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miércoles, 8 de enero de 2025

CUESTIÓN DE SOLIDARIDAD O APRENSIÓN, TÚ DECIDES

Hoy, según lo que vamos experimentando y observado, vemos que, en nuestro mundo, hay más aprensión y recelos que solidaridad y fraternidad. Cada día, en lugar de disminuir las diferencias y saciar el hambre y sed de este mundo, parece que sucede todo lo contrario, aumentan.

Cada día hay más pueblos con hambre, y con inseguridad. Cada día se respetan menos los derechos y la vida, y se persigue en orden a las ideologías imperante que imponen sus ideas y dominios. Cada día la libertad se ve más amenazada y muchos imponen sus credos y creencias. Cada día el hombre es menos libre y se ve abocado a pensar, no como quiere sino como se le obliga.

¿Dónde está nuestra compasión? ¿Dónde queda nuestra solidaridad? ¿Acaso no somos hijos de un mismo Padre Celestial? ¿Cómo es posible que no intentemos la igualdad, el respeto, la libertad y la paz entre todos los pueblos? ¿Acaso no hay alimentos y agua para todos en este mundo? ¿No nos ha dado lo suficiente nuestro Padre Dios para que todos podamos alimentarnos y vivir en paz? ¿Por qué algunos quieren ser los dueños de lo que les pertenece a todos?

Posiblemente esa ha sido la causa de su muerte: La Infinita Generosidad de Jesús, el Hijo de Dios. Ha venido a decirnos que nuestro Padre Dios nos ama, nos perdona y nos señala que todos somos hermanos y debemos compartir nuestro pan.

La cuestión es que muchos no le hacen caso, y así pasa lo que pasa. Eso es lo que realmente vemos.

domingo, 18 de junio de 2023

UNA BÚSQUEDA AMOROSA QUE CONLLEVA ALIVIO, SALUD Y FELICIDAD.

Es evidente que somos seres necesitados. Incluso el poder y las riquezas no dan respuesta ni solución a todos los problemas que se nos presentan. El hombre se siente sometido a su propia naturaleza humana, sobre todo los más pobres, y busca liberarse. Y Jesús, el Hijo de Dios, viene a liberar al hombre de su esclavitud, no solo física sino espiritual al estar herido por el pecado.

Si nos damos cuenta observamos que a pesar de nuestros pecados Jesús, nuestro Señor e hijo del Padre, sale a nuestro encuentro y entrega su Vida por salvar la nuestra. Y lo hace sin ninguna condición y a pesar de que nosotros ni lo merecemos ni le respondemos aceptándole y obedeciéndole.

Y es más, Jesús se compadece y nos dice en el Evangelio de hoy: (Mt 9,36—10:8): En aquel tiempo, al ver Jesús a la muchedumbre, sintió compasión de ella, porque estaban vejados y abatidos como ovejas que no tienen pastor. Entonces dice a sus discípulos: «La mies es mucha y los obreros pocos. Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies”. Y llamando a sus doce discípulos, les dio poder sobre los espíritus inmundos para expulsarlos, y para curar toda enfermedad y toda dolencia. Los nombres de los doce Apóstoles son …

Observamos que Jesús nos marca la prioridad: expulsar espíritus inmundos, curar toda enfermedad y toda dolencia. No se trata de convencer ni de convertir a nadie sino de restaurar la vida y dignidad de las personas. Y realmente experimento que esa es la misión que tenemos que realizar: aliviar, sentirnos compasivos y misericordiosos con el sufrimiento y el dolor de los más necesitados y pobres. La conversión es cosa del Espíritu de Dios que es el único que realmente convierte y transforma nuestros corazones.

sábado, 12 de febrero de 2022

COMPADECIDO, JESÚS DA DE COMER AL GENTÍO

 

Jesús siente compasión por nosotros. Lo hizo durante su vida pública en este mundo y también lo hace ahora a cada instante de nuestra vida. Se compadece de nuestras debilidades y, por su Infinita Paciencia y Misericordia, somos perdonados e invitados a compartir su Gloria para toda la eternidad. ¡Estamos salvados! Posiblemente, no lo advirtamos ni nos demos cuenta de esa realidad, porque, de ser así cambiaría toda nuestra vida y la forma de vivirla.

