domingo, 24 de febrero de 2013

EL PREMIO DEL ESFUERZO

(Lc 9,28-36)

Todo lo que gusta y es bueno, merece y exige un esfuerzo. Nada, lo hemos oído muchas veces, se consigue sin esfuerzo, y el camino que tenemos que recorrer a lo largo de nuestra vida, exigirá también esfuerzo. Por eso, solos aquellos que persigan dar alcance a esa inquietud y sed interior de vivir la vida eterna, se pondrán en camino.

Y solo en el camino encontrarán el gozo del Tabor, porque tras la subida cansina y agotadora, el esfuerzo y en la oscuridad, se alcanza y se produce el encuentro con Aquel que buscamos sin saberlo. Así, Pedro, Santiago y Juan, que perseveraron en el seguimiento a Jesús, una vez terminada la subida, aunque agotados y exhausto, gozaron de la dicha de contemplar la Divinidad del Señor.

Es primero el esfuerzo, la oscuridad vencida y la fe ciega en Aquel que nos llama, que, primero, nos busca y nos exige solo el dejarnos buscar. Así, producido el encuentro, el gozo del Tabor también nos inundará a nosotros.

Pidamos al Padre que nos dé el aliento de seguirle, aún en los momentos cansinos, fatigosos y oscuros que la montaña nos presenta, convencidos que llegaremos a presenciar la Única y Verdadera Luz que buscamos.

sábado, 23 de febrero de 2013

JESÚS NOS AMA



No cabe ninguna duda que nosotros, pecadores, representamos una amenaza para Jesús. Dicho de otra forma, cada uno de nosotros es un problema para Jesús, porque, entre otras muchas cosas, dejamos mucho que desear, le damos la espalda en cualquier momento, y no hay ninguna seguridad que le seamos fiel.

La realidad es que lo hemos matado, porque no lo reconocemos como Hijo de Dios. Podemos pensar que eso lo hicieron aquellos contemporáneos suyos, pero, ¿hoy no hacemos nosotros lo mismo? Sí, es verdad que no hay derramamiento de sangre, pero lo rechazamos plenamente, o le hacemos caso a medias, con muchas condiciones.

Y la pregunta es; ¿Así y todo, no nos ama Jesús? Y se Él nos ama de esa forma, aceptando tal y como somos, ¿no estamos nosotros, si queremos seguirle y ser como El, hacer lo mismo? No nos queda otro remedio, la signatura pendiente será siempre el amor, y el amor sobre todo a los enemigos. 

Sin embargo, no olvidemos una cosa, para nosotros será imposible, pero en el Espíritu Santo, y agarrados al Señor, lo podremos lograr. Ejemplo: "Los apóstoles y muchos más que nos han precedido y que hoy también viven entre nosotros"

viernes, 22 de febrero de 2013

TÚ ERES EL HIJO DE DIOS

Mt 16, 13-19


No se explica que un hombre, en este caso, Pedro, pueda decir esta confesión. Ningún hombre puede saber, y menos confesar de esta forma, la certeza de que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios vivo. Sólo el Padre puede revelar tan grande confesión de fe en la boca de Pedro.

Entendemos a Pedro, un hombre de carne como nosotros, y tocado por el pecado original. Días antes de la Muerte del Jesús, le negó tres veces. Esa debilidad indica que Pedro, a quien fue otorgado todo poder para dirigir la Iglesia, es humano y pecador como cualquiera de nosotros. Pero con la Gracia y la asistencia del del Espíritu Santo puede llevar a cabo su misión.

Y así ha sido a través de los siglos, hasta Benedicto XVI. Y continuará con la próxima elección del próximo Papa. La fe es un don de Dios, y en la medida que abramos nuestro corazón, como hizo Pedro y sus sucesores, quedaremos abierto a su Gracia. El Espíritu Santo nos asistirá y nos iluminará para seguir los caminos que conducen a vivir nuestra vida según la Voluntad del Padre.

jueves, 21 de febrero de 2013

LA ESPERANZA DE PEDIR

(Mt 7,7-12)


Porque somos necesitados. Nacemos necesitados y desde el primer instante de nuestra vida necesitamos de nuestra madre biológica. Luego se añadirá nuestro padre y más tarde de la comunidad humana. Siempre seremos unos necesitados. Nunca podremos depender de nosotros mismos.

Es la forma que nuestro Padre Dios nos ha creado, dependientes uno de otros para imitarlo en nuestro amor. Porque amándonos los unos a los otros estamos amándole a Él. Esa es su Voluntad, cuando servimos al prójimo, le servimos a Él. Por eso, el prójimo necesita de nosotros, y nosotros del prójimo.

Y todos del Padre del Cielo. Bien lo sabe el Hijo, Jesús, que nos invita a pedir sin desfallecer. Pedir con la confianza que nuestro Padre nos oye y nos responderá. Lo que le pedimos al Padre lo recibiremos con total seguridad. Lo que ocurre es que pediremos mal y el Padre solo nos dará aquello que es bueno para nosotros en orden a nuestra salvación.

No nos dará algo que, aún siendo aparentemente bueno, puede ser perjudicial para nuestra salvación. Pues ningún padre dará al hijo una piedra por un pan, ni una culebra por un pescado. ¿Cómo no nos va a escuchar y dar nuestro Padre Bueno del Cielo lo que necesitamos para llegar a Él? ¿No ha enviado a su Hijo a una muerte de Cruz para salvarnos?

