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lunes, 18 de diciembre de 2023

MISTERIO DE LA ENCARNACIÓN

 
Sí, la realidad es esa, el nacimiento del Niño Dios, o mejor, su encarnación en naturaleza humana es un misterio. Y lo es porque no cabe en ninguna cabeza humana. Es infinitamente más grande que la capacidad del hombre y su capacidad intelectiva es incapaz de comprender esa encarnación ya anunciada desde el Antiguo Testamento por el Profeta.

Y, como es lógico, tampoco cupo en la cabeza de José. No entendió nada hasta que, en sueños, el ángel del Señor le llevo a pensar e intuir que ese Niño era el prometido en las escrituras por el Profeta. Y José creyó, y ese Niño, nuestro Señor Jesús, se crio dentro de una familia, hijo de una Madre inmaculada por la Gracia de Dios y un padre casto y justo.

Y el resultado de la historia ya la sabemos todos. O, al menos, los que han querido leer su historia. La historia de su Palabra. Porque, ese Niño vino al mundo a liberarnos del pecado. Nos anunció con su Palabra el Amor Misericordioso de su Padre y su Voluntad del querer liberarnos a todos del pecado y compartir con nosotros su Gloria Eterna. Para ello, vino voluntariamente decidido a dar su Vida por cada uno de nosotros, fue, porque así era la Voluntad de su Padre, sometido por los hombres al dolor y sufrimiento. No le creyeron y rechazaron su Palabra, lo crucificaron y dieron muerte.

Pero, y ese es el fundamento de nuestra fe, Jesús, el Hijo de Dios, Resucitó y está entre nosotros para acompañarnos en ese camino que, como Él, estamos dispuesto a recorrer y a entregar, por su Gracia, nuestra vida. Para ello necesitamos hacer lo mismo que José, dejarnos iluminar por el Espíritu Santo, recibido en nuestro bautismo y creer en su Palabra.

miércoles, 20 de diciembre de 2017

¿ESTOY YO TAMBIÉN ABIERTO A LA GRACIA DE DIOS?

Lc 1,26-38
Nos resulta, sobre todo a aquellos que leemos a diario el Evangelio, muy conocido este relato de la anunciación, y corremos el peligro de que lo veamos como algo ya tan frecuente, año tras año, que no lo miramos con ojos nuevos ni con la atención de la primera vez. Puede incluso ocurrir que lo recibamos como un acontecimiento más del año y pongamos más énfasis en las celebraciones festivas que en el hecho propio del nacimiento del Hijo de Dios. Soy consciente de que corremos ese peligro.

Son días de muchas luces, de mucha algarabía y de muchos acontecimientos, que este año se ven sobresaltado con las elecciones catalanas. El ruido no nos deja pensar: luces, aires de fiestas, mucha gente por las calles, canciones, lotería, elecciones, regalos, compras...etc. Y del nacimiento del Niño, por quien se celebra estas fiestas, poco se sabe. Da la sensación que pasa por debajo de la mesa.

Hay una oración de la Conferencia Episcopal que dice: "Por todos los fieles cristianos, para que al celebrar el nacimiento del Hijo de Dios, experimenten fortalece en la fe, aprecio por los no nacidos, y la armonía en la familia y en la comunidad cristiana". Tratemos de unirnos a ella y esforcémonos en experimentar esa fortaleza en nuestra fe para llevarla y contagiarla en la familias y las comunidades cristianas.

Porque, la Navidad significa eso, dar nacimiento a Dios en nuestros corazones y vivir la cercanía del dolor de la Virgen al sentirse la elegida y enfrentarse al que dirán, a la reacción y respuesta de su desposado José y todo su entorno familias y social de su época. También tú y yo hemos sido elegidos en y por nuestro Bautismo. Hemos sido ungidos por la Gracia del Espíritu de Dios y configurados como sacerdotes, profetas y reyes, y comprometidos a dar razón de nuestra fe. 

