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domingo, 3 de octubre de 2021

COMO NIÑOS

Mc 10,2-16

Juventud, divino tesoro. Nuestra experiencia nos dice que los niños son limpios, puros, soñadores e ilusionados y cargados de buenas intenciones. Tienen buenos principios, son solidarios, compasivos y buenos. Inocentes e indefensos y se protegen en sus padres. Son criaturas de Dios que en la medida que crecen y maduran no lo hacen de acuerdo con la Voluntad de Dios. Tendríamos que preguntarnos, ¿qué sucede en ese paso de niño a joven, y de joven a adulto?

Es evidente que algo ocurre dentro de nosotros que nos hace mal y nos desvía de la ruta que tenemos sellada en nuestros corazones. Posiblemente, junto a la buena semilla sembrada en nuestros corazones, crece la mala hierba - el pecado -  que el demonio ha sembrado. Y nuestro crecer y madurar se ve amenazado y tentado por esa mala hierba que nos ahoga, nos arrastra y nos transforma.

El cansancio del camino, el polvo que nos incomoda, la rutina de siempre lo mismo y la indiferencia que se va apoderando de nuestra alma terminan por agotar y paralizar nuestras inquietudes e ilusiones que traíamos desde nuestra infancia y juventud, y nos retiramos a descansar en las seducciones de este mundo. Abrimos la puerta ancha y pasamos a caminar de forma más despreocupada e indiferente a la presencia de Dios en nosotros. Y, en consecuencia, nuestro corazón se endurece y se individualiza egoístamente.

Con un corazón  endurecido e irreconciliable la semilla del divorcio hace presencia. El fruto del amor se ha podrido y buscamos, no el amor ágape, sino el placer, el gozo y nuestras propias satisfacciones. No se busca el compartir y la unidad, sino la propia satisfacción individual. Y nace esa soledad contraria a la propia esencia del ser humano, que es unidad, compartir, amor. Porque, desde el principio el hombre y la mujer fueron creados para unirse y amarse y, en consecuencia, procrearse. La familia, la célula de la sociedad. Y esa familia, de donde nace la sociedad,  necesita compromiso y unidad.

viernes, 7 de octubre de 2016

LAS DIFERENCIAS DIVIDEN


(Lc 11,15-26)
No es normal que tú hagas algo contra ti mismo. Es el caso de Jesús al que acusan de expulsar demonios en nombre del demonio. ¿Cómo es eso? ¿Aquel que ha venido a liberarnos ahora está con el que nos esclaviza? ¿Y cómo se va a expulsar el demonio así mismo? Y es que cuando nos faltan razones nos justificamos ciegamente sin saber lo que decimos.

La envidia, el odio y la ceguera nos llevan a decir cosas sin sentido y que no se sostienen por sí mismas. Indudablemente, un reino dividido no se mantiene, y se destruye por sí sólo. Y si Jesús expulsa a los demonios, causa del mal, es signo de que ha llegado el Reino de Dios.

Cuidado con el demonio, porque muchos por no tomar conciencia de eso lo olvidamos e incluso llegamos a no darle la suficiente importancia. Es lo que nos ocurre cuando confiamos en nuestras propias fuerzas y nos encontramos seguros. Llega otro más fuerte y nos vence y nos arrebata incluso peor que antes. Debemos, pues, estar bien armados con la oración y los sacramentos, para no ser sorprendido por el demonio, que está al acecho.

No por eso tengamos miedo a permanecer en este mundo hasta que nos llegue nuestra hora. No por eso tengamos miedo de dialogar y ser tolerantes con aquellos que no piensan como nosotros. Jesús fue ridiculizado, y por eso no abandonó su misión. Jesús increpó a los apóstoles cuando querían prohibirle a aquel que expulsaba demonios en el nombre de Jesús. A lo que el Señor respondió, "quien no está contra vosotros, está con vosotros" (Lc 9, 50).

No marginemos a nadie porque no sea de los nuestros. Es más, tratemos de darle buen testimonio sin más y confiar en la acción del Espíritu Santo.

viernes, 9 de octubre de 2015

DIFERENCIAS QUE BUSCAMOS QUE COINCIDAN EN LA VERDAD

(Lc 11,15-26)


Es fácil, muy fácil enfrentarnos, cada uno desde su punto de vista ideológico o doctrinal. Los discípulos de Jesús fueron corregidos por el mismo Jesús cuando querían impedir que otros expulsarán demonios en nombre de Jesús: «No se lo impidáis. Quien no está contra vosotros, está con vosotros» (Lc 9,50). 

