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martes, 13 de abril de 2021

ABIERTOS A LA ACCIÓN DEL ESPÍRITU SANTO

 

En la medida que dejas que tu corazón se abra a la acción del Espíritu y dirija tu vida, empieza a nacer en ti una vida nueva, un corazón nuevo. Un nacimiento, que no significa cambia la vida, sino la forma de mirarla y de verla. 

Ver la vida desde un prisma humano y material a verla desde la Palabra y la mirada de Dios sobre el corazón humano, significa volver tu mirada hacia Dios. Permitir- puesto que se nos ha dada la libertad de elegir - que la Voluntad de Dios viva, sea lo primero y ocupe el centro de tu corazón.

Se trata de que la Sabiduría de Dios, no la del mundo, sea el Norte de tu vida y, desde ella y por ella, tu vida refleje en todos sus actos la presencia de Dios, hasta el punto de que se note y los demás la adviertan. Una Sabiduría que, quizás sea ignorancia para el mundo, pero que nos viene de arriba, del Cielo y que nadie conoce excepto Jesús, porque nadie ha subido al Cielo sino Él.

Nacer de nuevo es despojarse de todo conocimiento mundano que nos materializa, nos ensobebece y nos hace suficiente hasta el punto de prescindir de Dios creyendo que tú lo sabes todo y, en realidad, no sabes nada. Nacer de nuevo es abrir los ojos de nuestra ignorancia para convertirnos, por la Gracia del agua y del Espíritu en nuestro bautismo, en verdaderos hijos de Dios. Siervos humildes y pequeños.

miércoles, 29 de abril de 2020

DESCUBRE A DIOS EN LO PEQUEÑO

Lời nguyện chung Chúa nhật XIV thường niên A
No te afanes en buscar en las grandes historias ni en los altos intelectos. La sabiduría de Dios está en las cosas pequeñas y, por supuesto, en los hombres humildes y pequeños. Pequeños en poder y riqueza que no les permite ensoberbecerse ni en moverse con una actitud arrogante y suficiente. Dios ha querido manifestarse en lo más bajo y pequeño tomando la humildad como su signo más visible.

Su vida aparece dentro de una familia humilde y viene a este mundo en un establo, apartado de toda riqueza, lujo y rodeado de la sencillez que rodea y destaca en los más pobres. Su vida se moverá dentro de la sencillez, el trabajo y la humildad. Y es, precisamente, en esa gente sencilla y pobre donde Dios, a través de la Palabra del Hijo, derrama su Sabiduría y su Verdad. Repetidas veces nos descubre que su intención es venir a salvar a los pecadores, y los pecadores se encuentran en la gente más marginada, más carente de todo lo necesario y, por supuesto, en los más pobres y pequeños.

Porque, son esos, los pequeños, los más necesitados de salvación y lo que, por supuesto, más se abren a las enseñanzas y anuncio de la Palabra de Dios. No hace falta desarrollar más esta afirmación porque la hemos experimentado y vivido por nosotros mismos. Y, porque a lo largo de toda la historia así se ha manifestado. Los grandes y poderosos siempre han cerrado sus corazones a la Palabra de Dios.

La altura de Dios, decía San Agustín, hay que comprenderla desde su bajura. Es decir, para entender la grandeza de Dios, hay que comprender primero su bajura, su pequeñez, su despojo, a sí mismo, tomando forma de siervo y hecho igual a los hombres... - Filipenses 2, 6-11 -  y estando en esa condición de hombre se humilló a sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz. Por lo tanto, quienes siguen al Señor y le buscan, tendrán que hacerlo en lo pequeño, en lo humilde y en los pobres y sencillos.

viernes, 26 de octubre de 2018

LA SABIDURÍA DE AQUÍ ABAJO

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El hombre se jacta de saber mucho y de los adelantos que el mundo ha experimentado en los últimos tiempos. En algunos momentos se ha creído dueño y señor del mundo y capaz de dirigir su propio destino. Hasta tal punto que trata de decidir quien debe vivir o morir, aborto y eutanasia. Se cree capaz de organizar su vida, pero choca con la barrera de la muerte. Sin embargo, busca incesantemente alcanzar el poder sobre ella.

