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domingo, 31 de octubre de 2021

DIOS, SOBRE TODAS LAS COSAS

 

Sin darnos cuenta nos confundimos cuando creemos que estar cerca de Dios consiste en hacer buenas obras en favor del prójimo. Es verdad que eso es bueno y necesario y, además, señal de nuestra fe, pero, lo primero y fundamental es conocerle para amarle. Sin amor a Dios nada es posible. 

Bien, es verdad, que amar a Dios exige conocerle. Y conocerle exige a su vez permanecer a su lado anunciándole y aprendiendo de sus enseñanzas. Sin estar a su lado no se le puede conocer y, menos, escuchar, que no consiste en oír, sino en dejar que su Palabra llegue a nuestro corazón y anide en él convirtiéndole y transformándole.

Pero, además, ahora en nuestro tiempo, tenemos que alimentarnos espiritualmente de su Sangre y Cuerpo en la Eucaristía. Sin ese Alimento difícilmente, por no decir imposible, no podemos estar a su lado. Eso sí, podemos ponernos al lado, pero no estar a su lado. Algo así parecido como el hijo mayor de la parábola del hijo pródigo. Estaba al lado de su padre, pero nunca a la escucha de su Padre.

Amar a Dios es lo Primero de todo y, tan primero que todo lo demás será y vendrá por añadidura. Porque, en definitiva, es Dios quien obra y actúa en nosotros.

domingo, 31 de enero de 2021

¿DE DÓNDE SALE LA AUTORIDAD DE JESÚS?

 

Sucede que confundimos autoridad con poder; autoridad con exaltación propia y autoridad con privilegios y atenciones a mi persona. Y esas formas de querer imponer la autoridad no llega al corazón de las persona porque no están dichas ni realizadas para su bien sino todo lo contrario. Es una autoridad dirigida a afianzarse ellos más y beneficiarse a sí mismo. 
 
La forma de proceder de Jesús es totalmente diferente. Él habla para y buscando el bien de los demás, y habla en verdad y con coherencia, pues, lo que dice lo hace y lo que promete se cumple. Y la gente que le escucha se da cuenta que son ellos los verdaderos protagonista a los que va dirigida la Palabra de Jesús. Y no solo la Palabra, sino que también le beneficia sanándoles de sus dolencias y liberándoles de sus esclavitudes.
 
¡Claro, es una Palabra novedosa, nueva que desprende la autoridad - verdadera autoridad - que nace del servicio y la atención de los que la escuchan! Por eso, los escuchante se admiran y se preguntan: Todos quedaron pasmados de tal manera que se preguntaban unos a otros: « ¿Qué es esto? ¡Una doctrina nueva, expuesta con autoridad! Manda hasta a los espíritus inmundos y le obedecen»
 
Indudablemente, la autoridad con la que habla Jesús es única, porque, sus Palabras buscan nuestro bien y son los que la escuchan los primeros beneficiados. Y sus Palabras no se pierden en el vacío, sino que tienen cumplimiento en aquellos que la acogen realizándose tal y como se ha prometido. Es la autoridad que se esconde con verdadera fuerza en el servicio y el amor. Su colofón tuvo lugar en la última cena cuando realizó el lavatorio de los pies. He venido a servir no a ser servido, les dijo en esa ocasión.

lunes, 2 de septiembre de 2019

EN JESÚS SE ACTUALIZAN SUS PALABRAS

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La Palabra de Jesús es Eterna, y lo que dijo en ese momento también lo dice ahora: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido» (Lc 4,18). Sus Palabras están vigente hoy y ahora, porque Jesús es el Señor de ayer, de hoy y de mañana. Ha existido siempre. Es el Señor del tiempo y del espacio. Pero, también hoy ocurre que, como ocurrió ayer, que muchos no dan crédito a sus Palabras.

Y todos daban testimonio de Él y estaban admirados de las palabras llenas de gracia que salían de su boca. Y decían: «¿No es éste el hijo de José?». Él les dijo: «Seguramente me vais a decir el refrán: ‘Médico, cúrate a ti mismo’. Todo lo que hemos oído que ha sucedido en Cafarnaúm, hazlo también aquí en tu patria». Y añadió: «En verdad os digo que ningún profeta es bien recibido en su patria.

