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miércoles, 31 de diciembre de 2025

VINO A LOS SUYOS Y NO LE RECIBIERON

Jn 1, 1-18

   Sebastián andaba a oscuras. De repente decidió seguir en tinieblas. Quería experimentar cómo se las manejaba en la oscuridad. Empezó a titubear; sus pasos eran vacilantes, inseguros, sin saber dónde pisaba.

    Se quedó quieto. Había perdido su ubicación.

    Comenzó a comprender que en la tiniebla no hay vida. Solo con luz puedes orientarte y dar sentido a tu vida.

   Estaba perdido, incapaz de dar un paso. Se imaginó como una estatua que, al menor movimiento, podía quedar hecha pedazos.

    Sacó su móvil y alumbró la habitación. El impacto de la luz le emocionó.

    Entonces pensó: «Donde no hay luz, no hay vida».

    Al llegar a la tertulia, compartió su experiencia con varios tertulianos, entre ellos Pedro y Manuel, que llegaban en ese momento.

    —¿Qué tal, Sebastián? —dijo Manuel con cara risueña—. Me alegro de verte.
    —Y yo también —respondió Sebastián.

    Pedro, que se había fijado en la animada conversación que mantenían, preguntó:

    —¿De qué hablaban tan interesados? ¡Vamos, si no es cosa secreta!

    Uno del grupo, mirando a Pedro y a Manuel, comentó:

    —Sebastián nos comenta una experiencia que le ha hecho pensar.
    —¿A qué experiencia te refieres? —dijo Manuel, frunciendo el ceño.
   —He tratado de moverme en la oscuridad y me he dado cuenta de que la luz es necesaria. Sin ella no podemos vivir.
   —Claro —intervino Pedro—, imagínate que no saliese el sol o que no se hubiese descubierto la luz.

  Entonces Manuel, dándose cuenta de que hay una Luz por encima de la luz natural y artificial, tomó la palabra:

  —Es evidente que la luz natural nos hace falta para vivir, y también la artificial para proveernos de muchos aparatos que nos hacen la vida más cómoda, pero…

    Miró a Sebastián y a todos los que le rodeaban, y dijo:

    —El Evangelio de Juan, 1, 1-18, explica muy bien que en Dios está la vida, y la vida era la luz de los hombres. Y la luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió.

  Observó cómo habían acogido sus palabras y, contemplando sus caras confundidas, continuó:

   —Cristo es la Luz que nos envía el Padre. Él nos alumbra y nos da la vida, pero hace falta que nosotros nos dejemos alumbrar.

    Puso sus ojos en Sebastián y, con cariño y ternura, dijo:

   —Hace falta darle al interruptor o a la linterna para que la claridad nos alumbre. De la misma manera, necesitamos abrir nuestros corazones para que la Luz del Señor entre en nosotros.

    Sus rostros lo expresaban de manera nítida. Habían comprendido que por medio de Dios se hizo todo, y sin Él no se hizo nada de cuanto se ha hecho.

lunes, 25 de septiembre de 2023

TU LUZ NO PUEDE QUEDAR OCULTA

Es evidente y de sentido común que cuando sabemos algo bueno sentimos deseos de comunicarlo y darlo a otros para que también gocen de eso bueno. Es la tendencia natural aunque a veces está tentada peligrosamente por la inclinación del mal. Sin embargo, lo natural es querer y desea que todos participen de lo bueno, del bien, de la bondad y la belleza.

Y esa es la Buena Noticia. Una vez que tú la recibes y la acoges no puedes dejarla oculta ni guardártela para ti solo. Sería una contradicción, pues la Buena Noticia se sustenta fundamentalmente en el amor: Dios nos ama hasta el punto de que ha entregado la Vida de su Hijo predilecto, dado voluntariamente por amor, para salvar la nuestra. No hay amor más grande ni nadie se puede callar esa hermosa y Buena Noticia de amor misericordioso. Ocultarla sería puro egoísmo y un pecado.

Por tanto, tu luz no puede quedar oculta. Necesitas dejarla alumbrar, que no es lo mismo que brillar. El brillo encandila y no deja ver claro. No deja pasar la luz sino que se queda en él mismo. Nuestra santidad consiste en todo lo contrario, dejar pasar la luz para que otro la reciban y queden iluminado por esa Buena Noticia que es precisamente nuestro Señor Jesús.

