lunes, 6 de octubre de 2008

AL DESPERTAR DE CADA DÍA


En el silencio de este día que nace vengo a pedirte: paz, sabiduría y fortaleza.
La Paz que proviene de TI, mi SEÑOR. La Paz que es producto de no ser yo, sino TÚ que habitas en mí. La Paz de no buscarme, ni engreírme, ni auto valorarme, ni sentirme suficiente, ni meritorio, ni con una buena hoja de servicio, sino la Paz de saberme tu hijo.

Sabiduría para servirte y caminar por el camino que TÚ me indicas, sin reclamaciones, sin cobardías, sin titubeos, sin dudas, sin condiciones, sin medias tintas, sin tristezas, sin enfados, sin regañadientes, sólo porque TÚ, mi SEÑOR, me lo mandas y de TI me fío.

Fortaleza, porque dándome es como únicamente puedo sentirme creyente y seguro. Mi fe se fortalecerá en la medida que me vaya dando a los demás: en la familia; en el trabajo; entre los amigos; en el grupo; en la comunidad; entre los necesitados; entre los enemigos, porque si soy capaz de amar y perdonar es señal de que TÚ, mi SEÑOR, estás detrás de mí.

Quisiera, lleno de paz, sabiduría y fortaleza ver el mundo con los ojos llenos de amor: ser paciente, comprensivo, humilde, suave y bueno. Porque sólo de esa manera seré capaz de esperar, comprender, servir, tener serenidad y buscar la verdad.

Quisiera ver a los demás como los ves TÚ, mi SEÑOR, para poder así apreciar la bondad de cada uno, porque siendo tus hijos tendrán muchas cosas buenas ya que TÚ ,mi SEÑOR, nada malo puedes hacer.

Cierra mis oídos a toda murmuración; guarda mi lengua de toda maledicencia, que sólo permanezcan en mí los pensamientos que bendigan; que construyan; que unan; que edifiquen; que animen; que compartan.

Quiero ser tan bien intencionado y justo para que todos aquellos que se acerquen a mí sientan tu presencia. Como Juan, tu primo, que sólo te vean a TI y que yo mengüe y desaparezca. Quisiera ser instrumento útil y fructífero que irradie tu Luz y contagie por donde quiera que vaya.

Y que en todos los actos de mi vivir cotidiano, revestido de tu Bondad, sea capaz de reflejarte y de transparentar la mayor dignidad de sentirme hijo TUYO.

¡Alabado y glorificado sea el SEÑOR!

lunes, 22 de septiembre de 2008

METANOIA

Nuestra Señora de los Dolores
Todo lo que hacemos no supone estar seriamente responsabilizado y comprometido. Hay muchas cosas que hacemos de forma inconsciente o, simplemente, por interés. También, hay cosas que hacemos porque estamos delante de otros que nos ven y por vergüenza o timidez procedemos a hacerlas.

Lo verdaderamente importante es lo que hacemos cuando estamos solos y cuando sabemos que nadie nos mira. Es cuando lo que sale de nuestro corazón es auténticamente genuino y auténtico. Esa es nuestra realidad y nuestra verdad.

Mientras nos encontramos con nosotros mismos vamos peregrinando por nuestra vida actuando de forma diversas según las circunstancias y los compromisos, pero nunca realmente como verdaderamente somos y, por consiguiente, de acuerdo con la vocación para la que hemos sido creados. Se hace, pues, necesario encontrarse y verse realmente por dentro: ¿quién soy?, ¿de dónde vengo? Y ¿a dónde me dirijo?

Así las cosas, nuestros ideales están inmersos en el mundo en que vivimos: salud – dinero – amor. Todo está impregnado de cierto barniz materializado que esconde todo atisbo espiritual y ahoga nuestros sentimientos más edificante y espirituales.

Y, de acuerdo con ellos, nuestros actos van encaminados a darles satisfacción y a proveernos de felicidad. De esta forma y sin darnos mucha cuenta nos vamos esclavizando por los instintos materiales que dominan nuestro pensar y sentir. Y acabamos pensando de acuerdo como vivimos.

Sin embargo, a pesar de todo ello, el hombre piensa diferente y se enfrenta a la lucha de vivir según piensa, y en su pensamiento lleva el sello de estar llamado a ser plenamente feliz y a una trascendencia que está por encima de él. Toda su vida va a luchar, aun sin saberlo en muchos casos, por alcanzar esta meta.

