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sábado, 6 de abril de 2024

LANZADOS A COMPARTIR LO QUE HEMOS EXPERIMENTADOS CON EL SEÑOR.

La experiencia que has tenido en tu encuentro personal con el Señor Jesús no te la puedes guardar. Primero, porque sale espontáneamente de tu corazón, y segundo porque tienes la obligación de compartir ese gozo de esperanza con los demás.

Claro, que si no lo has tenido, ni lo buscas no podrás compartir lo que no has experimentado. Porque lo que no se tiene no se puede dar. Es evidente que para anunciar hay primero que recibir ese anuncio. Y así fue como sucedió. Primero lo anunció María Magdalena y luego los de Emaús y los once restantes no aceptaron ese anuncio.

Posiblemente a nosotros nos puede estar pasando algo parecido. Recibimos el mensaje pero no llegamos a enraizarnos en él. No llegamos a darnos cuenta ni a creer profundamente en el Kerigma de nuestra fe. Porque, todo se centra y contiene en la Resurrección de nuestro Señor. Si Jesús ha Resucitado, no hay más que buscar, Él es la Vida, el Camino y la Verdad.

Y esa gran Noticia la tenemos que anunciar porque es la prueba de nuestro amor. Amamos en la medida que damos lo que tenemos, y consideramos que es bueno para nosotros, a los demás. Lo que quieres para ti también lo das y quieres para los demás. ¿Cómo, si no, no vamos a anunciar la Buena Noticia?

No tengamos miedo ni apuros. Pongámonos en manos del Espíritu Santo, que para eso ha venido a nosotros en la hora de nuestro bautismo, y dejémonos llevar, a pesar de nuestra pobreza, dificultades, errores y pecados, por Él. Nos irá ayudando a vivir y anunciar esa Buena Noticia.

jueves, 13 de abril de 2023

EL MISMO SEÑOR QUE SE MANIFIESTA DE DIFERENTE MANERA.

No le conocen, no sospechan incluso que pueda ser el Señor. Quizás ni le esperan ni piensan que pueda haber resucitado. Oyen rumores de mujeres pero palabras de mujeres no tienen mucho crédito. Tienen que experimentar su propia experiencia y los de camino de Emaús la han tenido. Concretamente, de eso hablan reunidos compartiendo su propia experiencia. Comparten como sintieron que sus corazones ardían al escuchar sus palabras y como le reconocieron al partir el pan.

Y ensimismados en ese compartir su la fe que iba creciendo en ellos, Jesús se les aparece de nuevo. Es evidente que Pentecostés marca el tiempo donde la fe ha ido creciendo en el corazón de los apóstoles a través de los encuentros con el Señor. Encuentros vivos donde la Persona de Jesús, naturaleza Humana y Divina, se les hace presente

Una presencia viva donde muestras sus manos y pies, signos vivos que ellos conocen y con los que han compartido tres largos años. Esa experiencia viva de Jesús Resucitado les marca sus vidas y les lanza a anunciarlo como Noticia de Salvación a todos los hombres.

Es evidente que cuando tienes una experiencia con el Señor quedas lleno de su Gracia y, por supuesto decidido a anunciar esa dicha a todos los hombres. Porque, la salvación es para todos, sin distinción de color, raza o etnia, y a todos hay que anunciarla. Sin embargo, también se hace evidente que sin esa experiencia te será difícil anunciarle. Por tanto, la pregunta que nos hacemos es: ¿Tenemos experiencia viva de encuentro con el Señor?

O de otra manera: Si no la tenemos, ¿buscamos encontrarnos con el Señor a través de la oración, los Sacramentos o la Eucaristía? ¿O quizás dónde Él quiera presentársenos? Será responsabilidad por nuestra parte la de esforzarnos en buscarle y tener un encuentro con Él. ¿No crees que Él nos busca también y está deseoso de encontrarse con nosotros? De otra manera no tendría sentido dar su Vida por nosotros.

miércoles, 11 de enero de 2023

JESÚS, FUENTE DE TODO BIEN

De Jesús sale una fuerza que sana y cura. Todos le buscan y su fama crece rápidamente. Sin embargo, Jesús no busca la fama ni la espectacularidad, se limita a actuar con acciones concretas y según predica y proclama. En este pasaje evangélico va a casa de Pedro y, tras comentarle que su suegra está enferma, le da la mano, la levanta y desaparece la fiebre hasta el punto de que se pone a servirles.

