martes, 10 de diciembre de 2019

TÚ, QUE ESTÁS INDEFENSO

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Dios se preocupa por todos, pues, todos son sus hijos, pero, siempre hay, por decirlo con palabras humanas, algunos que tienen alguna preferencia. La tuvo José, hijo de Jacob, con su padre y también la tienen todos los pobres indefensos con su Padre Dios. Porque, Dios busca con más ahinco, por decirlo de alguna manera, a aquellos que están impedidos, son pobres y dependen de los demás. Porque, Dios, busca con total preferencia a aquellos que no se valen por sí mismo - excluidos, pobres, necesitados, inocentes, esclavos, sometidos al poder de los poderosos...etc - para liberarnos y traerlos a su Casa, donde serán felices y liberados de todo sufrimiento.

Es esto lo que Jesús nos dice hoy en el Evangelio: No es voluntad de vuestro Padre celestial que se pierda uno solo de estos pequeños. Dios está pendiente de los pequeños y de aquellos que están a merced de los caprichos y poderes de los otros. Dios los busca y los salva. Es lo que se deduce de lo del pastor y la oveja perdida. Ahora, también tenemos que saber que somos libres y Dios nos pone un Camino y una Verdad para que vayamos bien orientados y no nos perdamos. Se trata de no hacer lo que queramos, sino de hacer la Voluntad de Dos.

No podemos obviar que no se nos ha dicho y advertido. Dios nos busca, pero también nosotros tenemos que corresponder a esa búsqueda que Dios nos promete y cumple. Necesita nuestra libertad y nuestra obediencia. En nuestra Madre María tenemos un reciente ejemplo en el Evangelio del domingo. De ti depende el encuentro con Jesús. Hazte visible a su búsqueda y a su Palabra.

lunes, 9 de diciembre de 2019

LA SALUD O SALVACIÓN INTEGRAL: ALMA Y CUERPO

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De poco sirve, aunque aparentemente creamos que no, sanar de nuestra enfermedades si nuestra alma queda en pecado. Lo verdaderamente importante es salvar nuestra alma, es decir, quedar limpio de pecados, aunque nuestro cuerpo quede enfermo, porque, salvada nuestra alma, nuestro cuerpo quedará también salvado para la Eternidad. Esa es la única y verdadera misión de Jesús, salvarnos integramente, es decir, cuerpo y alma.

Por eso, se entiende y se explica que Jesús le dijera a aquel paralitico puesto delante de Él: «Hombre, tus pecados te quedan perdonados». Y es que Jesús, nuestro Señor, busca nuestra íntegra salvación, la del cuerpo y la del alma. Pues, de nada nos vale salvar el cuerpo en este mundo si perdemos nuestra alma. 

Sucede que muchas veces Jesús, el Señor, se ve obligado a hacer lo que no quiere hacer. Nuestra mente es muy terca y necesitamos ver algún milagro para creer. Sucedió con Tomás y con muchos otros. Jesús cura a aquel paralitico de su parálisis para que los que estaban dudando de su poder misericordioso creyeran. También nos ocurre a nosotros, ¿estás de acuerdo? 

Nos desesperamos cuando nos aflige alguna enfermedad y hace sufrir a nuestro cuerpo. Perdemos la confianza en el Señor. Nuestro cuerpo no vale mucho, pues le llegará su hora y tendrá que corromperse. Importa nuestra alma y que esté limpia de todo pecado. Y sólo el Señor, nos podrá limpiar. Para eso ha venido para salvarnos de la esclavitud del pecado.

No tengamos miedo y pongamos delante de Él, como aquel paralitico, nuestras parálisis, que nos inmovilizan y nos mantienen pasivos, temerosos e imposibilitados de caminar y confiar en el Señor. Él nos sana integramente, tanto del cuerpo como del alma, pero no por un tiempo, sino para toda la vida.

domingo, 8 de diciembre de 2019

MARÍA, PROYECTO DIVINO DE DIOS

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Lc 1,26-38
La vida de toda persona se fundamenta en un proyecto de vida que da sentido real a su vida, valga la redundancia. Un proyecto que evoluciona en diferente etapas de su vida y a través del tiempo. Todos tenemos un proyecto en nuestra vida y, María, también lo tenía. Un proyecto humano con José con el que estaba desposada. Sin embargo, todo cambia en un instante y María, dócil y disponible, acepta el Proyecto  Divino de Dios.

