jueves, 25 de febrero de 2016

LA FELICIDAD DEL DINERO

(Lc 16,19-31)

Está claro que el hombre busca dinero, porque piensa que la riqueza es sinónimo de felicidad. Por supuesto que el dinero da poder y mando, y también influencias que abren muchas puertas de este mundo. El dinero consigue superar momentos difíciles y enfermedades, pero la experiencia última del hombre le descubre que el dinero no lo puede todo. Y menos, lo que te da no es eterno sino caduco y perecedero.

Esa experiencia real contiene una pregunta: ¿De qué me vale ganar esta vida, si pierdo la más valiosa y eterna? De nada vale, pues, ser rico, si eso va a suponer perder el Tesoro más valioso, la Vida Eterna.

El Evangelio de hoy nos habla de esa realidad. A través de la parábola del rico epulón y del pobre Lázaro, nos presenta la realidad cruda de la vida. Mientras el rico se banquetea y vive una vida despreocupada, llena de placeres y satisfacciones, pensando en sólo apetecer a su egoísmo, Lázaro, pasándolo mal, yace carente de lo más elemental para vivir. La codicia y avaricia de unos contrasta con el sufrimiento y la pobreza de otros. 

Mal gasta su vida, su tiempo y su dinero consumido en basuras  que no tardarán mucho en desaparecer, porque son caducas y efímeras. La vida es nuestro gran tesoro y nuestra oportunidad para compartir toda la riqueza que se nos ha dado con los demás. Sobre todo con aquellos que más lo necesitan. Riqueza que no consiste solamente en lo material, sino también toda nuestra riqueza espiritual.

En este año de la Misericordia, proclamada por el Papa Francisco, pidamos al Espíritu de Dios vivir las obras de Misericordia, corporales y espirituales, como tesoro de todas nuestras riqueza recibidas.Será la mejor forma de compartirlas.

miércoles, 24 de febrero de 2016

SI CONOCIERAN EL MENSAJE DE JESÚS

(Mt 20,17-28)


Las luchas por el poder pierden a los hombres, y hunde un país. Hoy, no nos hace falta mirar para otro lugar, sino para nuestro mismo país. Lo tenemos en nuestra misma casa. Llevamos poco más de dos meses hablando y engañándose unos a otros. Ávidos de poder y codicia, no se piensa ni se tiene en cuenta el bien común, que para eso han sido nombrados, sino en el poder y el gobierno.

Y quieren gobernar para ser servidos, aclamados y poderosos. No para servir y buscar el bien común, la concordia y la paz. Contradicciones cuando desde la izquierda reclaman la justicia, los derechos y la verdad, y están desesperados por alcanzar el poder. No para reinar, sino para vengarse. Bien nos vendría a todos conocer lo que nos propone Jesús. «Sabéis que los jefes de las naciones las dominan como señores absolutos, y los grandes las oprimen con su poder. No ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros, será vuestro esclavo; de la misma manera que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos».

Quedan todos retratados. Estas palabras del Evangelio, dichas hace ya bastante tiempo, son tan actuales como si se dijeran en estos momentos. Nos vendría bien a todos leerlas, reflexionarlas y aplicarlas. Quién quiera ser el primero, que sea el último, y quien quiera ser grande, que sea vuestro servidor. 

No es el ejemplo que nos están dando nuestros políticos, al igual que la madre de los hijos de Zebedeo, que querían repartirse el privilegio de estar a la derecha e izquierda de Jesús. Porque estas actitudes provocan en los demás indignación y deseos de venganza. Es lo que se respira en estos días en nuestro país. 

Realmente, si escucháramos más al Señor y tratáramos de reflexionar, que fácil sería buscar soluciones que vayan encaminadas a buscar el bien común de todos los hombres.

martes, 23 de febrero de 2016

SE TRATA DE VIVIR, ES DECIR: HACER Y PROCLAMAR

(Mt 23,1-12)


En muchas ocasiones hemos advertido que si la palabra no va unida a la acción, es decir, a las obras, no vale nada. Pues, no se trata de aparentar, lucirse y esconderse a la hora de dar la cara. Se prolcaman muchas verdades que luego no se cumplen, pero que se exige que cumplan los demás.

La cuestión no es dar, sino darse. No cabe duda que en el dar estás dándote, pero el darse es algo más profundo y vivencial. Nunca podrás experimentar lo que significa dar hasta que tú mismo te des. Quizás, cuando te enamoras experimentas algo esa sensación o vivencia, que luego se desvanece con el tiempo. Entonces experimentas, cuando te cansas de darte, que ese amor no estaba maduro del todo. Porque el amor nunca se cansa, ni desespera, ni huye, ni se impacienta, y siempre espera, soporta, es paciente y resiste todas las tempestades.

