martes, 9 de septiembre de 2025

PORTADORES DE LA BUENA NOTICIA DEL REINO

Lc 6, 12-19

    Es evidente que cuando quieres transmitir algo, necesitas, primero, tener claro qué deseas comunicar y, segundo, cómo lo quieres hacer. De alguna manera, casi de forma intuitiva, los padres transmiten a sus hijos sus valores, su manera de entender la vida, sus buenas y ordenadas costumbres. Hacen verdadero aquel refrán: «Hijos de gato, cazan ratones», entendiendo que los hijos —en el mejor de los casos— siguen las costumbres de sus padres.

    —En esas pesquisas, Pedro se atrevió a preguntarle a Manuel:
  —¿Qué piensas sobre la influencia de los padres en los hijos? ¿Tienes alguna opinión concreta?
   —Me coges de improviso —respondió Manuel—. Sin embargo, lo lógico es que los hijos reciban tanto las características genéticas como las educativas de sus propios padres.
    —Pero eso, aparte de la genética, requiere educación, un tiempo, ¿no?
   —Claro, es necesario. Toda elección conlleva preparación. Así lo hizo Jesús cuando se planteó elegir al grupo de apóstoles. Está en el evangelio de Lc 6, 12-19. Lo primero que hizo fue buscar luz en la oración, toda una noche, con Dios.
    —Nos da ejemplo y nos marca un camino —dijo Pedro en tono complaciente.
   —Totalmente. Jesús nos enseña a prepararnos antes de actuar. Y no de cualquier manera, sino directamente con nuestro Padre Dios, donde únicamente podemos encontrar la verdadera luz.
    —Y los resultados —añadió Pedro— lo demuestran.
   —Pues diría que sí. Aquellos doce apóstoles elegidos, salvo la excepción del traidor, han transmitido la Buena Noticia hasta hoy. Eso demuestra que la elección fue avalada por el mismo Padre Dios.

     La historia confirma el acierto de Jesús al elegirlos y enseñarles, haciendo de ellos portadores de la Buena Noticia del Reino.

lunes, 8 de septiembre de 2025

EL CAMINO DE DIOS

Mt 1, 28-23

    Pedro se sentía orgulloso al descubrir parte de su historia familiar. El árbol genealógico de su familia le parecía un tesoro que deseaba compartir.
    Al encontrarse con Manuel, le dijo:

    —Buenos días, Manuel. ¿Cómo estás?
    —Bien, gracias a Dios. ¿Y tú?
  —También bien, y contento. He visto la historia de mi árbol genealógico y me siento muy orgulloso. ¿Conoces el tuyo?
    —Bueno, sé algo, pero no me he interesado a fondo en conocerlo.
    —Es muy interesante. Te ayuda a saber de dónde vienes y quiénes fueron tus antepasados.
   —Sí, claro. En el Evangelio de Mt 1,18-23 se cuenta la genealogía de Jesús. Y allí hay de todo: buenos y malos, santos y pecadores. Una lista donde también se muestra la fragilidad humana.
    —¿Y eso no es un problema? —preguntó Pedro.
   —Nada de eso —respondió Manuel—. Eso confirma que Jesús, el Hijo de Dios, se encarna en nuestra humanidad, con una familia real, con su historia. Dios no se asusta de la debilidad, sino que camina con su pueblo.
    —¿Cómo el Hijo de Dios…? —intentó replicar Pedro.
    —¡El Hijo de Dios no quiso tener privilegios! —interrumpió Manuel—. Nació pobre. Eligió a María, una joven sencilla y humilde, que acogió al Hijo de Dios para que, por medio de ella, nos alcanzara la salvación.
    —¿De qué salvación hablas? —preguntó Pedro.
   —De la salvación de Dios, que en el Evangelio de Mateo se revela en Jesús, “Dios-con-nosotros”. Ese es su nombre: Emanuel.

   María siempre albergó el deseo de ser cauce del Señor. Durante su vida se preparó para decir “sí” al ángel que traía el mensaje del Padre. Su vida fue un inmenso regalo que hoy celebramos.

domingo, 7 de septiembre de 2025

¿NO VES TU CRUZ?

Lc 14, 25-33

    Estaba pensado … —decía Pedro— que la vida se hace dura en muchos momentos del camino. A veces insoportables, y otras, difíciles de asumir. Supongo que es la cruz que todos tenemos que cargar. ¿No es así, Manuel?
    —Pienso que algo de eso hay. Experimentas que el enigma de la vida está por encima de ti. No puedes controlarla ni abarcarla. Te supera. Y eso te exige cargar esa cruz a la que tú aludes.
    Pedro hizo un gesto de aprobación y añadió:
    —Realmente, pienso como tú.
    —Además, añadió Manuel, en el Evangelio de Lc 14, 25-33, Jesús deja muy claro el camino para quien quiera seguirle: «Si alguno viene a mí y no pospone a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío».
    —Será duro ese seguimiento. ¿No te parece?
    —Evidentemente, es una cruz que pesa y con la que ha de hacerse el camino. Cansa, pero también consuela al experimentar que seguimos la vía tomada por Jesús y nos solidarizamos en alguna medida con su destino.
    —¡Uf, me quedo sin palabras!
    —Pero, nunca olvides que detrás de esa cruz está la plenitud gozosa de la resurrección eterna.