Su necedad le lleva a no darse cuenta de los problemas añadidos en un supuesto que lograra vencer la muerte. ¿Cabemos todos en este planeta? ¿Podríamos detener el tiempo y nuestro crecimiento? ¿Qué supondría erradicar la muerte? La espiral de preguntas sin respuestas nos descubre la limitación del hombre y los interrogantes que su existencia plantea. Se hace necesario buscar al Autor de todo lo que existe y de la existencia humana. Tanta sabiduría para pronosticar el tiempo y otras cosas, pero necedad ante la verdad, la justicia y la presencia de Dios y la escucha de su Palabra.

La vida no se para, parece larga, pero no lo es. Quizás el tiempo presente se nos haga largo en algún momento, sobre todo si lo pasamos mal, pero no se para. No hay pausa ni descanso, camina siempre y en todo momento, de noche y de día. Y la pregunta está, quizás en algunos dormida, dentro de nuestro corazón. ¿A dónde vamos? ¿Hay alguna respuesta que nos haga comprender nuestro destino? Sólo Dios lo sabe. Posiblemente, algunos se aprovechan de esa necesidad imperiosa de buscar respuestas que tiene el hombre, pero la realidad está presente. Estamos y caminamos y vamos a algún lugar y eso debe tener un Autor.

Pero, y aquí empieza todo, ese Autor ha hablado, se ha revelado en Alguien - Jesús, el Hijo de Dio - que ha vencido la muerte y que nos ha prometido vencerla nosotros también. No es una quimera ni algo salido de la propia necesidad del hombre, es nuestra propia realidad. Aspiramos a la eternidad y, de la misma manera que escrutamos el tiempo, experimentamos que, por encima de nosotros hay Alguien que salva y nos responde a todos nuestros interrogantes. Busquemos esa Palabra y, bajo la acción del Espíritu Santo, dejémonos iluminar. Amén.

lunes, 15 de octubre de 2018

COMO NIÑOS

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Mt 11,25-30
Todos hemos crecidos desde aquel momento que hemos sido fecundados en el seno de nuestras madres y recibido el aliento de Dios infundiéndonos un alma inmortal. Y hemos crecidos por el amor de nuestros padres, que Dios ha puesto a nuestros cuidados y protección. Ellos, respondiendo al amor de Dios y por su Gracia, nos han amado también a nosotros, sus hijos, y, no sólo nos han cuidado, protegido y educados, sino que nos han ido enseñando y transmitiendo todo lo que necesitábamos saber en cada momento.

¿Y nosotros? ¿Hemos sido obedientes? En esa medida habremos aprovechado mejor el tiempo y aprendido muchas cosas. Porque, como niños obedecemos a nuestros padres y nos fiamos de ellos. Sabemos que nos quieren y que se dejan la vida por educarnos y darnos lo mejor para nosotros. Esa es la actitud que Dios, Padre nuestro, quiere de sus hijos, y por eso, Jesús, el Hijo enviado a revelarnos el amor del Padre, nos revela sus intenciones.

Y nos advierte que tendremos que ser como niños, es decir, obedientes, humildes y sumisos a la acción del Espíritu Santo, que, enviado por el Padre, nos va auxiliando, enseñando y dándonos la sabiduría necesaria a cada instante para que sigamos el camino recto según la Palabra y la Voluntad de Dios. Igual que hemos aprendido de nuestros padres de la tierra, también hemos de aprender de nuestro Padre del Cielo, y, para ello, necesitamos ser humildes y abandonarnos en las Manos del Espíritu Santo.

Ese ejemplo nos lo da Santa Teresa de Ávila, que, abandonada en el Señor, supo asumir y recibir toda la sabiduría que la llevó a ser doctora de la Iglesia. De ella tomamos su testimonio de caminar tras los pasos de la Sabiduría Absoluta, Jesús, nuestro Señor, el Hijo de Dios hecho Hombre. No hay otro camino. Sólo Él es el Camino, la Verdad y la Vida.

jueves, 26 de julio de 2018

LA FE Y SABIDURÍA ENTRAN POR LA PUERTA DE LA HUMILDAD

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(Mt 13,10-17
No se trata de saber mucho ni de tener estudios superiores y de gran altura. Se trata de reconocerse pequeño, limitado, pecador y, desde esa humildad, experimentar que la sabiduría de los misterios de Dios nos sobrepasan y sólo con la humildad de reconocerlo y abrirse a la acción del Espíritu Santo podemos encontrar la fe necesaria para ver y creer.