Es evidente que alumbrar una Luz Infinita no está a nuestro alcance pero desde nuestra pobreza y humilde testimonio, el Espíritu Santo, hará que se refleje esa inmensa Luz que nos lleva a un encuentro con el Señor. De la misma manera que la sal, casi desapercibida inunda de sabor la comida, o la poca levadura fermenta la masa, nuestro humilde y pobre testimonio de amor, por la acción del Espíritu Santo, dará Luz a aquellos que abran sus ojos y dejen que Jesús les alumbre e ilumine.

lunes, 19 de septiembre de 2022

LA LUZ DESCUBRE LA MENTIRA

Es evidente que quien no tiene nada que esconder no se preocupa de estar en la luz. Es más, diría que le gusta y goza estando en la luz al tener la posibilidad de mostrar sus buenas intenciones, sus cualidades y toda su verdad y amor. Siempre es mejor moverse en la luz del día, pues en la luz se aprecian las cosas mejor. Sobre todo si esa luz proviene de lo más profundo del corazón.

Quienes buscan la oscuridad y, por tanto, la prefieren, es porque algo esconden. Les conviene moverse y vivir en la mentira. Aliarse con la oscuridad es algo que necesitan para ocultar todas sus fechorías y mentiras. Sin embargo, la luz acompaña a aquellos que nada esconden, ni siquiera sus propios pecados, de los que se duelen y se arrepienten. Experimentan dolor de contrición y propósito de la enmienda. La luz, por tanto, les favorece y ayuda a sostenerse en la verdad y a transmitirla con su testimonio.

Es evidente que la oscuridad es propicia para esconderse y ocultar todo lo que interesa que no se vea y se esconde bajo la apariencia. La luz molesta. Es todo lo contrario, en ella todo queda al descubierto y bajo la mirada de Dios. Nada se podrá ocultar a su mirada. Es esa Luz, la del Espíritu Santo, que hemos recibido en el bautismo, la que nos ilumina interiormente hasta el punto de dar testimonio de la verdadera Verdad, la Buena Noticia.

 

—Vivir en la luz significa vivir en Gracia de Dios. Al menos, en esa intención y con esa actitud. ¿Estás de acuerdo Manuel —dijo Pedro.

—Totalmente de acuerdo —respondió Manuel. No estás en la Luz si no tratas de estar abierto a la acción del Espíritu Santo y a sus impulsos. Porque, solo en y con Él puedes vivir en la verdad.

—Pienso lo mismo. Si no estás en la Luz estás en la oscuridad. De modo que para vivir en la verdad es necesario estar con Dios.

 

Al final todo se sabrá. De nada vale ocultar tus fallos o pecados. Mejor confesarlos porque todo se sabrá. «Nada hay oculto que no llegue a descubrirse, ni nada secreto que no llegue a saberse y hacerse público - Lc 8, 16-18 -». No es de inteligente ni de buena decisión vivir escondido detrás de las apariencias.

miércoles, 27 de abril de 2022

EN LA LUZ SE DESCUBRE LA MENTIRA Y SE VE LA VERDAD

Es evidente que la luz nos compromete. En la luz se descubre la mentira y se ve la verdad. Es, pues, evidente que aquellos que viven en la mentira prefieran la oscuridad a la luz. Y ese es el caso de los que esconden la mentira para, falseándola, presentarla como aparente verdad. Por eso, evitan la luz y viven en la sombra, la penumbra y la oscuridad. Es el ambiente que les gusta y les viene bien. No hace falta poner ejemplos, quien lea esto ya estará pensando en esa clase de personas que están agazapados en la mentira adulterándola como aparente verdad. Todo con la intención de arrimarla a sus mal e intencionados intereses egoístas.

El Evangelio es tremendamente actual. Todas sus Palabras pueden aplicarse a este momento – siglo XXII – que vivimos. Los que viven en la mentira buscan la oscuridad. Le viene como anillo al dedo. Mientras, los que viven en la verdad buscan la luz. Gustan de que sus buenas obras sean vista por todos y que se beneficien de las mismas. No es, no estoy diciendo eso, que busquen honores, ser admirados y lucirse con sus buenas obras, sino que todo lo hacen en la luz, en la transparencia para que se conozcan y se vean. No con el fin de lucimiento y recompensa, sino para que se conozcan sus intenciones y la verdad.


