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viernes, 12 de septiembre de 2025

GUÍA DE CIEGOS

Lc 6 39-42

    Estaba enfadado consigo mismo. No entendía cómo podía perder tan fácilmente el control: se disparaba, se encendía y, como un caballo desbocado, terminaba en el abismo. A pesar de sus intentos, las palabras le salían sin freno: insultos, reproches, juicios precipitados. 

    Resignado y cansado de sus fracasos, reconocía su pecado mientras apuraba un sorbo de café. Fernando era uno de esos amigos que, de vez en cuando, se acercaba a la tertulia donde solían encontrarse Pedro y Manuel.
 
   —¡Fernando! —lo saludaron al unísono Pedro y Manuel—. ¡Qué alegría verte por aquí!
 —Lo mismo digo —respondió Fernando—. No esperaba encontrarlos, pero me viene bien. Precisamente estaba pensando en mi mal carácter. Tengo fama de meter la pata, de criticar, de insultar… y al final todo acaba mal.
    —¿Qué te pasa? —preguntó Pedro, preocupado.
   —Lo de siempre: me fijo en los fallos de los demás y no quiero ver los míos. Voy dando lecciones como si todo lo supiera.
    —Eso nos ocurre a casi todos —intervino Manuel—. Lo importante es querer corregirse. Justo hoy el Evangelio (Lc 6, 39-42) nos habla de eso.
    —¿Y qué dice? —preguntó Fernando con cierto desespero.
   —Que antes de fijarte en la mota que tiene tu hermano en sus ojos, mira la viga que tienes en el tuyo.     —Pedro sonrió—. Da en el clavo, ¿no?
    —Tal cual —respondió Fernando, algo aliviado—. Pero, aun sabiendo esto, me avergüenzo.
   —Es normal —añadió Manuel—. Cuando reconocemos nuestros pecados, damos un paso de gigante. La vergüenza nos hace más humildes y nos recuerda que somos barro, iguales que los demás.
    Fernando asentía. Su rostro, aunque triste, empezaba a reflejar serenidad.
    —Me consuela escucharte, Manuel. Me levanta el ánimo.
   —En el Evangelio siempre encontramos luz —concluyó Manuel—. Esa luz nos anima a levantarnos y seguir caminando.
 
    Reconocer nuestros errores, nos baja del pedestal y nos coloca al lado de nuestros hermanos. Solo así podemos caminar juntos, buscando con sencillez los senderos del Reino que Jesús abre: caminos de humanidad, compasión y comprensión mutua.

lunes, 18 de noviembre de 2024

JESÚS, HIJO DE DAVID

Llamar a Jesús, sobre todo en aquella época, por el nombre de «Hijo de David» da a entender que sabe perfectamente quien es realmente Jesús. La profecía habla de un Mesías de la tribu de David – Mt 1, 1 -  y el ciego identifica a Jesús con ese Mesías prometido. Y la contradicción parece paradójica, pues un ciego que realmente no tiene vista, ve lo importante. Ve que Jesús es el Mesías prometido, el Hijo de Dios Vivo.

Mientras, todos los que van con Él, teniendo vista no alcanzan a ver que quien camina con ellos es el Mesías prometido. Precisamente, el Hijo de David. La pregunta cae por su propia peso: ¿Y nosotros, caemos en la cuenta de que Jesús, el Señor, el Hijo de David camina entre nosotros? ¿Nos damos cuenta de que podemos tocarlo, comerlo y alimentarnos de su Cuerpo y Sangre? Realmente, ¿tenemos nuestros ojos, los del corazón y alma abiertos para darnos cuenta de que Jesús, el Señor e Hijo de David, el prometido, está dentro de nosotros? ¿Y ha venido a salvarnos y liberarnos de nuestros pecados?

Posiblemente pensamos que vemos. Y realmente es así, vemos las cosas que el mundo nos presenta, los colores y a las personas, pero, ¿vemos realmente al Señor Resucitado? Porque, de no verlo, posiblemente estemos verdaderamente ciegos y no veamos lo que realmente debemos e importa ver.

viernes, 9 de septiembre de 2022

PRIMERO, MÍRATE A TI MISMO, PARA DESPUÉS AYUDAR A TU PRÓJIMO.