Nos parece que si no piensan como nosotros están ciegos y equivocados. Hay personas que son buenas, es decir, viven en la justicia y en el amor, pero quizás alejadas de Cristo. No sabemos las razones de su lejanía, quizás la muralla que hemos levantado otros para que ellos se queden separados. Pero si hacen el bien y viven en la justicia y la verdad, dejémoslo que lo hagan, pues no podrán estar contra Jesús, sino a su favor.

Porque lo verdaderamente importante es el Amor. El la única razón por la que Jesús, el Hijo de Dios, ha venido al mundo, a enseñarnos a amar. Y amar es el esfuerzo de ayudarnos a vivir la verdad y la justicia de forma libre y en paz. 

Tengamos la confianza que quienes se esfuerzan por ese camino encontrarán la Fuerza del Señor, porque cuando nuestra actitud busca la justicia y la paz, termina por encontrar la Verdadera Justicia y Paz, que reside y mora en nuestro Padre Dios. Pero los que no lo hacen, buscándose a sí mismo y haciéndolo desde sus propias fuerzas, chocarán contra las fuerzas del mal, el demonio, que terminará por perderlos.

Sólo hay un camino y un camino que únicamente encontraremos siguiendo al Señor. Es posible que haya muchos atajos, veredas y cañadas oscuras, pero si vamos buscando al Señor, es decir, el único y verdadero Camino, Verdad y Vida, le encontraremos, porque Él nos busca primero y se nos hará el encontradizo a pesar de nuestra ceguera, nuestros pecados y nuestros tropiezos.

jueves, 12 de febrero de 2015

LOS HECHOS DESCUBREN EL AMOR

(Mc 7,24-30)


El amor no se prueba con palabras ni sentimientos, sino con hechos. Uno dice que ama cuando busca el bien de la persona amada. Y eso fue lo que hizo esa mujer griega, una fenicia de Siria, según nos dice hoy el Evangelio de Marcos 7, 24-30. El amor por su hija le movió hasta perseguir y buscar a Jesús a pesar de que Jesús procuraba pasar desapercibido.

Una primera pregunta nos surge en lo más profundo de nuestro corazón: ¿Estoy yo también dispuesto a buscar a Jesús por amor a mi familia? O dicha de otra forma: ¿Busco demostrarle a Jesús mi amor en el servicio y entrega a mis hermanos? De una u otra forma el amor es el móvil que me pone en camino de búsqueda. Una búsqueda que se dirige a Jesús, porque sólo Él es fuente de Vida Eterna.

Una fe que no escatima esfuerzo ni desprecios. Cree firmemente en que Jesús puede curar a su hija, y no se para ante ninguna dificultad. No importa lo desprecios que pueda recibir, confía en que el Amor de Jesús le conceda la curación de su hija. 

Tanta fe tiene su premio que espanta al demonio que lleva dentro su hija. La fe en Jesús es sanadora y nos salva. Pero no es una fe pasiva, quieta, que espera que la Bondad del Señor venga a salvarla, sino una fe que reacciona, busca y camina hacia el Señor. Una fe que se sabe buscada y amada por el Señor y que le corresponde yendo a su encuentro.

Danos, Señor, esa fe que nos lleve, como la mujer pagana, hacia Ti, para ser curados de la perdición del pecado. 

viernes, 10 de octubre de 2014

CUANDO TE CIEGAS POR LA SOBERBIA

Lc 11, 15-26

En el fondo nuestra incredulidad está dominada y sometida por la soberbia. Aun viendo milagros y asintiendo nuestra razón, no damos el brazo a torcer y buscamos razones para justificarnos. El autoengaño nos somete y nos hace vomitar mentiras.

Acusamos al Señor de estar de lado de Belzebú, el príncipe de los demonios, y de expulsar demonios por su poder. No les queda otra salida y no dudan en utilizarla. De lo contrario se ven cogido y obligados a aceptar la Palabra de Jesús. No advierten su disparate aun descubriéndoselo Jesús: les dijo:
-«Todo reino en guerra civil va a la ruina y se derrumba casa tras casa. Si también Satanás está en guerra civil, ¿cómo mantendrá su reino? Vosotros decís que yo echo los demonios con el poder de Belzebú; y, si yo echo los demonios con el poder de Belzebú, vuestros hijos, ¿por arte de quién los echan? Por eso, ellos mismos serán vuestros jueces. Pero, si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el reino de Dios ha llegado a vosotros.