Quienes viven en la verdad no temen la luz. No solo la luz de este mundo, sino la Luz de nuestro Padre Dios que lo ve todo. Porque, de tonto es querer ocultar tus malas intenciones en la oscuridad, pues, Dios lo ve todo. Y quien se aparta de la luz es por algún motivo, huye de la verdad y no quiere ser visto. Se esconde en la mentira. Ahora, lo verdaderamente importante es preguntarnos: ¿Cómo y dónde vivimos nosotros, en la luz o en la oscuridad? ¿Tenemos cosas importantes que ocultar y nos molesta la luz? Jesús termina es pasaje evangélico con esas palabras: … Y el juicio está en que vino la luz al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra el mal aborrece la luz y no va a la luz, para que no sean censuradas sus obras. Pero el que obra la verdad, va a la luz, para que quede de manifiesto que sus obras están hechas según Dios».

domingo, 27 de febrero de 2022

LO VERDADERAMENTE IMPORTANTE SON LAS ACCIONES DE TU VIDA

 

A nadie se le ocurre tomar un guía ciego porque, probablemente caerán ambos por el precipicio. El sentido común te aconseja valerte de alguien que pueda informarte bien para que puedas encaminar, también bien, tu vida. Sin embargo, la lógica falla y siempre ha existido y existe quienes se apoyan en ciegos para alumbrar sus vidas. Son muchos los que se apoyan en ciegos para ser guiados en este mundo. Ciegos que, sometidos al pecado, caminan inmersos en la oscuridad no viendo las vigas que le impiden ver a sus ojos y si las motas del prójimo que tienen enfrente.

Se hace necesario utilizar esos dones recibidos y donar libremente, voluntariamente y gratuitamente tu competencia y responsabilidad. Se hace necesario estar abierto a las enseñanzas del maestro hasta alcanzar la madurez que nos permita estar al mismo nivel. Se hace necesario mirarnos para ver nuestras propias vigas que obstaculizan nuestra vista y nos impide ver las motas en los otros. Conviene, pues, hacer autocritica y ver  nuestras actitudes ante nuestras relaciones con los demás.

Porque, lo verdaderamente importante no está ni se esconde en nuestras palabras, sino en nuestras acciones. Es, por tanto, de vital importancia nuestra manera de actuar y en donde se descubre lo que vive y hay en el centro de nuestro corazón. Porque, de lo que rebosa el corazón habla su boca.

jueves, 28 de enero de 2021

COMUNICACIÓN Y VERDAD

 

Hoy vivimos en la época de la comunicación y comunicarnos ha sido algo vital en la vida de las personas. El lenguaje es el vehículo que nos interrelaciona y nos pone en relación unos con otros, de forma que nos ayuda a conocernos y a amarnos. El hombre es un ser en relación y necesita comunicarse, y esa comunicación - vital en su vida - tiene que servir para alumbrar su camino.

Por tanto, es de sentido común que necesita un lugar destacado para que pueda comunicarse con eficacia y visibilidad. Porque, si se esconde pierde toda su eficacia. A eso se refiere el Evangelio de hoy, lo muestra muy diáfano y claro: En aquel tiempo, Jesús decía a la gente: « ¿Acaso se trae la lámpara para ponerla debajo del celemín o debajo del lecho? ¿No es para ponerla sobre el candelero? Pues nada hay oculto si no es para que sea manifestado; nada ha sucedido en secreto, sino para que venga a ser descubierto. Quien tenga oídos para oír, que oiga». 

La verdad se expone a la luz para que todos la conozcan y nada se oculte, porque sería contradictorio que la luz - la verdad - se oculte y se esconda. Es, por supuesto, la mentira la que se oculta y trata de revestirse de la verdad para aparentar y engañar. Por eso hay que estar atento, como nos dice también el Evangelio. Atentos a la escucha de la Palabra para, luego, ponerla en práctica y llevarla a nuestra vida.

