuesta por medio del ángel y comprendió lo que estaba ocurriendo. Quizás no lo entendió, pero le bastaba con saber que era obra del Espíritu Santo.

Posiblemente a nosotros nos esté ocurriendo lo mismo. No llegamos a entender los planes y designios de Dios para con nostros, pero, ¿nos fiamos de Él? Esa es la cuestión que debemos aprender de María y José.

sábado, 17 de diciembre de 2016

EL ABAJAMIENTO DE JESÚS

(Mt 1,1-17)
Jesús no se abaja de palabra sino de verdad. Se hace humilde y pequeño, y su genealogía no es inmaculada, y no esconde su humanidad ni su lado bueno y malo. En ella, sus antepasados, hay de todo, desde santos a pecadores. Todo queda al descubierto. Es el Mesías encarnado, hecho Hombre y nacido en el seno de María, la Inmaculada, por obra del Espíritu Santo.

La realidad y el Misterio de la encarnación toman realismo y se hace presente en la vida del hombre. Jesús, tomando Naturaleza Humana se acerca a nosotros para darnos testimonio de su amor, y lo hace desde la convivencia con los hombres de su época y con el amor de sus obras y compromisos. Todo tal y como la Voluntad del Padre le ha mandado.

Jesús nace sin ruidos, sin aspavientos y humildemente. Jesús nace pobre y vive entre y para los pobres. Porque sólo los humildes y pobres podrán entenderle. Ahora toca prepararnos y nuestra preparación pasa por revestirnos de humildad y abajarnos hasta el punto de hacernos esclavos del amor. Y experimentamos, Señor, que sin tu Gracia no seremos capaces de revestirnos y nacer de nuevo a una vida limpia de pecado. 

Por eso, animados por la esperanza de tu venida, queremos pedirte fortaleza y voluntad para abrirnos a tu Gracia y responder con nuestro testimonio de vida a nuestro compromiso de Bautismo.

viernes, 16 de diciembre de 2016

JUAN DEJA EL CAMINO ABONADO

(Jn 5,33-36)
No cabe duda que Juan había hecho un trabajo. Un trabajo de conversión para muchos que, más tarde, siguieron a Jesús. Andrés y Simón, hermanos, fueron discípulos de Juan, y luego siguieron a Jesús, señalado por Juan como el Mesías prometido y enviado. 

Jesús encontró a muchos discípulos que, aleccionados por Juan, siguieron a Jesús y escucharon sus Palabras. Quizás nosotros podamos hacer lo mismo. Claro está que, para ello necesitamos primero convertirnos, porque no puedes convencer si tú no estás convencido. Y en eso debemos aprender de Juan. En las comodidades, en los lujos, palacios, banquetes y la buena vida, difícilmente se puede dar testimonio ni ser ejemplo de conversión. Porque el amor sólo existe y se descubre cuando duele y exige sacrificios.

Sólo desde la Cruz se puede amar. Y sin Cruz no puede haber amor. La vida de Juan el Bautista nos marca la pauta para el camino de conversión. Despojarse y desprenderse de lo que tú y yo creemos que nos da la vida, nos cuesta, porque nos gusta, nos da placer y gozo. Pero también experimentamos que son fugaces, espejismos que pronto desaparecen y caducan.

Necesitamos abrazar la Cruz del Señor. Precisamente la que Él nos va marcando con su Vida después del encarcelamiento y muerte de Juan el Bautista. Una Vida revelada por sus obras que dejan testimonio de su Palabra y que aclaran todo misterio. 

Ese es el centro de nuestra fe, nuestro Señor Jesús. En Él ser revela el Rostro y el Amor del Padre, y sus obras manifiestan toda la Misericordia que el Padre ha puesto en sus Manos para rescatarnos del pecado con su Muerte voluntaria, por amor, de Cruz.

jueves, 15 de diciembre de 2016

NO BASTA CON SABER DE DIOS, HAY QUE CONOCERLO, AMARLO Y SEGUIRLO

(Lc 7,24-30)
No sólo porque se sepa y conozca a alguien recibimos los efectos de ese alguien. Se hace necesario, aparte de oírlo y conocerlo, seguirle y aplicar lo que nos dice. Sólo respondemos al mensaje de salvación del Señor cuando desde lo más profundo de nuestro ser vivenciamos su Palabra y vivimos en su Amor.