Y, es por eso, por lo que se hacen muchas cosas que no sabemos ni y por qué las hacemos. Actuamos irresponsablemente, movidos muchas veces por actos instintivos y sentimientos escondidos en lo más profundo de nuestro corazón que no sacamos a flote porque, quizás, nos da miedo.

Nos da miedo hacernos la pregunta: ¿quién soy? Y ¿para qué estoy?, y mucho más aun esforzarnos en respondernos. Sólo, entonces, nos queda un camino: seguir caminando de forma alocada e irresponsable. Y de esta forma se explican muchas cosas que, de otra manera, no se pueden explicar.

En mi reflexión trato de responderme cuales son las causas últimas de mi proceder y actuar. Por qué me acerco y hago acto de presencia. ¿Para qué voy a la comida sí luego no participo? ¿Por qué hago la travesía sí después, durante todo el año, no la conozco, ni trato de intimar con ella? ¿Cómo y por qué le pido sí después hago lo que me parece?

¿Me he formado un camino a mi manera y lo recorro según mis conveniencias e interese? La sensación parece ser esa. Pero también parece más autentico quedarse al margen cuando no se cree. Creo que es más coherente. Concluyo percibiendo que hay mucha mediocridad y mucho mimetismo. Hacemos lo que vemos hacer sin más y eso nos aliena y nos impersonaliza.

Nuestra respuesta queda vacía y sin contenido. Y responderemos justificando que los demás hacían lo mismo, pero eso nunca justificará nuestro proceder. En estos contenidos creo que está mucha verdad del actuar de las masas, porque nos convertimos en ella cuando actuamos así.

Así, cada año, se repetirán las ingentes romerías hacia los santuarios marianos o apostólicos. Los caminos se llenan de peregrinos que aparentan una cristiandad que no reviste solidez ni seriedad. Es sólo fruto de sentimientos transmitidos por costumbres al socaire del divertimento y la distracción, revestido de una ligera capa de cierta tradición religiosa.

Y eso explica que, al igual que Semana Santa, que mañana, al día siguiente, todo siga igual: abortos, explotación, eutanasia, divorcios, atropellos, robos, asesinatos, sexualidad corrupta, y un largo rosario de pecados que instauran el mal en el mundo. Un mal no creado por DIOS, nada malo puede ser creado por DIOS, sino un mal que existe, no por creación, sino como consecuencia del pecado del hombre.

Al elegir mal, sin el concurso de DIOS, el hombre se confunde y se pierde en la ignorancia. Ignorancia de creerse que puede alcanzar sus satisfacciones y deseos, pero que pronto se da cuenta que nada de lo que vaya logrando le satisface plenamente. A través de muchos kilómetros recorrido sólo hay cansancio y desánimo sí el camino se hace sólo.

En el acompañamiento del PADRE BUENO es donde únicamente recobra sentido el recorrido. Y para acompañar antes hay que encontrarse, intimar y emprender el camino juntos.

No se corresponde, pues, la gran cantidad de personas, que salarían el mundo, con las actitudes que testimonia nuestra Madre la Virgen de los Dolores. El camino no se recorre por el lugar adecuado.

domingo, 14 de septiembre de 2008

DESAYUNOS DE VERANO






puesta de sol - Risco de Famara




Los veranos alteran el ritmo de la vida normal que nos imponemos durante casi todo el año. ¡Nos imponemos!, porque nos dejamos arrastrar por la corriente de lo que vemos en los demás, y de acuerdo conforme la corriente humana va recorriendo su trayecto hacia la búsqueda de la felicidad, porque en el fondo todos buscamos la felicidad. Así todos, integrados en esa corriente, buscamos en similar trayecto lo mismo.

Pero no toda corriente es buena. Las hay dañinas y malas, pues todo lo corriente no es lo normal. Lo normal es lo bien hecho; lo que es bueno para ti y para mí; lo que no nos destruye, sino nos afirma. No dónde va la gente debe ir Vicente, porque Vicente puede elegir un mal camino y…,

Hoy precisamente hay muchos caminos equivocados y son más los que los siguen que los qué no. El hombre del progreso que fundamenta todo su saber en la ciencia y los adelantos y se erige en fundamento de sí mismo, equivoca su camino, pues se pierde en el discernimiento del bien o del mal. Lo descubierto debe estar en función del bien común, pero comprobamos que no siempre es así y a mayor progreso, mayor riesgo de destrucción también.