Lc 6,39-42

Es una tendencia natural, vemos primeros los defectos del otro que los míos propios. Es una inclinación humana propiciada por nuestro pecado original. Nacemos manchados y, aunque el bautismo nos limpia, la tendencia propia es volver a caer. Con esto se pone de manifiesto nuestra debilidad. Necesitamos ayuda, pero no una ayuda cualquiera, porque las ayudas de este mundo están también manchadas y marcadas con el mismo pecado. Necesitamos una ayuda que venga de arriba, de otro mundo. Necesitamos la Gracia del Espíritu Santo que, desde la hora del bautismo nos auxilia, fortalece y ayuda para combatir las malas inclinaciones de nuestra naturaleza herida por el pecado.

Por todo ello, se hace necesario primero mirar para ti mismo y sacarte la viga que le impide a tu ojo ver claramente, para, luego, limpiar quizás la mota del ojo de tu prójimo. La humildad es la medicina que cura tu prepotencia, tu ignorancia y tu perversidad. Porque, mientras te creas sabio, prepotente esconderás dentro de ti esa perversidad que te inclina a hacer el mal o a no mirar con bondad y amor misericordioso a tu prójimo.

Por tanto, nunca permitas que tu guía sea otro ciego como tú, porque, de ser así lo más probable es que los dos caigan en el hoyo y se pierdan. Pero, es evidente, que para ello, primero conviene limpiar bien tu viga y, limpio, ver con claridad de quien te debes fiar y dejar guiarte. De esa manera podrás tú también, injertado en el Espíritu Santo, guiar a otros al buen redil.

 

—La ignorancia es mala compañía —argumentó Manuel. Es como permitir que otro ciego – ignorante como tú – sea tu guía. Por tanto, el mundo, que guarda mucha ignorancia, no debe ser nunca tu guía, por guiado por el mundo perderás tu don más preciado, el alma. Y las consecuencias será irreparables.

—¿Y qué hacer al respecto —preguntó Pedro.

—Simplemente, ponerte en manos de quien es el Camino, la Verdad y la Vida. Solo Él te guiará por el camino que lleva a la salvación.

—¿Y dónde está ese Camino, Verdad y Vida?

—Búscalo en la Palabra de Dios. Allí verás como limpiar primero tu ojo, para, luego, limpiar el de tu prójimo.

martes, 29 de marzo de 2022

CUANDO LO PRIMERO E IMPORTANTE ES EL CUMPLIMIENTO

Jn 5,1-3.5-16

Estamos ciegos cuando damos prioridad al cumplimiento como lo más importante de nuestra vida. Damos prioridad a la ley antes que, a la persona humana, y ponemos a ésta en función de la ley. Sucede, ya lo hemos visto en otras reflexiones, con la ley del sábado. Parece ser que la Ley está antes que el Amor Misericordioso de nuestro Padre Dios. Esto significa que el está, como ya hemos dicho, el cumplimiento antes que Dios. Es decir, la Ley antes que el amor. La pregunta que se nos plantea es: ¿Está primero la Ley y el cumplimiento antes que el Amor a Dios? Ese es el interrogante al que debemos responder.

Jesús mira por la persona antes que para Ley. El hombre está primero, para Él, que la Ley y cualquier clase o norma de cumplimiento. Su venida a este mundo es, precisamente, para liberar al hombre de la Ley y de todo aquello que lo esclaviza y somete. Por lo tanto, Jesús, el Señor, mira primero la necesidad antes que la Ley. La necesidad, sobre todo, de aquel que se experimenta impotente y necesitado de ayuda. Jesús se compadece y, en consecuencia, actúa. No tiene en cuenta el tiempo ni la Ley. Pregunta, eso sí, si quieres ser curado, pues respeta tu libertad, y ante la respuesta afirmativa, actúa. Sana y salva, para eso ha bajado de los Cielos, y te invita a vivir en el amor y la misericordia. Te invita, porque eres libre para aceptar o rechazar su invitación.

Posiblemente, los judíos, amantes de la Ley y el cumplimiento, no están tan de acuerdo con Jesús. Esa es la razón por lo que le persiguen. Ellos quieren obediencia a una ley que ellos dominan, someten e incluso legislan mirando por y para sus intereses. Una ley que, llegado el caso, interpretan demagógicamente. ¿No nos ocurre hoy algo parecido? La ley no siempre es lo correcto y lo justo. Es, en muchos casos, partidista arrimándose al poder y siendo tajante y exigente en el cumplimiento para el desvalido y pobre.