Todos le buscan y le llevan muchos enfermos, que sana y muchos endemoniados a los que les expulsa los demonios. Jesús es fuente de todo bien y nada quiere perderse de estar a su lado y gozar de esa fuente irradiante que da su sola presencia. Pero, Jesús se retira y busca espacios de silencio y soledad para estar con su Padre. Su relación íntima con Él es la clave de su autoridad, de su firmeza y poder.

Todos quieren estar a su lado y aprovechar esa fuente de vida y salud que se desprende de Él. Sin embargo, Jesús propone ir a otros lugares donde todavía no le conocen y donde debe predicar, enseñar y proclamar la Buena Noticia. Esa es su misión y para eso ha venido, para anunciarnos el Amor Misericordioso de su Padre. Y de esa forma y en esa actitud recorre toda Galilea sanando enfermos y expulsando demonios.

Ahora, nunca tendremos un encuentro con Jesús en la algarabía de la multitud. Si Jesús está en la comunidad que cree en Él, solo en el encuentro personal contigo tendrás una experiencia firme y profunda de y con Él. Sabe quién eres y te conoce profundamente y quiere esa relación personal contigo, tu confianza y tu fe. Porque, el camino que te lleva hacia Él te exigirá también tu propia cruz que para superarla necesitas estar injertado en Él.

miércoles, 4 de enero de 2023

UNA EXPERIENCIA DE ENCUENTRO PROFUNDO

Los cambios tienen su origen en una experiencia profunda que te deja marcado. Una experiencia que exige encuentros, diálogos y conocimientos de quienes se encuentran. Jesús te conoce, sabe quien eres y ha venido para librarte de esa esclavitud a la que está sometida tu naturaleza humana, el pecado. Y quiere encontrarse contigo.

Si estás bautizado ya te has encontrado con Jesús. Su Espíritu ha entrado en ti, pero quizás por tu infantilidad no te has dado cuenta ni has podido escucharle y hablarle. Jesús sabe esperar y espera – valga la redundancia – que tú ahora te dejes encontrar y le escuche. Esa fue la experiencia de Andrés, hermano de Simón Pedro, en la que quedó prendado y lleno de esa vida que Jesús nos trae. Y, no pudiendo guardarla solo para sí se lo dice a su hermano: «Hemos encontrado al Mesías».

No pienses ni creas que el encuentro con Jesús te va a llegar de forma espectacular o por arte de magia. Un encuentro necesita de tu disponibilidad, de tu búsqueda, de tu iniciativa y deseos de encuentro. Para eso Dios te ha creado libre, quiere que decidas por ti mismo. Otra cosa que decidido encontrarte recibas la asistencia del Espíritu Santo, que, precisamente, para eso ha venido en la hora de tu bautismo.

De ahí puedes deducir de la importancia del discernimiento. Necesitamos discernir, pensar, preguntarnos, buscar, pedir y llamar. Nos lo ha dicho Jesús. Conoce nuestra debilidades y capacidades y nos pide que nos esforcemos en dejarnos moldear por su Palabra y su Amor Misericordioso. Porque, solo de ese encuentro profundo con el Señor podrás cambiar tu corazón y darte a los demás. Desde ese momento no habrá otro camino ni otra felicidad. Es precisamente ahí donde está lo que buscas, la felicidad plena y eterna.

miércoles, 24 de agosto de 2022

ENCUENTRO CON JESÚS

Es el Hijo de Dios y un encuentro con Él no nos deja indiferente. Sucedió con muchos de los que luego fueron sus apóstoles, ejemplo, Natanael – Jn 1, 45-52 – y sucederá con todo aquel que escucha atento y abre su corazón a su Palabra. Porque, dentro de cada ser humano está la impronta del amor del Padre Dios, la Nueva Alianza, que imprimió en sus corazones para que nadie la ignorase ‒Jr 31, 31-33 ̶.

