viernes, 8 de febrero de 2013

LOS APEGOS NOS CIERRAN LOS OJOS

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Mc 6,14-29


Y digo esto porque pienso que si Herodes llegó a pensar que se trataba de Juan el Bautista, a quien él había decapitado, lo más lógico y de sentido común sería replantearse seriamente cómo era posible que hubiese resucitado.

Eso me trae a la memoria la parábola del rico epulón, cuando pidió a Abrahán que enviara a Lázaro:
Padre Abrahán, ten piedad de mí y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua y refresque mi lengua, porque estoy atormentado en estas llamas. Contestó Abrahán: Hijo, acuérdate de que tú recibiste bienes durante tu vida y Lázaro, en cambio, males; ahora, pues, aquí él es consolado y tú atormentado. Además de todo esto, entre vosotros y nosotros hay interpuesto un gran abismo, de modo que los que quieren atravesar de aquí a vosotros, no pueden; ni pueden pasar de ahí a nosotros. Y dijo: Te ruego entonces, padre, que le envíes a casa de mi padre, pues tengo cinco hermanos, para que les advierta y no vengan también a este lugar de tormentos. Pero replicó Abrahán: Tienen a Moisés y a los Profetas. ¡Que los oigan! El dijo: No, padre Abrahán; pero si alguno de entre los muertos va a ellos, se convertirán. Y les dijo: Si no escuchan a Moisés y a los Profetas, tampoco se convencerán aunque uno de los muertos resucite"(Lc).

Y eso mismo ocurre hoy, oímos, vemos milagros y hasta sentimos que en lo más profundo de nuestro ser el amor nos da la felicidad, y seguimos apegados a nuestros intereses y egoísmos.

jueves, 7 de febrero de 2013

SOLOS EN EL ESPÍRITU

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Esa es la forma de vivir el Evangelio, enviados por Jesús y en el Espíritu Santo. Solo el Espíritu de Dios basta y lo imprescindible para mantenernos expectante y en activa escucha a la Palabra. Jesús nos habla en el Evangelio de un bastón, calzados y túnica.

Posiblemente llevamos muchas más cosas que pareciéndonos necesarias sólo una lo es, la Palabra, la escucha y el deseo de responder, porque en ella nos va la vida. Es verdad que necesitamos comer, vestir y algunas cosas más, pero lo fundamental es la Palabra y el alimento del alma, la Eucaristía, que nos proveerá de todo lo demás.

Y es que en nuestro camino, perdemos el horizonte y la meta porque nos encadenamos y esclavizamos a muchas cosas que incluso llegamos a considerar necesarias, y hasta imprescindibles. Incluso medios como Internet u otros que tanto ayudan hoy, pueden convertirse en cadenas de esclavitud si no sabemos utilizarlos como medios y no como fin. Sólo el Señor es la meta y el fin. En sus Manos iremos provisto de todo aquello que necesitamos para vivir en Él, el amor que nos hará libre y nos salvará.

miércoles, 6 de febrero de 2013

MÁS QUE LA VERDAD, NOS IMPORTA QUIEN HABLA

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Mc 6,1-6
Es algo inherente a nuestra naturaleza, miramos quien habla y lo que dice, pero no nos fijamos qué es lo que dice y si habla en verdad. Dicho de otra forma, cuando alguien habla, le damos crédito a sus palabras dependiendo de quién es.

Así, Jesús no fue creído aunque sus Palabras sorprendieran e ilusionaran. ¿Quién es este? ¿No es el hijo del carpintero? ¿Quién le ha dado autoridad para hablar y decir estas cosas? ¿No lo decimos hoy también?

Pero no observamos que ese Jesús nació ya pequeño, sin ser advertido, humilde y pobre. Se barruntaba que alguien así no iba a ser escuchado notoriamente. Por eso hace milagros y trata de decirnos que es el Hijo de Dios, pues excepto Dios, nadie puede anular las leyes naturales y superarlas, es decir, hacer milagros.

Sin embargo, permanecemos encadenados al poder, a la ambición, a la soberbia, a la suficiencia, a la oscuridad de permanecer en la muerte, porque todo lo que alcancemos aquí es caduco. Sólo en Ti, Señor está la vida eterna.

martes, 5 de febrero de 2013

MIENTRAS TENGAMOS RECURSOS

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Mc 5,21-43


Es una forma de actuar, diría, natural. Impulsados por un instinto de conservación buscamos alternativas a los innumerables percances y circunstancias que nos afectan negativamente. El hombre lucha por salvar su vida, y lo hace desesperadamente y con todas sus fuerzas. Es la vida, la supervivencia su mayor don y lo que intenta salvar por todos los medios.

Pero siempre hay un momento que se le acaban los recursos. Se siente impotente y siente desfallecer. Experimenta que ha llegado su hora y se siente impotente para salvar su vida. ¡No hay nada que hacer!