Siempre, en este camino terrenal, tendremos la afilada amenaza de la duda. Quizás la fe sea el arma que Dios nos ha dejado para que con ella nos ganemos el regalo que Él nos ofrece, la salvación eterna, Un arma que entraña riesgos y peligros, pero un arma que nos abre el corazón y nos llena de gozo y de paz. Sí, necesitamos abandonarnos en el Señor y abrir nuestra mente y nuestro corazón a su Palabra. Creer que su Palabra nos salva y nos da esa felicidad que, tentados por el demonio, buscamos en otros lugares.

La soberbia y la suficiencia nos impide abrir nuestro oídos hasta la frecuencia y sintonía con la Palabra de Dios. Oímos pero no escuchamos; vemos pero no aceptamos ni queremos entender. Estamos cerrados a su Palabra y endurecidos de corazón. Nos resulta casi imposible abajarnos y hacernos niños, creer en la Palabra del Señor y abrir nuestros corazones infectados de soberbia y suficiencia.

Está delante de nosotros. Jesús es la buena Noticia de salvación, pero no le vemos como tal sino como un enemigo al que hay que eliminar porque su Palabra nos molesta. Y así sucedió en su tiempo por este mundo, y continúa sucediendo ahora. Muchos discípulos del Señor sufren  rechazos y peligros de muerte y se siente perseguidos. Con mirar a nuestro derredor constatamos esa realidad.

viernes, 1 de junio de 2018

DANOS SABIDURÍA, SEÑOR, PARA ENTENDER TU VOLUNTAD

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Mc 11,11-25
Se hace harto difícil entender la Palabra de Dios. En muchos momentos es clara y diáfana, pero en otros se no resiste a nuestra limitada y pobre inteligencia. Es una dicha ser pobre, dicho sea de paso descubrirlo, porque eso nos limita y nos demanda la necesidad de Dios. Pablo lo decía cuando sus debilidades servían para manifestar la Gloria de Dios -2ª Corintio 12, 9-10-.

Por lo tanto, nada de desesperar y menos desfallecer. Mi Dios tiene que ser un Dios al que yo no puedo llegar porque su grandeza es infinita y todo poderosa.  Todo lo contrario de su criatura -el hombre- limitado y pobre. Gracias, Señor, por esta pobreza, porque ser rico me descarta de tu salvación. Tú lo has dicho repetidas veces: EL ESPIRITU DEL SEÑOR ESTA SOBRE MI, PORQUE ME HA UNGIDO PARA ANUNCIAR EL EVANGELIO A LOS POBRES. ME HA ENVIADO PARA PROCLAMAR LIBERTAD A LOS CAUTIVOS, Y LA RECUPERACION DE LA VISTA A LOS CIEGOS; PARA PONER EN LIBERTAD A LOS OPRIMIDOS -Lc 4, 18-.

Hoy me quedo perplejo por tus acciones y tu enfado con los que han convertido tu casa en casa de mercadería olvidando que es casa de oración. No atino a tu maldición a esa higuera que no da fruto y me asombro de tu invitación a pedir dando de antemano que lo pedido ya está conseguido. No significa esto que no lo entienda, pero quedan lagunas que no llego a entender bien. De cualquier forma, todo lo que dices tiene gran sentido común, porque, observamos que también los padres de la tierra no dan lo que los hijos le piden, sino lo que les conviene.

También Tú, Señor, nos dice que pidamos con confianza y que todo lo que sea para nuestro bien nos será concedido. No cabe duda que así será a pesar de que muchas veces no lo entendamos, porque no vemos el resultado final. El tiempo juega un papel importante y nos demuestra a la larga nuestro premio por confiar y saber esperar con paciencia. Vemos que siempre Tú, Señor, tenías razón. Al final la mala hierba se seca y no da frutos.