Un encuentro que necesita ser sentido, buscado y abierto a la escucha de su Palabra. Aquellos jóvenes, y no tan jóvenes, los apóstoles, conocían la promesa de la venida del Mesías y estaban prestos y abiertos a su venida. Porque, de no estar sensibles y abiertos a su Buena Noticia no dejaremos entrar al Espíritu Santo y, en consecuencia, permaneceremos cerrado a su Palabra.

Y es que estamos sometidos y esclavizados por el pecado a abrirnos a la Palabra de Dios. Por eso, Dios se hace Hombre y, encarnado en Naturaleza Humana, habita y vive entre nosotros para que, siendo igual a nosotros menos en el pecado, anunciarnos la cercanía de un Dios Padre que nos quiere y nos ofrece su Amor Misericordioso para compartir su Gloria Eterna con todos nosotros.

Pero, para eso necesitamos creer en el Hijo, el Dios encarnado que se hace Hombre y habita entre nosotros. Nos preguntamos, ¿estamos nosotros en esa actitud y disponible a abrirnos a su Palabra y dejarnos encontrar con Jesús?

jueves, 21 de abril de 2022

DE LA EXPERIENCIA DE ENCUENTRO AL REGRESO AL GRUPO

Lc 24,35-48

Iban, eran dos, de retirada, desilusionados, desencantados, como si lo que hubiesen vivido fue un cuento de hadas. Creían una cosa y, al parecer, todo se había convertido en un sueño e ilusión. No sucedió lo que nosotros pensábamos, se decían el uno al otro. Y, he aquí, que aparece un viajero que se les añade y, parece, que no sabe nada. Pregunta sobre lo que hablan y le reprochan que no sepa nada al respecto. Toda Jerusalén lo ha vivido y lo sabe. Posiblemente, también nosotros – ahora en nuestro tiempo – nos hayamos enterado por las Escrituras.

Sin embargo, sorprendentemente, aquel viajero les revela y descubre la coherencia entre lo ocurrido y lo que dicen las Escrituras. Estaba cantado y profetizado que eso iba a suceder. ¿Es que ustedes no se han enterado? Al parecer, son ellos los que están despistados, en otro mundo, pensando según sus ideas, suposiciones y pensamientos. ¿Nos ocurrirá también a nosotros? Quizás, sin darnos cuenta, también vamos nosotros de retirada hacia Emaús.

Se dan cuenta; experimentan que sus corazones arden de gozo, de entusiasmo y alegría. Le descubren al partir el pan y, locos, emocionados y llenos de esperanza y alegría regresan al grupo. Allí están todos reunidos y comparten esa experiencia de encuentro. Y, sucede que Jesús se hace presente entre sus amigos. Hablan de Él y Él se hace presente entre ellos. ¿No nos lo había dicho? Donde dos o tres se reúnen en mi Nombre, allí estaré yo con ellos.

Pero, nos cuesta creérnoslo, tanto ayer como hoy. Tiene Jesús que mostrar sus manos y sus pies. E incluso, pedirles comida, para demostrarles que no es un fantasma. También nos ocurre eso a nosotros hoy, suponemos enseguida que son fantasmas las apariciones tanto de Jesús, como su Madre y otros. ¿Qué nos pasa? ¿Nos vamos también nosotros para Emaús?

lunes, 19 de abril de 2021

¿POR QUÉ BUSCAMOS A JESÚS?

 

Dentro de cada uno de nosotros hay una pregunta que busca respuesta. ¿Por qué buscamos a Jesús? ¿Se esconde en esa búsqueda algún interés material o espiritual? ¿O se busca simplemente esa paz plena de felicidad que se experimenta en ese encuentro profundo, serio y pleno con Jesús? Un encuentro pleno que te deja saciado de felicidad y paz.