Hoy, aunque no nos demos cuenta, padecemos muchas parálisis. Posiblemente, podamos movernos y comunicarnos con mucha facilidad, pero, ¿somos, por eso, más libres? Nos paralizan nuestra suficiencia, poder y riqueza, soberbia y envidia…etc. Y, lo peor, nos creemos que somos capaces de bastarnos por nosotros mismos. Nuestra parálisis tanto óptica como mental es total.

domingo, 27 de febrero de 2022

LO VERDADERAMENTE IMPORTANTE SON LAS ACCIONES DE TU VIDA

 

A nadie se le ocurre tomar un guía ciego porque, probablemente caerán ambos por el precipicio. El sentido común te aconseja valerte de alguien que pueda informarte bien para que puedas encaminar, también bien, tu vida. Sin embargo, la lógica falla y siempre ha existido y existe quienes se apoyan en ciegos para alumbrar sus vidas. Son muchos los que se apoyan en ciegos para ser guiados en este mundo. Ciegos que, sometidos al pecado, caminan inmersos en la oscuridad no viendo las vigas que le impiden ver a sus ojos y si las motas del prójimo que tienen enfrente.

Se hace necesario utilizar esos dones recibidos y donar libremente, voluntariamente y gratuitamente tu competencia y responsabilidad. Se hace necesario estar abierto a las enseñanzas del maestro hasta alcanzar la madurez que nos permita estar al mismo nivel. Se hace necesario mirarnos para ver nuestras propias vigas que obstaculizan nuestra vista y nos impide ver las motas en los otros. Conviene, pues, hacer autocritica y ver  nuestras actitudes ante nuestras relaciones con los demás.

Porque, lo verdaderamente importante no está ni se esconde en nuestras palabras, sino en nuestras acciones. Es, por tanto, de vital importancia nuestra manera de actuar y en donde se descubre lo que vive y hay en el centro de nuestro corazón. Porque, de lo que rebosa el corazón habla su boca.

viernes, 11 de septiembre de 2020

PECADORES Y JUECES

Lucas 6,39-42 - ParroquiaWeb | Evangelio, Evangelio del dia, El maestro
Todos reconocemos nuestra imperfección. Es evidente que nos sabemos pecadores y no nos atrevemos a levantar la mano en señal de que estamos libre de pecado. Sin embarogo nos atrevemos a juzgar y a servir de guía para otros. ¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿Acaso un pecador puede limpiar a otro pecador? ¿No se hundirán ambos en el abismo?. 

Es de sentido común mirarse interiormente primero, para luego, limpio, tratar de limpiar al otro. Se hace necesario recuperar la vista para luego servir de guía al que no ve. Por tanto, es aconsejable reflexionar sobre mis actitudes, mis errores, mis fallos y pecados, para, luego, en el esfuerzo de corregirme, por la Gracia de Dios, ayudar a corregirse a otros. Sería necesad querer limpiar sin estar yo limpio.

 No pretendamos ser maestros ni guías, primero, porque no lo somos, y, segundo, porque, nuestra debilidad es tal que nuestro testimonio no alcanza para servir y ser guía para otros. Por tanto, seamos sinceros con nosotros mismos y, abiertos a la Gracia de Dios, dejémonos limpiar interior y externamente para, por la acción del Espíritu Santo ser guía para otros señalándoles el camino hacia Xto. Jesús, Camino, Verdad y Vida. 

miércoles, 20 de febrero de 2019

UNA MIRADA NUEVA

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Mc 8,22-26
Posiblemente tus ojos tengan una buena visión y vean claramente, pero, no es esa la visión buena ni la que salva. Porque, la visión que realmente interesa es la visión que nos viene alumbrada y asistida por el Espíritu Santo. Ese Espíritu Santo que hemos ya recibido, por la Gracia de Dios, en nuestro bautismo. Es en él donde empezamos, poco a poco, y en la medida que vamos creciendo y madurando, a ver todo lo que nos rodea desde y con los ojos de Dios.