Porque - así termina el Evangelio - «Atended a lo que escucháis. Con la medida con que midáis, se os medirá y aun con creces. Porque al que tiene se le dará, y al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará». Es decir, aquel que comparte y da, recibirá más y tendrá más. Y el egoísta, el tacaño e individualista que se guarda para sí, al final se quedará sin nada. ¿Cómo lo ves tú?

lunes, 18 de enero de 2021

EN LA PRESENCIA DEL SEÑOR


Nuestra confianza descansa y se fortalece en la presencia del Señor. Cuando estamos en su presencia todo se ve de forma diferente y el gozo y la alegría hacen presente. Sobra el ayuno y la penitencia. Está el Señor con nosotros y la alegría de percibirlo borra todo atisbo de dolor y penitencia. Es Él, todo se vuelve paz, serenidad y gozo.

Pero, también, hay otros momentos de oscuridad, de niebla, de no percibir la presencia del Señor. ¿Dónde está, Dios mío, que no te veo? Es, entonces, la hora del dolor, de la inseguridad, de las tinieblas, del ayuno y penitencia porque no encontramos ni percibimos su presencia. Se envejece nuestro corazón, se deprime. Necesitamos descubrirlo, beber ese vino nuevo que renueva nuestra vida y nos refuerza.

Sí, el Señor sigue con nosotros. No nos desanimemos ni perdamos la esperanza. Abramos los ojos de nuestra fe y del corazón y ofrezcamos nuestros odres nuevos para llenarlos del vino nuevo. Ese vino de amor que vivifica nuestra vida, la renueva y le da esa nueva vida que se fortalece en la oración y la penitencia en esos momentos de zozobra y oscuridades en los que percibimos que el Señor se ha ido o está lejos. 

En esos momentos que experimentamos debilidades y percibimos que necesitamos descubrir al Señor y renovar nuestro corazón con su presencia y su amor misericordioso.

jueves, 30 de enero de 2020

LA FE ES PARA VIVIRLA EN LA LUZ

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Mc 4,21-25
No se puede alumbrar en la luz, sino en la oscuridad. O dicho de otra forma, la fe es para manifestarla en los lugares más oscuros. Es decir, no se enciende la lámpara donde ya hay luz, sino que se pone en lo más alto donde la oscuridad está nublando la conciencia y hace falta luz para ver el bien, la justicia y el amor.

No hace falta luz dentro de la Iglesia aunque haya también rincones oscuros, porque hay luces para y que pueden alumbrarlos. Hace falta luz donde la injusticia, la mentira y el poder quieren anular la libertad del hombre e impedir que piense y vea.

En aquel tiempo, Jesús decía a la gente: «¿Acaso se trae la lámpara para ponerla debajo del celemín o debajo del lecho? ¿No es para ponerla sobre el candelero? Pues nada hay oculto si no es para que sea manifestado; nada ha sucedido en secreto, sino para que venga a ser descubierto. Quien tenga oídos para oír, que oiga» - Mc 4, 21- 23-.

No se trata de cumplir con dar luz ajustándome a mínimos, sino dar toda la luz que se puede en proporción a tu capacidad o medida. Muy claro te lo ha dejado el Evangelio de Marcos. Jesús que te lo ha dado todo voluntariamente, también te pide todo voluntariamente. Les decía también: «Atended a lo que escucháis. Con la medida con que midáis, se os medirá y aun con creces. Porque al que tiene se le dará, y al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará» -Mc 4, 24-25-.

domingo, 26 de enero de 2020

UNA LUZ EN LA OSCURIDAD

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Mt 4,12-23
Todos tenemos experiencia de permanecer en la oscuridad. En algunos momentos, por causas de algún corte de luz artificial, nos hemos quedados a oscuras de forma repentina y nos ha sorprendido la impotencia de no poder moverte ni reaccionar. En otros, la oscuridad nos ha venido de forma diferente y más grave apagando nuestra vida interior y dejándonos perdido y sin esperanza.