Y eso que nos parece muy lejano y que ahora no sucede es realmente lo que está sucediendo. Cada cual nos inventamos un Dios a nuestra medida; otros lo usamos como una caja mágica a la que acudimos para pedir la solución de nuestros problemas; otros le rechazan porque les parece un cuento y no creen en su Palabra y otros lo justifican como un invento de los curas. Hay opiniones para todos y de todos los gustos. Precisamente, son los que quizás no han tenido la oportunidad de conocerlo los que le buscan o le escuchan con más atención e interés.

Son, precisamente, los pobres, los necesitados los que, porque no tienen otra alternativa o sufren la esclavitud y sometimientos a sus pasiones y necesitan aliviarse los que prestan atención a sus Palabras y confían en Él. Así ocurrió con la viuda de Sarepta y el sirio Naamán. También sucederá con muchos que vienen de afuera y que son últimos. Pongamos nuestro mayor interés en escuchar y confiar en la Palabra del Señor en actitud de disponibilidad y humildad.

domingo, 21 de julio de 2019

UN ESPACIO DE ENCUENTRO CADA DÍA

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Lc 10,38-42
El motor, la vida, la fuerza y todo lo que te da energía, esperanza y fortaleza para vivir cada día en la presencia de Dios es su Palabra. Por tanto, encontrar un espacio diario para escuchar su Palabra es vital en el camino de nuestra vida. Sin su Palabra nuestras fuerzas se debilitarán y terminaremos en las manos del demonio. La escucha atenta y comprometida nos dará fuerza para servir mejor al prójimo y priorizar la asistencia a las personas, pero necesitamos esa fortaleza que nos da la Palabra de Dios.

Muchas veces priorizamos el trabajo y otras ocupaciones. En un principio nos pueden parecer importantes, y, posiblemente, lo sean, pero no lo más importante. La escucha de la Palabra de Dios es el fundamento y el motor de nuestra vida cristiana y de nuestro seguimiento al Señor. Sin ella nos perdemos y equivocamos el camino. Urge conocer al Señor, su Palabra y el Plan de Salvación que ha venido a anunciarnos, porque sin conocerlo no podremos encontrarnos con Él.

Es la opción que escogió María y que su hermana Marta le reprochó. Sin embargo, sin quitarle la debida importancia del servicio que realizaba Marta, Jesús le indicó que la escucha de su Palabra, que María había elegido, es vital para nuestra vida y para, incluso, darle sentido a nuestro servicio a los demás, para cargarnos de razones de amor para realizar todo el bien que podamos hacer para los demás. Porque, sin las fuerzas de la Palabra y del Espíritu de Dios caeremos en las garras del príncipe del mundo que nos apartará de Dios y nos llenará de trabajo que esconden egoísmos, intereses y conveniencias.

Sin el don de la gratuidad todo nuestro ser y obrar se convierte en basura. Y es que cuando buscas y persigues algo a la hora de servir, has dejado de abrirte a la Gracia y Misericordia del Señor, pues ya tienes tu premio en ese servicio que haces por interés. Lo que hemos recibido gratis, tenemos que darlo gratis , nos dice el Señor -Mt 10, 8.-.

jueves, 31 de enero de 2019

LA PALABRA NECESITA ALUMBRAMIENTO

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Mc 4,21-25
Primero hay que acogerla, entrañarla hasta el corazón, para, luego, darle alumbramiento. No se podrá llevar a la luz nada que antes no se haya hecho vida dentro de uno mismo. Porque, la palabra saldrá de lo que realmente se haya engendrado en el corazón. Por eso, nada hay oculto que no se lleve a la luz y la verdad, que es precisamente la Luz verdadera contenida en Jesús ha venido a este mundo a alumbrar al mundo.

Sería estúpido ocultar la luz, porque se es luz para alumbrar, no para dar confusión y oscuridad. Pero, todavía es más de poco sentido común, por no decir otra cosa, buscar luz donde hay oscuridad. Y es que quien único puede alumbrar este mundo es aquel que es el Camino, la Verdad y la Vida. Todo eso explica por qué está el mundo así: guerras, luchas, injusticias, dictaduras, enfrentamientos por poder, ambiciones y muertes.

Cuando se da la espalda a la Luz verdadera se vive en la oscuridad. Cuando no escuchamos la Palabra de Dios, que es la Verdad, nos encontramos con las tinieblas y perdemos el rumbo y el sentido de nuestra vida. Sólo en el Señor, Luz de este mundo, podemos encontrar la verdadera orientación y la felicidad que tanto buscamos. Por eso, es muy importante escuchar, pero escuchar a quien verdaderamente es el Camino, la Verdad y la Vida.