Por otro lado, en las postrimerías de su vida, no encuentra respuesta a la muerte. Y sí todo acaba en ella, no tiene mucho sentido nuestro camino.

Y no es que eso sea malo, sino que lo que nos debe importar es si eso es bueno. Bueno en el sentido estricto de la palabra, porque bueno significa todo aquello que comporta un bien para mí y no un mal para otro. Y ese bien entendido como lo que me ayuda a crecer tanto físicamente como espiritualmente.

Aunque el comer se hace necesario, no es un bien el comer más de lo que necesitas, ni de forma desordenada. Tampoco es un bien tomar sustancias que son nocivas y a la larga afectan mortalmente tu salud. No es, tampoco, hacer lo que te apetece, pues tomar demasiado sol, aún apeteciéndonos, no es aconsejable. Y así cada cual puede y debe desenmascarar los bienes que su conciencia le atestigua y aprueba.

Y esto en realidad está muy relacionado, implícitamente contenido lo uno en lo otro, diría yo, con la libertad. Bondad y libertad se dan la mano, y eres libre en la medida que haces el bien, el tuyo propio, y el de los demás. Claro, porque como quieres tú que te traten a ti, así debes tú tratar a los demás. Inmediatamente tu conciencia da testimonio de ello y lo aprueba.

Pero ocurre que cuando tu voluntad no lo hace, tu conciencia lo desaprueba. La conciencia no hace ni deshace nada, sólo aprueba lo que tu voluntad pone en acción según tu libertad. Y si decides hacer el bien haces lo que realmente te conduce a ser libre.

No hay bien sin verdad, porque la verdad es buscar lo que es verdadero y bueno para todos. Luego, ser libre es buscar y poner toda mi voluntad en hacer el bien. Y estas reflexiones son la maravilla que nos brinda el verano.

A lo largo de su existencia, el hombre tiene muchas esperanzas, más grandes o más pequeñas, diferentes según los períodos de su vida. A veces puede parecer que una de estas esperanzas lo llena totalmente y que no necesita ninguna otra.

En la juventud puede ser la esperanza del amor grande y satisfactorio (muy propio del tiempo veraniego); la esperanza de cierta posición en la profesión, de uno u otro éxito determinante para el resto de su vida.

Sin embargo, cuando estas esperanzas se cumplen, se ve claramente que esto, en realidad, no lo era todo. Está claro que el hombre necesita una esperanza que vaya más allá. Es evidente que sólo puede contentarse con algo infinito, algo que será siempre más de lo que nunca podrá alcanzar (Spe Salvi).

Aprovechar el tiempo, del cual disponemos algo más en verano, para ordenar un poco más nuestra vida es algo único que debemos ejercitarnos al calor de estos formidables desayunos, que deberían ser mucho más frecuentes.



Un atardecer en Risco de Famara


El verano, aparte de ser un tiempo para relajarse y descansar, debe ser una gran oportunidad para pararnos un poco más detenidamente en nuestras vidas y buscar las respuestas a las preguntas que todos nos hacemos, así sea en silencio. Porque puede ocurrirnos que, y lo sabemos, todos los veranos hacemos lo mismo, los repetimos, son iguales y la vida se nos pasa quedándonos cada vez un vacío mayor.

Se hace necesario, y lo percibimos en nuestro interior, de una renovación. De hecho hacemos cosas diferentes: caminamos, nos ejercitamos en cuidarnos más, tratamos de relajarnos y descansar de lo cotidiano del año trascurrido y…etc., pero, ¿cuidamos también nuestro espíritu?, ¿respondemos a los interrogantes que nos plantea la vida?



Y es que nuestra vida puede ser como un viaje en autobús:
unos van durmiendo
otros viendo el vídeo
otros pensando en la manera de sacar dinero
otros, políticos, como llevar la voz cantante para su provecho
otros mirando a quien se pueden ligar, su dios es el sexo
otros observan el paisaje, ven por donde van y se hacen las preguntas:
¿a dónde nos llevará este viaje?
¿quién lo ha organizado?
¿cuándo se pare, dónde estaremos?
¡qué pasará?