Te pido, Señor, una cosa, dame la sabiduría de ser siempre pobre. Pobre de espíritu para tener hambre y sed de Ti y necesitar en cada paso que dé en mi vida. Porque, Tú sólo estarás atento a aquellos que se sientan y experimenten pobres y necesitados de la Gracia de salvación.

sábado, 29 de abril de 2017

DESCANSADOS EN TI, SEÑOR

(Mt 11,25-30)
La sabiduría no está en este mundo, pero son muchos los que así lo creen y la buscan en él, incluso utilizando al Señor. Y es un grave error, porque aquí en este mundo no se encuentra. Todos esos esfuerzos van mal encaminados, son erróneos, confunden y dispersan.

Todo lo que hemos recibido nos viene de Dios, de lo alto y a quién Él se lo quiera dar. Se la esconde a los soberbios y se la da a los sencillos y humildes. Para Dios nada hay imposible, por lo que todo lo que haga y quiera se hará. Sin embargo, para nuestra razón sí. Luego, ¿cómo queremos entender a Dios y explicárnoslo con nuestra razón limitada? Ahí se esconde nuestra grave error.

Posiblemente, ese sea nuestro mayor pecado, querer dar razones del misterio de Dios con nuestra limitada razón. Necesitamos, por eso, la fe y la confianza en Dios, que nos salva. En Él descansamos y apoyamos, porque, Él, es nuestra sabiduría y nuestra esperanza. Todo nos es regalado, nos viene del Señor, pues a Él se lo ha entregado su Padre, a quien sólo conoce Él..

Se hace, pues, necesario descansar en el Señor, que es manso y humilde, y en el que nosotros, pobres pecadores, debemos mirarnos. Dejémonos iluminar por el Espíritu Santo, de donde nos viene toda Luz y Sabiduría. Y, abriéndonos aceptemos su Palabra llevándola a la vida, para, desde Él, ser también luz y camino para otros.

No busquemos la Luz en los libros ni en las palabras, y menos en los hombres. Busquemos en el Espíritu Santo poniéndonos en sus Manos, porque toda sabiduría nos es dada por el Señor, cuándo, dónde y cómo Él quiera y en quién Él quiera. Somos pobres, sencillos y humildes siervos y esclavos suyos, que estamos a su servicio y fieles a sus mandatos.

martes, 4 de diciembre de 2012

SER COMO NIÑO...

Texto del Evangelio (Lc 10,21-24): En aquel momento, Jesús se llenó de gozo en el Espíritu Santo, y dijo: «Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre; y quién es el Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar». Volviéndose a los discípulos, les dijo aparte: «¡Dichosos los ojos que ven lo que veis! Porque os digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que vosotros veis, pero no lo vieron, y oír lo que vosotros oís, pero no lo oyeron». 



El Evangelio de hoy lunes (Lc 10, 21-24) nos muestra la puerta principal ...

es algo que necesitamos descubrir a cada instante. Ser como niños nos enseña a sabernos necesitados, pues  en nuestra niñez cuando descubrimos que dependemos totalmente de nuestros padres. Nos sentimos seguros con nuestros padres, y en ellos y por ellos somos abastecidos de todo lo que necesitamos.

No nos damos cuenta del esfuerzo y el trabajo que ellos han de hacer porque no nos falte nada, al menos lo esencial y necesario para nuestra subsistencia y desarrollo. Ajenos a todo esto, nosotros niños vivimos alegres y llenos de vida.

Pero, ¿por qué no nos comportamos como niños durante toda nuestra vida? Porque en clave niño significa sentirnos necesitados y la necesidad nos lleva a hacernos humilde. Sólo el necesitado es humilde, y solo el suficiente y abastecido deja de serlo. 

Y descubrir que para poder recibir la sabiduría que viene de nuestro Padre Dios necesitamos primero ser humilde, es caer en la cuenta que para poder seguir a Jesús tengo primero que volver a nacer de nuevo como niño, niño en el corazón que siente la necesidad del amor de su verdadero y único Padre.

Y las fechas que se aproximan son una verdadera oportunidad para esforzarnos en este renacimiento. Un renacimiento que consiste en abrirnos más y más hasta el punto de crecer en la confianza de abandonarnos en las Manos del Padre Dios y del Espíritu Santo que nos guía y asiste para dejar entrar en nuestro corazón la humildad de sentirnos sediento y hambriento de la única Verdad, la que nos libera y salva eternamente.