Hay momentos que la vida nos cambia de un momento para otro y todo se oscurece y se viene abajo. Perdemos el rumbo, la esperanza y el deseo hasta de vivir. Nuestro corazón queda en tinieblas y todo queda sumergido en la oscuridad. Entonces, nuestra vida sin esperanza pierde todo su sentido Necesitamos alumbrarla, una luz que renazca nuestras esperanzas y que le dé sentido a nuestras vidas. Una luz que alumbre nuestro camino y le llene de sentido y de ganas de vivir.

El Evangelio, la Buena Noticia, es esa Luz que enciende nuestra vida y le da sentido llenándola de amor y esperanza. Ese Evangelio es Jesús. Él es la Palabra encarnada en naturaleza humana que impregna de verdad, de justicia y de paz nuestros corazones hasta el punto de transformarlos en amor que sea capaz de dar y amar. 

Un amor que se hace presente en un mundo de injusticias, de mentiras y de desamores. Un amor que convive en ese mundo contracorriente que nos alumbra el camino abierto siempre a la luz del Espíritu Santo.

viernes, 6 de diciembre de 2019

COMO CIEGOS POR EL MUNDO

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Mt 9,27-31
No cabe duda que vivimos en un mundo de luz y de colores, pero también de oscuridades. Hay día que necesitamos tener la luz artificial encendida incluso desde las primeras horas de la mañana cuando se supone que el sol debía de haber salido, pero la oscuridad es tanta que necesitamos ver, y nos ayudamos de la luz artificial. Por otro lado hay quienes ni con la luz artificial pueden ver. Sus ojos han quedado, muchos de nacimientos y otros por algún accidente o enfermedad, cerrados a la luz con la que nos alumbra el sol.

Pero, a pesar de esa oscuridad, tanto para los que, por la Gracia de Dios, pueden ver la luz que da el sol, como también la de la luna durante esas noches claras y hermosas, y los que no pueden ver ni una ni otra, la más importante es la Luz que viene de arriba, de los cielos y nos alumbra, no sólo el camino a través de este mundo, sino el verdadero Camino, Verdad y Vida.

Dentro de nosotros hay oscuridades. Oscuridad como consecuencia de nuestro pecado original, pero también hay luz, una Luz que, regalada en nuestro bautismo, brilla, limpia y alumbra el camino de cada día fortaleciéndonos y dándonos luz para orientarnos y resistirnos a los impedimentos, tentaciones y obstáculos que nos pone y propone el Maligno. Sí, necesitamos ver la Luz verdadera. Esa Luz que es capaz de alumbrar toda nuestra vida. No sólo la material y física, sino también la espiritual, porque, necesitamos salvarnos, no sólo espiritualmente, sino también materialmente. Somos cuerpo y alma, y formamos un sólo hombre, una sola mujer. Necesitamos salvarnos ambos. No sólo el cuerpo, sino también el alma.

Y para eso ha venido Jesús, el Hijo de Dios Vivo. Él nos salva íntegramente, de tal manera que, si pierdes tu vida aquí, material y espiritual, porque no se entiende de otra manera, entregándola a Dios, la ganarás para la Vida Eterna. Pero, por el contrario, si prefieres la oscuridad del pecado y ganar tu vida para este mundo, perderás tu cuerpo y tu alma para la Vida Eterna. Es cuestión de pensarlo.

lunes, 23 de septiembre de 2019

LA LUZ ILUMINA TU VIDA

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Cuando cierras los ojos experimentas una oscuridad que paraliza tu vida. Tu corazón continúa latiendo, pero eres incapaz de moverte y menos de orientarte. Entonces empiezas a valorar la luz y te das cuenta que sin luz se hace muy difícil encontrar el camino de la felicidad, que todos, conscientes o no, buscamos en el recorrido de nuestras vidas.

Sin embargo,  hay otra Luz que es imprescindible y totalmente necesaria y sobre la que apoyo mi humilde reflexión. Es la Luz que orienta y da verdadero sentido a la vida, incluso dentro de la oscuridad que la invidencia física somete a muchos. Porque, el camino de nuestras vidas necesita una Luz sobrenatural que nos ilumine, nos oriente y nos dé sentido. Una Luz que es capaz de levantarnos en los momentos que, por circunstancias de nuestra propia vida, queda sometida por la adversidad, por tus propias apetencias y por tu condición humana pecadora.