Y es así, cuando se tiene un encuentro serio, profundo y real con Jesús, tu corazón queda prendido, ávido e inquieto de amor y para amar. Entonces buscas a Jesús por amor y para amar. Porque, el fuego que sale de dentro de ti es puro amor que viene de Dios. Experimentas que cuando amas tu corazón queda pleno de gozo y paz. Entonces te das cuenta que para sostenerte en ese estad y situación necesitas la Gracia y cercanía de Jesús. Un Jesús que te da la paz y la fortaleza para que tu amor sea un amor que se da gratuita y necesariamente porque sale desde el fondo de tu corazón.

Es posible que nuestro seguimiento esté movido al principio por interés, por la búsqueda de nuestras propias soluciones tanto materiales como también espirituales, de ordenes psicológicos y mentales. Buscamos a Jesús para que nos alimente materialmente, pero, luego, una vez conocido y cercano nuestro corazón queda lleno de su Palabra y de su Amor. Entonces, sin darnos cuenta, nos vamos llenando de su Espíritu, de su Paz y, sobre todo, de su Amor.

Al final, te das cuenta que esa era la respuestas que estabas buscando. Evidentemente, no está en, ni en las cosas de este mundo, solo se encuentra en Jesús, el Hijo de Dios, encarnado en naturaleza humana.

sábado, 20 de febrero de 2021

LA EXPERIENCIA DE SENTIRTE PECADOR


En realidad es una Gracia de Dios experimentar y saberte pecador. Porque, de no conocer tu debilidad pecadora, tampoco serás consciente de tus pecados, y menos de la necesidad de limpiarlos. Mientras no descubras que eres un enfermo, tampoco descubrirás la necesidad de un médico. Son experiencias tan vitales que solo cuando las descubres entenderás su presencia y necesidad.

Esa fue la experiencia de Leví - Mateo - a la llamada de Jesús. La experiencia de ese encuentro con Él fue lo que desbordó su entusiasmo y su seguimiento. ¡Pensemos!, primero fue la llamada de Jesús: «Sígueme». El, dejándolo todo, se levantó y le siguió. Y Leví, quizás, para conocerlo mejor le ofreció un comida en su casa - Leví le ofreció en su casa un gran banquete. 

Me atrevo a comentar que eso son los dos primeros a seguir. Responder a la llamada de Jesús, que nos llama, y escuchar lo que nos dice. Y nada mejor que en un banquete donde hay espacio y tiempo para hablar. Luego, después tú decidirás, porque Jesús no te obliga, te propone lo mejor, lo que sabe que tú buscas y deseas. Claro, previamente a conseguirlo hay un camino - en muchos momentos oscuro, arriesgado y duro - pero, siempre con una gran luz al final que lo compensará todo.

Leví actuó así. Eso se desprende del Evangelio. Se dió cuenta de la necesidad de un médico para lavar y sanar sus pecados, y lo encontró en Jesús. También nos toca a nosotros acercarnos a Jesús y a tratar de conocerlo. Pero, para eso necesitamos a alguien que nos acerque a Él, como le ocurrió a aquel eunuco etíope - Hch 8, 26-40 -. Hoy no está Jesús presente corporalmente y necesitamos a alguien que nos hable y nos acerque a Él. La Iglesia cumple esa misión que ha heredado de los apóstoles tal y como Jesús la dejó en manos de ellos.

miércoles, 30 de diciembre de 2020

JESÚS SALE A TU ENCUENTRO

Lc 2,36-40

Nuestro Dios es un Dios diferente a todos los que se presentan en otras religiones. Nuestro Dios es un Dios cercano que sale a nuestro encuentro y camina con nosotros. Es un Dios que nos buscas, nos llama y nos espera pacientemente. Es un Dios que ha hecho una nueva Alianza con su pueblo - Jr 31, 31-33 - y le ha dejado su huella en su corazón. De modo que, dentro de nosotros arde esa llama que nos pone en disposición de abrirnos a su llamada y a su búsqueda.

