lunes, 19 de abril de 2021

¿POR QUÉ BUSCAMOS A JESÚS?

 

Dentro de cada uno de nosotros hay una pregunta que busca respuesta. ¿Por qué buscamos a Jesús? ¿Se esconde en esa búsqueda algún interés material o espiritual? ¿O se busca simplemente esa paz plena de felicidad que se experimenta en ese encuentro profundo, serio y pleno con Jesús? Un encuentro pleno que te deja saciado de felicidad y paz.

Y es así, cuando se tiene un encuentro serio, profundo y real con Jesús, tu corazón queda prendido, ávido e inquieto de amor y para amar. Entonces buscas a Jesús por amor y para amar. Porque, el fuego que sale de dentro de ti es puro amor que viene de Dios. Experimentas que cuando amas tu corazón queda pleno de gozo y paz. Entonces te das cuenta que para sostenerte en ese estad y situación necesitas la Gracia y cercanía de Jesús. Un Jesús que te da la paz y la fortaleza para que tu amor sea un amor que se da gratuita y necesariamente porque sale desde el fondo de tu corazón.

Es posible que nuestro seguimiento esté movido al principio por interés, por la búsqueda de nuestras propias soluciones tanto materiales como también espirituales, de ordenes psicológicos y mentales. Buscamos a Jesús para que nos alimente materialmente, pero, luego, una vez conocido y cercano nuestro corazón queda lleno de su Palabra y de su Amor. Entonces, sin darnos cuenta, nos vamos llenando de su Espíritu, de su Paz y, sobre todo, de su Amor.

Al final, te das cuenta que esa era la respuestas que estabas buscando. Evidentemente, no está en, ni en las cosas de este mundo, solo se encuentra en Jesús, el Hijo de Dios, encarnado en naturaleza humana.

domingo, 18 de abril de 2021

¡SÍ, RESUCITÓ!

Lc 24,35-48

¡Está con nosotros! ¡No se ha ido, en realidad ha estado siempre con nosotros! Es el Dios eterno que ha existido siempre y que permanece por los siglos de los siglos. El Dios encarnado en naturaleza humana y que entregó su Vida para redención de la nuestra. Pero, Resucitó para gloria de Dios Padre. Por tanto, no hay más cuestiones ni interrogantes. ¡Ese es el interrogante y la cuestión! Crees que Jesús, enviado por el Padre a este mundo, Resucitó, o, por el contrario, no lo crees. 

Y todo está contenido en esa creencia. Frio o caliente, pero nunca tibio, porque, la tibieza es una fe en apariencia, pues no responde coherentemente a esa declaración de fe. Se queda entre dos aguas. Un pie dentro y otro fuera. Algo así como estar con el mundo y con Dios. Y eso es imposible. ¡O se está con Dios, o contra Él! Y la realidad es que hay mucha tibieza, mucha pereza y mucho autoengaño. 

Se miente, se dice creo pero no se es coherente con lo que se dice. Falta la fe - don de Dios -  que no se pide ni se busca y, en consecuencia no se recibe. Nadie pone en cuestión lo difícil que es creer. Nos lo demuestran los apóstoles que, incluso estando cerca de Él, estaban incrédulos, razón por lo que demuestran que luego, al dar sus vidas por Él, dando testimonio de su Resurrección, fue porque lo vieron

El hecho de la Resurrección nos supera y no podemos llegar a comprenderlo. Está muy por encima de nosotros. De ahí que Jesús, que sabe de nuestras limitaciones, se hace presente a sus apóstoles, sus más íntimos y cercanos seguidores y amigos para que se den cuenta de que es el mismo que había estado con ellos anunciando el Reino de Dios. Les muestras las llagas de sus manos y come con ellos para que se den cuenta. Y les recuerda que todo esto que ha sucedido estaba escrito en la Ley de Moisés y los Profetas, y en los salmos. Tenía que cumplirse, y así ha sucedido. Ahora, ¡tú decides!

sábado, 17 de abril de 2021

SOY YO, NO TEMAN

 

 

Corren tiempos de incertidumbre y de peligro. Hay cierta inestabilidad que huele a tempestad, a vientos fuertes que arrastran todo lo que se interpone en su camino. Las aguas se levantan revueltas y sus olas amenazan la destrucción y derrumbamiento de los valores humanos. El Evangelio de hoy presenta un mar encrespado que levanta olas que amenazan hundir la barca en la que van los apóstoles - después de haber embarcado - tras vivir aquel hermoso acontecimiento de la multiplicación de los panes y peces.