Es la Luz de la Salvación que has recibido en tu bautismo y que, abierto tu corazón a la acción del Espíritu Santo, ilumina tu vida y la orienta hacia la esperanza que la alimenta y la fortalece. Porque, sabes que llegará la enfermedad, el sufrimiento, la fatiga, la debilidad, la apetencia y el pecado. Y sólo esa Luz desde el Espíritu Santo dará sentido y esperanza a tu vida orientándola y levantándola para ponerla, en la lucha de cada día, que la sostenga y le dé la perseverancia hasta el final de tu camino.

lunes, 8 de abril de 2019

YO SOY LA LUZ DEL MUNDO

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Jn 8,12-20
Todos queremos buscar la luz, esa luz que nos ilumine el camino y nos resuelva los diversos problemas que se nos van presentando. Diríamos que esa figura de la luz que buscamos se refleja hoy en esos asesores que todos buscan cuando inician un proyecto. Eso se ve con frecuencia en el mundo político y empresarial. Los responsables y líderes de los proyectos buscan luz en los asesores para que les iluminen y aconsejen.

Sin embargo, los asesores y todos las personas estamos sujetas a errores y, la experiencia nos descubre que así sucede. Hay aciertos, pero también muchos errores. La luz y la verdad es algo que la persona necesita y la busca con interés y necesidad. Pero, su gran y peor error es que la busca en el lugar equivocado. La busca en este mundo, es decir, en los hombres y mujeres de este mundo, y ahí no se encuentra.

Jesús nos lo dice hoy en el Evangelio: «Yo soy la luz del mundo; el que me siga no caminará en la oscuridad, sino que tendrá la luz de la vida». Jesús está apoyado en el Padre que lo ha enviado y que da veracidad a todas sus obras y acciones. Porque, las enseñanzas de Jesús nos descubren el amor del Padre y lo que el Padre quiere para cada uno de nosotros.

El mensaje de Jesús está cargado de verdad, de justicia, de solidaridad, de búsqueda del bien y de verdadero amor. Ese amor que no piensa en sí mismo, sino ese amor que se materializa en una entrega sin interés, gratuita y sin condiciones. 

Precisamente, lo que buscan todas las personas y lo que cada uno experimenta dentro de su corazón. Un amor fraterno que se concreta y se descubre en la Cruz, donde Jesús se ofrece como víctima por todos nuestros pecados.

jueves, 31 de enero de 2019

LA PALABRA NECESITA ALUMBRAMIENTO

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Mc 4,21-25
Primero hay que acogerla, entrañarla hasta el corazón, para, luego, darle alumbramiento. No se podrá llevar a la luz nada que antes no se haya hecho vida dentro de uno mismo. Porque, la palabra saldrá de lo que realmente se haya engendrado en el corazón. Por eso, nada hay oculto que no se lleve a la luz y la verdad, que es precisamente la Luz verdadera contenida en Jesús ha venido a este mundo a alumbrar al mundo.

Sería estúpido ocultar la luz, porque se es luz para alumbrar, no para dar confusión y oscuridad. Pero, todavía es más de poco sentido común, por no decir otra cosa, buscar luz donde hay oscuridad. Y es que quien único puede alumbrar este mundo es aquel que es el Camino, la Verdad y la Vida. Todo eso explica por qué está el mundo así: guerras, luchas, injusticias, dictaduras, enfrentamientos por poder, ambiciones y muertes.

Cuando se da la espalda a la Luz verdadera se vive en la oscuridad. Cuando no escuchamos la Palabra de Dios, que es la Verdad, nos encontramos con las tinieblas y perdemos el rumbo y el sentido de nuestra vida. Sólo en el Señor, Luz de este mundo, podemos encontrar la verdadera orientación y la felicidad que tanto buscamos. Por eso, es muy importante escuchar, pero escuchar a quien verdaderamente es el Camino, la Verdad y la Vida.

