martes, 12 de noviembre de 2024

LA VIDA AUTÉNTICA NO ES MERITOCRACIA

Lo que hagas y debes hacer es simplemente el servicio que tienes que dar. Tu compromiso es servir al bien de los demás. Y no por ninguna retribución, sino porque es para lo que has sido creado. Entenderlo de otra manera es contaminar este mundo del mal que nos invade y estropea la convivencia entre los hombres.

¿Acaso no has recibido todo lo que realmente eres? ¿De dónde te viene esa inteligencia, voluntad y capacidad para discernir, descubrir, organizar, buscar, saber dónde y qué hacer, comprar o vender … etc.? ¿Acaso te lo has labrado tú? ¿No te ha venido regalado gratuitamente?

¿Piensas que esas cualidades, que te han dado tanto, las mereces, las has desarrollado tú o estaban ya implícita en tu ser? Quizás sea esa la pregunta que debemos hacernos con mucha paciencia para mirarnos serenamente a nosotros mismos. Porque, todo lo que hagamos en la vida no es meritocracia, sino regalo de Dios. Al final hacemos lo que debemos hacer: «Amar misericordiosamente y servir», porque realmente «somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer»

La libertad, con la que hemos sido agraciado, nos da esa oportunidad de hacer lo que debemos hacer y cumplir con la Voluntad de Dios, o, por el contrario, hacer la nuestra. Todo lo recibido: «cualidades y capacidades ha sido para servir al bien de los más necesitados y pobres». Por tanto, nuestro juicio final, cuando partamos de este mundo, será en referencia a nuestro hacer en este mundo según la Voluntad de Dios, o según la nuestra. Todo las cualidades, capacidades y bienes recibido nos han sido dadas precisamente para eso, para amar con misericordia y caridad.

lunes, 11 de noviembre de 2024

MANTÉN SIEMPRE LA BUENA INTENCIÓN DE PERDONAR

El perdón no es un punto – dice el comentario de Francisco José Ruiz, SJ, de la Compañía de Jesús, sino una línea continua que se pierde en el infinito. Y realmente eso es así. Sin perdón no hay vida porque es precisamente la misericordia de nuestro Padre Dios la que nos da esa oportunidad de Vida Eterna en plenitud de gozo y felicidad.

Quien nos salva es nuestro Padre Dios al concedernos el perdón de nuestros pecados dándonos su Infinita Misericordia. ¿Cómo, pues, no vamos nosotros a perdonar a quienes nos ofenden si nos ofrecen su arrepentimiento? De la misma manera, también nosotros necesitamos arrepentirnos para alcanzar el perdón de nuestros pecados y la Infinita Misericordia de Dios.

No tiene ningún sentido presentarnos delante de nuestro Padre suplicándole perdón por nuestros pecados, y, nosotros, mantenernos en no perdonar a los que nos han ofendido. Eso no tiene ninguna lógica ni sentido común. Por tanto, el perdón es una actitud misericordiosa que siempre debemos llevar presta y dispuesta en nuestro corazón para perdonar a todos aquellos que, habiéndonos ofendido, nos presenta su arrepentimiento.

Por otro lado, lo proclamamos y decimos cada vez que rezamos el Padrenuestro: … y perdónanos nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden… ¿Y qué, vamos a faltar a nuestra palabra?

domingo, 10 de noviembre de 2024

TU VIDA ESCONDIDA EN EL ANONIMATO

Posiblemente nos falte esa humildad que todos deseamos y pedimos. Quizás, nuestra propia arrogancia nos inclina a no escondernos, sino a lucir lo que aparentemente no somos cuando aportamos algo que nos parece grande o evidentemente lo es. Es cierto que nos gusta lucirnos, quedar grande ante los demás y ser reconocidos y admirados por los demás. Y, posiblemente, ahí se esconde nuestro pecado.

La grandeza está en dar, no simplemente lo que te sobra, sino lo que necesitas. La cuestión, no es quedarse sin nada, pero sí compartir con el que necesita y no tiene nada. Y, sigue la cuestión, se trata de esconder esa generosidad tuya, porque ponerla a la luz de que te vean y te aplaudan te deja ya – por esos aplausos – pagado.

Jesús aprovecha esa oportunidad para poner en conocimiento de los apóstoles la actitud e intención de aquella pobre viuda. Igual nadie tomó nota ni advirtió su desprendimiento y generosidad. Era poco lo que daba, pero era lo que podía dar. Y es eso lo que Jesús pone en advertencia de sus apóstoles. No se trata sólo de compartir, sino también de hacerlo en el anonimato.

sábado, 9 de noviembre de 2024

UN ESPACIO DE RELACIÓN CON DIOS Y LOS HERMANOS

El Templo no es un lugar cualquiera, es el espacio donde acudimos a citarnos y relacionarnos con Dios. Nosotros somos sus criaturas y vamos en busca del Creador. Utilizar el templo para otra cosa sería desubicarnos de lo que realmente significa el Templo.

Bien es verdad que al mismo tiempo nos relacionamos entre nosotros. Nos saludamos e intercambiamos algunas palabras de bienvenidas o de interesarnos unos por otros. Nunca olvidemos que somos templos del Espíritu Santo, y el Señor está en cada uno de nosotros. Pero, siempre nuestras relaciones deben estar apoyadas y situadas en el Señor. Él siempre en el centro de nuestras relaciones, en la prioridad de nuestra relación.

Por desgracia, quizás por no darnos cuenta, convertimos el templo en cita de amigos, de relaciones frívolas, sociales y de utilizarlo para dar un paseo, arreglarnos, estar a la moda y distraernos. Sin apenas caer en la cuenta de que arrinconamos al Señor, o simplemente, cumplimos las prácticas que nos dan esa oportunidad de estar integrados en el círculo social que nos da vida social.