Eso no nos va a eximir de cargar con nuestras cruces. La muerte es el final de esta vida y tendremos que sufrirla. También, la eternidad en plenitud y a la derecha del Padre tiene una propuesta, el amor. Y no podemos abstraernos ni desviarnos de ese camino. Él nos lo señala con su Camino, su Verdad y su Vida. Sin embargo, como se nos dice hoy en el Evangelio, Jesús se preocupa por el gentío. Sabe que muchos están fatigados, llevan varios días con Él y no quiere despedirlos con el estomago vacío y que puedan desmayar. Preguntan por la comida disponible. Le dicen que hay siete panes y algunos peces. Y Jesús multiplica esa comida para abastecer abundantemente a todos hasta saciarse. Deja bien claro que es el Hijo de Dios; su Amor es incondicional y misericordioso y nada hay imposible para Él.

El Evangelio de Marcos termina así: … Y, pronunciando la bendición sobre ellos, mandó que también los sirvieran. Comieron y se saciaron, y recogieron de los trozos sobrantes siete espuertas. Fueron unos cuatro mil; y Jesús los despidió. Y hoy, como si fuera una continuación de esa multiplicación del pan, seguimos alimentándonos del Pan Eucarístico para fortalecernos y no desmayar en el camino de nuestra vida hacia la Casa del Padre. Un camino que se hace duro, que va contra corriente en un mundo que vive de espaldas al mensaje del Señor. Nada ha cambiado. Hoy hay muchos que siguen rechazando el Anuncio de la Buena Noticia o mostrándose indiferente a su Palabra. Las seducciones del mundo debilitan y fatigan tu peregrinar hacia el encuentro con el Señor. Necesitamos ese alimento espiritual – Pan Eucarístico – que nos fortalece y nos da ánimo y aliento para soportar y vencer las dificultades que nos salen en el camino.

sábado, 13 de febrero de 2021

COMPASIÓN, DOLOR Y COMPARTIR

Mc 8,1-10

El criterio subyace escondido en lo más profundo de nuestro corazón. ¿Es esa nuestra semejanza con nuestro Creador? Posiblemente, porque, cuando vemos sufrimiento y dolor experimentamos compasión y deseos de compartir. El Espíritu de Dios - Espíritu Santo - nos conmueve, nos asiste y nos impulsa a compartir ese dolor y a aliviarlo en la medida de nuestras posibilidades. De ahí la necesidad y la promesa del Espíritu Santo, porque lo necesitamos en cada instante de nuestro vivir diario y de nuestro continúo crecimiento y maduración de fe.

Porque, la fe es un proceso que necesita de nuestra colaboración y esfuerzo, pero, sobre todo, de la asistencia y auxilio del Espíritu Santo. Porque, cada día nos sumergimos en diferentes opciones de misericordia y comprensión que necesitamos entender para decidir. Y es la acción del Espíritu Santo la que nos sugiere el camino y decisión a tomar. 

Hoy, el Evangelio,  nos presenta un episodio donde Jesús, al ver al gentío siente compasión y se duele de verlos sin comida en un descampado. Entonces, esa preocupación le lleva a buscar soluciones para darles de comer. Y, a ese respecto, la Iglesia se duele y compadece de todos aquellos indigentes, sin techo y necesitados que pululan por las calles y necesitan ayuda. La labor de Cáritas es reconocida por todos y en ella está implicada toda la Iglesia desde las colectas parroquiales, el voluntariado seglar y asociaciones que trabajan para mejorar la vida de todos aquellos necesitados.

La labor de la Iglesia en las misiones por todas partes del planeta es enorme. La Iglesia, siguiendo el estilo de Jesús, su fundador, continúa su labor tratando de dar de comer, de auxiliar y dar las necesidades primarias para mejorar la vida de toda las personas. A través de "Ayuda a la Iglesia necesitada" se canaliza muchos programas que van dirigidos a eso, a compartir con aquellos que sufren dolor y ofrecerle alivio y mejoría.

martes, 7 de julio de 2020

MUCHAS CLASES DE POBREZAS

MATEO 9, 32-38 | Evangelio, Apareciste tu, Fariseos
Mt 9,32-38
La pobreza es una lacra que siempre nos amenaza. Pero, hay muchas clases de pobrezas y cada una de ellas representa una lacra que tiene consecuencias en la vida de las personas. Por eso, eliminarlas y luchar contra ellas se hace necesario e imprescindible. Sin embargo, la pobreza más visible y, quizás, más importante es la física o económica. Lo estamos comprobando durante esta pandemia. La economía es lo que más nos importa, incluso antes que la vida de las personas, de forma que se arriesgan la vida de las personas para poner en marcha la economía.

