domingo, 19 de septiembre de 2010

¿POR QUÉ EL DOLOR?


No estamos hechos para sufrir, ni queremos sufrir. ¿Hay alguien que quiera sufrir? DIOS , Nuestro PADRE no puede ser un PADRE que nos quiera ver sufrir. Un PADRE al que llamamos PADRE Bueno no puede contentarse ni querer que suframos. Al contrario, eso le debe disgustar.

Pero, la realidad es que sufrimos y, nos preguntamos. ¿Por qué sufrir teniendo a un PADRE que nos promete ser felices eternamente? Mejor, nos decimos, empezar a ser felices ya y no tener que pasar por este calvario de nuestra vida que, aunque nos la prometemos maravillosa, sabemos que llegaran momentos de angustia y sufrimiento.

En nuestro intento, a la luz del Evangelio, y con la asistencia del ESPÍRITU, experimentamos que el dolor es algo innato en nuestra vida. Nacemos con dolor y sufrimientos. Muchas veces angustiados y desesperados por los problemas que puedan presentarse, incluso a pesar de tantos adelantos, pero, decimos, un parto siempre es un parto. Nadie nos quita esos momentos de angustias y desesperos, al menos, sí no físicos, sí psíquicos.

Podemos concluir que, por el pecado, por nuestra rebeldía y soberbia, nuestra vida está sometida al dolor. Y tarde o temprano tendremos que afrontarlo. Eso lo asumimos y todos lo sabemos. Nada de eso se nos ha ocultado, pues en el Salmo 90 (89), 9-10 se nos dice:

Bajo tu cólera declinan nuestros días,
como un suspiro gastamos nuestros años.
Vivimos setenta años,
ochenta con buena salud,
más son casi todos fatiga y vanidad,
pasan prestos y nosotros volamos.


El HIJO de DIOS, JESÚS de Nazaret, despojado, voluntariamente, de toda naturaleza Divina, se hizo HOMBRE, y, como hombre, quiso someterse a las leyes físicas y humanas de los hombres, aceptando el dolor y sufrimiento, de todo tipo, por amor y para nuestra redención. JESÚS, siendo DIOS, renunció, encarnado en una naturaleza humana, de los derechos, por decirlo de alguna manera, de ser DIOS , y rehusó a todo privilegio, sufriendo, por amor, como cualquier hombre.

A nosotros nos toca hacer lo mismo. Aceptar nuestra condición humana pecadora (pecado original) y asumir todo dolor y sufrimiento que la vida nos depare, para glorificados en, con y por ÉL, vencer la muerte. Todos tendremos eso momentos, como ocurrió con María, Nuestra Madre, y, como Ella, mirándonos en Ella encontraremos las fuerzas, por su intercesión, transformar nuestra agua en vino.

En el camino debemos prepararnos, esforzarnos para estar prevenidos y vigilantes y, como de un atleta se tratara, debemos exigirnos sacrificios y disciplina para fortalecernos y vencer en la lucha.

viernes, 17 de septiembre de 2010

UN PADRE DIFERENTE A TODOS


Hace media hora terminaba la Eucaristía en Mozaga, un pueblo de Lanzarote, donde he acudido con mi mujer a celebrar la Eucaristía de hoy domingo. Y digo celebrar porque todos celebramos junto al sacerdote, que preside la celebración. Puntualizo esto por si alguien puede interpretar que soy sacerdote al hablar de celebrar.

Antes, sobre las siete de la madrugada, hora canaria, escuchaba el catecismo de la Iglesia Católica, por Monseñor Munilla, que hablaba sobre, precisamente, la Eucaristía. Eucaristía significa "misión, enviado"; DIOS nos envía en JESUCRISTO. El HIJO es enviado por el PADRE, al igual que nosotros somos enviado por el HIJO.

Somos enviados a los demás, a los que necesitan amor, a los enfermos, a los pecadores, a nuestras propias cruces, a los perdidos, a los... Toda la exigencia de esos sacrificios nos ayudarán, por la Gracia del ESPÍRITU SANTO a purificarnos y a crecer en conversión y amor. La parte conclusiva de la Misa es un envío, una misión, a partir de la cual podemos decir que ya no actuamos en nombre propio, sino que es el ESPÍRITU quien actúa en mí.