También, quizás sin intenciones, lo convertimos en diferencia de clases. Según nuestra elegancia, vestidos y presunción de aparentar más que los demás. De presentarnos como superiores a los que van, posiblemente por carencias económicas, con menos presencia o menor elegancia. De cualquier manera no debemos nunca olvidar que todos somos hijos de un solo Padre, y Él sabe todo lo que hay dentro de nuestros corazones. Ese simple pensamiento nos debe ayudar a presentarnos con más humildad y escucha a la Palabra de Dios.

viernes, 8 de noviembre de 2024

APARTE DE AMAR HAY QUE ACTUAR CON INTELIGENCIA

Repetidas veces hemos descubierto que la vida es una lucha sin cuartel. Una lucha entre el bien y el mal; entre los buenos y los malos; entre los que buscan hacer el bien y los que se empeñan y busca el mal. La parábola que hoy nos describe Jesús da la clave de la cuestión entre el bien y el mal.

Si no se actúa con inteligencia y se supera las malas intenciones de los que buscan su propio provecho por encima de los demás, quedaremos a merced de aquellos que posponen el bien de los demás a sus propios bien. Imagino que no hace falta decir mucho más para darnos cuenta de lo que queremos compartir. Estamos viviendo precisamente ese problema, no sólo los ciudadanos de España, sino de Europa y muchos otros lugares. Diría que en todo el mundo que conocemos.

Hay muchos malos administradores que  buscan su bien particular por encima de que a los demás les vaya bien o no. Hay muchos administradores que ponen su bien como prioridad sin importarles lo que le suceda a los demás. La parábola que nos narra Jesús lo deja muy claro. Los hombres y mujeres de bien tienen que espabilarse y actuar. Y tenemos una gran ventaja, la ayuda y asistencia del Espíritu Santo.

Otra cosa es que nuestra cruz sea aceptada, pero eso no nos exime de defender la verdad, denunciarla y de luchar por el bien. Sobre todo de los más que sufren y necesitan ser ayudados. Fue eso lo que hizo Jesús hasta el extremo de entregar su Vida. Y también nos toca a nosotros ahora hacerlo. Eso sí, siempre con astucia, con valentía y en defensa de la verdad, el amor y la misericordia.

jueves, 7 de noviembre de 2024

NO MUCHOS SINO TODOS SON OBJETIVOS DEL AMOR

No hay nadie insignificante para el Padre. Es Padre de todos y ha todos quiere albergar, cuidar, proteger y hacer feliz. De tal manera que si hay alguno que se ha perdido, está en peligro de descarrilamiento o de precipitarse a los infiernos, el Padre sale a buscarlo, está pendiente de él y sostiene siempre sus brazos abiertos a su vuelta a casa, a su conversión.

Las cosas no suceden por que sí, todo tiene un finalidad para nuestro Padre Dios. En los peligros y enfermedades Dios está presente. Todo tiene un sentido de sanación, de contrición y arrepentimiento cuando se soportan con paciencia en íntima relación con Dios. Las enfermedades, dolores y adversidades son aprovechadas por Dios para que nos sirvan para la salud del alma. Él nos ha dado ejemplo con su Vida, y, sobre todo, en la Cruz.

Por tanto, nuestro Padre no quiere que nada se pierda. Buscar a la oveja descarriada; encontrar la moneda perdida, son parábolas que nos descubren esa intención de Dios de buscarnos hasta el extremo de entregar la Vida de su Hijo para que reaccionemos y nos demos cuenta de su Infinito Amor y Misericordia.

Ten por seguro que Dios, aunque le des la espalda y tu mirada se desvíe para otro lado, Él está siempre pendiente de ti. Te busca, te llama y, pacientemente permanece a tu lado esperando que vuelvas su mirada hacia Él. Su Amor y Misericordia son Infinita, y te esperaran hasta el último día de tu vida, sin represalias ni reproches. Simplemente con amor y misericordia.

miércoles, 6 de noviembre de 2024

ATRAPADOS POR NUESTROS EGOS Y BIENES

No hay otra cuestión sino la de nuestra propia naturaleza egoísta y posesiva. Creemos que somos más fuertes y poderosos en la medida que tenemos más poder y más bienes. Creemos que nuestra valía se mide por la medida de nuestras fuerzas, poder y riquezas, y, ensimismados y cegados por esa creencia hacemos de nuestra vida un camino de egoísmos y soberbias.

Y nos equivocamos plenamente. Detrás de todo eso no hay sino vacío, tristeza y perdición. No es menester adentrarnos en explicarlo, la experiencia, nuestra propia experiencia nos lo demuestra. La felicidad que buscamos no se encuentra en las cosas de este mundo, ni tampoco en el poder, la fuerza y la riqueza. Simplemente, está en el amor. Ese amor que seamos capaces de dar en nuestra diaria relación con los demás.

Y para dar amor hay primero que recibirlo. Porque, nosotros somos mezcla de pecados, causas de nuestras propias inclinaciones, y amor, por la Gracia y semejanza con nuestro Creador, nuestro Padre Dios. En consecuencia, sólo podremos recibir amor del que es precisamente Amor, nuestro Padre Dios. Y eso nos deja meridianamente claro que sólo estando en Él podemos amar. Y para estar en Él necesitamos dejar todo lo demás, o, mejor, ponerlo siempre en función de nuestra relación con Él.  Eso nos lleva por el mismo camino que Él recorrió: un camino que termina en cruz.