Sin embargo, hay otras clases de pobrezas también muy importante. La pobreza cultural, que excluyes a los que la padecen del ámbito cultural de la sociedad. Hay múltiples eventos culturales a los que los pobres no tienen acceso. Primero, porque su cultura no da para más, y, segundo, porque su tiempo no se lo permite. Pero, también existe la pobreza relacional o pobreza que te aísla y te impide, por carencias de tiempo y oportunidades, relacionarte en los ámbitos sociales donde tienes oportunidad de crecer culturalmente y madurar como persona.

Y todavía está la pobreza espiritual, que te deja un vacío interior de desesperanza y abandono. Siempre se ha dicho que primero hay que llenar el estomago para luego llenar el alma de esperanza y espiritualidad. Espiritualidad que completa la plenitud de la persona - cuerpo y espíritu - porque, sólo alimentando el cuerpo no se consigue la plenitud que busca nuestro corazón. Y esa plenitud necesita de esas pobrezas que, desde la económica llega hasta el espíritu.

Y Jesús, nuestro Señor, se acerca a los pobres y, compadecido de ellos, les asiste, les llena de esperanza y les sana, expulsando de ellos los demonios y toda dolencia que les impida vivir en la esperanza de alcanzar ese Reino de paz, justicia y amor que Jesús anuncia y propone. Conviene, pues, acercarse al Señor y, escuchando su Palabra vivir confiados y esperanzados en que, en y con Él, podemos vencer a esas pobrezas que nos amenazan.

miércoles, 22 de enero de 2020

COMPASIÓN ANTE EL SUFRIMIENTO

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Mc 3,1-6
Jesús viene a liberarnos del sufrimiento. Busca nuestra felicidad y nos la ofrece libremente. No nos coacciona ni nos presiona, simplemente nos la propone y ofrece gratuitamente. Tienes libertad para tomarla o rechazarla. O coger la que tú creas. 

Sabemos que el sufrimiento es causa del pecado, que consiste esencialmente en rechazar a Dios. Eso significa dar la espalda a la verdad, a la justicia y, sobre todo, tal y como hemos dicho, a Dios: Camino, Verdad y Vida. Cuando el hombre pierde la huella de Dios se pierde, valga la redundancia, en el pecado y, como consecuencia, el sufrimiento.Sufrimiento que siempre está presente en nuestra vida y que, tarde o temprano llega como consecuencia de nuestros propios pecados.

Sólo, instalados en el Espíritu Santo podemos asumirlos y aceptarlos de otra manera y darle sentido llenándonos de esperanza y de paz. Sabemos, y es cosa cierta, que la muerte nos llega en algún momento, no conocemos el día ni la hora, pero sí que llegará. Sin embargo, también sabemos que, injertados en el Xto. Jesús, esa hora no es definitiva ni la última de nuestra vida. Es el paso de la muerte a la Vida nueva, a la Vida Eterna que Jesús nos promete si creemos en Él.

Esa es la Buena Noticia que Jesús nos trae y nos anuncia. Es la Buena Noticia de la Misericordia ante la ley excluyente y condenatoria. Es la compasión ante el sufrimiento y la marginación. Jesús no puede dar la espalda ante el sufrimiento del hombre. Está a su lado y continua estando en este momento a nuestro lado.Confiamos y creemos en Él.

miércoles, 8 de enero de 2020

UN CORAZÓN COMPASIVO

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Jesús ha venido para salvar al hombre integral, no sólo del pecado sino también del dolor corporal. Eso no significa que haya momentos de dolor, si no físico, si psiquico. La enfermedad, la muerte o cualquier otra desafortunada circunstancia nos produce dolor, pero, eso es parte del recorrido de nuestra vida, porque es en esas cirucunstancias donde la prueba de la fe se afianza y se descubre.

A Jesús le preocupa el dolor del hombre y trata de sanarlo. El Evangelio de hoy muestra una escena donde Jesús se preocupa por la necesidad de alimento de todos aquellos que le han seguido y, alejados de sus pueblos, sienten ahora la necesidad de comer. Y esta preocupación es una de las tareas que tienen todos sus seguidores. La Iglesia, que continua su labor trata de asistir y satisfacer el hambre de muchas personas, que sufren y padecen, por guerras, dictaduras y ambiciones de sus gobernantes, hambre, libertad y justicia.