     En un mundo injusto, la cruz es parte de la vida de los seguidores del Maestro, porque es un mundo que no sabe nada del Reino de paz y de justicia y se opone a él. Jesús trastoca nuestras vidas, les da la vuelta y la llena de sentido.

sábado, 6 de septiembre de 2025

EL SÁBADO EN FUNCIÓN DEL HOMBRE

Lc 6, 1-5

     Pedro miró a Manuel fijamente. Frunció el ceño y, con gesto serio, le preguntó:
    —¿Qué piensas de la ley?
    —¿A qué ley te refieres? —respondió Manuel, intrigado.
    —A la ley en general.
   —La ley es para cumplirla. Si no, sobra. ¿Qué sentido tiene poner leyes que nadie respeta?   
    —Ninguno —admitió Pedro.
    —Entonces, ¿por qué lo preguntas?
    Pedro suspiró:
    —Estaba leyendo el Evangelio —Lc 6, 1-5—, cuando los discípulos arrancan espigas y las comen. ¿Eso rompe la ley del sábado?
    Manuel pensó un momento antes de responder:
    —El sábado es un regalo. Es tiempo de descanso, como cuando el Creador descansó tras su obra. Es día de oración y de paz; ocasión para estar con Dios y con los demás.
    —Pero… ¿no están faltando a la ley?
    —Depende de cómo la mires.
    —¿Cómo que depende? ¿Acaso la ley puede mirarse de otra forma?
    —Tal vez quebranten la letra de la ley, pero no su espíritu. El sábado fue dado para el bien del hombre y la mujer. Dios, que es Padre, lo pensó para que crezcamos en lo más humano y verdadero.
    Pedro asintió lentamente.
    —Entonces, lo importante no es la letra, sino el espíritu de la ley.
    —Exactamente —dijo Manuel—. Pregúntate: ¿está el hombre en función del sábado o el sábado en función del hombre? ¿Qué pesa más: el sábado o el bien de la persona?
    —Claro… El hombre está por encima de la ley.

    Pedro sonrió. Lo había entendido: el sábado es para el hombre, nunca el hombre para el sábado. Encontró paz al descubrir que el amor es la esencia de toda ley.

viernes, 5 de septiembre de 2025

EN LA PRESENCIA DE JESÚS

Lc 5, 33-39

     Era día de fiesta. Se celebraba una boda y, como miembro de la familia, estaba invitado. Pensé: «hoy haré día libre, dejaré la dieta aparcada. Es día para celebrar la boda de estos amigos»

    De esta manera, Pedro, había borrado la dieta de ese día para celebrar la alegría de la celebración de la boda. Y es que, a veces, por circunstancias especiales, hay que interrumpir la dieta o ayuno, para disfrutar del momento puntual que se presenta en nuestra vida. Ya, cuando el momento sea el adecuado, tomaremos de nuevo la dieta, o haremos el ayuno pertinente.
    Viendo llegar a Manuel, aprovechó para pedirle su opinión al respecto.

    —Manuel, ¿qué opinas sobre suspender las dietas en algún momento determinado?
    —¡Hombre!, el sentido común te dice que, puestos a celebrar algo especial, se puede dejar la dieta o el ayuno pertinente, para disfrutar del momento presente.
    —Eso había decidido. ¿Qué te parece?
    —Pues, muy bien. Hay un pasaje del Evangelio, precisamente en Lc 5, 33-39, donde Jesús, en respuesta a fariseos y escribas, que le reprochaban que sus discípulos no ayunaban, dice:
    «¿Acaso podéis hacer ayunar a los invitados a la boda mientras el esposo está con ellos? Llegarán días en que les arrebatarán al esposo, entonces ayunarán en aquellos días».
    En la presencia de Jesús nadie se acuerda del ayuno. Todo está centrado en celebrar el encuentro con Él. ¡Es el Mesía, el Salvador que nos librará de la esclavitud! No hay lugar para el ayuno, sino para la fiesta.
    —Estoy de acuerdo. Sería contradictorio ponerse triste cuando hay motivos para estar alegre; privarse de algo cuando no hay por qué hacerlo. ¿No piensas, Manuel, que eso es lo correcto?
    —Totalmente, el ayuno, de cualquier tipo, está reservado para momentos de penitencia, de sobriedad y de entreno, para guardar el equilibrio y no dejarnos dominar por el vicio, el ego, bienestar y comodidades. Es aconsejable para luchar contra el relajamiento excesivo, la indisciplina y flaquezas que llevamos en nuestra naturaleza.