Muchas veces nos preguntamos dónde está Dios y, muchas veces no encontramos respuestas ni tropezamos con Él. Pero, ¿nos preguntamos qué hacemos para provocar ese encuentro? Seguramente, muy poco, o casi nada. A ese propósito, el Evangelio de hoy nos pone un buen ejemplo. Nos habla de Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, de edad avanzada; después de casarse había vivido siete años con su marido, y permaneció viuda hasta los ochenta y cuatro años; no se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día en ayunos y oraciones. Como se presentase en aquella misma hora, alababa a Dios y hablaba del Niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén.

Apreciamos como la profetisa Ana se encontró al final de su vida con Jesús. O mejor, que el Señor en ese Niño nacido en Belén se le revela como libertador y salvador del pueblo de Israel. También a nosotros se nos presenta, pero, ¿estamos atentos y preparados como Ana? Posiblemente, Ana podría estar entre esas cinco doncellas prudentes de la parábola - Mt 25, 1-13 - de las diez vírgenes.

Ahora, ¿estamos nosotros atentos, como Ana, a la venida del Señor? ¿Le abrimos nuestros corazones para que nazca cada día en él? ¿Crecemos y nos robustecemos como el Niño Jesús en la sabiduría, fortaleza y paz por la Gracia del Señor? Porque, solo así estaremos preparados para recibirle. Es Dios quien te busca y sale a tu encuentro.

lunes, 10 de agosto de 2020

RENUNCIAR, OLVIDARTE O MORIR A TI MISMO

Pin en La palabra de dios
Por estos tres caminos llegas al encuentro con Dios: Renunciar, olvidarte y morir a ti mismo. Porque, cuando renuncias a ti estás poniendo, antes, a los demás, pues, ¿qué significa renunciar? La renuncia contiene una privación y eso siempre lleva consigo privarte, valga la redundancia, de algo bueno, pues de lo malo ya de por sí tratas de renuncias instintivamente. Y en el acto de renunciar estás olvidándote de ti y priorizando el bien de los demás. 

Porque, en sentido contrario, cuando tratas, escondiendo en la falsa renuncia u olvido, de engañar y buscar tu interés, no estás renunciando sino falseando esa aparente y falsa renuncia. Por tanto, la verdadera renuncia sale a flote tarde o temprano. Y no olvides que, hagas lo que hagas en verdad o mentira, Dios te está viendo.

Y esa renuncia y olvido de ti mismo te llevan a la muerte de este mundo. Una muerte, que no siendo física es muerte al egoísmo. A un egoísmo humano que trata de evitar que tu siembra sea fructífera y que se mire más a sí misma que preocuparse por los demás. Por eso, lo verdaderamente importante es no mirar para tus adentro ni para ti mismo. Tu referencia y la mía tienen que ser Xto. Jesús. Él es el Camino, la Verdad y la Vida y para eso fue enviado, para guiarnos y darnos testimonio de la Verdad.

Él entrega su Vida y muere por ti y por mí. Él se olvida de sí mismo y se entrega por todos, amigos y enemigos. Su Vida se puede resumir en una renuncia, olvido y entrega de muerte para nuestra salvación. Su tarjeta de visita es el amor y la misericordia, que nos ofrece como regalo de salvación de parte de su Padre. Por lo tanto, sigamos el camino señalado por Jesús teniéndolo a Él como referencia y poniendo la mirada fija en Él.

miércoles, 29 de julio de 2020

SALIR A UN ENCUENTRO CONFIADO


Evangelio del día – Lectio Divina Juan 11, 19-27 | Evangelio, Evangelio del  dia, San juan 11
Juan 11, 19-27
Muchos encuentros no tienen la debida confianza ni la intensidad de búsqueda, como podemos imaginar, que tuvo Marta y María, aquellas dos hermanas que, con su hermano Lázaro, que hacía cuatro días había fallecido, eran íntimos amigos de Jesús. Una intimidad que llevó a Marta a confesarle que si, Él, hubiese estado allí su hermano no hubiese muerto. 