Es entonces cuando levanta su mirada. Siempre, mientras se tenga vida, hay esperanzas. Pero ahora esas esperanzas no están puestas en él, ni tampoco en el mundo. Su mirada levantada mira hacia arriba, hacia lo alto. Como si esperara que viniese desde un lugar superior, por encima de nosotros. Es la hora en que todos los mortales, aún negándolo o no aceptándolo, ponen su vida en Dios. No hay otra alternativa.

Algunos lo hacen totalmente confiados, en paz y seguros de ser acogidos por su Padre Dios que tanto los quiere; otros, quizás algo escépticos, dudan y se entregan porque no tienen a nadie a quien recurrir, y otros se sienten incapaces de reconocer lo que han negado toda su vida. Solo en el silencio y la soledad de los últimos momentos, fuera de la vista de todos, tendrán un cara a cara con el Padre Dios.

Hoy, el Evangelio nos narra hechos que reflejan esto que también sucede en la actualidad. Jairo y la mujer que padecía flujos de sangre son testimonios que dan luz y evidencia lo que aquí reflexionamos ahora. Tu vida, quieras o no, está en Manos de Dios. Él te ofrece y propone salvarla para la eternidad. Tú responderás con tu libertad y tu vida. De ti y de mí depende que sepamos discernir donde esta el verdadero Tesoro de nuestra vida. Vale la pena pensar sobre ello.

lunes, 4 de febrero de 2013

EL PROBLEMA, LOS INTERESES

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Mc 5,1-20

Está siempre presente, primero mis intereses, mi bienestar, mis satisfacciones...etc. Siempre primero yo. Ese es el problema, si primero soy yo, tú tendrás que estar el segundo. Y el segundo supone que estarás detrás de todo aquello que a mí me interese.

Vistas así las cosas, mis intereses amenazarán tu vida, que estará siempre detrás de todo aquello que satisface y alegra mi vida y mi persona. No importa que suceda, tu dignidad tiene un precio:  mis intereses y egoísmo. Así, lo normal, es que el mundo esté como esté.

Por eso, aquellos porqueros y el gentío convocado,  empujaron a Jesús a que se alejara su término. No les importaba ni les dolía los sufrimientos del endemoniado, les molestaba y dolía el haber perdido sus intereses económicos por la pérdida de los puercos.

¿No ocurre lo mismo hoy? ¿Me puede estar pasando a mí algo parecido? Busquemos unos momentos para reflexionar y orar.

domingo, 3 de febrero de 2013

¿DE NAZARET PUEDE SALIR ALGO BUENO?

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Lc 4,21-30

Recordemos la frase de Natanael: «¿De Nazaret puede salir algo bueno?» (Jn 1,46). La reflexión de hoy puede apoyarse en este pensamiento generalizado en los contemporáneos paisanos de Jesús. Es la idea que reinaba y reina en todas las épocas. En tu propia casa se hace más difícil ser creído.

Cuando te conocen, eres menos valorado. Siempre todo lo que viene de afuera, al ser desconocido, es más valorado y aceptado. Cuesta más dar ejemplo en la propia familia que recibirlo de afuera. Exigimos lo que recibimos por amor y gratuito, hasta el punto de que consideramos un derecho y muy normal todo lo que nos es dado en nuestro propio hogar.

Por eso, el amor de Dios germina antes en los extranjeros (Viuda de Sarepta y sirio Naamán) que en su propio pueblo. Y así ocurre en la vida ordinaria de nuestra época. Estamos más disponibles y abiertos a lo que alguien sin mayor crédito nos proclame, que a la Palabra de nuestro Padre Dios.

Es el trabajo del diablo, que enciende nuestra soberbia y orgullo para endurecer nuestro corazón de piedra y cerrarnos al amor que Jesús nos propone. Todo nos es dado gratuitamente, y cuando nuestro corazón se dispone a recibir, se siente agradecido y abierto a la respuesta de amor.


sábado, 2 de febrero de 2013

RENUÉVAME MI MIRADA, SEÑOR

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Lc 2,22-40

Porque necesito que cada día mis ojos se vuelvan limpios, ilusionados, inquietos y buscadores de tu nuevo Amor. No dejes que mi mirada se canse, se vuelva oscura y nublada y pueda perder tu Rostro y tu Imagen. Tenme siempre despierto y renovado para que tu presencia no escape a mi vista.

La vida se nos hace rutinaria y cansina. Llegamos incluso a cansarnos de tanto orar, celebrar y proclamar. Y hasta desfallecemos al comprobar que nuestras acciones no dan fruto sino todo lo contrario, dejan mucho que desear. Nos sentimos desfallecer y experimentamos el sentimiento de abandonar, de dejarnos llevar por la corriente del mundo. Esa fuerte corriente que arrastra y tienta duramente.

Es una gota de esperanza observar el pasaje del viejo Simeón, y admirar su fe y paciencia, su confianza y su vista, a pesar de su vejez, expectante y con mirada nueva. Dame, Señor, esa mirada como Simeón, que cada día sea un día nuevo lleno de esperanza, de novedades y de encendido amor primero y nuevo.