Con estas palabras - Hágase tu Voluntad - María responde y acepta el Proyecto Divino que Dios ha pensado en ella. Y lo hace sin vacilaciones ni titubeos. María cree firmemente desde el primer momento en la Palabra de Dios a pesar de no entender como se iba a realizar y los riesgos y dificultades por las que debía pasar. Pero, después de más de dos mil años muy poco ha cambiado, porque, hoy sigue sucediendo eso en cada uno de nosotros.

Dios ha pensado en ti y en mí, y guarda para nosotros un proyecto divino que empieza en nuestro bautismo y termina con el final de nuestro paso por este mundo. Un proyecto al que tú y yo debemos responder y para el que tenemos que abrir nuestros corazones y dejar que el Espíritu Santo nos guíe y nos oriente. María, también nuestra Madre nos sirve de ejemplo y de guía. Ella se fió del Señor y se puso en Manos del Espíritu Santo para que su vientre sirviera de cuna para la encarnación del Hijo de Dios.

¿Qué decimos nosotros a este proyecto de Dios? ¿Abrimos nuestros corazones y hacemos su Voluntad? Siempre estamos a tiempo y el Espíritu está presto a nuestra respuesta y entrega.Primero, no tengamos miedo, como hizo María, y pongámonos en Manos de Dios.

sábado, 7 de diciembre de 2019

DISPONIBILIDAD Y GRATUIDAD

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Mt 9,35-10,1.6-8
El trabajo se amontona y los obreros son pocos. Jesús nos pide que roguemos al Señor de la mies para que mande obreros a su mies. Y es que la responsabilidad es de todos. La mies no depende del trabajo de unos pocos obreros, porque no dan abasto para cubrir toda la tarea y quedan desbordados por la magnitud de la tarea. La mies necesita del compromiso de todos.

Las injusticias, las carencias, las necesidades de los más pobres y marginados y las tragedias de algunos lugares necesitan del concurso y compromiso de los demás. De manera especial de los que tienen para que compartan con los que no tienen. Mientras unos sufren y padecen todo tipo de necesidades, tanto materiales como espirituales, otros se limitan a disfrutar y pasarlo bien. Sólo se preocupan por su salud y bienestar. ¿No deberíamos preocuparnos por los que tienen necesidad de muchas cosas necesarias e imprescindibles para vivir dignamente?

Si todos ponemos algo de nuestra parte, ¿no estaría las necesidades de este mundo mejor atendido? Nuestra meta no sería tenerlas mejor atendidas, sino plenamente atendidas. Probablemente hay mucha gente que no han tenido la oportunidad de que alguien les ayude a organizarce ni han podido tener los medios y necesidades para vivir con dignidad,y menos aún que alguien le haya podido hablar de Jesús. Y mientras ocurre eso muchos dedican su tiempo a disfrutar y pasarlo bien sin preocuparse por aquellos que sufren. 

Es verdad que necesitamos mirar de frente los problemas de otros muchos que, sin pretenderlo, se han visto envueltos en circunstancias trágicas que las han asolado fuertemente o por guerras entre hombres que buscan el poder y las riquezas. Se hace necesario enviar obreros a la mies para que el hombre pueda tener la opción de conocer al Señor y tener la oportunidad y libertad de experimentar un encuentro con Él.

viernes, 6 de diciembre de 2019

COMO CIEGOS POR EL MUNDO

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Mt 9,27-31
No cabe duda que vivimos en un mundo de luz y de colores, pero también de oscuridades. Hay día que necesitamos tener la luz artificial encendida incluso desde las primeras horas de la mañana cuando se supone que el sol debía de haber salido, pero la oscuridad es tanta que necesitamos ver, y nos ayudamos de la luz artificial. Por otro lado hay quienes ni con la luz artificial pueden ver. Sus ojos han quedado, muchos de nacimientos y otros por algún accidente o enfermedad, cerrados a la luz con la que nos alumbra el sol.

Pero, a pesar de esa oscuridad, tanto para los que, por la Gracia de Dios, pueden ver la luz que da el sol, como también la de la luna durante esas noches claras y hermosas, y los que no pueden ver ni una ni otra, la más importante es la Luz que viene de arriba, de los cielos y nos alumbra, no sólo el camino a través de este mundo, sino el verdadero Camino, Verdad y Vida.