Y más tarde nos fortalecemos y nos aclaramos más con el Sacramento de la confirmación. Con él fortalecemos nuestra vista desde el Señor tratando y esforzándonos en ver en los demás al Señor. La fe es un camino que, en la medida que nos dejemos guiar por el Espíritu Santo, va creciendo en nosotros. Hoy, Jesús nos lo enseña en el Evangelio con la curación de ese ciego de Betsaida al curarlo de forma progresiva en dos tiempos: 
                        Tomando al ciego de la mano, le sacó fuera del pueblo, y habiéndole puesto saliva en los ojos, le impuso las manos y le preguntaba: « ¿Ves algo?». Él, alzando la vista, dijo: «Veo a los hombres, pues los veo como árboles, pero que andan». Después, le volvió a poner las manos en los ojos y comenzó a ver perfectamente y quedó curado, de suerte que veía claramente todas las cosas.

Es posible que con tus ojos veas todo muy bien, pero lo verdaderamente importante no es ver la luz y los colores que el sol nos alumbra, sino lo que se esconde detrás y en la profundidad del corazón del hombre tal y como lo ve nuestro Padre Dios. Esforcémonos en ver con la misma mirada de Dios y desde su amor a todos los hombres. Busquemos, no quedarnos en la superficie de lo que vemos ni en satisfacer nuestra propia pasión y gozo, sino profundicemos en buscar la verdad, la justicia y la paz que nos alimenta el amor de Dios en fraternidad con todos los hombres.

lunes, 19 de noviembre de 2018

VER PARA CREER


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Lc 18,35-43
Estamos ciegos y vamos por la vida con los ojos de la fe cerrados. Es verdad que vemos las maravillas de este mundo, pero no vemos al Creador. Y cuando digo no vemos me refiero a que pasa desapercibida tu presencia, Señor, ante las maravillas de este mundo que tú has creados. Sabemos o deducimos que alguien las ha tenido que crear, pero no queremos ver que has sido Tú, Señor. Incluso, nos gusta más dejarnos convencer por aquellos que elaboran teorías evolutivas como producto de un choque de energías que han dado vida a todo lo creado y a la vida, valga la redundancia, misma.

Todo es válido antes que reconocer tu Poder Creador, Señor. Caminamos con los ojos de la verdad muy bien cerrados y sumidos en la oscuridad más necia e ignorante. Por eso, necesitamos abrirlos grandemente para tratar de ver. Ver en verdad y justicia; ver que Tú, Señor, eres el verdadero y único Creador de todo lo visible e invisible. Verte, Señor, para poder seguirte.

Y tomamos conciencia que la vida misma nos nubla la vista. Estamos metidos en una inercia de la que cuesta mucho salir. No vemos la claridad de tu Palabra, y si llegamos a entenderla, no encontramos la fortaleza ni el camino para salir de ella. Necesitamos luz, Señor; mucha luz para ver y poder seguirte con firmeza y decisión. El mundo nos tiene atrapado y no encontramos la forma ni el camino para salir. Necesitamos tu Gracia y un espacio que nos libere y nos ayude a vivir en tu Voluntad y como Tú has pensado que debemos vivir para ser libres y poder amarnos como Tú nos ama.

Danos esa sabiduría y aumenta nuestra fe para encontrar ese ambiente y entorno que nos den la posibilidad de que Tú seas lo primero en nuestros corazones y, simultáneamente, los demás, considerándonos como hermanos, al ser todos tu hijos, seamos capaces de vivir con dignidad e igualdad de derechos, verdad y justicia.

viernes, 2 de diciembre de 2016

¿LO CREES TÚ TAMBIÉN CON LOS OJOS DE TU CORAZÓN?

(Mt 9,27-31)
Aquellos ciegos ya veían, pues al conocer que Jesús cumplía con la profecía de Isaias pensarón que era el Mesías, el Hijo de David esperado, y conociendo que estaba por allí le seguían: «¡Ten piedad de nosotros, Hijo de David!». Y al llegar a casa, se le acercaron los ciegos, y Jesús les dice: «¿Creéis que puedo hacer eso?». Dícenle: «Sí, Señor». Entonces les tocó los ojos diciendo: «Hágase en vosotros según vuestra fe». Y se abrieron sus ojos.

