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martes, 17 de diciembre de 2024

UN DIOS ENCARNADO EN UNA HISTORIA HUMANA

Jesús no aparece por arte de magia, sus orígenes se remontan a una generación cargada de personajes históricos entre los que hay pecadores y pecadoras. José, su padre adoptivo pertenece a la tribu de David, tal y como se dice en el Evangelio y se había profetizado.

Tales orígenes dejan demostrado la humanidad carnal de Jesús. El Hijo de Dios tomó naturaleza humana y se hizo hombre como nosotros. Sus orígenes dejan de forma meridiana su abajamiento a la condición humana, rebajándose y despojándose a sí mismo de tal forma hasta el extremo de ser igual que a los hombres haciéndose obediente hasta la muerte. Y una muerte de cruz.

Un Dios hecho hombre, y un Dios que tomando naturaleza humana, se hace Niño, nace en la humildad de una familia judía y pasa todo el camino natural de desarrollo hasta ser un hombre, donde empieza a proclamar la Buena Noticia del Amor Misericordioso que su Padre le envía a anunciarnos.

sábado, 17 de diciembre de 2022

ORÍGENES DE JESÚS

Como todo ser humano detrás de su historia hay una familia, unos orígenes que comportan su procedencia y su ascendencia. Jesús, como todos, tiene tras de sí una historia humana marcada por sus antepasados, sus orígenes, su familia. Y en ella encontramos de todo, ovejas blancas y negras y no se esconde nada. Diferente a los pueblos que a la hora de contar su historia hablan de sus glorias y grandeza escondiendo o minimizando sus errores y miserias. Los orígenes de Jesús descubren todo lo que en ellos hay.

No hay ningún secreto en la ascendencia de Jesús. En ella se encuentra de todo dejando ver así su ascendencia humana. Su genealogía no presenta un expediente inmaculado sino todo lo contrario, Aparecen pecados como el homicidio (David), la idolatría (Salomón) o la prostitución (Rahab). Y junto con ello hay momentos de gracia y de fidelidad a Dios, y sobre todo las figuras de José y María, «de la que nació Jesús, llamado Cristo» (Mt 1,16).

Lo significativo y verdaderamente importante es descubrir ese lado humano que Jesús nos presenta y que nos descubre que Jesús fue verdadero hombre encarnado en Naturaleza humana que habitó entre nosotros. Y meditar en nuestra espera, tanto la que celebramos en estas próximas fiestas como – lo verdaderamente importante – la que trasciende a lo largo de nuestra vida y que se manifestará en nuestra hora final.

viernes, 17 de diciembre de 2021

LOS ORÍGENES DE JESÚS

Mt 1,1-17

Jesús no aparece de repente. Tiene su familia y sus orígenes humanos. En muchos ambientes y tradiciones se suele identificar a la gente según su procedencia. Sobre todo cuando hay muchos nombres comunes y frecuentes. Así, diríamos, José el de la casa de los Rodríguez – por ejemplo; o José el de los Pérez y…ect. Pues bien, Jesús es el de la Casa de David, porque su padre, José viene de esa casa.

Y sus orígenes son muy humanos y con gente de toda condición, santos y pecadores. En la historia genealógica de Jesús hay todo tipo de personajes y todo tipo de pecados – homicidios (David), idolatría (Salomón) o prostitución (Rahab) y momentos donde la fidelidad y gracia a Dios se hacen notables y presentes, hasta llegar a José y María, la madre y padre adoptivo de Jesús.

Lo notorio e importante es que, todos aquellos que han tenido un encuentro serio e importante con Jesús han experimentado un cambio radical en sus vidas y una forma de verla diferente. Un cambio donde el Amor es el centro de su actuar y obrar. Impresiona la Figura y Persona de Jesús, su preocupación, servicio y obra a favor de los más necesitados y su trayectoria, que podemos resumir diciendo. Toda su vida pasó haciendo el bien.