Dentro de nosotros hay oscuridades. Oscuridad como consecuencia de nuestro pecado original, pero también hay luz, una Luz que, regalada en nuestro bautismo, brilla, limpia y alumbra el camino de cada día fortaleciéndonos y dándonos luz para orientarnos y resistirnos a los impedimentos, tentaciones y obstáculos que nos pone y propone el Maligno. Sí, necesitamos ver la Luz verdadera. Esa Luz que es capaz de alumbrar toda nuestra vida. No sólo la material y física, sino también la espiritual, porque, necesitamos salvarnos, no sólo espiritualmente, sino también materialmente. Somos cuerpo y alma, y formamos un sólo hombre, una sola mujer. Necesitamos salvarnos ambos. No sólo el cuerpo, sino también el alma.

Y para eso ha venido Jesús, el Hijo de Dios Vivo. Él nos salva íntegramente, de tal manera que, si pierdes tu vida aquí, material y espiritual, porque no se entiende de otra manera, entregándola a Dios, la ganarás para la Vida Eterna. Pero, por el contrario, si prefieres la oscuridad del pecado y ganar tu vida para este mundo, perderás tu cuerpo y tu alma para la Vida Eterna. Es cuestión de pensarlo.

jueves, 5 de diciembre de 2019

TÚ, SEÑOR, ERES MI ROCA Y MI REFUGIO

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Mt 7,21.24-27
La vida es frágil y en cualquier instante puede resquebrajarse y hundirse en el abismo más profundo, si camina apoyada en sus propias fuerzas, como si sobre arena movediza tratara de avanzar. El hombre, sobre todo cuando va a favor de la corriente, se siente fuerte y se apoya en sus fuerzas e inteligencia, pero la mínima tormenta lo hace zozobrar y se derrumba. Es entonces cuando experimenta su debilidad y su limitada fortaleza humana. 

El mundo puede parecer hermoso y suave para unos pero, para otros puede ser tremendamente duro y difícil. Sin lugar a duda que en esas posibilidades entran en juego nuestro carácter y capacidades y la manera de utilizarla, y también la disponibilidad ante las circunstancias que la vida te presenta. Porque, si te apoyas en ti mismo y en tus propias fuerzas y en las que el mundo te ofrece, te hundirás tarde o temprano, porque todo lo que en él hay tiene fecha de caducidad.

Sin embargo, si tu apoyo es en el Señor, dueño de la vida y la muerte, tu vida que sostenida por su Amor y su fortaleza. El Señor es mi Pastor y con Él nada me falta. Él es mi fortaleza, porque, apoyado en Él soporto las inclemencias del tiempo y los fuertes vendavales a los que la vida me enfrenta. En ellos doy testimonio de mi fe en el Señor. En y con Él todo lo puedo, pues su Amor y Misericordia da verdadero sentido a mi vida.

miércoles, 4 de diciembre de 2019

¡COMPASIÓN!

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Mt 15,29-37
Sentir compasión por aquellos que lo pasan mal es amarlos, porque cuando se ama te preocupa que el ser amado esté bien y no sufra. El sufrimiento es rechazado por el ser humano y el amor se descubre en que ese sufrimiento no lo padezcan las personas. El sufrimiento y la esclavitud del pueblo de Israel en Egipto conmovierón a Dios para liberar al pueblo elegido de su afligimiento y sometimiento. Dios escucho la angustia y sus clamores afligidos a los que estaba siendo sometido por Egipto.

Amar no busca tu propio gozo a costa del otro, sino todo lo contrario, busca el bien del otro. Dios nos ama y busca nuestro bien manifestado en todo lo que hace por nosotros. Nos ha regalado la vida y nos envía a su Hijo para liberarnos de la esclavitud del pecado y llevarnos a la Gloria Eterna. A lo largo del plan de salvación que Dios ha pensado para el hombre nos muestra como nos quiere y como nos perdona todas nuestras ofensas y rechazos. Hace una nueva Alianza con su pueblo después de haber rechazado la primera y les promete la Salvación Eterna a todos aquellos que perseveren y crean en Él.

Dios se compadece del hombre y de su debilidad. Le busca y le ofrece volver a levantarse y emprender el camino. Está comprometido con su salvación. Salvación que no merece el hombre, pero que Dios se la regala pacientemente y misericordiosamente. Sin lugar a duda, el Amor de Dios es un misterio que nunca el hombre podrá entender hasta que Dios se lo permita.
Una y otra vez Dios se compadece del hombre. Hoy en el Evangelio, Jesús, el Hijo de Dios Vivo, siente compasión por las debilidades humanas y, compadecido, alivia su dolor físico, pero también le libera del dolor del pecado que le lleva a la muerte eterna. Una muerte que le separa del gozo de permanecer en el amor junto al Padre y que le invade de dolor y angustia eterna.