La alegría del SEÑOR sea nuestra fuerza, como lo fue para los discípulos de Emaús, y nos llene de entusiasmo, gozo y alegría hasta el punto de salir corriendo a comunicarlo a todo aquel que encontremos en el camino. Es un gozo que no se puede guardar y que necesita ser compartido. Se nos ha dado un tesoro, CRISTO, y en ÉL encontramos la verdadera felicidad buscada. Podemos, pues, ir en paz.

Glorifiquemos con nuestra vida a CRISTO, dando testimonio de Palabra y vida, porque sólo tenemos una vida: humana y espiritual que vivimos en ÉL y actuamos en ÉL, e id en paz.

Y, en el nombre de SEÑOR, echemos las redes, pongamos nuestros talentos (recibidos gratuitos) en sus Manos (ESPÍRITU) y vayamos en paz a proclamar su Palabra.

Salir de la Santa Eucaristía es como decir: "Santo envío, santa misión"; vamos en paz a dar, a proclamar la Palabra con y en nuestras vidas y con nuestro obrar. Vamos a darle cumplimiento hasta el día siguiente o hasta la próxima Misa. El ESPÍRITU SANTO te mueve, actúa en ti y por ti. Es la Gracia de DIOS la que vive y te dirige.

Y la Palabra de hoy nos enseña y revela que DIOS, Nuestro PADRE, es un PADRE de infinita Misericordia y de débil memoria, para entendernos humanamente. Un PADRE que nos perdona a pesar de nuestro rechazo y olvido. Un PADRE que nos perdona después de dejarlo postergado y adorar a dioses caduco y finitos.

Un PADRE que sólo recuerda la fidelidad de sus hijos anteriores y, en fidelidad a ellos, olvida y perdona a los presentes. Un PADRE que nos demuestra hasta donde nos quiere, que se olvida de todos por uno. Deja aparcado los noventa y nueve y se va en busca del perdido y enfermo. Un PADRE que nos enseña que todos valemos por uno, y uno por todos. Nos revela lo que significamos para ÉL cada uno de nosotros.

Y con un PADRE así nuestro actuar debe ser todo para ÉL, porque en ÉL encontramos todo aquello que necesitamos para nuestro vivir humano y espiritual. La vida espiritual no se puede separar de la humana, porque, la espiritual, es la vida diaria vivida desde y en el ESPÍRITU de CRISTO.

La espiritualidad cristiana no es alienante, no intenta sacarte de la realidad de la vida, sino todo lo contrario, trata de liberarte y que seas tú mismo y encuentres tu verdadero camino, Camino de vida y de verdad que te lleva al gozo feliz y eterno.

lunes, 13 de septiembre de 2010

¡QUIÉN COSECHA RECOGE!


En la medida que crecemos, crecen también nuestros ideales, y después de los juegos y los cuentos vienen otras etapas donde nuestras aspiraciones son mayores: los estudios, profesión, primeros amores, formar una familia, la casa, el coche y, quizás lo último los hijos.

Hacemos una jerarquía de valores y nuestro corazón se llena de cosas, de prioridades caducas que según van llenándolo las vamos arrinconando y desechando. Pero, ¡eso es lo más importante!, y todo queda supeditado al logro de esas cosas. Lo demás, la vida, el principal fin de nuestro proyecto de amor tiene que esperar, porque primero es conseguir las cosas donde creemos está la felicidad.

Y así nos implicamos en trabajar y en alejarnos el uno del otro. Apenas nos vemos y sólo dormimos juntos de vez en cuando. Después de un largo tiempo, si estamos todavía junto, igual pensamos en los hijos, pero ya se hace un poco tarde. Nuestro egoísmo, aparentemente fuente de felicidad, nos enseña los dientes y empezamos a pensar que quizás nos hayamos equivocado.

Para entonces, nuestro estilo de vida y lo que transmitimos es trabajo y egoísmo. Sólo hemos pensado en tener y, si algún hijo ha venido cuando, a nuestro juicio, hemos creído satisfacer todo lo demás, el testimonio recibido es más de lo mismo. Luego, llegado el tiempo de la cosecha nos daremos cuenta que no podremos recoger frutos buenos cuando lo que hemos cosechado son frutos malos.