Porque, no es una Noticia cualquiera. Es la Buena Noticia que nos trae la salvación y el perdón de nuestros pecados. Es la Buena Nueva. Nace el Niño Dios dentro de nosotros y, lo hará, en la medida que tú y yo le hagamos un hueco para que, formando su humilde pesebre, nazca en nuestro corazón y nos acompañe todos los días de nuestra vida.

domingo, 18 de diciembre de 2016

JOSÉ, UN HOMBRE DE DIOS

(Mt 1,18-24)
No cabe duda que tanto María como José tuvieron una gran participación en la obra redentora de Dios. Y queda al descubierto y para admiración de todos, la fidelidad y fe depositada en las Manos del Señor al porner en Él toda su confianza. Dejar tus proyectos y sueños para aceptar los que el Señor te propone no es tarea fácil. Quizás preguntándotelo puedes calibrar lo duro y difícil de responder afirmativamente.

José no podía comprender que ocurría con María. Sabía que era imposible lo que estaba viendo, pero era la realidad. Pero José conocía a María yo no podía creérselo. Tanto es así que desidió repudiarla en secreto. No quería perjudicarle. Dice la Bilbia de él que era varón justo. Podemos suponer los momentos y días que tuvo que pasar José. Y también María.

Podemos preguntarnos:  ¿Cómo seguir adelante cuando la vida se nos complica tanto? Esperamos que todo con el Señor nos vaya mejor, pues se lo pedimos, y sin embargo sucede lo contrario. Nace en nosotros la tentación del rechazo y abandono. Y ocurre lo contrario, tanto María como José escuchan la Palabra del Señor y aceptan su Plan.

Me gusta imaginar los deseos que tendría José de encontrar una justificación, una razón para llevar a María a su casa. Porque, también lo quiero suponer, sabía de su honradez y sinceridad. Y es que cuando uno quiere escuchar al Señor porque cree en su Palabra y se fia de Él, el Señor le responde. Así, José recibió la respuesta por medio del ángel y comprendió lo que estaba ocurriendo. Quizás no lo entendió, pero le bastaba con saber que era obra del Espíritu Santo.

Posiblemente a nosotros nos esté ocurriendo lo mismo. No llegamos a entender los planes y designios de Dios para con nostros, pero, ¿nos fiamos de Él? Esa es la cuestión que debemos aprender de María y José.

lunes, 8 de septiembre de 2014

TODO DE FORMA NATURAL COMO CUALQUIER GENERACIÓN

(Mt 1,1-16.18-23)


No son extraterrestres, ni tampoco gente extraña. Son gente de la especie humana como nosotros, y tan normales como nosotros. El Hijo del Hombre nace de una mujer de la especie humana, sencilla, humilde y pobre. Una mujer que pasa desapercibida, sin notoriedad ni relevancia alguna.

Pero lo importante y llamativo es que Dios se hace presente entre los hombres por medio de una mujer, María, y que esa mujer es desposada con José, engendrado por Jacob. Y que de esa unión, sin llegar a vivir juntos, María es elegida para ser la Madre de Jesús por obra del Espíritu Santo. Eso movió la intención de repudio de José que más tarde, avisado en sueños por el Ángel, fue advertido de la intervención de Dios.

Sabemos, los que leemos el Evangelio, lo acontecido en este pasaje de las Escrituras, pero lo importante es, como María, reflexionar sobre el nacimiento del niño Dios en nosotros y la disponibilidad de nuestro corazón para guardar, cuidar y vivir las actitudes y estilo de amor de Jesús para con los demás. Esa es la cuestión y no otra. No nos sirve para nada conocer y saber lo ocurrido sino la disponibilidad del amor que estamos dispuestos a gastar.

Esa es nuestra verdadera deuda, volcar todo el amor posible de nuestro corazón, para hacerle un hueco al niño Dios. Y eso sólo se le puede hacer en la medida que estemos cada día más dispuestos a gastar el amor que atesora nuestro corazón.

Pidamos a María que nos enseñe e interceda, como hizo en Caná con su hijo, para que cada uno de nosotros sea cada día más vino bueno y menos agua insípida.

martes, 1 de enero de 2013

CEGADOS POR EL CONSUMO

Lucas (2, 16-21)

Sales a la calle y te invade una corriente de alegría, todos corren y van de prisa. Entran y salen de los comercios y llevan bolsas con compras y regalos. Se oyen palabras de felicidades y la algarabía te contagia y te arrastra.

Sin embargo, se consigues pararte experimentas que,  ¿por qué correr? ¿A dónde voy con tanta prisa? ¿Qué ocurre? ¡Ah!, al parecer estamos a unas horas de despedir un año y dar entrada a otro. ¿Y eso justifica tanto alboroto y consumo? 