El verano es tiempo de discernir sobre mi propia realidad: ¿de dónde vengo?; ¿a dónde voy?; ¿quién soy? Y en la medida que nos esforcemos en responder, estaremos dando en el centro del dardo, pues responder a esas preguntas es encontrarse frente a frente con la felicidad, tan ansiosamente buscada.

Porque la felicidad es poseer la sabiduría.
La felicidad es control de la propia vida.
La felicidad es la satisfacción de haberse hecho lo correcto, aún con sufrimiento.
La felicidad es la satisfacción de que se ha cumplido con el deber.

La playa, los baños de sol, los paseos matinales y vespertinos, los juegos, el descanso, así como los desayunos y comidas deben ser el telón y decorados de un profundo diálogo sobre nuestro destino y vocación.

miércoles, 13 de agosto de 2008

LEVANTA DEL POLVO AL DESVALIDO


¡Aleluya!
Alabad, siervos del SEÑOR,
alabad el nombre del SEÑOR.
Bendito sea el nombre del SEÑOR,
ahora y por siempre:

de la salida del sol hasta su ocaso,
alabado sea el nombre del SEÑOR.

El SEÑOR se eleva sobre todos los pueblos,
su gloria sobre los cielos.

¿Quien como el SEÑOR, DIOS nuestro,
que se eleva en su trono,

y se abaja para mirar
al cielo y a la tierra?

Levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al pobre,
para sentarlo con los príncipes,
los príncipes de su pueblo;

a la estéril le da un puesto en la casa,
como madre feliz de hijos.
¡Aleluya!


Bendecir significa decir-bien, hablar bien de una persona, alabarle, rendirle honores. Yo quiero bendecir al SEÑOR. Nadie me ha tratado como ÉL. Nadie me ha favorecido como ÉL. Por eso la alabanza me brota del corazón.


Pero yo, SEÑOR, no quiero alabarte a ratos, de una manera intermitente. TÚ mereces una alabanza continua. Para eso necesito poner mi alabanza en el corazón. El corazón siempre está activo, siempre golpea: de día y de noche.


Haz que cada latido de mi corazón sea un acto de adoración y glorificación. Y esto aunque yo esté distraído o dormido. Yo duermo, pero mi corazón está en vela. Pero, ¿y cuando yo muera? Cesará el corazón de latir, pero no de amar. Cesará el corazón de golpear, pero no de alabar. Mi alabanza continúa a; hora y por siempre.


SEÑOR, yo quiero darte gracias por ser como eres. Eres, al mismo tiempo, alto y bajo; grande y pequeño; te elevas y te abajas. TÚ eres grande para engrandecernos; eres rico para enriquecernos; eres alto, para enaltecernos. Todo lo que tienes es para darlo.


Reconozco, SEÑOR, que me gusta subir, ocupar los primeros puestos, estar en el candelero, sentir la admiración de todos.


Haz que aprenda a bajar, a sentirme cómodo con los demás, a no ser más que nadie, a ponerme al nivel de los más humildes.


Estéril no es sólo la mujer infecunda. Estéril es toda persona que no se realiza; que se siente vacía y decepcionada; que palpa día a día su frustración.


Yo, SEÑOR, te ruego por todas esas personas. Haz que cada una de ellas descubra su tarea, su misión en la vida, su puesto en la gran casa del mundo.


Haz que cada uno de nosotros nos sintamos centrados en nuestra vida personal, familiar y social. Haz que vivamos contentos con nosotros mismos. Y, sobre todo, haz que nuestras vidas te sean agradables a ti, SEÑOR.


"Sólo quien ama de verdad a DIOS no se acuerda de sí mismo" (San Gregorio Magno).


"Puedes salvarte sin la virginidad, pero no sin la humildad. Puede agradar la humildad que llora la virginidad perdida; más sin humildad (me atrevo a decirlo), ni aún la virginidad de María hubiera agradada a DIOS" (San Bernardo).


"Me expongo a decir un despropósito, pero lo digo: el SEÑOR ama tanto la humildad que, a veces, permite pecados graves. ¿Para qué? Para que aquellos que han cometido estos pecados, después de arrepentidos, se mantengan humildes" (Juan Pablo I, Aloc, 6-09-78).