Los que han leído el Evangelio - Jn 11, 19-27 -  conocen la respuesta con la que Jesús responde a Marta. Una respuesta que lleva dentro de la esperanza esa fe de resurrección y triunfo sobre la muerte. Porque, Dios, nuestro Padre, nos lo anuncia en boca de su Hijo Predilecto, nuestro Señor Jesús. Y Marta confiesa esa confianza que descubre su firme fe: "Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero, aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá". 

No se trata de solo reflexionar la Palabra, sino de tratar de pasarla, una vez filtrada en, desde y por el corazón, por nuestra vida. Una vida que se descubre y se concreta en los acontecimientos diarios de cada día. Y que vive en la esperanza de que, llegado la hora final, empieza la verdadera vida, gozosa y eterna. Por tanto, creer en Jesús significa creer en la Vida Eterna y, por supuesto, no hay cosa, negocio, esperanza y tesoro mayor que ese.

Vivir en esa esperanza significa haber encontrado el mayor Tesoro al que se puede aspirar. Un Tesoro que tiene todos los ingredientes necesarios para darnos ese compuesto sabroso y oloroso que contiene lo que realmente buscamos, la Vida Eterna en plenitud de felicidad. Por tanto, penoso será para todos aquellos que se autoexcluyan y que tiren por la ventana esa gran oportunidad de salir al encuentro de Jesús y de confiar en su Palabra.

martes, 19 de noviembre de 2019

EL ENCUENTRO CON JESÚS CAMBIA TU CORAZÓN

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Lc 19,1-10
Es posible que tu corazón no haya cambiado. Sin lugar a duda ha nacido herido por el pecado y sometido a las pasiones y ambiciones de la carne y del poder y riquezas, pero su destino es cambiar, porque, dentro de él hay una impronta del Amor de Dios que le suscita amor y deseos de amar buscando el bien de los otros. Pero ese cambio necesita del aliento divino para poder ser susceptible de cambio.

Ahora, podemos afirmar que, si tu vida, después de un posible encuentro con Jesús, no tomó un rumbo nuevo siguiendo la propuesta de sus enseñanzas y mandatos, ese encuentro no se ha producido de forma sincera y abierta. Nos explicamos, la consecuencia de un encuentro pleno con Jesús y abierto a su Palabra es un cambio profundo de rumbo en las aspiraciones y deseos de tu corazón. Es una búsqueda incesante de amor que te viene rebota del Amor de Dios.

Ahora, también puede ocurrir que tu corazón no se abra con humildad y sinceridad. Es posible que tu corazón dude y tenga segundas intenciones porque no está decidido a despojarse de sus inclinaciones mundanas y carnales. Es posible que tu corazón no se haya decidido en lo más profundo de sí mismo a despojarse de la esclavitud a la que está sometido. No es cosa nueva, ya en tiempos de la liberación del pueblo judío de Egipto, pueblo elegido por Dios, quisieron volver a Egipto cuando empezaron a experimentar la aridez y dureza del camino del desierto y cuando se vieron perseguido por la obstinación del Faraón egipcio.

Quizás tú, yo y muchos estemos en esa etapa. Empezamos a protestar y a poner pegas a la acción del Espíritu Santo que hemos recibido en nuestro bautismo. Quizás tú y yo prefiramos el Egipto que conocemos donde nos sentimos mejor y más cómodo que el desierto que nos propone la conversión y la propuesta de Jesús. Será decisión tuya y de nadie más. Hoy el Evangelio nos habla de la que tomó Zaqueo, y no le fue fácil, pues tenía mucho dinero.

lunes, 18 de noviembre de 2019

¿CÓMO TE VES?, ¿INDIGENTE?