Y, ¿dónde escuchamos? Pues, siguiendo el Evangelio de cada día, reflexionándolo, acogiéndolo y entrañándolo dentro de nuestro corazón, porque ese es el único camino para dar frutos. Eso frutos que el Señor ha sembrado en nuestro corazón. Porque, esa es la manera de abonar nuestra tierra y removerla suavizándola para que pueda acoger las raíces de la Palabra, hundirlas en su corazón y dar buenos frutos.

lunes, 3 de septiembre de 2018

REALMENTE, ¿ESCUCHAMOS A DIOS?

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Lc 4,16-30
Bebemos agua de la fuente, pero la que entra dentro de nosotros es muy poca con respecto a la que queda fuera. Queda mucha agua afuera y no la podemos beber. Quizás nos ocurra algo parecido con la Palabra de Dios, preocupados y distraídos por las cosas del mundo, perdemos muchas cosas que nos dice el Señor a través de su Palabra. Nos fijamos en las apariencias, en los orígenes y en el perfil, pero no vemos más allá de lo meramente humano. Se nos escapa lo divino.

¿Acaso no es el mismo Dios quien nos habla a través de su Hijo? «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor».

Está claro, anuncia a los pobres la Buena Nueva, la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos. ¿Te encuentras tú y yo entre esos? Es decir, ¿somos pobres, estamos cautivos o ciegos?, porque de no ser así difícilmente podremos entender ese anuncio de Jesús, el Hijo de Dios. Necesitamos abajarnos, tener hambre, experimentarnos pobres, cautivos y ansiosos por liberarnos y llenarnos de humildad para, primero creer y confiar y luego, en la medida que nos abramos al Espíritu Santo, por su acción, vayamos entendiendo la Palabra de Dios.

Posiblemente, la viuda de Sarepta y Naamán el sirio tenían esa buena intención y unos corazones abiertos a escuchar y, a pesar de no entender nada de lo que les estaba sucediendo, accedieron a hacer lo que se les mandó, y la Gracia del Señor actuó sobre ellos. Entendieron por medio de esos signos que experimentaron. Quizás tú también los tengas, pero no los advierte ni los ves. Quizás tenga que abajarte y ser más humilde y confiar plenamente en el Señor. Él es el enviado, el Mesías y el Camino, la Verdad y la Vida.

viernes, 27 de julio de 2018

ACTITUDES ANTE LA PALABRA

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Mt 13,18-23
No cabe ninguna duda que ante la escucha de la Palabra se dan muchas respuestas. En algunos caso, incluso con buena actitud o con la mismas actitudes, pero con resultados muy diferentes. Y es que somos libres y ante la respuesta a la Palabra de Dios tu elección depende de ti, sobre todo de tu fe, porque te encontrarás con dificultades y contratiempos que levantan barreras difíciles de superar. Sólo la fe y la paciencia añadida a la confianza en el Espíritu Santo te fortalecerá para superar esas dificultades.

Muchos han dejado endurecer sus corazones rechazando la escucha de la Palabra y justificándose con todo lo que les puede servir para esconder sus apetencias, sus egoísmos y su incredulidad. Piensan que su felicidad está en otro lugar. El resultado será el alejamiento y el vivir de espaldas a Dios. Otros tienen buena predisposición y actitud. Son gente bien intencionada y de buena voluntad a escuchar la Palabra, pero débiles en las pruebas. A las primeras de cambio, cuando llegan las dificultades o la persecución reniegan de ella. 

Hay otros que están convencidos de que la Palabra es la verdad y la aceptan, pero, ante los afanes de la vida, el éxito y las riquezas se olvidan del mensaje. Confunden la buena Noticia de salvación con el vivir bien en abundancia de éxitos y riquezas estos cuatro días en este mundo terrenal. Y, por último, están aquellos que escuchan la Palabra, la aceptan y se esfuerzan en vivirla coherentemente. Con sus fallos y pecados, pero tratando siempre de levantarse y seguir el camino. El resultado es un giro total en la orientación de sus vidas y una conversión de cada día.

¿En qué situación me encuentro yo? ¿Soy de los que me cierro a la Palabra y la rechazo? ¿Soy de los que la acepto y tengo buena intención de seguirla, pero me aburro, me retiro ante las primeras dificultades? ¿Soy de los que la comprendo y veo que es la verdad, pero las seducciones del mundo me atraen y me olvido de ella? ¿O soy de los que la escucha y, a pesar de las dificultades, e injertado en el Señor, sigo adelante?