¿Cómo ven los ojos de nuestra esperanza? ¿Creemos, cómo aquellos ciegos, que Jesús es nuestra esperanza y salvación?  ¿Y si lo creemos, le seguimos hasta su Casa? ¿Y nos acercamos para hablar y pedirle por la curación de nuestra ceguera? Porque, puede ocurrir que veamos físicamente, pero que estemos ciegos interiormente de la verdadera Luz de la Vida Eterna. Y, quizás, sea esa nuestra mayor dificultad, enfermedad y ceguera.

No cabe ninguna duda que nuestra fe está en relación proporcional con nuestros movimientos. Nos movemos cuando tenemos claro nuestro objetivo y ese movimiento delata nuestras intenciones y, sobre todo, nuestra fe. Aquellos ciegos creían que Jesús tenía poder para curarlos, y, en consecuencia, le siguieron hasta su casa. Y también todos aquellos que tratamos de seguirle y responderle también tenemos fe. Será poca o pequeña, pero no deja de ser por eso fe. Fe en que el Señor nos abrirá nuestros ojos y nos permitirá ver el camino de salvación.

Con esa esperanza caminamos, aunque en muchos momentos sea en penumbre y casi ciegos, tras tus pasos, Señor, porque queremos ver. Ver cada día más claro. Y este momento litúrgico que estamos viviendo, "Adviento", es propicio para acercarnos a Ti y pedirte que nos alumbres el camino.

viernes, 4 de diciembre de 2015

NO NOS HACEN FALTA LOS OJOS PARA VER

(Mt 9,27-31)


Aquellos dos ciegos ya veían la Divinidad de Jesús. Ellos afirmaron que Jesús era el enviado, el Hijo de David, y con ese presagio de esperanza se ponen en camino y lo buscan. Saben de su ternura y de su Misericordia, y confían en su perdón y sanación por el amor.

Y quien busca encuentra. En la presencia del Señor le suplican que vean, y responden a la pregunta de Jesús. Están convencidos y confiados en que Jesús les puede dar la vista, y así sucede. Ven la luz del mundo, pero ya, hacía rato, veían la verdadera y única luz, la Luz del Hijo de David, el Mesías enviado para salvarnos.

Hace unos momento he imprimido una frase de (Is 7, 14b-15)
Mirad: la Virgen está encinta y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel (que significa “Dios-con-nosotros”). Comerá requesón con miel, hasta que aprenda a rechazar el mal y a escoger el bien. Con la intención de llevársela a los hermanos cautivos en la cárcel y compartir con ellos esa esperanza del Mesías que está anunciado que va a nacer muchos siglos antes de que se produzca. Isaías nace hacia el 765 a.C. 

¿No es esto un milagro? Una profecía hecha más de siete siglos y que tiene su cumplimiento en el nacimiento de Jesús. Verdaderamente no hay que ir muy lejos para encontrar verdaderas razones que testimonian y dan razón del nacimiento del Señor y de sus orígenes divinos.

Aquellos dos ciegos veían más claro que muchos de su tiempo y también del nuestro. Veían con los ojos de la luz del corazón, y veían lo que realmente es necesario e interesa ver: que Jesús es el verdadero Hijo de Dios, el Mesías esperado donde apoyamos todas nuestras esperanzas de salvación. Verdaderamente aquellos dos ciegos, con sus ojos físicos opacos a la luz, supieron ver la Luz Verdadera.

Pidamos al Señor que también nosotros veamos la verdadera luz que se nos esconde, deslumbrados por la luz, caduca y opaca, que nuestros ojos físicos alcanzan a ver.

viernes, 11 de septiembre de 2015

EL TEMOR DE TUS ACTOS

(Lc 6,39-42)


Cuando tratas de ser coherente, de manera instintiva, te sorprendes a ti mismo observando tu conducta y forma de actuar. Porque eres consciente de que te están mirando, al menos los que te conocen, y tu ejemplo y actitud están hablando de tu fe.

Pensar que tu ejemplo puede servir para acercar a otros al Señor, como también para alejarlos, es una gran responsabilidad. De ahí tu compromiso, tu seriedad y tu esfuerzo en estar lo mejor preparado posible y, sobre todo, injertado en el Espíritu Santo para no desfallecer y abrirte a su acción.