Él da verdadero sentido a la vida, la llena de esperanza de salvación eterna. Porque, Él es signo de salvación y triunfo venciendo a la muerte. Y lo refleja ya en su día a día con sus curaciones y resurrecciones que van proclamando que realmente es el Mesías esperado.

viernes, 2 de agosto de 2019

UN NUEVO AMANECER CADA DÍA

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Mt 13,54-58
El problema de la rutina es vivir cada día siguiendo las pautas del anterior. Es decir, vivir de una forma sistemática considerando cada día como un capítulo siguiente del anterior. O mirando el hoy como continuidad del ayer y vivir anclado en el pasado de forma rutinaria y sistemática apoyado en unas prácticas religiosas fundamentadas en cumplimientos establecidos por la ley y la doctrina.

Sería un gran error empezar cada día como continuidad del anterior, porque eso convierte nuestra vida en una rutina. Confieso que así he vivido mucho tiempo y, sin darme cuenta, te instalas en esa rutina que se te cuela de manera invisible y de forma cómoda. Se hace necesario romperla y salirse de ella buscando nuevas tierras prometidas. Y cuando hablo de salir quiero significar la actitud de buscar cada día una nueva vida y un nuevo reto ante la Palabra de Dios que te interpela y te llama.

Hoy, por ejemplo, el Señor nos advierte del cansancio del camino que puede afectarnos revestiéndonos de una indiferencia irreconocible e irreconciderada respecto a nuestros ambientes y círculos familias, sociales y próximos. Se nos señala y marca por nuestros orígenes y no por lo que somos y decimos en estos momentos. Se nos sitúa atendiendo y mirando nuestro pasado y no por el presente. Se nos juzga y valoriza no por lo que hacemos y decimos ahora y hoy, sino por lo que hemos sido y hecho ayer.

¿Acaso no es cada día un nuevo día, valga la redundancia? ¿Acaso no actúa la Gracia d Dios cuando y donde quiere? Empezar cada día desde cero es volver a nacer de nuevo cada amanecer, y hacerlo injertado y desde el Espíritu de Dios. Un Espíritu Santo que hemos recibido el día de nuestro bautismo.

lunes, 17 de diciembre de 2018

JESÚS ENCARNADO EN UNA DESCENDENCIA

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Mt 1,1-17
Jesús no aparece desencarnado de una descendencia humana. Sus orígenes están bien localizados en una descendencia generacional que llega hasta el momento de su nacimiento. Unas generaciones que se enmarcan en tres grupos de siete. Desde Abrahan, padre de la fe hasta David; desde David hasta que el pueblo es deportado a Babilonia y desde la deportación a Babilonia hasta Cristo.

No aparece Jesús desligado de una descendencia. Tras de sí hay toda unas generaciones donde se encuentra de toda, desde mujeres extranjeras, rameras y paganas. Mateo parte desde Abrahan, pero Lucas llega hasta Adán. Lo verdaderamente importante es que Jesús se hace hombre con un pasado generacional que le vincula a su encarnación como Hijo de Dios en Naturaleza humana.

Una encarnación que le iguala a cualquier humano y, abjándose y despojándose de todo privilegios deja su Naturaleza Divina para igualarse al hombre menos en el pecado. Y, como hombre, emprende el camino que le lleva a descubrir su Misión, la de ser el enviado por el Padre para anunciar a los hombres la salvación. A anunciarlo el Amor de un Padre que nos quiere y que nos ofrece liberarnos del pecado.

Ese pecado que nos tienta cada día y nos hace experimentar lo que no queremos experimentar. Nos enfrenta, por egoísmos, a los otros. Nos duele ver feliz a otros; nos exige que los otros sean como nosotros; nos hace formarnos una idea de las cosas y que queremos que los otros las vean igual. Interpretamos el mundo de una forma y pensamos que esa es la forma verdadera de interpretarlo. Estropeamos todo con nuestra forma de ser y pensar.