Se hace, pues, necesario construir un mundo fraterno, solidario y justo apoyado en la verdad y en el amor. Un mundo que se construya sobre la paz y la fraternidad. Un mundo de justicia, amor y paz. Y en esa misión está implicada la Iglesia siguiendo la misión que su fundador, nuestro Señor Jesucristo le señalo y envió a que predicara y realizara por todo el mundo. El Reino de Dios se construye desde la igualdad fraterna en la justicia y en la verdad.

miércoles, 4 de diciembre de 2019

¡COMPASIÓN!

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Mt 15,29-37
Sentir compasión por aquellos que lo pasan mal es amarlos, porque cuando se ama te preocupa que el ser amado esté bien y no sufra. El sufrimiento es rechazado por el ser humano y el amor se descubre en que ese sufrimiento no lo padezcan las personas. El sufrimiento y la esclavitud del pueblo de Israel en Egipto conmovierón a Dios para liberar al pueblo elegido de su afligimiento y sometimiento. Dios escucho la angustia y sus clamores afligidos a los que estaba siendo sometido por Egipto.

Amar no busca tu propio gozo a costa del otro, sino todo lo contrario, busca el bien del otro. Dios nos ama y busca nuestro bien manifestado en todo lo que hace por nosotros. Nos ha regalado la vida y nos envía a su Hijo para liberarnos de la esclavitud del pecado y llevarnos a la Gloria Eterna. A lo largo del plan de salvación que Dios ha pensado para el hombre nos muestra como nos quiere y como nos perdona todas nuestras ofensas y rechazos. Hace una nueva Alianza con su pueblo después de haber rechazado la primera y les promete la Salvación Eterna a todos aquellos que perseveren y crean en Él.

Dios se compadece del hombre y de su debilidad. Le busca y le ofrece volver a levantarse y emprender el camino. Está comprometido con su salvación. Salvación que no merece el hombre, pero que Dios se la regala pacientemente y misericordiosamente. Sin lugar a duda, el Amor de Dios es un misterio que nunca el hombre podrá entender hasta que Dios se lo permita.
Una y otra vez Dios se compadece del hombre. Hoy en el Evangelio, Jesús, el Hijo de Dios Vivo, siente compasión por las debilidades humanas y, compadecido, alivia su dolor físico, pero también le libera del dolor del pecado que le lleva a la muerte eterna. Una muerte que le separa del gozo de permanecer en el amor junto al Padre y que le invade de dolor y angustia eterna.

sábado, 9 de febrero de 2019

PRIORIDADES

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Mc 6,30-34
El trabajo produce fatiga y la única forma de combatirla es con el descanso. Por tanto, tras el agotamiento se impone descansar porque se hace totalmente necesario. El descanso repone fuerzas, sin embargo, hay momentos que el descanso se debe posponer por.que la necesidad de la persona lo exige.

Regresados los apóstoles de su misión, Jesús, al verlos fatigados les propone buscar un lugar tranquilo para descansar. Se hace necesario buscar espacios de descanso y tranquilidad. Pero, la gente ávida del encuentro con Jesús y de escuchar su Palabra descubre su paradero y acuden a Él en masa. Y Jesús no les defrauda ,viendo que andan desorientados como ovejas sin pastor, siente compasión de ellos y se pone a enseñarles.

¿Qué nos puede alumbrar a nosotros esta forma de proceder de Jesús? Quizás también nosotros debemos de proceder de esa manera y dar prioridad a la persona antes que a nuestras necesidades o apetencias, porque la persona es lo primero y a quien, Jesús, el Señor viene precisamente a servir. Dios encarnado en naturaleza humana viene , a a ser servido, sino a servir. Y servir significa estar atento a las necesidades de los demás.

Danos, Señor, la sabiduría de saber profundizar en esta idea de servicio. Porque, servir es amar, pues el amor se descubre sirviendo. Y sirviendo a la persona de forma gratuita, por el simple hecho de ser persona, creada y amada por Ti. Tú, Señor, nos das la dignidad de ser persona, hijas de un mismo Padre.

miércoles, 5 de diciembre de 2018

¿TENGO YO COMPASIÓN DE LOS QUE SUFREN?