Porque no eres tú, sino la acción del Espíritu el que va forjando en ti el ejemplo que otros quieren ver. Por eso, la oración, el estudio y la acción son los tres elementos esenciales de tu ser creyente en Jesús. Es necesario orar para fortalecer tu voluntad y espíritu, pero también para pedir sabiduría y luz para discernir lo bueno y lo malo.

El estudio va dirigido a estudiar si puedes, claro está, pero fundamentalmente a un espíritu de observación, de escucha y atención a la Palabra de Dios. El Evangelio de cada día es una fuente de sabiduría, por la Gracia de Dios, donde el Espíritu Santo nos descubre, nos enseña e instruye el camino para siguiendo a Jesús cumplamos su Voluntad.

Voluntad que se concreta en poner en práctica el amor. El amor que pasa por ser un compromiso en buscar el bien y la verdad y derramarlo en los hombres. El amor que nace en Jesús y, por su Gracia, en un esfuerzo en corresponderle. De ahí que primero limpiar las vigas de mis ojos antes que suponerlas en el ojo de mi prójimo, que quizás son simples motas agigantadas por mi agresiva imaginación.

En esa suficiente actitud, no sólo yo, sino también los que se dejen dirigir por mí caerán en el mismo error y en la hipocresía de aparentar ser pero no ser. Por eso, pidamos en primer lugar la Gracia del Espíritu y, en segundo, abramos nuestros corazones para que Él actúe y nos dirija por el verdadero camino.

viernes, 5 de diciembre de 2014

¿CREES QUE JESÚS TE PUEDE CAMBIAR?

Mt 9, 27-31


Sucedió a aquellos ciegos. Seguían a Jesús e, imagino, tendrían sus dudas. Dudas de que Jesús los atendiera, pero sobre todo que les abriera sus ojos a la luz. ¿Quién era Jesús? Sin embargo, hay algo que les mueve a caminar, a seguirlo y a perseveran en su ruego de conseguir ver. ¿Será esa la fe? ¿Será esa la condición que nos pide Jesús?

¿Crees tú, y también yo, que Jesús puede transformar nuestro corazón? ¿Realmente lo creemos? Podemos pensarlo meditadamente y posiblemente, pienso, nos aparecerán las mismas dudas que esos ciegos. En el camino dudaremos, como dudamos en nuestra vida, y muchas veces nos preguntaremos quien es Jesús. Nuestra fe es pobre, débil y muy proclive a romperse, a perderse y evaporarse.  Razón fundamental para estar muy cerca de Él. Le necesitamos urgentemente. 

Más que aquellos ciegos y iban tras sus pasos. Necesitamos también gritarle a Jesús que nos devuelva la vista. La luz para verle, para divisarlo a nuestro lado, para alumbrar nuestro corazón y sentirle cercano, presente y futuro. Para sentirle siempre y eterno.

Quizás Jesús no quiere de nosotros más que le sigamos y que nos dejemos curar: Y al llegar a casa, se le acercaron los ciegos, y Jesús les dice: «¿Creéis que puedo hacer eso?». Dícenle: «Sí, Señor». Entonces les tocó los ojos diciendo: «Hágase en vosotros según vuestra fe». Y se abrieron sus ojos. Jesús les ordenó severamente: «¡Mirad que nadie lo sepa!». Pero ellos, en cuanto salieron, divulgaron su fama por toda aquella comarca.

Respondemos también nosotros a la pregunta de Jesús: Sí, Señor. Y lo buscamos para que cambie nuestros corazones de piedras en corazones de carne, generosos, solidarios, compasivos y misericordiosos. ¿Y, a pesar de nuestras dudas, confiamos que Jesús lo puede hace?

Hagamos lo de los ciegos, seguir caminando tras Jesús e insistir aunque sintamos desfallecer o no sentir la fe que quisiéramos sentir. Continuemos caminando hasta que el Señor quiera preguntarnos que queremos, y, estando cerca, respondamos inmediatamente que Sí, Señor.

viernes, 12 de septiembre de 2014

EN LA OSCURIDAD NOS PERDEMOS


(Lc 6,39-42)


La noche nos deja quieto, paralizados, incapaz de andar, al menos sabiendo bien a donde nos dirigimos y que suelo pisamos. Preso de esa necesidad de luz, el hombre buscó luz, y en el tiempo logró iluminar la noche, pero no así su vida. Se necesita una Luz Infinita para ver de dónde venimos, a dónde vamos y quienes somos.