El demonio está presente y nos acosa y trata de convencerlo. Es una figura de la que Jesús nos advierte muchas veces en el Evangelio, y de la que Él también ha sufrido y recibido amenaza. Eso nos desvela la necesidad que tenemos de estar al lado del Señor. De no alejarnos para no debilitarnos y evitar el ser atacados por el Maligno.

Danos Señor la fortaleza de saber distinguir la Luz de las tinieblas y, confiados en tu presencia y compañía, ayúdanos a encontrar el camino y la sabiduría de que nuestros encuentros sean frutos de esperanza y unidad. Amén.

viernes, 11 de octubre de 2013

EL DEMONIO NO DUERME


(Lc 11,15-26)

Ignorar la realidad del demonio, es ignorar que alguien está interesado en estropear tu vida e impedir que alcances la vida eterna en plena felicidad. Quiere dividirnos y ponernos en contra de Jesús. Nuestra razón puede ser arma diabólica y exigirnos pruebas y fundamentos. Si la dejamos en manos del demonio puede enfrentarnos a Jesús.

Muchos que levantan su voz en contra de la verdad, por otro lado insultan perdiendo el respeto a la libertad del otro. ¿Dónde está la justicia y la verdad de esas personas? Sus actitudes desesperadas los delatan y los descubren en la mentira y falsedad. No escuchan porque solo quieren imponer su verdad. La verdad del demonio que llevan dentro.

Y es que no podemos estar divididos, porque terminaremos por seguir a uno y dejar a otro. Sólo Jesús es la única y verdadera Verdad. Él es el Camino, la Verdad y la Vida. Y debemos tener mucho cuidado que nos asalten y nos desvíen del camino hacia la Verdad. Por eso, caminando todos juntos, desde el respeto a los demás y abierto a buscar la Verdad, será más difícil que nos puedan confundir. La oración es nuestra arma principal.


sábado, 21 de agosto de 2010

VIVIR NUESTRA FE EN PROFUNDIDAD


No podemos seguir a nadie sin saber quién es y sin conocerlo profundamente. Seguir a JESÚS implica conocerle y eso significa saber que nos dice y nos propone. Entre muchas cosas, JESÚS, nos previene del demonio y en su vida pública libera a muchos de demonios.

El Papa Pablo VI, en la audiencia general del 15 de noviembre de 1972, declaraba que lo que la Iglesia necesita con prioridad, hoy en día, es defenderse del demonio. También, recordemos las palabras del Papa Juan Pablo II: "El mal, la incoherencia del hombre, la fractura interior de la cual es víctima no son solamente consecuencias del pecado original, sino también efecto de la acción devastadora y oscura de Satanás" (Mont Gaargan, 24 de marzo de 1987).

Hoy en día, se oponen dos tendencias: la de ver al diablo en todas partes o negar su existencia así como la influencia que tiene en nuestra vida. Cuando observamos lo que sucede a nuestro alrededor: guerras, homicidios, suicidios de jóvenes y ahora, con mayor frecuencia, suicidios de personas mayores, división en las familias, divorcios, rechazo sistemático de DIOS por un gran número de personas, ¿podemos afirmar que todo esto proviene sólo del hombre?

Si deseamos vivir mejor nuestra fe, debemos volvernos hacia el SEÑOR, y esto implica renunciar a la fuente de todo mal y de todo pecado en nuestra vida. Ése es el acto de renuncia al pecado que se hace en el momento del bautismo y se renueva al recibir el Sacramento de la Confirmación. JESÚS fue muy claro: "No se puede servir a dos señores: o estamos con DIOS o estamos con Satanás (Mt 6, 24).

Sobre este punto, la Palabra de DIOS nos ilumina. Todos los hombres son tentados. Pasan por tentación de hacer lo que está mal a los ojos de DIOS. JESÚS fue tentado (Mt 4, 1-11). Y todo ello nos debe llevar a ser constantes en la oración, en el rezo del Santo Rosario, en el esfuerzo de exigirnos formarnos, y de estar en la Iglesia, Nuestra Madre, para defendernos de la acción del demonio.

Experimentamos muchas tentaciones en deseos, ambiciones, pensamientos y acciones que no deseamos hacer y que, sin embargo, nos sentimos atraídos a querer hacerlas. Son inclinaciones que el Príncipe del mundo nos presenta y trata de confundirnos y aprovechar para dirigirnos al mal. Debemos estar vigilantes y presto a acercarnos a la Iglesia y dejarnos orientar, cuidar y sanar, con los sacramentos, en todo los momentos de nuestra vida. Quedarnos aislados y solos sería muy peligroso.