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jueves, 30 de julio de 2026

UNA RED DE BUENOS Y MALOS

Mt 13, 47-53

Su cuerpo se estremeció mientras leía el evangelio del día: El Reino de los cielos se parece también a la red que se echa al mar y recoge a toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan y reúnen los buenos en cestos y a los malos los tiran. Aquel pasaje siempre le impresionaba.

El colmo fue cuando leyó lo que está escrito (Mt 13, 47-53) que sucederá al final de los tiempos: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno de fuego. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.

¿Acaso no conviene que la gente conozca estas verdades y que decidan por su cuenta? Creo que es un derecho que todo ser humano debe tener: conocer lo bueno y lo malo para poder elegir libremente.

El hombre ha sido creado para el bien, aunque lleva también dentro de sí la mala hierba que le hace vacilar y, a veces, elegir el mal. Mas su corazón está inclinado a buscar siempre lo bueno, lo bello, la verdad, lo justo y el amor.

Me resulta muy extraño vivir sin explorar dónde estoy, por dónde voy y qué caminos me presenta este mundo por el que, de manera irrevocable, transito.

 Y más extraño me resulta advertir cómo muchos no se plantean nada y viven sin hacerse preguntas, dejándose llevar por la rutina.

En realidad, a veces me pregunto si son cosas que solo me pasan a mí o si solo las pienso yo.

La conclusión —pensó Manuel— es que me siento diferente y casi raro al estar rodeado de tanta indiferencia y superficialidad.

No sé si mi reacción se parece a la del escriba (Mt 13, 47-53), instruido en el Reino de los cielos, que va sacando de su tesoro lo nuevo y lo antiguo.

Conviene sacar del tesoro tanto lo antiguo como lo nuevo, reconociendo lo mucho bueno recibido de la tradición y también lo que Cristo nos ha regalado en la novedad del Evangelio.

El Reino de los cielos no viene a destruir el pasado, sino a darle su verdadero y completo sentido. Sin embargo, muchos viven de espaldas a esta realidad.

sábado, 11 de septiembre de 2021

SEGÚN EL ÁRBOL SERÁN LOS FRUTOS

 

No se puede esperar frutos buenos de unos árboles malos, y, de la misma forma, frutos malos de un árbol bueno. La calidad del fruto está en la misma raíz del árbol. De un corazón mal intencionado nacerán actos malos y con malas intenciones. Y, de la misma forma, de un corazón bien intencionado, sus actos serán buenos y llenos de buenas intenciones y bondadosos.

Digamos que el corazón es la sala de maquina del cuerpo humano. Es decir, dependiendo de cómo funciona el corazón serán sus frutos. Se suele decir a modo de refrán: "De lo que reboza el corazón habla la boca". Las apariencias engañan y los frutos que aparentan tener un buen aspecto, luego no parecen ser tan buenos como aparentan. 

En el corazón - centro de donde nacen las buenas y malas intenciones del hombre - se cultivan todos los ingredientes para que sus actos sean buenos o malos. Lo que da carácter de bueno o malo es la intención que anida en el corazón. El pecado - ya lo dijo Jesús - Mc 7, 21 - nace de dentro del corazón del hombre. En consecuencia, necesitamos fundamentar y apoyar nuestra vida en el Señor, porque, en Él, encontramos esa fortaleza y firmeza para sostenernos ante las tempestades a las que el mundo nos somete y las seducciones que nos ofrece con tal de que nuestra fortaleza y firmeza se debilite y desplome. Él es la Roca que nos sostiene y nos preserva de todas esas tempestades que nos amenazan con derribar nuestra fe.