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Mt 15,29-3
Muchas, por no decir todas, iban detrás de Jesús por lo que les podía favorecer el seguirle. Llevaban a todos aquellos enfermos: lisiados, tullidos, sordomudos, ciegos...etc, para ser curados. Y Jesús compadecido de toda aquella gente los curaba. Se descubren que les siguen por esos beneficios y no advierten el anuncio de salvación y de vida eterna.

Igual nos puede pasar a nosotros, perseguimos beneficios y de no ser así nos alejamos de su presencia. Sé de muchos que le han retirado la amistad al Señor porque sus problemas no le han sido resueltos como ellos han pedido. Y, verdaderamente, nos cuesta aceptar su Voluntad cuando la nuestra piensa de otra manera y cree que la solución es tal y como Él la piensa.

Quizás esas son las pruebas que pueden descubrir nuestra fe y que, aunque lo ignoremos y no las veamos, nos son necesaria para poner toda nuestra confianza en las Manos de nuestro Padre Dios. ¿No recordamos las rabietas y enfados que cogíamos de pequeño cuando nuestros padres no nos permitían nuestros gustos? ¿No recordamos cuando nos prohibían jugar más de la hora señalada o de regresar a casa a tal hora? ¿Y todas las cosas que nos prohibían a pesar de nuestros enfados porque entendían que nos perjudicaba?

Sin lugar a duda, hoy, después de que hemos madurado comprendemos cuánto nos querían y cuanto se sacrificaron por nosotros. Hoy comprendemos que todo aquellos que nos exigieron y prohibieron fue por nuestro bien. Pues, si eso lo entendemos, también entenderemos a su debido tiempo lo que Dios, nuestro Padre Infalible, hace por cada uno de nosotros. Dios nos ama más que nuestros padres. El Amor de nuestro Padre Dios es Infinito y no se puede comparar con el de nuestros padres. 

Por tanto, todo lo que nos pueda pasar está mirado y en presencia del cuidado y amor de nuestro Padre Dios y no permitirá que sea para perjudicarnos. Dios mirará siempre por nuestro bien y nos dará lo que necesitemos para llegar a Él. Dios es un Padre compasivo y misericordioso y se preocupa, nos cuida y se compadece de nuestras debilidades y flaquezas.

martes, 18 de septiembre de 2018

UNA ACTITUD COMPASIVA

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Lc 7,11-17
Se nota cuando una situación es extrema y la gente acude. Es decir, se despierta la compasión de la gente. Aquel entierro, que se encuentra Jesús en su camino, estaba marcado por la cantidad de gente que iban acompañando a la viuda, madre del joven fallecido. Una circunstancias extremas de aquella época, viuda e hijo único, que agravan mucha la situación.

El Evangelista destaca todos esos rasgos para detener la atención en la actuación de Jesús. La comitiva mueve la compasión de Jesús que decide actuar compadecido de la situación de aquella madre viuda ante la pérdida de su único hijo. Jesús actúa ahora por verdadera compasión. Se conmueve al ver los llantos y desconsuelos de aquella pobre viuda. 

Me pregunto que sucedió en aquel gentío cuando observaron como Jesús, compadecido actúa y le devuelve la vida a aquel joven. Me pregunto que pasaría hoy si fuésemos expectadores directos de un milagro como ese. Y supongo que quedaríamos impresionado, tal y como sucedió en aquel momento, pero luego la vida de cada uno seguiría su curso.  Realmente es un gran misterio nuestra respuesta de fe. Incluso, viendo nuestra reacción, puede quedar en nada o casi nada. Y lo digo, porque ya lo dijo Jesús en aquella parábola del rico epulón -Lc 16, 19-21- pues si no creen en Moisés y los profetas tampoco se convencerán aunque un muerto resucite.

Cada día hay multitud de señales y milagros que sólo ven aquellos que tienen los ojos bien abiertos por la fe. Muchos ven pero sus ojos están cerrados y ciegos por el mundo. Sí, experimentan emoción, compasión y se conmueven, pero no llegan a la profundidad de dar un giro total a sus vidas y, acomodados en ella, continúan su equivocado camino.

domingo, 9 de septiembre de 2018

AISLARSE ES MORIR

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Mc 7,31-37
Pasa desapercibido, pero para aquellos que lo padecen es algo muy serio. La imposibilidad de oír y de comunicarse es fundamental para el hombre. Simplemente por la simple, valga la redundancia, razón de la necesidad que tiene de relacionarse. El hombre es un ser en relación y necesita al otro para entablar relación. De verse impedido para ello se le presenta un trauma en su vida difícil de superar.