Al final, terminaremos en un asilo y todo lo conseguido pasará a otros. Todo lo construido ha sido sobre arena y tierra movediza, y llegada la tormenta de la vejez, todo ha quedado destruido. Los frutos cosechados son los que hemos cultivado, y el dolor y sufrimiento nos predispone, si nos damos cuenta, a purificarnos de tanta basura.


jueves, 9 de septiembre de 2010

CADA CUAL HACE LO QUE ENTIENDE O QUIERE ENTENDER.


Ya no es sólo un pensamiento sino que se expresa libremente, y empieza a ser tomado como algo corriente que llega a ser considerado normal. Me refiero a que "todo vale" y ya no hay verdades absolutas e inamovibles sino que todo está sujeto a la interpretación del momento. Retrocedemos en el tiempo y volvemos a considerar cosas impuras en puras y cada cual va eligiendo lo que le parece y le interesa a su egoísmo persona (ver aquí).

Todo vale con tal que se consigan nuevos adeptos y se pueda obtener mayores beneficios para, en principio se declara, servir y ayudar a los que no tienen, pero luego todos sabemos que la realidad es otra. La verdad se pone al servicio de lo útil y rentable y, para eso, se hace más light para que no moleste tanto y pueda adaptarse a los gustos y placeres de los futuros adeptos.

Ahora se trata de tomar cada uno lo que le parece y, no sólo eso, sino que la tradición y costumbres no son tenidas en cuenta. Todo lo pasado está en el error, o se puede cambiar de forma radical porque nosotros lo interpretamos de otra manera. Donde JESÚS dice, yo pongo que quiso decir... y hay demagogia para dar y tomar. Todo es susceptible de interpretar y de aplicar de la manera que más convenga.

Pero yo pregunto: ¿A quién creer? Porque si no tenemos una referencia Absoluta y en ella nos miramos y seguimos, ¿dónde podemos ir a parar? El hombre es un ser limitado, egoísta, inclinado a sus propias pasiones, vencido por su propia naturaleza humana, pecadora y condenado a la muerte. Sólo DIOS lo puede y quiere salvarlo, y, haciéndose Hombre, se encarnó en su HIJO JESUCRISTO para enseñarnos el Camino, la Verdad y la Vida.

Y le dió los poderes de continuar su labor al Colegio Apostólico (La Iglesia) y sólo en, por y con élla, podemos encontrar el camino de salvación. Quizás, me pregunto, tendrá que pasar estas cosas para que los que realmente busquen la verdad se unan y terminemos por ser, a lo que estamos llamados, una sola Iglesia.

martes, 7 de septiembre de 2010


HIMNO
(del miércoles de la semana segunda)

Estáte, SEÑOR, conmigo
siempre, sin jamás partirte,
y, cuando decidas irte,
llévame, SEÑOR, contigo;
porque el pensar que te irás
me causa un terrible miedo
de si yo sin ti me quedo,
de si TÚ sin mí te vas.

Llévame en tu compañia,
donde TÚ vayas, JESÚS,
porque bien sé que eres TÚ
la vida del alma mía;
si tu vida no me das,
yo sé que vivir no puedo,
ni si yo sin ti me quedo,
ni si TÚ sin mé te vas.

Por eso, más que a la muerte,
temo, SEÑOR, tu partida
y quiero perder la vida
mil veces más que perderte;
pues la inmortal que TÚ das
sé que alcanzarla no puedo
cuando yo sin ti me quedo,
cuando TÚ sin me te vas. Amén

sábado, 4 de septiembre de 2010

SERVIR A CRISTO, SERVIDOR EN EL ÚLTIMO LUGAR


(CRISTO:) Ved mi servicio y entrega a los hombres, y examinad cómo debe ser el vuestro. Fijaos en esta humildad para el bien del hombre, y aprended a abajaros para hacerle bien, a haceros pequeños para ganar a los otros, aprended a no temer descender, a perder vuestros derechos cuando se trata de hacer el bien, a no creer que, por el hecho de abajaros, os es imposible hacer el bien. Al contrario, abajándoos, me imitáis; abjándoos, empleáis, por amor a los hombres, el medio que he usado YO miso; abajándoos, camináis por mi camino, por consiguiente, en la verdad;

Y entonces se está en el mejor lugar para obetener la vida y para darla a los demás. Por mi encarnación, me pongo en la misma condición de las criaturas; por mi bautismo, en el rango de los pecadores: anonadamiento, humildad. Abajaos siempre, humillaos siempre.

