domingo, 10 de septiembre de 2017

NECESIDAD DE LA COMUNIDAD

Mt 18,15-20
El hombre es un ser en relación, porque sólo en relación puede amar. La individualidad te hace egoísta, pues cuando te aislas sólo existe la posibilidad de amarte a ti mismo. Y eso te hace egoísta e insolidario. Sin embargo, cuando estás relacionado con una comunidad tienes la posibilidad de amar. Porque aparece el sacrificio, la renuncia, la ayuda y la entrega. Es decir, tu posibilidad de amar.

Y en el amor está contenida también la posibilidad de corregir y enseñar. Corregir a aquel que se ha desviado, consciente o inconscientemente. Y, porque le amas, estás exigido a ayudarle y corregirle con caridad y misericordia. Y si persiste en su error, debes ayudarte de otros compañeros que serán testigo de su osadía y error. De persistir deberás notificarlo en la comunidad para que se sepa y así sea tratado. 

Pero, la comunidad, que se hace presente entre un pequeño grupo, tiene su mayor importancia cuando, a partir de dos o más, se ponen de acuerdo en pedir al Señor lo que necesitan para el bien de la misma, y para encontrar luz y sabiduría para la corrección fraterna. Es Palabra del Señor: «Os aseguro también que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, sea lo que fuere, lo conseguirán de mi Padre que está en los cielos. Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos».

Es muy necesario caminar unidos para corregirnos fraternalmente y aprender unos de otros. Es muy necesario ir unidos para, entre todos, encontrar el camino verdadero que conduce a la Casa del Padre. Se hace indispensable ir de la mano para pedir, con Jesús entre nosotros, sabiduría, discernimiento, luz y verdad que nos alumbre el camino y las formas de encontrar actitudes y circunstancias para transmitirnos la verdad que nos ilumine y nos libere del pecado.

sábado, 9 de septiembre de 2017

LOS PRECEPTOS

Lc 6,1-5
Nada hay por encima del hombre sino Dios. Él, Dios, es siempre lo primero para el creyente, y sometido a Él discernirá sobre lo demás. Así fue instituida su Alianza con su pueblo elegido, Israel, un reino de sacerdotes, una nación consagrada. De modo que todo reinado real, idea de todos los pueblos religiosos del antiguo oriente, terminarían en un simbolismo real relación Dios y su pueblo elegido.

Pero un reinado sometido a la Voluntad de Dios. De tal forma que cuando el rey elegido se desviaba, los profetas enviado se encargaban de denunciarlo y advertirlo. No son los preceptos y las normas lo primero, sino la Voluntad de Dios.Por lo tanto, el sábado está hecho para y en función de las necesidades del hombre, y no al revés. Y los preceptos pierden su cumplimiento ante otra necesidad superior, tal es la necesidad de alimentarse ante una necesidad de hambre.

Jesús alumbra esa idea hoy recordando lo ocurrido con David: «¿Ni siquiera habéis leído lo que hizo David, cuando sintió hambre él y los que le acompañaban, cómo entró en la Casa de Dios, y tomando los panes de la presencia, que no es lícito comer sino sólo a los sacerdotes, comió él y dio a los que le acompañaban?».

El cumplimiento no salva. No por cumplir eres mejor, ni estás, por supuesto, salvado. Las prácticas son consecuencia de la fe, y deben fortalecer y llevar al amor. Si no ocurre así, algo falla, y la semilla no dará frutos. Al menos los que se esperaban. Los fariseos descargan su fe en el cumplimiento, y se procuran que los demás los cumplan, excluyéndose ellos de los más pesados.

No es el sábado un día de cumplimientos, ni de guardar leyes o normas. No se tiene fe en razón de actitudes piadosas o reverenciales. Se tiene únicamente fe cuando se ama como nos ama el Señor. al menos cuando nos aproximamos, o intentamos aproximarnos a Él. La fe no es señal del cumplimiento, sino de la experiencia de un encuentro con Aquel que la puede dar. Porque la fe es un don, una gracia gratuita que sólo la puede dar Dios.

viernes, 8 de septiembre de 2017

UNOS ORÍGENES NORMALES

Mt 1,1-16.18-23
Los orígenes de Jesús entran dentro de la normalidad. Así fue todo lo concerniente a Él para bajar a la tierra y tomar nuestra misma naturaleza humana. Su divinidad no presenta rasgos reales, más bien se presenta humildemente y nace en el seno de una familia humilde y común.

En él, sus orígenes, hay de todo, desde extranjeras -Rut y Rahab, mujeres extranjeras- hasta prostitutas, pues Rahab era una prostituta. Dios quiso vincularse con el hombre y su humanidad y tu Naturaleza Divina toma también la humana. Nace de una virgen, la humilde María. La llena de Gracia, y forma parte de una humilde familia de Nazaret. Un pueblo con poca importancia, y del que Natanael dice que nada bueno puede salir.