También nuestro particular mar está embravecido. Nuestro mundo está embrollado y dibuja una casi distopía imaginaria que muy pocos podíamos imaginarnos que llegaremos a observar y vivir. Porque, parece imposible creer que algunos - poderosos y gobernantes - estén empeñados en destruir nuestra escala de valores humanos. Valores que nacen y se siembran en nuestras familias cristianas y, también, no cristianas.  Simplemente, en las familias humanas donde el respeto, la educación y la libertad son valores únicos e insustituible.

¿Qué se quiere hacer ahora? ¿Acaso, se quiere sustituir ese hermoso mar que nos rodea y esa fecunda tierra que nos alimenta, y nos sostiene firmes, en otro lugar diferente donde los valores dejen de ser valores y sean sustituidos por otros? ¿Se quiere construir un mundo diferente, nuevo y basado en otros valores? ¿Y quiénes los ponen? ¿Acaso son ellos garantes y autoridad para dirigir algo que no han creado? ¿Acaso tienen poder y capacidad para cambiar lo que ya está sembrado en el corazón humano? ¡Imposible, nunca podrán hacerlo!

El hombre y la mujer - ser humano - tiene dentro de sí mismo esa chispa de amor y eternidad que le arrastra, quiera o no, a ese Dios que les ha creado. Un Dios que es amor y que, como Jesús - su Hijo predilecto - que camina hoy sobre las aguas, nos tranquiliza y nos amina: «Soy yo. No teman».

viernes, 16 de abril de 2021

¡COMODIDAD, PURA TENTACIÓN!

Jn 6,1-15

Una mirada serena, sincera y seria - tres s - supone darnos cuenta de nuestro interés verdadero por seguir a Jesús. Detrás de nuestro seguimiento, quizás sin advertirlo de forma muy consciente, se esconde siempre - por y causa de nuestro pecado - un deseo de búsqueda cómoda y fácil para acomodar nuestra vida a nuestros deseos y apetencias.

Seguimos a Jesús, en la mayoría de los casos, buscando comodidades y soluciones a los problemas que se presentan en nuestra vida y a las necesidades vitales e imprescindibles - alimento y salud - que nos plantea nuestro camino. El Señor, que nos conoce muy bien y llega al fondo de las intenciones de nuestro corazón, conoce y sabe de nuestros defectos, egoísmos, apetencias e intenciones. No le engañamos, pero, quizás, por su Infinita Misericordia, el Señor quiere dejarse engañar. Su Amor es Inmenso y sin límites.

Así y todo, su Misericordia nos salva. Se preocupa por nuestras necesidades presentes y, tal y como narra el Evangelio de hoy, multiplica aquellos cinco panes y dos peces que tenía aquel muchacho para alimentar a todos los que le habían seguido. Sabe, y por eso lo hace, la importancia de esos signos milagrosos que, en primera instancia mueve a la gente a seguirle y que, conociéndolo, el Señor nos atiende y se preocupa por cada uno de nosotros.

Por nuestra parte, tratemos de abrir nuestro corazón y dejarnos invadir de Espíritu Santo para que nuestro seguimiento al Señor sea un seguimiento sereno, sincero,  y serio, apoyado en la verdad, en el amor y agradecimiento por todo lo que nos ha dado y por lo que nos da, la Vida Eterna.

jueves, 15 de abril de 2021

SIN LUGAR A DUDA, LA SALVACIÓN NOS VIENE DE ARRIBA

 

Aquí abajo no está la salvación. Sabemos que en este mundo todo lo que empieza acaba y, por supuesto, nuestras esperanzas no tienen horizonte. La muerte lo limita y finiquita todo. Sin embargo, levantar la mirada y dirigirla hacia el Cielo, cambia nuestra esperanza y renace nuestra vida. Mientras todo lo de aquí abajo tiene fecha de caducidad, lo que viene del Cielo nos llena de esperanza y de vida. 