No tenemos razones para justificarlo, y menos cuando hay tantos que necesitan ayuda. Sería más importante tratar de que todos tengan más de lo necesario y que haya más felicidad compartida y sobre todo paz y amor. Alguien está tratando de decirnos eso desde una cuna. Un Niño ha nacido y por medio de unos pastores trata de que nos enteremos que la cosa no va por ahí.

No se trata de la alegría de un rato, de unas copas, música y diversión. No es que eso esté mal, es bueno y viene bien, pero con moderación y responsabilidad. Hay muchos niños que pasan frío y no tienen lo necesario para sentirse bien. Quizás tendríamos que pensar y compartir algo más.

Pero no se trata de hacerlo hoy ni ahora. Sí, conviene alegrarnos y divertirnos un poco, pero no viene mal pensar que empieza un año nuevo y que se trata de que ese año sea un año de más compartir, de más solidarizarnos, de más justicia, de más paz y de más amor. 

En eso debemos estar comprometidos y después de comernos las uvas podemos pensar que también otros tienen derecho a comérselas. Brindemos por un año en el que seamos capaces de intentar que el Niño Dios nazca cada día entre nosotros. Una cosa podemos hacer, unos minutos de silencio y pedirle al Espíritu Santo que nos transforme en esas personas que queremos ser.


martes, 25 de diciembre de 2012

HA NACIDO NUESTRO REDENTOR Y SALVADOR

El nacimiento de nuestro Salvador, Jesucristo hombre. «Hoy les ha nacido en ...


Antífona 3: «Mañana será el día de vuestra salvación», dice el Señor, Dios de los ejércitos.

LECTURA BREVE: (Is 11,1-3a)
Brotará un renuevo del tronco de Jesé, y de su raíz florecerá un vástago. Sobre él se posará el espíritu del Señor: espíritu de prudencia y sabiduría, espíritu de consejo y valentía, espíritu de ciencia y temor del Señor. Le inspirará el temor del Señor.

RESPONSORIO BREVE
V. Mañana quedará borrada la iniquidad de la tierra.
R. Mañana quedará borrada la iniquidad de la tierra.
V. Y sobre nosotros reinará el Salvador del mundo.
R. Quedará borrada la iniquidad de la Tierra.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Mañana quedará borrada la iniquidad de la tierra.

Antífona Benedictus: A María le llegó el tiempo de dar a luz a su Hijo primogénito.

CÁNTICO DE ZACARÍAS
Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
  realizando así la misericordia que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que libres de temor,
arrancados de la mano de nuestros enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamaran Profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas,
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
Por los siglos de los siglos. Amén.

Antífona Benedictus: A María le llegó el tiempo de dar a luz a su Hijo primogénito.

lunes, 24 de diciembre de 2012

UNA FUERZA DE SALVACIÓN

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 1, 67-79: El nacimiento del Niño ...


Hoy celebramos la hora del comienzo de la salvación, porque con la Encarnación, Dios se hace Hombre en Jesucristo nuestro Señor, y tomando Naturaleza Humana da comienzo a la historia de salvación que el Padre Dios había pensado desde la eternidad.

Por eso, Zacarías, lleno del Espíritu Santo eleva un canto de alabanza que manifiesta este misterio de salvación, porque nos ha sido dado un Mesías, un Salvador que viene a salvarnos de nuestros enemigos y de las manos de todos los que nos odiaban haciendo misericordia a nuestros padres y recordando su santa alianza y el juramento que juró a Abraham nuestro padre, de concedernos que, libres de manos enemigas, podamos servirle sin temor en santidad y justicia delante de Él todos nuestros días. 

Y él, que había dudado de la Palabra de Dios manifestada por el Ángel, ahora proclama su grandeza y la misión del hijo dado como profeta del Altísimo, pues irás delante del Señor para preparar sus caminos y dar a su pueblo conocimiento de salvación por el perdón de sus pecados, por las entrañas de misericordia de nuestro Dios, que harán que nos visite una Luz de la altura, a fin de iluminar a los que habitan en tinieblas y sombras de muerte y guiar nuestros pasos por el camino de la paz».

Pidamos al Niño Dios la Luz que alumbre nuestras vidas y la humildad de aceptar su Palabra como María y José. Amén.