Y eso no pasa desapercibido, porque se nota en muchos signos y gestos que se ven y descubren, y tienen su efecto en la propia vida nuestra y la que nos rodea. El agua se contagia y es cristalina y pura cuando baja desde la pureza y limpieza de la cumbre, pero se contamina y se contagia de impurezas cuando se mezcla con las impurezas del camino que recorre.

Necesitamos llenarnos del Señor y dejarnos abrazar por Él. Necesitamos creer en su Palabra y abrirnos a su Bautismo, que primero nos lo prepara Juan y luego llega con el Espíritu y fuego que nos trae Jesús. Necesitamos limpiar nuestras aguas de tanta contaminación de luces, de consumo, de regalos y fiestas que contagian nuestra fe y la debilitan. Necesitamos despojarnos de todo aquello que nos impide ver y dejarnos limpiar y despegar nuestros ojos con y desde la Palabra del Señor.

Y es que se nos hace difícil si no cambiamos de pedestal y nos abajamos, nos hacemos pequeños, nos revestimos de humildad y nos abrimos a la acción del Espíritu Santo. Nos será difícil ver si no nos dejamos tocar por la Palabra de Dios; nos será difícil andar, si no caminamos siguiendo a Jesús abriendo a la docilidad de su Palabra;  nos será difícil curarnos y desprendernos de todo aquello que nos enferma y debilita si no nos empequeñecemos y reconocemos su justicia.

Por eso, Señor, te pedimos que también nos abra a nosotros los ojos para ver. Ver la verdadera y única Luz que ilumina nuestra vida y la conduce a la Vida Eterna.

miércoles, 14 de diciembre de 2016

¿A QUIÉN ESPERAMOS?

Lc 7, 19-23
De nuevo el Evangelio, hoy el de Lucas 7, 19-23, nos pregunta sobre la actitud y el motivo de nuestra espera. La pregunta es directa, ¿a quién esperamos? ¿En pleno siglo XXI mantenemos la esperanza de que Jesús se hace presente en nosotros y nace cada día que nos esforzamos en amar? ¿Creemos realmente eso que decimos? Entonces, si es así, hoy y cada día se hace Navidad en nuestro corazón.

Porque Navidad es la alternativa de volver a nacer de nuevo. Cada instante volvemos a nacer de nuevo cuando afloramos una actitud buena y una intención de hacer el bien. Porque construimos un mundo mejor en aquellos momentos que también nosotros realizamos una acción buena o aceptamos humildemente la cruz que cargamos sobre nuestros hombros. Nacer a una vida nueva es morir con Xto. Jesús, por amor, a las malas intenciones y al pecado Con Él resucitamos y nacemos a la Vida Eterna.

Y eso es lo que esperamos o debemos esperar. Vivir la alternativa de nacer de nuevo. No esperemos florituras ni regalos; ni tampoco caminos fáciles, cumplidos, promesas o muchas cosas que nos inventamos con el afán de justificarnos. Recordemos que el Señor nos dice: "Misericordia quiero y no sacrificios" Mt 12, 7. El Señor ya nació y no volverá a nacer físicamente, pero sí nacerá cada instante que nosotros le abramos las puertas de nuestro corazón en el esfuerzo de vivir su Palabra en los hombres y circunstancias que nos rodea. Así el mundo verá que Jesús nace cada día.

Por eso, junto a Juan el Bautista, nos preparamos para dejar que Jesús entre en nuestro corazón y nos renueve de nuevo para que, reconfortados en su Espíritu, sigamos el camino y la alternativa de vivir construyendo un mundo mejor.