sábado, 12 de diciembre de 2020

¡NO SE HA IDO, ESTÁ ENTRE NOSOTROS!

Evangelio según San Mateo 17,10-13. Al bajar del monte, los discípulos  preguntaron a Jesús: "¿Por qué dicen l… | Juan el bautista, San juan  bautista
Mt 17,10-13

La espera desespera. Es decir, con frecuencia la espera se nos hace larga. En ese sentido, la puntualidad es importante, porque hace que la espera sea lo necesario y no desespere. Si tu sabes la hora, esperas lo suficiente para estar en esa hora, y no malgasta más tiempo que el necesario o el que necesitas. 

Sin embargo, hay esperas que invitan a la duda y a la desconfianza. Quizás nos pasamos toda nuestra vida en esa espera que no llega o que no vemos que haya llegado. La esperanza - hermosa virtud - nos mantiene expectantes y vigilantes y en actitud de que siempre hay esperanza mientras haya vida. Pero, es grave y muy peligroso que esa espera sea vana y que se acabe nuestro tiempo y no veamos ni encontremos a qué o quién verdaderamente esperamos.

El Evangelio de hoy nos presenta esa cuestión de la espera. Sería bueno preguntarnos, ¿qué esperas o a quién esperas? ¿Puede ser Elías, Juan, Jesús...? En el Evangelio de hoy, Jesús responde a lo que le preguntan sus discípulos: « ¿Por qué, pues, dicen los escribas que Elías debe venir primero?». Respondió Él: «Ciertamente, Elías ha de venir a restaurarlo todo. Os digo, sin embargo: Elías vino ya, pero no le reconocieron sino que hicieron con él cuanto quisieron. Así también el Hijo del hombre tendrá que padecer de parte de ellos». Entonces los discípulos comprendieron que se refería a Juan el Bautista. 

Ahora, lo que nos interesa a nosotros es encontrar nuestra respuesta y descubrir nuestra búsqueda. Porque, quizás estamos esperando a quien ha venido ya y, por lo tanto, nuestra espera es vana. Quizás nuestros ojos han permanecido cerrados o deslumbrados por las luces del mundo y cegados para poder ver.

Sería cuestión de abrir bien nuestros ojos y de estar más atentos a nuestro derredor, porque Jesús, ya lo anunció Juan, está entre nosotros y, posiblemente, no lo hemos visto ni tampoco le hemos hecho caso a Juan el bautista. Abramos, pues, bien los ojos.

viernes, 11 de diciembre de 2020

EXCUSAS Y JUSTIFICACIONES


A la hora de responsabilizarnos buscamos siempre excusas para justificarnos. Nos cuesta asumir la realidad y nos autoengañamos distorsionando la realidad para justificar nuestra respuesta y nuestro compromiso. Si nos habla Juan el bautista, nos excusamos culpándole de sobrio, radical, austero y hasta consideramos que tiene un demonio. Si nos presenta a Jesús, aducimos que es un comilón y borracho y que anda con publicanos y pecadores. De una u otra forma buscamos siempre excusas para justificarnos y autoengañarnos.

Ahora, se trata de ver que hacemos nosotros. ¿Me justifico y me autoengaño distorsionando la realidad? Busco razones ficticias, me escondo detras de mis miedos, mis apetencias y egoísmos para presentar razones que, en el fondo, buscan comodidad, satisfacción y confort. Es decir, respuesta a mis egoísmos y no a la Palabra y llamada del Señor.

Porque, lo que no queremos es comprometernos. Nos cuesta salir de nosotros mismos y, de hacerlo, lo hacemos a nuestra manera de acuerdo con nuestros intereses y apetencias. Posiblemente, eso es lo que le sucedió a aquellos fariseos y sumos sacerdotes, se resistieron a cambiar y a salir de sus comodidades y situación acomodada. Se autoengañaron y distorsionaron la realidad. ¿Nos estará pasando a nosotros lo mismo? No buscamos la verdad, sino nuestra verdad, que está contaminada de egoísmos y pecados.

jueves, 10 de diciembre de 2020

MISERICORDIA Y CONVERSIÓN

 Mt 11,11-15

Juan da voz al anuncio de la llegada del Reino de Dios. Se ha retirado al desierto y desde allí invita a la conversión y arrepentimiento de los pecados. Advierte de la llegada del que es más grande que él y de que habrá un juicio donde se pedirá cuentas de nuestros actos. Por eso, nos exige un bautismo de conversión como preparación de Aquel - más grande que él - que bautizará con Espíritu.