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Lc 18,35-43
Hay momentos en la vida en los que experimentas que sentirte indigente te viene bien y sacas provecho de ello. Hay momentos que presentarte como víctima puede ayudarte a solucionar problemas en tu vida, pero la pregunta que se te plantea e interpela es: ¿Quiero vivir de la aparente indigencia, o realmente me siento indigente?

Es en esos momentos cuando también me planteo si realmente quiero vivir en la aparente indigencia o realmente es que me siento indigente. Entonces nace en mí la pregunta, realmente, ¿quiero ver, no sólo la luz del sol de este mundo, sino la Luz verdadera que alumbra esa Vida que busco y ansío dentro de mí y que aspira a la Eternidad? ¿Acaso puedo descubrir esa Luz en mi camino?

Sí, realmente, sí. Esa Luz se encuentra en el camino de tu vida. Además se nota, se contagia y se transmite. Sucedió con Bartimeo, aquel ciego del camino del que el Evangelio nos habla hoy, y muchos ciegos más que al pasar Jesús por el camino de sus vidas experimentaron su presencia y respondieron a su llamada. Pero, primero descubrieron que pasaba por allí y luego le gritaron y levantándose se le acercaron para decirle que querían ver.

Y para eso, para encontrarme con el Señor quiero reconocerme indigente, porque, realmente eso es lo que soy. Un pobre pecador que quiere alumbrar su vida con la única y verdadera Luz que lo puede alumbrar y limpiarlo de todo pecado. Por eso, Señor, yo quiero también decirte hoy cuando pasas por delante de mí que quiero ver y que quiero que me enseñes ese camino de verdad, de justicia y de amor.

miércoles, 6 de noviembre de 2019

DEJANDO TODO PARA SEGUIRTE A TI, SEÑOR

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Cuando te propones hacer algo y tienes interés en ello, haces un esfuerzo y te concentras en lo que estás interesado en seguir o conseguir. Seguir a una persona exige un gran esfuerzo y nace de una experiencia o encuentro vivo con él. Implica dejar todo aquello que no te ayuda a seguirle. En consecuencia, seguir a Jesús exige dejarlo todo para poner todas nuestras fuerzas en seguir el ritmo de sus pasos.

No se trata tanto de dejarlo todo cuanto ponerlo todo. Es decir, la cuestión es que todo lo que has recibido gratuitamente debes de administrarlo para el bien de los que realmente lo necesitan. Dicho en otras palabras, se trata de poner a Jesús en el centro de tu vida dirigiendo todo lo que tienes en función de su Palabra y en acuerdo con su Voluntad. El seguimiento, no te desanimes,  se puede hacer de muchas maneras y formas.

Mientras unos lo hacen desde la óptica de su trabajo, familia o desempeño social en su círculo o ambiente, otros consagran sus vidas en darle culto y anunciar su Buena Noticia por todas partes del mundo. Cada cual desde sus circunstancias, vocaciones o llamadas singulares recibidas que el Espíritu va soplando en lo más profundo del corazón humano.

La esencia del seguimiento es poner a Jesús en el centro de tu corazón y todo lo que tienes, desde tus talentos hasta tus bienes, ponerlos por amor a Él al servicio de los más necesitados. Y es obvio que enfrentarte a ese esfuerzo sólo es garantizar tu propio fracaso. Nuestra victoria está garantizada desde nuestra disponibilidad a caminar agarrados a Jesús.

miércoles, 24 de abril de 2019

CUANDO NUESTRO OJOS SE VUELVEN AL MUNDO PERDEMOS LA VISIÓN DE DIOS

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Lc 24,13-35
Cuando nuestras esperanzas las ponemos en el mundo nuestros ojos quedan cerrados a la presencia de Dios. Nos envolvemos en tinieblas y perdemos la vista de Jesús. Y sin Jesús nuestro horizonte se nubla y se disipa. Nos desorientamos y perdemos el rumbo y sentido de nuestra vida. Quedamos a merced del príncipe del mundo - el demonio - y todo, aunque se nos presenta como espejismo de felicidad, pronto se derrumba y nos deja el vacío y el sinsentido.