Lo que viene de arriba está por encima de todo, lo abarca todo, lo sabe todo y su medida es Infinita. Jesús, que viene del Cielo, conoce y sabe todo y habla de lo que sabe dando testimonio de lo que ha visto, nos invita a que también nosotros miremos para el Cielo. Las cosas de la tierra son importantes, las necesitamos, pero no nos dan esa Vida Eterna que buscamos, y que es lo verdaderamente importante.

Las cosas de este mundo, por mucho que las valoremos no nos sirven de mucho. Son caducas y tienen su tiempo contado. Aquí acaba todo, no hay más esperanza ni horizonte. Por el contrario, las cosas del Cielo, de las que nos habla Jesús, primero, no se acaban, y, segundo, nos dan esa Felicidad Eterna que buscamos. Creer, por tanto en Jesús abre nuestras expectativas y esperanzas. Él es el Salvador prometido y el Camino, la Verdad y la Vida.

En Él ponemos todas nuestras esperanzas. Pero, ¿qué podemos esperar de todo lo que podamos conseguir aquí abajo? Los tesoros de la tierra son caducos y, precisamente por eso pierden todo su valor. Jesús, que viene del Cielo, nos trae la Verdad y nos da la Vida y quien cree en Él verá y gozará de la Vida Eterna.

miércoles, 14 de abril de 2021

LUZ Y AMOR

 

La mentira se aparta de la luz. Busca siempre esconderse en la oscuridad donde siempre se encuentra a gusto y en su medio preferido - las tiniebla - donde no puede ser descubierta. Se oculta tras las apariencias de verdad para engañar. El mentiroso se aparta de la luz para no ser descubierto. Todo lo contrario y opuesto a la verdad que, gusta y busca la luz para ser vista y para el bien de los demás.

La verdad es buena, hace bien y todos la aplauden y la buscan. La verdad descubre el amor, porque quien ama, vive y busca siempre la verdad. La Verdad con mayúscula, Dios, nos demuestra su Infinito Amor en la entrega de su Hijo a una muerte de Cruz para salvarnos, a todos los que creen en Él, de la esclavitud del pecado.

Dios envía a su Hijo al mundo, no para juzgarlo, sino para salvarlo. Indudablemente, quienes no creen en Él ya están juzgados y, por el contrario, los que creen no necesitan de juicio. La Misericordia de Dios es Infinita y Justa. Su Justicia es Misericordiosa  hasta el punto de darnos siempre la oportunidad de sacar nuestras obras a la luz para que sean vistas y puedan ser lavadas en la verdad.

Siempre hay una esperanza mientras caminamos por este mundo. Dios nos ama y ha enviado a su Hijo para saldar nuestra deuda del pecado. Ahora, nos toca a nosotros confiar en Él y, asistidos por su Gracia, pagarla con nuestro sincero arrepentimiento y esfuerzo en creer en su Palabra y hacerla realidad en nuestras vidas.

martes, 13 de abril de 2021

ABIERTOS A LA ACCIÓN DEL ESPÍRITU SANTO

 

En la medida que dejas que tu corazón se abra a la acción del Espíritu y dirija tu vida, empieza a nacer en ti una vida nueva, un corazón nuevo. Un nacimiento, que no significa cambia la vida, sino la forma de mirarla y de verla. 

Ver la vida desde un prisma humano y material a verla desde la Palabra y la mirada de Dios sobre el corazón humano, significa volver tu mirada hacia Dios. Permitir- puesto que se nos ha dada la libertad de elegir - que la Voluntad de Dios viva, sea lo primero y ocupe el centro de tu corazón.

Se trata de que la Sabiduría de Dios, no la del mundo, sea el Norte de tu vida y, desde ella y por ella, tu vida refleje en todos sus actos la presencia de Dios, hasta el punto de que se note y los demás la adviertan. Una Sabiduría que, quizás sea ignorancia para el mundo, pero que nos viene de arriba, del Cielo y que nadie conoce excepto Jesús, porque nadie ha subido al Cielo sino Él.

Nacer de nuevo es despojarse de todo conocimiento mundano que nos materializa, nos ensobebece y nos hace suficiente hasta el punto de prescindir de Dios creyendo que tú lo sabes todo y, en realidad, no sabes nada. Nacer de nuevo es abrir los ojos de nuestra ignorancia para convertirnos, por la Gracia del agua y del Espíritu en nuestro bautismo, en verdaderos hijos de Dios. Siervos humildes y pequeños.