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sábado, 6 de julio de 2024

DESPOSEIDOS DE NOSOTROS MISMOS

No es nada fácil y, diría, hasta asusta. El verdadero discipulado y seguimiento a Jesús exige desposeerse de sí mismo. Porque, sólo en la desposesión estaremos en condiciones de experimentarnos dependientes del Creador, en relación de fraternidad con los demás y abiertos a la escucha y Amor Misericordioso de nuestro Padre Dios.

Este desposeimiento nos lleva a olvidarnos y negarnos a nosotros mismos para, en plena libertad, darnos a los demás. Y cuando entendemos esto, nos damos cuenta de lo, no diría difícil, sino imposible que nos resulta si lo queremos afrontar desde nuestras propias fuerzas y voluntad. Nunca podremos hacer nada ni avanzar un pelo de nuestra cabeza sin la asistencia del Espíritu Santo. Ese es el secreto de nuestro bautismo. Necesitamos a toda costa la presencia en nosotros del Espíritu Santo.

El mismo Espíritu Santo que bajó a Jesús en su bautismo en el Jordán y le acompañó al desierto. También a nosotros nos acompañará a nuestro propio desierto en el recorrido de nuestra vida en este mundo. Y sólo con Él podremos superar y soportar los obstáculos – pecados – que tratarán de hacernos la vida imposible y evitar que lleguemos a un encuentro serio, profundo y gozoso con el Señor.

Sí, vino nuevo para odres nuevos, porque lo viejo es caduco y no sirve. Necesitamos renovar plenamente todo nuestro corazón. Dejar el viejo, roto por el pecado, y ponernos en manos del Espíritu Santo para que nos renueve plenamente y transforme nuestro corazón en un corazón nuevo capaz de amar misericordiosamente.

lunes, 18 de enero de 2021

EN LA PRESENCIA DEL SEÑOR


Nuestra confianza descansa y se fortalece en la presencia del Señor. Cuando estamos en su presencia todo se ve de forma diferente y el gozo y la alegría hacen presente. Sobra el ayuno y la penitencia. Está el Señor con nosotros y la alegría de percibirlo borra todo atisbo de dolor y penitencia. Es Él, todo se vuelve paz, serenidad y gozo.

Pero, también, hay otros momentos de oscuridad, de niebla, de no percibir la presencia del Señor. ¿Dónde está, Dios mío, que no te veo? Es, entonces, la hora del dolor, de la inseguridad, de las tinieblas, del ayuno y penitencia porque no encontramos ni percibimos su presencia. Se envejece nuestro corazón, se deprime. Necesitamos descubrirlo, beber ese vino nuevo que renueva nuestra vida y nos refuerza.

Sí, el Señor sigue con nosotros. No nos desanimemos ni perdamos la esperanza. Abramos los ojos de nuestra fe y del corazón y ofrezcamos nuestros odres nuevos para llenarlos del vino nuevo. Ese vino de amor que vivifica nuestra vida, la renueva y le da esa nueva vida que se fortalece en la oración y la penitencia en esos momentos de zozobra y oscuridades en los que percibimos que el Señor se ha ido o está lejos. 

En esos momentos que experimentamos debilidades y percibimos que necesitamos descubrir al Señor y renovar nuestro corazón con su presencia y su amor misericordioso.

viernes, 6 de septiembre de 2019

UN CORAZÓN NUEVO

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Lc 5,33-39l
Renovarse o morir es una consigna que hemos oído muchas veces y que, no es pura teoría, sino que realmente se cumple. No puedes estancarte y quedarte en las tradiciones y las costumbres. Es verdad que hay que mirar para atrás, pero no para vivir del pasado, sino para aprender de los errores y renovarse con la novedad del espíritu que va creciendo y actualízándose en la verdad, la justicia y el amor.

Porque, no está el hombre en función de la ley, como ocurrió en el pasado, ni la persona depende y está a merced de la economía y el poder, tal y como ocurre hoy. Es la persona huma la que está por encima de todo y la que tiene prioridad sobre la tradición, la costumbre, la economía y el poder. Jesús trae esa novedad y la enseña y defiende con su Palabra y con su Vida.

Jesús está presente entre nosotros porque Vive entre nosotros. Nunca se ha ido. Ha venido para quedarse y para caminar con nosotros. Otra cosa es que tú y yo lo advirtamos y nos demos cuenta. Está el novio con nosotros y cada Eucaristía se nos hace presente en nuestro corazón. Nos acompaña y nos fortalece en esos momentos que, por nuestros pecados nos parece que se ha ido y que necesitamos buscarle hasta padecer sufrimientos y ayunos. Pero, es el Señor quien camina y nos acompaña, y del que estamos seguro que nos escucha y nos responde. Ha sido promesa suya y todo lo que sale de su boca tiene verdadero cumplimiento. Tengamos, pues, confianza en Él.