Por eso, no descarga las pesadas cargas en los hombros de otros, sino que las comparte y las soporta también con sus mismos hombros. No dice, para que hagan otros, sino dice y hace, y no trata de lucirse ni de hacer para ser visto. Sólo trata de compartir y colaborar. Por lo tanto, no debemos fijarnos en los que hablan, sino tratar de vivir lo que dicen sin desear imitarlo, porque muchos no hacen lo que dicen.

Nuestra referencia y modelo es Jesús. Él es el Santo, el Perfecto, el que nunca falla, y su Palabra es Palabra de Vida Eterna. A Él seguimos, de modo que si otros que le siguen se quedan en el camino o dan mal ejemplo, debemos ayudarle para que se corrijan, pero nunca desanimarnos o imitarles. Porque el pilar de nuestra fe es Jesús, y él nunca nos falla.

lunes, 22 de febrero de 2016

PEDRO, LA ROCA ELEGIDA DONDE SE APOYA LA IGLESIA

(Mt 16,13-19)

Pedro es el elegido por el Espíritu de Dios para dar la respuesta verdadera a la pregunta de Jesús sobre lo que dice la gente de Él. Y al responder Pedro, iluminado por el Espíritu Santo, Jesús le responde diciendo: «Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos».

Desde ese momento el edificio de la Iglesia queda sustentado y apoyado en el Príncipe de los apóstoles, que goza de una Gracia Divina peculiar para realizar su misión. Francisco, el Papa actual, es sucesor directo de Pedro, y está asistido por el Espíritu Santo para que las puertas del infierno no prevalezcan sobre la Iglesia, y para que lo que ates en la tierra, quede atado en los cielos, y lo que desates, desatado.

Esta es la promesa de Jesús, que no da lugar a dudas y que todos los creyentes creemos sin reservas. Porque el Señor tiene Palabra de Vida Eterna. Y así la Iglesia, como no puede ser de otra manera, a pesar de las dificultades y ataques, tanto desde afuera como dentro, camina, guiada por el Espíritu Santo, desde la Ascensión del Señor hasta nuestros días. 

La Iglesia, en su misión, no puede fallar, porque está asistida por el Espíritu Santo para servir en verdad y justicia, buscando el bien y la salvación de todos los hombres. Recemos para que, el Papa, sucesor de Pedro, siga fiel a la acción del Espíritu Santo y demos gracias a Dios por tan grande regalo.

domingo, 21 de febrero de 2016

LA NECESIDAD DEL IMPULSO QUE LES ALIMENTE SU FE

(Lc 9,28-36)


Hay momentos que uno duda, y circunstancias que, por mucho que quieras aclararla, se vuelven oscuras y se tiñen de negros nubarrones. Son momentos difíciles en los que necesitamos luz, mucha luz. El Monte Tabor es uno de esos momentos de luz, que nos impulsan a bajar y continuar el camino.

¿Dónde está nuestro Monte Tabor? Quizás puede que hayamos subido a él y no lo hayamos descubierto. Igual necesitamos seguir orando sin desfallecer. Aquellos apóstoles, decepcionados, cansados, abatidos y llenos de miedos y dudas, necesitaban un aliento y un impulso que les levantara el ánimo. Y el Tabor fue un toque de atención para que vivenciaran la Gloria de Dios.

Necesitamos orar y orar, y confiar que el Señor nos dejará ver su Gloria, porque se ha ido a prepararnos un lugar glorioso. ¿Cómo no nos la va a dejar ver? Está preparado para nosotros. La contemplación en el Tabor es un adelanto de esa Gloria reservada para cada uno de nosotros. Pero, mientras, tenemos que seguir el camino y cargar con nuestros dolores y sufrimientos y, en Jesús, suavizarlos y aliviarlos. Él es nuestro Salvador y Redentor, y en Él confiamos plenamente.

Pero, en todo ese camino de nuestra vida, no debemos dejar de estar en contacto y relación con Él. Y es la oración el vínculo que nos mantiene unidos y fortalecidos en la esperanza de la Gloria que nos espera llegado el momento final. El Tabor es una estación intermedia que nos descubre la Gloria de Dios. Un alto en el camino que nos alumbra y nos impulsa a seguir esperanzados de la Mano de Jesús.