La intención de Juan es despertar y avivar ese ánimo de conversión, quizás dormido en el corazón de la gente. Anuncia la llegada inminente del Reino de Dios y la necesidad de convertirnos y prepararnos para purificar nuestros pecados. Todos se enteran y hasta el rey Herodes se inquieta, pues es amonestado valientemente por Juan de su pecado de adulterio con la mujer de su hermano Filipo.

Jesús se hace presente y se hace bautizar por Juan, que advierte su divinidad y le señala como el Hijo de Dios. Su bautizo en el Jordán es la presentación que su Padre le hace como Hijo predilecto: “Éste es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia”. Jesús se retira al desierto y fortalece su Espíritu para prepararse para la misión a la que ha sido enviado.

Mientras, Juan anuncia la venida del Mesías como un juicio de cuenta para el que se exige conversión y purificación, Jesús nos anuncia y nos habla del Amor Misericordioso del Padre que nos ofrece el perdón de los pecados y la Vida Eterna. Juan acaba su etapa, su preparación del camino y Jesús empieza a mostrarnos el verdadero Rostro del Padre, el Amor.

miércoles, 9 de diciembre de 2020

JESÚS, NUESTRO DESCANSO Y MOTIVACIÓN

 

Es posible que a veces creemos y pensamos que si no cumplimos con nuestras oraciones acostumbradas y programadas estamos fallándole al Señor. Sobre todo en esos días que se nos ha amontonado trabajo o, por circunstancias no habituales, no hemos dispuesto de nuestro tiempo. Y no se nos ocurre pensar que el Señor nos ve y sabe que no hemos dispuesto del tiempo necesario y que lo que Él quiere es que descansemos, ¡que bastante hemos hecho! Sí, confieso que a veces lo he llegado a pensar, pero, también confieso que me he sentido atado o esclavizado a ese cumplimiento.

Una cosa, entiendo, es mal gastar tu tiempo de forma holgazana y egoísta, y otra es derramarla en hacer algo que es un bien para otros. Me ha sucedido que, escribiendo algo de forma desinteresada y con la buena intención de compartir mi fe y alumbrar, por la Gracia de Dios y la acción del Espíritu, se me viene la noche encima y me voy a la cama tarde. Y me viene esa idea, me apetece acostarme, pues estoy cansado y dormirme satisfecho abandonado en el Señor. Sin embargo, esclavo de mis cumplimientos decido rezar mis oraciones de la noche.

Creo que a mi Padre Dios le gustaría que descansara, y que disfrutara abandonándome al sueño, pensando y satisfecho de hablar de su Amor y su Bondad. No se trata de una disciplina rígida, que también es necesaria ante la amenaza y el peligro de la holgazanería y pereza, hay que crear buenos hábitos, pero también conviene saber que Dios es nuestro Padre, y, como Padre, sabe lo que hacemos y cuando nos conviene descansar y dejarle todo en sus Manos. Eso es también una señal y prueba de nuestra confianza en Él.

Tengamos, pues, muy presente que el Señor camina con nosotros y que está siempre a nuestro lado para aliviar nuestra carga, para soportar nuestro desánimo y levantar nuestra desidia y apatía. Acudamos siempre a Él, porque en Él está nuestro descanso y nuestra esperanza. Él nos mueve, nos renueva y nos da esa ilusión y deseo de continuar, agarrados a Él, el camino de la fe y la Resurrección.

martes, 8 de diciembre de 2020

LA INMACULADA

Lc 1,26-38

María es nuestra Madre pr regalo expreso de su Hijo en la Cruz. Jesús, en los últimos momentos de su vida en la tierra, y antes de expirar y consumar su misión, nos regaló la maternidad de su Madre. Un regalo inmaculado, sin pecado y lleno de la Gracia del Padre Dios. Ella es la Inmaculada, la sin pecado, la llena de Gracia y la Madre que nos señala el camino del Hijo llenándonos de esperanza y fortaleza para que, también nosotros, luchemos con, en y por la Gracia de Dios, para expulsar el pecado de nuestro corazón.

¡Y, no es una utopía, por supuesto, lo podemos conseguir yendo asidos de la mano de Jesús! En Él podemos sostenernos limpios. Esa es nuestra principal motivación, nuestra esperanza y nuestro objetivo. Y, por todo ello nos congratulamos en, por la Gracia de Dios, tener una Madre Santa e Inmaculada que intercede por todos nosotros, nos acompaña en nuestro camino y nos cobija de los peligros que nos amenazan bajo su santo manto.