Que los que son primeros se consideren siempre, por humildad y disposición de espíritu, en el último lugar, con sentimiento de abajamiento y de servicio. Si os encontráis en el primer lugar, sentíos en el último lugar por la humildad; ocupadlo con espíritu de servicio, diciéndoos a vosotros mismos que sólo lo ocupáis para servir a los otros y llevarlos a la salvación.

Beato Carlos de FoucauldVerdadera y profunda reflexión que nos señala claramente el camino a seguir. Sin lugar a duda que, seguirlo encierra dificultades, luchas y mortificaciones contra nuestra propia naturaleza que nos incomoda y nos ofrece ir a corriente de nuestros propios sentimientos carnales y apegos. En este sentido, el cristiano tiene que enfrentarse a una lucha sin cuartel donde la oración y entrenamiento penitencial es su más fuerte aliado, porque si nos dejamos ir seremos fácilmente vencidos, más unidos, por la Gracia, al ESPÍRITU, seremos mayoría aplastante. CRISTO y yo mayoría aplastante.

lunes, 30 de agosto de 2010

VIGILANTES EN EL CAMINO


Siempre que se recorre un camino, y la vida es nuestro eterno camino, hay que estar atento a los obstáculos que el mismo nos presenta. Este estar atento implica esfuerzo y trabajo para, incluso dormidos, tener todo listo en el momento que suene la sirena de alarma. Lo que no se ha previsto suele ocasionarnos serias consecuencias, y ello conlleva que se nos cierre la puerta.

Es el caso del Evangelio de hoy: "Parábola de las diez vírgenes", (Mt 25, 1-13), donde cinco estuvieron prestas y prudentes y otras cinco se durmieron sin los deberes cumplidos. Es un serio aviso a nuestro sentirnos instalados y confiados en que ya hemos llegado a la cima; en que ya nos hemos ganado el premio de la gloria.

Y es que hay momentos que nos sentimos tan elevados, tan cercanos al SEÑOR que nos parece que hemos alcanzado la dicha de estar en su presencia. DIOS nos permite sentirnos partícipe del Tabor, como a Pedro, Santiago y Juan, y ya no queremos bajar sino permanecer a su lado. Son momentos de éxtasis y gloria.

Pero ocurre que vienen momentos de zozobra y dificultades. Posiblemente la fe se nos esconde y seguir caminando por el Camino se hace cuesta arriba y difícil. Nos sentimos tentado de parar y sentarnos en la cuneta. De apartarnos del Camino y caminar por nuestra cuenta y a nuestro aire. Es el momento de dejarnos tentar y dormirnos, y ocurre que, dormidos, cuando despertemos sea ya tarde para retomar el rumbo.

Lecciones para nuestra vida que nos llenan de esperanza y que, mirando a otros (santos) podemos converger en que la muerte es la llamada más gloriosa que podamos tener. Así se encontraba Santa Teresita del Niño Jesús cuando descubrió los primeros síntomas de su enfermedad que la llevaría a la muerte, escribe: ¡Ah, mi alma se sintió henchida de gran consuelo! Estaba íntimamente persuadida de que JESÚS (...) quería hacerme oír una primera llamada.

Y es que la muerte es la plenitud de la vida. Es el momento que verdaderamente empezamos a vivir gozosamente para SIEMPRE. Es el momento más glorioso e importante de nuestra vida. Por lo tanto, aprender a morir es lo más grande que podemos y debemos hacer. Y eso implica tener nuestras lámparas encendidas y provistas del suficiente aceite para que no nos fallen.

La lámpara significa nuestra vida; la Luz es la Vida de la Gracia que nos sostiene y el aceite son nuestras obras de Caridad que nos fortalecen. Se hace, pues, necesario, alumbrar nuestra vida (lámpara) con la Eucaristía, la Penitencia, la Oración constante que nos empujen a dar testimonio con la vivencia de nuestro amor en los demás. De esta forma, como las cinco vírgenes prudentes tendremos nuestras lámparas siempre preparadas.