No dejemos de buscar nuestro particular Tabor unidos a Jesús. Ese Tabor que significa nuestra unión con Él y nuestro inmenso gozo de sabernos hijos redimidos por Amor. Cada día, en esos momentos de contacto y de oración, esperamos estar despiertos, Señor, para contemplar extasiados tu Gloria e impulsados a sostenernos firmemente en tu presencia.

sábado, 20 de febrero de 2016

SER PERFECTOS COMO VUESTRO PADRE CELESTIAL ES PERFECTO

(Mt 5,43-48)


Perdemos mucho tiempo dándole vuelta a la idea del encuentro con el Señor. Quizás autoengañándonos le buscamos en los cumplimientos, en las normas, preceptos, prácticas y liturgias, pero Jesús no está del todo ahí. Todo eso es consecuencia del encuentro, real y verdadero con Jesús en medio de los hombres. No puedes encontrar a Jesús excluyendo a los hombres, porque Jesús está y vive en medio de nosotros.

Para eso nos hace falta el amor. El Amor, primero a Dios, y luego a los hombres. Si falta una de esas premisas no hay verdadero amor, y sin verdadero amor no hay encuentro con Jesús. Jesús está entre los hombres porque ha venido a salvarlos, y, los hombres, para salvarse necesitan amarse como Jesús nos ama. Él es la referencia y el modelo.

Y eso no es fácil. No sólo porque nos cuesta, sino porque no sabemos cómo, cuándo y dónde hay que hacerlo. La ayuda y el servicio hay que darlo a quien realmente lo necesita, y no a quienes, más espabilados, ven la oportunidad de aprovecharse. Es verdad que corremos el peligro de equivocarnos, de ser egoístas y de autoengáñarnos, pero para evitar eso tenemos la Iglesia, la comunidad, la oración y, sobre todo, la asistencia y compañía del Espíritu Santo, que nos ilumina el verdadero camino que debemos tomar.

Es, entonces, cuando toma sentido el cumplimiento, las prácticas, el ayuno y preceptos que nos fortalecen para vivenciar el amor a Jesús en medio de los hombres. Es, entonces, cuando el testimonio transmite vida y habla con las obras descubriendo la fe. Porque no se entiende el darse sin amor, y el amor no se puede dar si antes no lo hemos recibido por la Gracia del Señor.

Gracias, Señor, por descubrir nuestras limitaciones, apegos y pecados, porque en ellos descubrimos y experimentamos nuestra impotencia y pequeñez. Y aprendemos a ser humildes y a descubrir que sólo en Ti, por Ti y Contigo podemos, por tu Gracia y Misericordia, alcanzar la aspiración y meta de ser perfecto como nuestro Padre es perfecto.

viernes, 19 de febrero de 2016

RECONCILIACIÓN Y PACTOS

Mt 5, 20-26


No cabe duda que siguiendo las indicaciones de Jesús, los pactos y alianzas serían factibles de conseguirse. Ocurre que eso no sucede porque dentro de los corazones de los hombres anidan rencores, odios, venganzas y soberbias, que les impiden acercarse, dialogar y buscar el bien de los demás por encima de sus propios intereses. 

Se antepone eso a la concordia, la fraternidad y el sentido común de estabilidad, unidad y de paz. No se tiene en cuenta a quienes les han puesto es ese lugar y situación como representantes, porque no buscan el bien para ellos, sino su propio bien. Y, por tu soberbia, ira, odio y venganza, matas. Porque matar no sólo es quitar la vida de forma física, sino provocar situaciones que denigran, hacen sufrir y, en muchos casos, llevan también a la muerte a muchas personas.

En estos momentos mueren muchas personas inocentes en injustas persecuciones, venganzas, fanatismo, guerras que hacen y encienden otros...etc. Muchos son los culpables, porque, no sólo matamos quitando la vida, sino también lapidándola con la lengua, el desprestigio, la calumnia, la inflexibilidad, el no perdón, no diálogo, no compartir mis ideas, sino imponerlas, y muchas cosas más.

Una simple llama puede llegar a convertirse en un terrible fuego, incapaz de apagarse hasta sembrar el lugar de cenizas y muerte. Las Palabras de Jesús, como siempre, se hacen vida en la actualidad que vivimos. Porque muy cerca de nosotros nos apercibimos que está sucediendo esas confrontaciones que, si no directamente, si indirectamente ocasionarán circunstancias de venganza y muerte.

Pidamos la Gracia y la Fuerza de ser capaces de anteponer a mis intereses, mi prestigio y mi fama, el sentido común de buscar el bien, la concordia, la fraternidad y la paz para todos los pueblos.