Dios no presenta a su Hijo bajo los orígenes reales de una nobleza, ni bajo el poder de los reyes de su tiempo, sino que lo vincula a unos orígenes humildes que pueden confundirse con cualquier hombre corriente de su contemporaneidad. Precisamente, esa común procedencia será una barrera para que muchos crean en Él, sobre todo los de su propio pueblo nazareno. Quizás, también para nosotros sea una dificultad recibir a Jesús, el Mesías prometido, desde unos orígenes humildes. Nos gustaría más que fuese un notable y destacado Mesías.

Y todo tiene su cumplimiento, pues estaba ya profetizado: «He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emmanuel», que traducido significa: "Dios con nosotros"-Is 7, 14-. ¿No es esto un prodigio que nos revela el poder de Dios? Un Dios que está por encima de todo, y domina el universo. Dueño y Señor de la vida y la muerte.

Dios hecho Hombre se hace presente entre los hombres y se vincula a nosotros para revelarnos los planes de su Padre Dios, que pasan por su entrega voluntaria a una muerte de Cruz para la redención de todos nuestros pecados.

jueves, 7 de septiembre de 2017

PESCADORES DE HOMBRES

Lc 5,1-11
Yo tampoco entiendo como los apóstoles pudieron dejarlo todo y seguir al Señor. Habían llenado sus barcas de peces hasta casi hundirlas, cosa tampoco muy frecuente, y, llegando a tierra, dejan todo y sigue a Jesús. Realmente, no cabe en nuestras cabezas humanas. Imaginemos que Jesús nos hace una cosa de esas en nuestro trabajo, ¿qué haríamos? Supongo que lo primero que se nos ocurriría era proponerle una sociedad mercantil para un negocio próspero.

Sí, nos deja perplejo aquella actitud de los apóstoles de despojo y renuncia. Sin lugar a duda, creemos que es la mejor opción, porque es el mayor Tesoro. Jesús es el Reino del Cielo, la Fuente de gozo y felicidad que todos buscamos y perseguimos. Y es eterna. Pero, se necesita voluntad y fortaleza para, despojado de nuestra mentalidad humana y egoísta, renunciar a las cosas de este mundo. Es un privilegio descubrir esta limitación de nuestra naturaleza humana, porque puede ser el principio, como los apóstoles, para empezar nuestro seguimiento al Señor.

Porque, reconociéndonos, podemos estar en actitud de comenzar. Y hacerlo descubriendo que sólo podremos si contamos con su Gracia y su Poder. Es el Señor quien nos transforma y le da la vuelta a nuestra mentalidad humana sometida al pecado del egoísmo y las cosas de este mundo. Al pecado de estar bajo el yugo de la sensualidad y materialidad. Él nos lo dice reiteradamente cuando anuncia su venida a redimir y salvar a los pecadores. Viene para eso.

Así que nuestro primer paso es empezar por ese reconocimiento de nuestra debilidad pecadora. Ese darnos cuenta de nuestra condición limitada y humana, y, sobre todo, confiar que con el Señor podemos cambiarla y darle la vuelta. Confiar en Él es primordial y vital para, abriéndonos a su Palabra, dejar que el Espíritu Santo actúe en nosotros y nos transforme en pescadores de hombres.

miércoles, 6 de septiembre de 2017

CADA DÍA, UN MILAGRO QUE NOS DA LA OPORTUNIDAD DE HACER ALGO BUENO POR LOS DEMÁS.

Lc 4,38-44
Seamos consciente del milagro de cada día: "La Vida". Cada día tenemos una nueva oportunidad de hacer algo bueno por alguien, o por muchos que salen a nuestro encuentro o se encuentran en nuestros pasos. Y de, al hacerlo, darles muchos abrazos, como tantas cosas buenas hagamos, al Señor. Se trata de estar atento, de escuchar, de tener una actitud abierta, dialogante, amorosa a hacer el bien.

También, es la forma de proclamar el amor que nos viene del Señor. Porque, le amamos en la medida que amamos con los que nos cruzamos cada día. Es posible que te ocurra como a mí, que te cuesta, y que tienes la impresión que no haces todo lo que debes, o que te sientes incapaz de amar y atender a las personas que te salen al paso. Pero, no desistas. El hecho de querer mejorar y de querer intentarlo es ya algo bueno., y el Señor, que nos ve, nos infundirá la Gracia para terminar amando a su estilo.

Nuestro esfuerzo consiste en ponernos en Manos del Espíritu Santo y estar en plena oración con Él. Él nos dará la asistencia necesaria, nos aconsejará, nos dará fortaleza, inteligencia, sabiduría, ciencia, piedad y temor de Dios. Y, sobre todo, confiar teniendo mucha paciencia y perseverancia. El Espíritu nos acompañará y nos empujará para que, en nuestras debilidades y sufrimientos, seamos fuertes e invencibles. Pero, démosle esa oportunidad.

Y, de esa forma, iremos, casi sin darnos cuenta, proclamando la Palabra del Señor, porque es con la vida con la que se proclama la Buena Noticia, añadiendo la Palabra de Dios cuando la ocasión lo requiere. Muy buena señal si advertimos y experimentamos que no hace falta nuestras palabras, porque eso descubre que nuestra vida va por buen camino.