Jesús, según se desprende en los Evangelios, es consciente de ello y, todo ternura y bondad, cura a esas personas sordas, mudas y ciegas que se ven relegadas de participar en la comunidad y de relacionarse con los otros. Es esa la característica más notable, más allá del poder del milagro que se observa en Jesús. Se compadece del limitado y carente de lo imprescindible para participar en la comunidad, en la vida social y mantenerse en relación con los otros.

Y su compasión van encaminada a despertar en nosotros la inquietud y la necesidad de confiar en Él. Nos cura para que sepamos que en Él está el Poder de darnos la vida, pero no la simple vida que ya nos ha dado al crearnos, sino la verdadera Vida Eterna que, escrita en nuestro corazón, buscamos desesperadamente con deseos y ansiedades. Y nuestra respuesta agradecida al ser curados se manifiesta en proclamarlo y en descubrirlo. Por mucho que nos mande a que no digamos nada, no podemos callarnos. Proclamamos su Infinita Bondad y su Poder de sanación.

Pero, lo más importante es descubrir que Dios nos ama, que, encarnado de naturaleza humana entre nosotros, nos cura, nos manifiesta su Amor y nos abre nuestros ojos y oídos para que le escuchemos y le sigamos en su Palabra y en sus Obras. Y, sobre todo, su Infinita Misericordia,  por la que somos salvados y rescatados del pecado, que nos lleva a la muerte, para, por su Amor ser devueltos a la Vida Eterna junto a Él.

sábado, 7 de febrero de 2015

EL CIMIENTO DE LA IGLESIA

(Mc 6,30-34)

La primera enseñanza del Evangelio de hoy es la necesidad de tranquilidad, de un espacio de silencio y paz para que el alma en reposo pueda escuchar y hablar con Dios. Los apóstoles, el grupo de los doce, compartieron con Jesús todo lo que habían hecho, y Jesús les invitó a ir a un lugar tranquilo para descansar, pues eran muchos los que iban y venían y no encontraban tiempo ni lugar para comer.

Necesitamos descansar para reponer fuerzas, y espacios de soledad donde reflexionar y tomar fuerza para comenzar de nuevo. Sucede que en nuestra Iglesia de hoy ocurre algo parecido. Bien porque los apóstoles, sacerdotes, son pocos, o bien porque el trabajo es mucho y se necesitan obreros para atenderlo. La mies es mucha y los obreros pocos.

Pero, también es verdad que quien sostiene la Iglesia es Jesús. Él es el fundamento y pilar fundamental de la Iglesia. Es Él el único y verdadero Pastor y Sacerdote que evangeliza, y todos los demás, en Él, y por su Gracia, evangelizamos. Es Él el que nos convoca, nos reúne y nos congrega como sucede hoy en el Evangelio. Por eso, al vernos a todos dispersos como ovejas sin pastor, se conmueve y tiene compasión de todos nosotros.

El Señor nos atiende. Él es el que no nos falla nunca y está disponible siempre a cualquier hora, tiempo y lugar. No desesperemos y permanezcamos en Él abandonados y esperanzados en su salvación.

sábado, 15 de febrero de 2014

LÁSTIMA Y COMPASIÓN

(Mc 8,1-10)


Creo que no existe nadie que no se compadezca de aquel que sufra por hambre u otras necesidades primarias. Sin embargo, si nos cruzamos de brazo y miramos para otro lado es posible que nuestro corazón se vaya endureciendo hasta el punto de transformarse en un corazón de piedra, endurecido por los callos de la indiferencia y el egoísmo que borren de su corazón la misericordia y la compasión.

Jesús, en cada encuentro con el hombre aflora sentimientos de compasión y misericordia, y actúa en solución de esos problemas porque ama y quiere el bien del hombre. Pero, ¿qué hacemos nosotros? ¿Es esa nuestra intención? ¿Nos preocupamos por la situación de los demás? ¿Tratamos de compartir con los demás lo que tenemos? 

Porque no se trata sólo de bienes materiales. También tenemos sonrisas, buen humor, amabilidad, servicio, escucha, atención, paciencia, alegría, compañía, comprensión, verdad, justicia, solidaridad... Hay muchas cosas que hemos recibido y que otros esperan que las compartamos, pues ellos carecen de ellas.

Hazme pan Señor para ser repartido y comido, para tu Gloria, por los demás.