Jesús, hombre como nosotros, pero verdadero Hijo de Dios, nos enseña a ver el mundo de otra forma y a pensar que la única manera de permanecer unidos, aceptarnos, querernos y vivir en la verdad y la justicia, es decir, amarnos, es mirarnos en Jesús y abrirnos a su Palabra. Porque, Él es el verdadero y único Camino, Verdad y Vida.

viernes, 8 de septiembre de 2017

UNOS ORÍGENES NORMALES

Mt 1,1-16.18-23
Los orígenes de Jesús entran dentro de la normalidad. Así fue todo lo concerniente a Él para bajar a la tierra y tomar nuestra misma naturaleza humana. Su divinidad no presenta rasgos reales, más bien se presenta humildemente y nace en el seno de una familia humilde y común.

En él, sus orígenes, hay de todo, desde extranjeras -Rut y Rahab, mujeres extranjeras- hasta prostitutas, pues Rahab era una prostituta. Dios quiso vincularse con el hombre y su humanidad y tu Naturaleza Divina toma también la humana. Nace de una virgen, la humilde María. La llena de Gracia, y forma parte de una humilde familia de Nazaret. Un pueblo con poca importancia, y del que Natanael dice que nada bueno puede salir.

Dios no presenta a su Hijo bajo los orígenes reales de una nobleza, ni bajo el poder de los reyes de su tiempo, sino que lo vincula a unos orígenes humildes que pueden confundirse con cualquier hombre corriente de su contemporaneidad. Precisamente, esa común procedencia será una barrera para que muchos crean en Él, sobre todo los de su propio pueblo nazareno. Quizás, también para nosotros sea una dificultad recibir a Jesús, el Mesías prometido, desde unos orígenes humildes. Nos gustaría más que fuese un notable y destacado Mesías.

Y todo tiene su cumplimiento, pues estaba ya profetizado: «He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emmanuel», que traducido significa: "Dios con nosotros"-Is 7, 14-. ¿No es esto un prodigio que nos revela el poder de Dios? Un Dios que está por encima de todo, y domina el universo. Dueño y Señor de la vida y la muerte.

Dios hecho Hombre se hace presente entre los hombres y se vincula a nosotros para revelarnos los planes de su Padre Dios, que pasan por su entrega voluntaria a una muerte de Cruz para la redención de todos nuestros pecados.

martes, 17 de diciembre de 2013

UNA FAMILIA DETRÁS


(Mt 1,1-17)

Jesús viene al mundo casi en el anonimato. Se le anuncia a los que únicamente le necesitan, es decir, a los pobres, enfermos y necesitados. A los marginados y excluidos de la sociedad, aquellos que no cuentan para nada. Son los pastores, personas desechadas y tomadas como lo último en su época. En ese contexto, y obligado por las circunstancias del momento, Jesús se ve obligado a nacer en un pesebre.

Es la Luz que ilumina a todos, pero que solo los pobres buscan porque andan en la oscuridad de la noche y necesitados de calor. Los otros, los que se sienten cómodos y seguros al calor del mundo, no se dan por aludidos.

Si alguien, el más imaginario o creativo, llega a intuir quien era aquel Jesús le hubiese ofrecido su casa. Se hubiese hecho famoso y, posiblemente, alcanzado la salvación al estar muy cerca de ella. Esos hechos descubren el anonimato y sencillez del nacimiento del Niño Dios.

Y es que Jesús, como cualquier otro, procedía de una familia, de unos descendientes tan normales como la vida misma. Y en la que había de todo. Desde la fe y obediencia de Abrahan hasta el homicidio de David, la idolatría de Salomón o la prostitución (Rahab). No se esconde nada. Se descubre su grandeza, pero también se transparenta sus pecados. Una familia de un Dios que se hace Hombre como nosotros, con su familia y sus costumbres, pero que con su Divinidad limpia y santifica sus orígenes.

Un Dios cuya humildad nos libera y nos salva.