    El Espíritu de Jesús sigue soplando, trayendo novedad e invitándonos a ser valientes y estrenar caminos.

jueves, 4 de septiembre de 2025

NECESIDAD DE CONFIANZA

Lc 5, 1-11

   La confianza es algo que está cada día en tela de juicio. Puedes fortalecerla siendo fiel a tus principios, o puedes perderla cuando decides saltarte alguno de ellos. Quienes te ven dudan y su confianza en ti se resquebraja.
    Pedro había vivido alguna de esas vivencias de pérdida de confianza. Y había oído de otras. No cabe duda de que la confianza tiene un valor inmenso. Sin ella se hace difícil relacionarse. Necesitas confiar y eso exige signos y pruebas que la fortalezcan.

    —Buenos días, Manuel. Estaba pensando sobre el valor de la confianza, ¿qué opinión tienes sobre ella?
    —Sin confianza no puedes seguir a nadie. ¿Cómo puedes vivir con unos padres de los que no te fías? Incluso, siendo niño, te asusta y huyes de su presencia. La confianza es vital para convivir.
    —Lo mismo pensaba yo. No puedo imaginarme un mundo sin confianza. Precisamente, de la pérdida de ella nacen los conflictos y guerras.
    —Exacto. No podrás seguir a nadie en el que no tengas confianza. Le sucedió a Pedro, apóstol, cuando, a pesar de no tener confianza en lo que le dijo Jesús, obedeció y remó mar adentro. La pesca que hizo fue enorme, hasta el punto de que la barca amenazaba con hundirse. Eso está en Lc 5, 1-11.
    —¿Y eso le bastó para seguirle?
    —Eso fue un milagro. Habían estado toda la noche pescando sin estrenarse. Y, por no contradecirle, volvieron a la pesca. Y el resultado apoteósico. ¿Qué te parece? Pedro se llenó de estupor y se echó a los pies de Jesús.
    —¿Y qué pasó?
    Le dijo: «Señor, apártate de mí, que soy un hombre pecador»
    ― ¿Y qué respondió Jesús?
    —«No temas, desde ahora serás pescador de hombres».

    No cabe ninguna duda, Pedro, la confianza es la seguridad que tenemos sobre una persona, situación o nosotros mismos, basada en la creencia de que algo o alguien actuará como se espera. Es un pilar fundamental para construir relaciones sanas, la cooperación social y el bienestar individual, permitiendo a las personas tomar riesgos, fijar metas y superar desafíos. 

La autoridad con la que Jesús hablaba generaba entusiasmo y confianza, y eso motivaba a seguirle.

miércoles, 3 de septiembre de 2025

SANADOS Y RESTAURADOS

Lc 4, 38-44

    Se sentía incómodo con la autodisciplina que cada día se imponía. Los horarios le pesaban y sentía que le robaban esa improvisada libertad que tanto valoraba. En muchos momentos le asaltaba la idea de abandonar toda regla y disciplina.
    Un cambio reciente en el horario de misa, aunque simple y rutinario, trastocó su día a día y le puso nervioso. Trató de buscar silencio, de no precipitarse ni desesperarse. Sabía que el demonio estaba atento para aprovechar estos momentos. Tomó el Evangelio del día y leyó (Lc 4,38-44):

    “En aquel tiempo, saliendo de la sinagoga, Jesús entró en la casa de Simón. La suegra de Simón estaba con mucha fiebre, y le rogaron por ella. Inclinándose sobre ella, conminó a la fiebre… Salían también demonios de muchos, gritando y diciendo: ‘Tú eres el Hijo de Dios’. Los increpaba y no les dejaba hablar, porque sabían que Él era el Mesías... "

    Se detuvo, levantó la mirada y pensó: “El Señor es mi luz y mi salvación”.

    —Buenos días, Manuel, te noto algo místico. ¿Acaso estás rezando?
    —No exactamente, pero estaba reflexionando sobre el cansancio que siento con el trajín diario.
    —¿A qué trajín te refieres?
    —Al que nos imponen el mundo, el demonio y la carne. Estos momentos de cansancio son los que el demonio aprovecha para tentarnos y apartarnos de Dios.
    —¿Crees que el demonio conoce tus debilidades?
    —Sabe de su poder de seducción, y conoce nuestras flaquezas. Aprovecha cualquier momento de debilidad para lanzarnos sus tentaciones.
    —¡Entonces siempre estamos en peligro!
    —No lo dudes. Pero el demonio también reconoce a Jesús, y huye ante su presencia. Él tiene poder sobre él, lo conmina y no le deja hablar. Nos libera. En Él pongo toda mi esperanza.

    Manuel encontró la serenidad que buscaba en el silencio, en la presencia del Señor. Escuchar su Palabra y dejar que penetre en nuestro corazón nos llena de paz y nos libera de los peligros del mundo, el demonio y la carne.