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miércoles, 11 de marzo de 2026

EL SENTIDO DE LA LEY

Mt 5, 17-19

Lo había intentado muchas veces, pero no lograba enderezar su vida. Cipriano era de aquellos que, a pesar de sus errores, luchaban por levantarse y no volver a caer. Sin embargo, sus reiteradas caídas lo arrastraban, poco a poco, a darse por vencido.

Un día, cansado de tanto querer y no poder, se dejó llevar por la desgana. Cogió su coche y se alejó de su pueblo. Quería experimentar nuevas sensaciones y conocer otros lugares.

Recorrió varios pueblos y caminos y, ya algo cansado, se detuvo en la plaza de uno donde la tranquilidad le llamó la atención. Allí, sentado bajo unos árboles, reponía fuerzas.

De pronto reparó en una iglesia que había enfrente. Le extrañó ver a algunas personas entrar y, seducido por la curiosidad, se acercó. Al entrar, comprobó que se celebraba una misa. Sorprendido por la paz que allí se respiraba, tomó asiento en uno de los bancos.

En ese momento el sacerdote leía el Evangelio (Mt 5, 17-19):

—En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No creáis que he venido a abolir la Ley y los Profetas; no he venido a abolir, sino a dar plenitud. En verdad os digo que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la ley».

Cuando terminó de proclamarlo, hizo el siguiente comentario:

—Jesús viene a anunciarnos el Amor misericordioso de su Padre. No viene a abolir nada, sino a darle cumplimiento, a ayudarnos a descubrir el Espíritu que da vida a la Ley.

Tras unos segundos, añadió:

—Los mandamientos, la Ley, nos ayudan a tratarnos con respeto, con prudencia y con sencillez evangélica. Y esa sencillez la contemplamos en Jesús. Él es nuestra referencia y nuestro ejemplo.

E irguiendo un poco el cuerpo, para dar mayor énfasis a sus palabras, concluyó:

—«El hombre sencillo y recto —como dijo san Juan XXIII—, el que teme al Señor, es siempre el más digno y el más fuerte».

Cipriano se había quedado inmóvil, como si su vida se hubiera detenido por un instante. Su corazón, sereno, sentía gozo y paz. Ahora comprendía que, solo con sus fuerzas, los errores seguían pesando; pero, junto al Señor, la esperanza de ir corrigiéndose —no por su mérito, sino por la gracia de Dios— daba verdadero sentido a su vida.

Se levantó y salió del templo. Era el mismo de antes, pero su manera de ver y entender la vida había cambiado. Ahora todo tenía más sentido y la vida, aunque todavía no estuviera del todo enderezada, estaba llena de esperanza.

jueves, 29 de diciembre de 2022

EN EL CUMPLIMIENTO DE LA LEY

Lc 2, 22-35

José y María guardaban la Ley, pero no cualquier Ley sino aquello que estaba prescrito por la Ley del Señor. Esto no significa ni está en contradicción con otras leyes, digamos sociales y del pueblo, que buscan el bien común, la verdad y justicia. Pero, significativo es que José y María daban prioridad en sus corazones a la Ley del Señor.

Y es que la Ley del Señor, de un Señor que nos ama con locura misericordiosa es la mejor Ley que podamos cumplir. Es la Ley por excelencia que nos salva y libera de la esclavitud del pecado y nos lleva al encuentro salvífico con Dios nuestro Padre. Deseemos también nosotros cumplir la Ley. La Ley de Dios por encima de todo que nos hará instrumentos de su Amor Misericordioso para construir un mundo según su Voluntad.

En el Evangelio de hoy también destacan dos figuras que nos ayudan a caminar por Ley del Señor según su Voluntad. Hablamos de Simeón, hombre justo y piadoso que esperaba la consolación de Israel; y en él estaba el Espíritu Santo. Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de haber visto al Cristo del Señor. Desde este testimonio de Simeón podemos preguntarnos: ¿También nosotros esperamos al Hijo prometido que nos trae la salvación eterna? ¿O, por el contrario vivimos en un mundo de espaldas al Señor?

Por otro lado está la profetiza Ana que inspirada por Dios está siempre en el templo sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Destaca su actitud de fe y perseverancia que testimonia en esa, valga la redundancia, perseverancia que nos lleva al encuentro misericordioso con el Señor.

martes, 29 de marzo de 2022

CUANDO LO PRIMERO E IMPORTANTE ES EL CUMPLIMIENTO

Jn 5,1-3.5-16

Estamos ciegos cuando damos prioridad al cumplimiento como lo más importante de nuestra vida. Damos prioridad a la ley antes que, a la persona humana, y ponemos a ésta en función de la ley. Sucede, ya lo hemos visto en otras reflexiones, con la ley del sábado. Parece ser que la Ley está antes que el Amor Misericordioso de nuestro Padre Dios. Esto significa que el está, como ya hemos dicho, el cumplimiento antes que Dios. Es decir, la Ley antes que el amor. La pregunta que se nos plantea es: ¿Está primero la Ley y el cumplimiento antes que el Amor a Dios? Ese es el interrogante al que debemos responder.

Jesús mira por la persona antes que para Ley. El hombre está primero, para Él, que la Ley y cualquier clase o norma de cumplimiento. Su venida a este mundo es, precisamente, para liberar al hombre de la Ley y de todo aquello que lo esclaviza y somete. Por lo tanto, Jesús, el Señor, mira primero la necesidad antes que la Ley. La necesidad, sobre todo, de aquel que se experimenta impotente y necesitado de ayuda. Jesús se compadece y, en consecuencia, actúa. No tiene en cuenta el tiempo ni la Ley. Pregunta, eso sí, si quieres ser curado, pues respeta tu libertad, y ante la respuesta afirmativa, actúa. Sana y salva, para eso ha bajado de los Cielos, y te invita a vivir en el amor y la misericordia. Te invita, porque eres libre para aceptar o rechazar su invitación.