Pongámonos en Manos del Espíritu Santo, y confiemos en su acción. Estemos atento a responder a la Palabra del Señor y abiertos a movernos, haciendo el bien, donde Él vaya queriendo que vayamos. Sabemos que no es fácil, pero también sabemos que no estamos solos. El Señor está con nosotros y nos lleva de su Manos. Él sabe de nuestra fragilidad y nos da la fuerza que necesitamos para llevar a cabo la tarea que espera de nosotros.

martes, 5 de septiembre de 2017

UNA FORMA DIFERENTE DE ENSEÑAR

Lc 4,31-37

Jesús asombra con su Palabra. Su forma de transmitir es nueva y diferente a todas las conocidas en el tiempo. Él, siendo sencillo y humilde, sin haber estudiado -Jn 7, 15- transmite autoridad y seguridad en sus Palabras. Observa la vida y la naturaleza que nos rodea, y saca de ella sus enseñanzas con la autoridad que le viene de arriba, de su Padre Dios, con el que guarda una estrecha e íntima relación.

Jesús conoce su misión de enseñar. Tiene que transmitir la Palabra de salvación de su Padre Dios. Para eso ha sido enviado. Y acude a la sinagoga con frecuencia a enseñar los sábados. Su Palabra llega al corazón de los que le escuchan. No pasa desapercibida. Además se corresponde con sus obras. Expulsa a los demonios inmundos, como al de aquel hombre que le increpó acusándole de querer destruirlo y descubriendo que era el Santo de Dios.

Había en la sinagoga un hombre que tenía el espíritu de un demonio inmundo, y se puso a gritar a grandes voces: «¡Ah! ¿Qué tenemos nosotros contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres tú: el Santo de Dios». Jesús entonces le conminó diciendo: «Cállate, y sal de él».

Quedaron todos asombrados y pasmados y no daban crédito a lo que estaban viendo. Se sorprendían que mandara con autoridad y poder, y le obedecieran los espíritus inmundo. Su fama se extendió por todos los lugares de la región. Y ha llegado hasta nuestros días. Jesús es conocido en el mundo entero, pero, quizás, nosotros nos hemos acostumbrado a esa fama que ya no nos sorprende ni nos asombra.

Posiblemente, sus obras ya son rutina para nosotros, y escuchamos milagros en Fátima, Lourdes, Medjugorje y otros y no nos afecta. Quizás nos sorprendemos en un instante, pero al día siguiente, el trajín de la vida y nuestras caducas operaciones nos distraen y nos meten de nuevo en este mundo absurdo y sin esperanza.

lunes, 4 de septiembre de 2017

DESDE NUESTRA HUMANIDAD

Lc 4,16-30
Erre que erre, siempre miramos las cosas desde este mundo. Estamos encorsetados dentro de él y esclavizados a su yugo y a sus criterios. No podemos entender que sus Planes son otros y que no están sujetos a nuestra humana forma de mirarlos. Somos limitados y no entendemos nada fuera de nuestra propia humanidad. Seguimos viviendo con los ojos puestos en este mundo y buscando soluciones a nuestra felicidad en las cosas de este mundo.

La clave está en darnos cuenta que eso es muy normal. Aún no siendo de este mundo, estamos anclados en él y, por nosotros solos, no podemos escapar a su esclavitud. Necesitamos la Gracia del Señor para escapar a su yugo. No ven más, y Jesús, a su forma de ve, es uno más de su pueblo. El hijo de José y María. Y exigen pruebas y que les demuestre todo eso que se oye de Él.

¿No nos pasa a nosotros lo mismo? No estamos convencido de todo lo que oímos y leemos en la Sagrada Escritura. Estamos predispuestos a poner trabas y dificultades. Nos asedian las dudas, y son nuestros planes los que mandan en nosotros. Incluso, como Pedro ayer, le increpamos a Jesús para que los acepte. 

Y más si quien nos habla es alguien de nuestro pueblo y bien conocido. Nadie es profeta en su tierra nos dice Jesús: «En verdad os digo que ningún profeta es bien recibido en su patria. Os digo de verdad: muchas viudas había en Israel en los días de Elías, cuando se cerró el cielo por tres años y seis meses, y hubo gran hambre en todo el país; y a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una mujer viuda de Sarepta de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo, y ninguno de ellos fue purificado sino Naamán, el sirio». 

Sucede así, y el pan de los hijos es ofrecido a los extranjeros, porque en ellos es mejor aceptado y recibido. Sucede también con nosotros y nuestras familias y pueblos. La Palabra se desprecia o no se valora y no se escucha, o se expulsa. Y es que desde nuestra humanidad no podemos entender a Dios. Hay que despojarse de todo aquello que nos contamina y nos impide entender el pensamiento de Dios. Y lo mejor es ponernos en Manos del Espíritu Santo.