Ella es nuestra referencia inmaculada humana. Siendo persona como nosotros es, por la Gracia de Dios, Inmaculada, y nos abre el camino esperanzado de que nosotros, por la Gracia de Dios, podemos también alcanzar algún día esa limpieza pura y vencer al pecado. Esa es nuestra meta y a lo que estamos llamados. Es una alegría inmensa descubrir que tenemos una Madre que intercede por nosotros y nos da ese calor maternal que todo hijo necesita y espera. ¡Gracias Madre!

lunes, 7 de diciembre de 2020

EL ESFUERZO POR CONSEGUIR LA SALUD

Lc 5,17-26

No escatimamos esfuerzo cuando nos encontramos mal. La salud del cuerpo nos preocupa y nos mueve a hacer los sacrificios que necesitemos para vencer la enfermedad y lograr la salud. El Evangelio de hoy nos relata como aquellos hombres buscaron la forma de presentar a aquel paralítico delante de Jesús. El deseo y, por supuesto, la fe les movieron a ingeniarse la manera de salvar las dificultades para llegar a Jesús. Y, como nos narra el Evangelio sucedió: ...subieron al terrado, le bajaron con la camilla a través de las tejas, y le pusieron en medio, delante de Jesús. Viendo Jesús la fe de ellos, dijo: «Hombre, tus pecados te quedan perdonados». 

 ¿Hemos pensado alguna vez que la enfermedad del alma  - el pecado - es la que más nos urge curar? Porque, el cuerpo tarde o temprano desaparecerá de este mundo, pero nuestra alma es inmortal, y de perderse también perderá su cuerpo. Por lo tanto, desde esta perspectiva, es el alma lo que más nos debe preocupar y lo que más nos conviene cuidar. Por eso, Jesús, al ver la fe de aquellos hombres y del paralítico, tal como nos dice el Evangelio, lo primero que hace y dice es perdonarle sus pecados.

Supongo que también nosotros pensaríamos como aquellos fariseos y doctores de la ley. No se ve el efecto del perdón, pero, sí se ve el efecto de la curación. Jesús, sabiendo lo que pensaban, les dice: « ¿Qué estáis pensando en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir: ‘Tus pecados te quedan perdonados’, o decir: ‘Levántate y anda’? Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados -dijo al paralítico- ‘A ti te digo, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa’». Y al instante, levantándose delante de ellos, tomó la camilla en que yacía y se fue a su casa, glorificando a Dios.

Queda al descubierto nuestra débil y poca fe. Posiblemente no llegamos a ese grano de mostaza y debemos aceptarlo y pedir constantemente que nuestra fe aumente hasta llegar a ese grano de mostaza para mover montañas. Señor, perdónanos y aumenta nuestra fe.

domingo, 6 de diciembre de 2020

¿ESTOY YO TAMBIÉN ABIERTO A PREPARARME?

Mc 1,1-8

 

Juan anuncia la llegada del Mesías y nos invita a preparar el camino, también nuestro camino, para recibir al Señor en nuestro corazón. Una preparación que nos exige una mirada interior y otra exterior. Porque, lo preparado interiormente tiene repercusión en lo exterior. Podemos, para empezar, hacernos algunas preguntas que nos dispongan a abrirnos a la venida del Señor.

 ¿Qué tengo que mirar y tratar de ordenar o corregir dentro de mí? ¿Qué necesito enderezar, allanar, rellenar, nivelar, desalojar de mi corazón? ¿Acaso debo medir mi soberbia, mi ira, mi grado de prepotencia, mi vanidad, mi manera de pensar, mis egoísmos...etc? 

Indudablemente que hay muchas cosas que revisar e igualar y, sobre todo, suavizar, revestir de bondad y mansedumbre para que mi corazón quede afinado y nivelado y su funcionamiento - diástoles y sístoles - sea preciso para seguir el ritmo y los pasos de Jesús. Pero, también tengo que levantar mi mirada hacia afuera y ver el desajuste de desniveles que han a mi derredor. 

Se hace necesario, también afuera, rellenar hendiduras, barrancos, caminos torcidos y depresiones que impiden que las cosas se igualen y que haya justicia. Valores que son inherentes a la dignidad de la persona - verdad, justicia, bondad, misericordia, cercanía al excluid y marginado, generosidad, desprendimiento, gratuidad y todo lo que configura un Reino de paz, justicia y amor. Un Reino que viene el Mesías a establecer, y que Juan empieza a prepararnos y anunciarnos en el Jordán.

Y el punto de partida es nuestro bautismo, donde recibimos al Espíritu Santo. Ese mismo Espíritu que bajo sobre Jesús en el Jordan y que nos acompañará para darnos fortaleza, sabiduría, valor y esperanza para perseverar y seguir los pasos de Jesús.