Tengamos la total confianza que eso que hemos pedido nos será concedido, alcanzar la salvación eterna. Pero habrá que pedirlo, y ocurre que somos muy pocos los que lo pedimos. Nos entretenemos en otras cosas, que serán añadiduras, pero que no son lo verdaderamente importante.

miércoles, 20 de febrero de 2013

A PESAR DE LA RESURRECCIÓN

(Lc 11,29-32)


En la medida de nuestros raciocinios, vamos dándonos razones que contradicen, valga la redundancia, nuestras propias razones. En la medida que más razonamos, más nos perdemos y experimentamos que nada podemos probar. Ocurre también que nunca podremos entender eso de la Resurrección, porque todo lo demás, lo de la muerte está debidamente probado. Pero, eso de la Resurrección no nos entra por la cabeza.

Y no nos entra porque de admitirlo toda nuestra vida debería cambiar. Y cambiar significa dejar mis egoísmos, mis intereses, mis ambiciones y mis afanes personales, para buscar el bien y la justicia en los demás. Eso sería lo mismo que decir, dejar de pensar en mí y pensar en el bien de los otros. O lo que es lo mismo, estar en disponibilidad de servicio para los demás. Y eso es simplemente, amar.

Es muy frecuente escuchar: "Nadie ha venido para decírnoslo". No he visto a nadie que haya regresado para demostrarnos lo de la resurrección, y, aun autoengañandonos, queremos justificar lo injustificable. Jesús es la prueba Divina que se nos pone ante los ojos. Es dado muerto, sin culpa ninguna, por nuestra soberbia y orgullo, y resucita para Gloria del Padre y redención de cada uno de nosotros. Sin embargo, son muy pocos los que lo creen.

No obstante, sí creemos patrañas y mentiras que no sabemos ni quien las dice, y todo lo que la ciencia propone, aún sin demostración. La diferencia es que eso no nos modifica nuestra manera de pensar ni nuestra vida. La cuestión es que queremos hacer lo que nos viene en gana según nuestros intereses, y no hay lugar para la disponibilidad, el servicio desinteresado, la justicia y el amor. Por todo eso decimos, "No".

Pidamos al Espíritu Santo que nos alumbre el camino hasta el punto de no poder negarlo más.

martes, 19 de febrero de 2013

UN CORAZÓN ABIERTO

(Mt 6,7-15)


Esta mañana oí una entrevista en Telecinco, se trataba de un joven que había permanecido nueve años en la cárcel por error. Es duro permanecer privado de libertad física de forma injusta y sin ser culpable del delito que se te acusa. Ocho años es bastante tiempo, y más cuando se es joven. Un corte en la película de tu vida, sin más aviso, que la interrumpe y la deja parada en el tiempo, cautiva y limitada sin poder reemprender tu camino. Realmente se hace duro.

Y en ese tiempo, pueden pasar muchas cosas que no están previstas y que descubren la verdad de nuestras mentiras e hipocresías. Una de ellas es que la novia tomó vuelo y desapareció. ¿Realmente, qué clase de amor había ahí? Y eso, aunque no justifica los años de cárcel, si nos enseña mucho sobre la verdad de la vida y de las personas que la hacemos. 

Porque la vida se hace en el camino, y el camino se para muchas veces para que podamos pensar. Bien vale darnos cuenta, aunque sea contra nuestra voluntad y dañándonos en nuestra libertad, que hay cosas muy importante que están secuestradas en nuestro interior y no las descubrimos tan fácilmente. A veces, situaciones como estas nos pueden ayudar mucho aunque aparentemente nos perjudique, porque lo verdaderamente importante no es el tiempo, pues al final siempre pasa, es caduco, sino la eternidad, y eso dependerá de la vivencia del amor.

Pero, hoy quiero fijarme en lo siguiente: "El perdón". Preguntado al joven por si perdonaba, respondió que hay cosas que no se olvidan ni se perdonan. Y creo que todos lo entendemos. Sin embargo, tratando de reflexionar, sobre la Palabra, la respuesta surgió rápida como el rayo. Sí mi Padre del Cielo me perdona cada día las barbaridades y faltas que cometo, ¿cómo no voy yo a disponerme y estar dispuesto a perdonar también? Nuestro juicio no consistirá sino en eso, en la medida de amor que estaremos dispuesto a dar.

lunes, 18 de febrero de 2013

¿DÓNDE VERDADERAMENTE AHORRAMOS?

Mt 25,31-46


Esa es la pregunta. El Evangelio de hoy nos pone las cartas sobre la mesa. ¿Qué ocurrirá al final de los tiempos? Porque eso es lo verdaderamente importante. Ese es el verdadero drama de nuestra vida, lo que acontecerá después de la muerte. ¡Porque morir tendremos que morir!

Y la llegada del Hijo del hombre está anunciada. ¿Cómo estaremos nosotros en ese momento? Por otro lado, esta vida no termina por llenarnos. Lo pasamos bien algunas veces; nos sentimos a gusto también algunas veces, pero no terminamos de encontrarnos bien y a gusto siempre. Y eso es lo que realmente nos gustaría, porque lo pasamos mal también muchas veces. Yo diría que vivimos angustiados e insatisfechos la mayor parte de nuestra vida.

También sufrimos mucho, muchas veces no en nosotros sino por lo que ocurre en nuestra familia y a nuestro derredor. Deseamos que ocurra algo. Es más, presentimos que esto no debe ni puede ser el final. Aspiramos a ser eternamente felices, y es precisamente eso lo que el Evangelio de hoy nos propone: "Estar a la derecha del Rey". Y eso lo podremos conseguir dejándonos llevar por el Espíritu Santo, ese mismo que llevó a Jesús al desierto.