Y abramos nuestros corazones en una actitud de disponibilidad para renovarnos a la Buena y novedosa Noticia de Salvación. Estamos salvados por los méritos de nuestro Señor Jesucristo al entregar su Vida en la Cruz. No volvamos la mirada atrás ni vivamos del pasado., ni mezclemos lo viejo con lo nuevo, pues lo viejo romperá lo nuevo. Jesús es la Nueva y Buena Noticia. Él representa el Vino de Salvación y nuestro corazones tienen que ser los odres nuevos donde guardarlo y darle verdadera y nueva vida para que sea bebido por todos los que en Él quieren alcanzar la Vida Eterna. 

sábado, 6 de julio de 2019

LO NOVEDOSO: UNA NUEVA FORMA DE MIRAR LA VIDA

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Mt 9,14-17
Jesús irrumpe en este mundo con una nueva forma de mirar la vida. Es algo diferente a todas las propuestas que hasta ahora se habían contemplado siguiendo los impulsos y apetencias humanas. Hasta su llegada todo se resumía en el conocido "ojo por ojo y diente por diente". El enemigo era el peligro y el objetivo a vencer. Todo consistía en someter y dominar a aquellos que piensan diferente y no se avienen con nuestra forma de ver la vida o de aplicar nuestros intereses y apetencias.

Jesús presenta otra forma de ver a los demás. Su Corazón tiene otra actitud y su Mensaje presenta una nueva, renovada y buena Noticia. Es liberador y acoge a todos, buenos y malos como hijos de Dios a los que ofrece su incondicional Amor. Es la manera de echar, como nos dice en el Evangelio de hoy, el vino nuevo en odres nuevos y no en odres viejos que lo estropee por no admitirlo. Nuevas formas de relacionarnos que pasan por presentar un amor joven, renovado y actualizado en el Señor que no se pueden mezclar con las viejas maneras de contemplar la vida y las tradiciones.

Hay, primero, que purificar nuestros corazones y limpiarnos de muchas impurezas que lo hacen viejo, obsoleto y duro. No hay enemigos sino personas a las que hay que ayudarles a ver la vida desde la perspectiva del amor. Quizás eso sea difícil para nosotros e incluso no llegamos a entenderlo, pero, para nuestro Padre Dios todo es posible. Por tanto, debemos dejarnos llevar por el Amor de nuestro Padre y, abiertos a su Espíritu, posibilitar un cambio en nuestra manera de ver la vida. Es el amor el valor más grande que tenemos y el arma más propicia para transformar nuestros corazones.

Nadie se ha atrevido ni ha propuesto nada que ataque directamente al corazón del hombre y le arranque el mal que, morando en él, le hiera y le atormente. Un corazón contaminado por el pecado y el odio de venganza al enemigo. Pongamos. como nos dice y enseña Jesús, el vino nuevo en odres nuevos.

viernes, 7 de septiembre de 2018

CON JESÚS LA VIDA SE HACE FIESTA

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Lc 5,33-39
Sabemos, por propia experiencia, que vivimos con el dolor. Cuando menos lo esperamos se hace presente y nos entristece y nos hace sufrir. Decimos que es ley de vida, y así es. Son esos días de ayuno de de sufrimiento. Pero, eso no debe privarnos de pasarlo bien cuando las circunstancias son de alegría y de gozo. Y así debe ser.

Sin embargo, por la fe sabemos que Jesús, el Señor, ha Resucitado, y después de sufrir y padecer su Pasión, Muerte y Resurrección, vive entre nosotros y con nosotros. Y Él es el Vino nuevo que nos sella la Nueva Alianza y nos salva. Por eso, en su presencia todo resplandece, se vuelve paz y esperanza y, hasta el dolor, mengua y se soporta en paz y esperanza.

Conviene dejar lo viejo, lo antiguo y tomar lo nuevo para vivir en la Nueva Alianza que trae Jesús. Él es la alegría, la esperanza y la salvación. No podemos mirar atrás y desenterrar lo antiguo, lo establecido, las costumbres y tradiciones, porque Jesús es ahora lo Nuevo, la Nueva Alianza, el Vino Nuevo, el tiempo de Gracia y de salvación.