Y, ¿dónde escuchamos? Pues, siguiendo el Evangelio de cada día, reflexionándolo, acogiéndolo y entrañándolo dentro de nuestro corazón, porque ese es el único camino para dar frutos. Eso frutos que el Señor ha sembrado en nuestro corazón. Porque, esa es la manera de abonar nuestra tierra y removerla suavizándola para que pueda acoger las raíces de la Palabra, hundirlas en su corazón y dar buenos frutos.

lunes, 19 de noviembre de 2018

VER PARA CREER


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Lc 18,35-43
Estamos ciegos y vamos por la vida con los ojos de la fe cerrados. Es verdad que vemos las maravillas de este mundo, pero no vemos al Creador. Y cuando digo no vemos me refiero a que pasa desapercibida tu presencia, Señor, ante las maravillas de este mundo que tú has creados. Sabemos o deducimos que alguien las ha tenido que crear, pero no queremos ver que has sido Tú, Señor. Incluso, nos gusta más dejarnos convencer por aquellos que elaboran teorías evolutivas como producto de un choque de energías que han dado vida a todo lo creado y a la vida, valga la redundancia, misma.

Todo es válido antes que reconocer tu Poder Creador, Señor. Caminamos con los ojos de la verdad muy bien cerrados y sumidos en la oscuridad más necia e ignorante. Por eso, necesitamos abrirlos grandemente para tratar de ver. Ver en verdad y justicia; ver que Tú, Señor, eres el verdadero y único Creador de todo lo visible e invisible. Verte, Señor, para poder seguirte.

Y tomamos conciencia que la vida misma nos nubla la vista. Estamos metidos en una inercia de la que cuesta mucho salir. No vemos la claridad de tu Palabra, y si llegamos a entenderla, no encontramos la fortaleza ni el camino para salir de ella. Necesitamos luz, Señor; mucha luz para ver y poder seguirte con firmeza y decisión. El mundo nos tiene atrapado y no encontramos la forma ni el camino para salir. Necesitamos tu Gracia y un espacio que nos libere y nos ayude a vivir en tu Voluntad y como Tú has pensado que debemos vivir para ser libres y poder amarnos como Tú nos ama.

Danos esa sabiduría y aumenta nuestra fe para encontrar ese ambiente y entorno que nos den la posibilidad de que Tú seas lo primero en nuestros corazones y, simultáneamente, los demás, considerándonos como hermanos, al ser todos tu hijos, seamos capaces de vivir con dignidad e igualdad de derechos, verdad y justicia.

miércoles, 12 de septiembre de 2018

LUZ Y OSCURIDAD

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Lc 6,20-26
En la vida sólo hay dos caminos, o te diriges a la luz o te encaminas a la oscuridad. No hay otra salida ni nada en medio. Quien no camina hacia la luz se dirige a la oscuridad. Pero, también es verdad que necesitas advertirlo. Hay mucha gente que no sabe ni a dónde camina, y lo que es peor, ni tampoco se lo preguntan. Digamos que van sin rumbo aunque tenga muchos proyectos e ideales, pero desorientados, sin saber donde está en norte de su verdadera camino.

El Evangelio de hoy nos advierte y nos descubre cual debe ser la ruta de nuestro camino, la pobreza. Quien es pobre de espíritu busca necesariamente la luz que le guíe y le conduzca por caminos de verdad y de vida eterna. Quien se experimenta pobre descubre que la verdad y el gozo no está en las cosas que ofrece el mundo, ni tampoco en la fama, en el éxito o en los placeres de este mundo. Quien es pobre siente la necesidad de buscar la Palabra de Dios, esa Palabra que le habla de verdad, de camino y de vida. Esa Palabra que experimenta que le salva y le lleva hacia la única y verdadera Luz de la felicidad eterna.

Quien es pobre experimenta la necesidad de compartir, de llorar con aquellos que lloran y sufren y de darse cuenta que las carencias de los demás le importa. Quien es pobre se da cuenta del sufrimiento de otros, de las injusticia y de la necesidad de amar. Quien experimenta la pobreza entiende que toda su riqueza está puesta en Dios. En Él se abandona y todo le deja en sus Manos y sufre con los que sufren, y llora con los que llora.

Por el contrario, aquellos que se encierran en sí mismos guardando sus riquezas y sus éxitos para su provecho propio sin compartir ni ver el sufrimiento de otros, cavan su propia tumba y se introducen en las tinieblas de la muerte y perdición. Ellos ya han recibido su consuelo.