Quizás vemos con la luz d este mundo, pero no alcanzamos a ver la Luz del otro. Y es el otro el que nos interesa, porque la Luz nos revela que es allí donde estamos invitados y destinados a ir y en donde colmaremos plenamente nuestras ansias de felicidad buscadas.

Hoy, Jesús, el Hijo de Dios, Luz Infinita, enviado por el Padre, nos descubre y revela el Amor del Padre y la promesa de salvación por los méritos de su Muerte y Resurrección entregada libremente. Y nos advierte de nuestra propia oscuridad y locura al querer también guiar a otros tan ciegos como nosotros. 

Como se nos ocurre, estando sucios, lavar a otros. ¿No será lo lógico mancharlo con nuestra suciedad más que limpiarlo? Corresponde primero limpiarnos nosotros para luego ayudar a limpiar a otros. Y es eso lo que Jesús nos denuncia, advierte y propone en el Evangelio de hoy con palabras más exacta y llenas de sabiduría: ¿Cómo es que miras la brizna que hay en el ojo de tu hermano, y no reparas en la viga que hay en tu propio ojo? ¿Cómo puedes decir a tu hermano: ‘Hermano, deja que saque la brizna que hay en tu ojo’, no viendo tú mismo la viga que hay en el tuyo? Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces podrás ver para sacar la brizna que hay en el ojo de tu hermano».

Te pedimos Señor la luz que abra nuestros ojos para, no sólo caminar en tu Palabra al ritmo del Espíritu Santo, sino, con la sabiduría que viene de lo alto, alumbrar también el camino de mis hermanos. Amén.

domingo, 30 de marzo de 2014

LA LUZ DE LA VERDAD

(Jn 9,1-41)


Hay quienes no ven la luz del sol y quienes viéndola no le dan la debida importancia. Experimentamos la necesidad de ver, de ver físicamente lo que hay a nuestro derredor y la luz del sol, pero percibimos que eso sólo no nos basta. La luz del mundo no es suficiente. Y ocurre que viendo no ven, pues con la simple vista de nuestros ojos no nos es suficiente para encontrar el camino de salvación.

No sólo se trata de ver, sino de ver la verdadera Luz donde se esconde la Verdad. Aquel ciego, cuya vida desde su nacimiento estaba envuelta en oscuridad, despertó a la luz cuando sus ojos se abrieron por la Gracia del Señor. Sin embargo, la verdadera luz estaba delante de él: "Jesús, nuestro Señor".

Sucede que muchos de nosotros, con buena salud óptica y mirada de águila nos perdemos en el horizonte de este mundo viendo cosas aparentemente importantes que sólo la tienen de verdad cuando son miradas y contempladas desde la mirada del Señor. Él es la Luz verdadera y todo en Él cobra verdadero sentido. Fuera de Él nada se sostiene ni nada tiene sentido.

Por eso, muchos que ven, no ven lo verdaderamente importante. Viendo no ven, y creyéndose videntes están verdaderamente ciegos pues permanecen en la oscuridad de este mundo, perdido y precipitado al abismo de la oscuridad, pues rechazan la única y verdadera Luz.

Abre mis ojos, Señor, y dame la verdadera Luz que ilumina mi camino hacia Ti.

jueves, 27 de febrero de 2014

CARGA TU CRUZ


(Mc 9,41-50)


Se hace difícil entender cuando nuestra mente y nuestro corazón está apegado a este mundo y a las cosas de este mundo. Es necesario primero una mirada al Señor para, fortalecidos en el Espíritu Santo, seamos capaces de encontrar fuerzas para vivir el Mensaje de Jesús, que no es otra cosa sino la búsqueda de nuestro propio bien.

Experimentamos que en este mundo hay cosas que aun gustándonos, nos perjudican. A nadie se le esconde que el fumar es malo, y el beber demasiado es perjudicial para la salud. Todo necesita una moderación y tiene un límite. De la misma forma, el amor tiene sus sacrificios y sus renuncia, porque amar a favor de la corriente deja de ser amor para convertirse en egoísmo.