Posiblemente, los judíos, amantes de la Ley y el cumplimiento, no están tan de acuerdo con Jesús. Esa es la razón por lo que le persiguen. Ellos quieren obediencia a una ley que ellos dominan, someten e incluso legislan mirando por y para sus intereses. Una ley que, llegado el caso, interpretan demagógicamente. ¿No nos ocurre hoy algo parecido? La ley no siempre es lo correcto y lo justo. Es, en muchos casos, partidista arrimándose al poder y siendo tajante y exigente en el cumplimiento para el desvalido y pobre.

Hoy, aunque no nos demos cuenta, padecemos muchas parálisis. Posiblemente, podamos movernos y comunicarnos con mucha facilidad, pero, ¿somos, por eso, más libres? Nos paralizan nuestra suficiencia, poder y riqueza, soberbia y envidia…etc. Y, lo peor, nos creemos que somos capaces de bastarnos por nosotros mismos. Nuestra parálisis tanto óptica como mental es total.

miércoles, 23 de marzo de 2022

EN EL ESFUERZO DE CUMPLIR LA LEY

La intención es la que vale. Cuando, desde lo más profundo de nuestro corazón hay buena intención, siempre, a pesar de nuestras debilidades y errores, cumplimos con la ley. Porque, quien quiere y busca, consigue y cumple. Por tanto, no debemos preocuparnos excesivamente cuando aparecen nuestros errores y pecados. Levantarnos es la acción inmediata y limpiarnos en el Sacramento de la reconciliación.

No debemos olvidar que el Espíritu Santo nos acompaña y está presente. Ha bajado a nosotros el día de nuestro bautismo y nos acompaña en el camino de nuestro peregrinar a la Casa del Padre. Por tanto, Él, el Espíritu, será quien recoja los frutos de tu viña. A ti y a mí nos toca sembrar, luchar y esforzarnos. Los resultados son cosa del Señor.

Dios no te exigirá más de lo que tú puedes dar. Él sabe muy bien donde está tu límite, tus talentos y lo que realmente puedes dar, sembrar y hacer. Así que, esfuérzate en dar al máximo lo que puedas y no te preocupes demasiado por lo que no puedas dar. Nuestro Padre Dios lee en lo más profundo de nuestro corazón y sabe nuestras auténticas intenciones.

La Misericordia de Dios es Infinita. Sabe y conoce nuestras debilidades y entiende nuestras caídas. Las permite o toleras porque las perdona y, para eso, nos ha dejado el Sacramento del perdón o reconciliación. Diríamos que nos está permitido caer, pero prohibido quedarnos caído. Se nos pide levantarnos, arrepentirnos y limpiarnos en el Sacramente del perdón. Para eso está la Infinita Misericordia de nuestro Padre Dios.

Quien ama siempre está al lado de la Ley y en disponibilidad de cumplirla. Y, no solo eso, sino, también abierto a enseñarla y dar buen testimonio.

martes, 18 de enero de 2022

LEY Y CUMPLIMIENTO

 

Es evidente que la Ley está en relación directa con el cumplimiento. Es decir, si la Ley no se cumple, ¿para qué sirve? Inmediatamente deja de ser Ley. Conviene, pues, que antes de dictar la Ley se midan las posibilidades y capacidades para cumplirla, porque, - y eso es cierto – hay leyes que no son justas, ni pueden ser cumplidas por la propia naturaleza humana. No debe el hombre sufrir y soportar una enfermedad o cualquier otro beneficio porque una Ley del sábado lo impida, pues, una de las premisas y condiciones de la Ley es que debe estar dictada para beneficio y mejora del hombre.

Pues bien, siendo eso así y dentro del más puro sentido común, hubo personas – sumos sacerdotes y escribas de la Ley judía – que no lo entendía o no – lo más probable – querían bajarse de su estatus y poder. Por tanto, a lo que íbamos. Por encima de la Ley está el bien del hombre, la justicia y la caridad. Son valores eternos que sobrepasan a la Ley y están en el Espíritu del Amor y la Misericordia de Dios. Sin un Dios Misericordioso nuestra esperanza de redención y salvación sería una más que utopía – distopía – imposible de conseguir con nuestro meritorio cumplimiento. Si estamos salvados, claro está, es por la Infinita Misericordia de Dios y por el Mérito de la Pasión, Muerte y Resurrección de nuestro Señor Jesucristo, único Redentor y Salvador de nuestra condenación por el pecado.

La Ley que se ajusta al cumplimiento del hombre es imperfecta. El hombre que se somete a ella, también, es imperfecto, y la imperfección no puede nunca alcanzar la perfección «ser perfectos como mi Padre celestial es perfecto» - Mt 5, 43-48 -. Por tanto, lo que relaciona al hombre con Dios nunca puede estar ni esconderse en el mero cumplimiento de la Ley. Porque, entre otras cosas, el cumplimiento no significa que exista amor, sino, eso, simplemente cumplimiento, valga la redundancia.

El espíritu de la Ley se esconde en el amor y la misericordia, pues, lo que relaciona al hombre con Dios, no está en el cumplimiento sino en Jesucristo. Es Él el intermediario, el que nos lleva al Padre, el que nos salva y sin Él nada podemos. Sólo, a través de Él llegamos al conocimiento, relación y misericordia de nuestro Padre Dios. Y, volvemos al principio, es inevitable. La Ley se hizo para el bien del hombre, de modo que el sábado está para servir y buscar el bien del hombre, no para someterlo. La función específica del sábado está para buscar espacio de relación con Dios.