Abramos los ojos y miremos las Escrituras. De la misma manera que Jesús explicó a aquellos derrotados camino de Emaús, todo lo que se habían dicho desde Moisés y los profetas sobre Él, también nosotros podemos, acompañados por el Espíritu Santo, leerlo, reflexionarlo, meditarlo y comprenderlo en las Escrituras. Sólo necesitamos despertarnos y volver a la comunidad, a la parroquia, al grupo, a los hermanos en Xto. Jesús y compartir con ellos nuestra fe, nuestra esperanza y nuestra experiencia y encuentro con el Señor.

¿No descubre que tu corazón se activa, se emociona, se enciende y palpita de forma gozosa? ¿No notas y experimentas como la alegría y el gozo interior te llenan de paz y de esperanza? ¿No experimentas el deseo de correr, tal como hicieron aquellos de Emaús, y regresar a la Iglesia para anunciar que el Señor vive y te ha hablado contigo? ¿Acaso te sientes desilusionado, muerto y estás de regreso a la vida de este mundo caduco, obsoleto y perdido lejos de Dios?

¡Cristo Jesús Vive y ha Resucitado! Y lo ha hecho porque así estaba planeado y proyectado por el Padre, que lo envío, encarnado en Naturaleza Humana, igual que nosotros, para tomando nuestra misma condición y olvidando su condición Divina, compartiera con nosotros nuestra misma naturaleza y sufrimientos. Y entregara su Vida para redención de nuestro pecados, y, así, tener la oportunidad, si lo aceptamos y creemos en Él. de volver a Casa. A esa Casa de la que nunca debíamos haber salido, y para quedarnos, llenos de gozo y felicidad, para toda la eternidad.

martes, 23 de abril de 2019

HE VISTO AL SEÑOR

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Jn 20,11-18
Esa es la cuestión, experimentar desde tu corazón la presencia del Señor. María Magdalena vivió esa experiencia y la anunció a los discípulos. Pero, la clave de ese encuentro debemos descubrirlo en la proximidad de María al Señor. Había ido a visitar el sepulcro del Señor y viendo que no estaba lloraba desconsolada. No sólo había perdido al Señor, sino que ahora no estaba tampoco su cuerpo.

Sabemos por la Escritura que sucedió después y como María se dio cuenta que al que había confundido con un hortelano era el Señor. Quizás, lo que nos interesa ahora a nosotros es reflexionar que ha sucedido con nosotros. ¿También nosotros no conocemos al Señor y lo confundimos con un hortelano u otro personaje? María lo ha visto y también lo ha anunciado,  pero, ¿lo hemos visto nosotros y lo anunciamos?

Es posible que no hayamos dado los pasos que dio María. Ella se acercó al sepulcro a visitarle. ¿Lo hacemos nosotros? Y no al sepulcro, sino al Sagrario donde permanece Vivo y esperándonos. Porque, tenemos el testimonio de María y, luego, el de los discípulos que también lo comprobaron. Porque, tenemos el testimonio de los apóstoles en estos próximos cincuenta días en los que Jesús se les va apareciendo para abrirles los ojos hasta que reciban el Espíritu Santo.

Y nosotros, ¿qué pensamos? ¿Permanecemos con los ojos cerrados ante el Misterio de la Resurrección y el testimonio de los que le han visto? ¿O reaccionamos abriendo nuestros corazones al anuncio de la Resurrección del Señor? ¿Nos ponemos en camino?

Porque, ponerse en camino es estar disponible a dejar que el Señor nos encuentre, pues, Él nos busca primero. Ha tomado nuestra naturaleza humana hasta el punto de igualarse a nosotros y entregar su vida para redimirnos olvidándose de su condición divina. Y todo gratuitamente. Sólo por amor. Ahora, ¿qué respondemos nosotros? O mejor, ¿qué respondo yo?