Hay muchas circunstancias en nuestra vida que nos exigen renuncia, sacrificio y entrega sin condiciones. Los niños indefensos y con minusvalías e imperfecciones; el egoísmo de un esposo o esposa que rompe el matrimonio; la rebeldía de un hijo/a que rompe la armonía familiar; este apego o vicio o aquella envidia o tentación, enfermedad...etc. Son manos, pies u ojos que debemos arrancar para que no sean motivos de pecados y pérdida del Reino de Dios.

Aunque ahora, en este mundo, el camino se haga difícil e insoportable, recuerda que la travesía por el desierto del pueblo de Israel también lo fue. Pero al final, llegar a la tierra prometida es lo verdaderamente importante, y todo lo demás pura quimera finita y caduca.

Vale la pena entrar cojo, ciego o manco en el Reino de Dios que con los dos ojos, pies o brazos quedar fuera.

domingo, 15 de diciembre de 2013

SEÑALES DE ESPERANZA


(Mt 11,2-11)

Juan también tenía sus dudas. Era sorprendente la forma en que Jesús se presentaba. Al menos no era la que esperaban los judíos. Sus esperanzas pasaban por recibir a un Mesías fuerte, poderoso y líder que los aglutinara y los liberara del poder y la esclavitud romana.

Y Jesús parece todo lo contrario. Manso, humilde y sin oponerse a la opresión romana. «¿Eres tú el que ha de venir, o debemos esperar a otro?». Es la pregunta que todos tienen en la mente, y quizás nosotros también la continuamos teniendo después de 2013 años.

Sin embargo, Jesús, tanto ayer a Juan, como hoy a todos nosotros, nos responde indirectamente: «Id y contad a Juan lo que oís y veis: los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan y se anuncia a los pobres la Buena Nueva; ¡y dichoso aquel que no halle escándalo en mí!». 

Sí, hemos vistos muchas parálisis curadas; muchos ciegos que ven; muchos cojos que andan; muchas sorderas que se abren a la escucha; muchos leprosos que son sanados y muchos muertos que resucitan... Y se anuncia la Buena noticia a los pobres, porque sólo los pobres son capaces de aceptarla. Pero nosotros seguimos en duda, preguntando y exigiendo pruebas para creer.

¿Seremos capaces de ver nuestra parálisis, nuestra ceguera, nuestra sordera y cojera, nuestra lepra y nuestra muerte? ¿Estamos tan endurecidos que no advertimos que esa esperanza de vida eterna que cura todos nuestros males nos la está ofreciendo Jesús cada día?

viernes, 8 de febrero de 2013

LOS APEGOS NOS CIERRAN LOS OJOS

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Mc 6,14-29


Y digo esto porque pienso que si Herodes llegó a pensar que se trataba de Juan el Bautista, a quien él había decapitado, lo más lógico y de sentido común sería replantearse seriamente cómo era posible que hubiese resucitado.

Eso me trae a la memoria la parábola del rico epulón, cuando pidió a Abrahán que enviara a Lázaro:
Padre Abrahán, ten piedad de mí y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua y refresque mi lengua, porque estoy atormentado en estas llamas. Contestó Abrahán: Hijo, acuérdate de que tú recibiste bienes durante tu vida y Lázaro, en cambio, males; ahora, pues, aquí él es consolado y tú atormentado. Además de todo esto, entre vosotros y nosotros hay interpuesto un gran abismo, de modo que los que quieren atravesar de aquí a vosotros, no pueden; ni pueden pasar de ahí a nosotros. Y dijo: Te ruego entonces, padre, que le envíes a casa de mi padre, pues tengo cinco hermanos, para que les advierta y no vengan también a este lugar de tormentos. Pero replicó Abrahán: Tienen a Moisés y a los Profetas. ¡Que los oigan! El dijo: No, padre Abrahán; pero si alguno de entre los muertos va a ellos, se convertirán. Y les dijo: Si no escuchan a Moisés y a los Profetas, tampoco se convencerán aunque uno de los muertos resucite"(Lc).

Y eso mismo ocurre hoy, oímos, vemos milagros y hasta sentimos que en lo más profundo de nuestro ser el amor nos da la felicidad, y seguimos apegados a nuestros intereses y egoísmos.