PREGUNTAS para la reflexión:

DIOS es condescendiente. ¿Sé yo ponerme al nivel de las personas que están debajo de mí?


En mi grupo cristiano, ¿vivimos a gusto? ¿Nos servimos unos a otros por amor? ¿Sabemos estar más cerca de los más pequeños?


En el mundo hay mucha gente que le encanta ser más que los demás. Como cristiano, ¿me gusta ponerme al lado de los más pobres, menos dotados, más indefensos?


Del tomo 5, SALMO 113 de "CANTEN AL SEÑOR UN CANTO NUEVO".


miércoles, 6 de agosto de 2008

A TI, SEÑOR, LEVANTO MI ALMA


Muchas veces, SEÑOR, me siento hundido y aplastado por el peso de la existencia. Me siento solo y sin ganas de luchar. Pierdo el sentido de mi vida. Tengo el alma por los suelos.



Pero hoy quiero alzar los ojos hacia TI y pedir tu gracia para levantarme. Nos has hecho para estar en pie y no te gusta vernos caídos. Quieres que caminemos y vayamos por la vida con la cabeza alta. Yo quiero levantar mi alma a TI, quiero elevar hasta TI mi razón, mi corazón, mis sentimientos y lo más íntimo de mi ser.



Muchas veces en la vida he fijado mi vista en mí y no en TI. Te pido cambiar, pero quiero hacerlo desde mí y no entregándome a TI. Es la batalla perdida porque arranco desde mis proyectos y mis ideas, y las TUYAS son distintas a las de este mundo donde yo quiero triunfar, vivir bien y tener mis seguridades. ¡Qué distintos somos SEÑOR! Por eso me cuesta seguirte y dejar que TÚ me ayudes.



He mirado mi debilidad, mi pecado, mi miseria... y he sentido asco de mí mismo. Todavía, aún sintiéndome perdonado, siento repugnancia y vergüenza de mis pecados. Experimento el perdón, pero me cuesta perdonarme yo mismo. Pero hoy quiero cambiar de actitud. Quiero mirarme en TI. Mirar tu bondad, tu ternura, tu fidelidad.



Yo soy arena y TÚ eres el Mar. Yo soy la escarcha y TÚ eres el Sol. Déjame abrazar por el sol de tu amor. Déjame inundar por el mar de tu misericordia. No te pido, SEÑOR, que cambies. Te pido que sigas el mismo, que no te olvides, que recuerdes lo que eres: Amor estable, Misericordia infinita.



En esta vida humana abunda el fraude, la mentira, el engaño, la decepción. Pero TÚ eres la Verdad. Por eso nunca engañas, nunca defraudas, nunca decepcionas. El que camina contigo siempre sabe adonde va. Tenemos que reconocer,SEÑOR, que las mejores horas de la vida las hemos pasado contigo. Las mejores ideas, los más lindos proyectos, los hemos acunado en tu presencia.



Estando a tu lado, la vida tiene otro color: TÚ eres la Luz y la esperanza de un mundo mejor y pleno de felicidad. Estando a tu lado, la vida tiene otro sabor: TÚ eres la sal y el mundo experimentado y vivido contigo sabe gozoso, condimentado, salado.
Del libro "Canten al SEÑOR un canto nuevo" de Raúl Romero López.

domingo, 27 de julio de 2008

LA PARÁBOLA DEL HIJO PRODIGO (II)







Celebrado el perdón como lo celebra el PADRE recobramos todo nuestro sentido y la vida renace de nuevo en nosotros. Un hombre puede hundirse más profundamente en el pecado que otro, pero en el momento que nos desviamos de DIOS, somos ya completamente malos. ¡Ojo!, lo peor de esta historia no es el sufrimiento y el dolor; lo peor es que ese sufrimiento y dolor nos haga más malo y nos pierda en la soberbia y el orgullo. Hay ejemplos donde podemos mirarnos en una u otra actitud. Judas, Pedro, Magdalena... etc.

La maravilla de nuestra voluntad es activar nuestra libertad para realizar nuestro bien: "el retorno a la Casa del PADRE. Ese es nuestro camino y nuestro, aún siendo regalo, mérito de colaboración con el ESPÍRITU. Y ese no fue el camino elegido por su otro hermano. Como observamos poco se habla de él en la parábola y nada, o casi nada, se deja ver en el primer vídeo y completamente nada en este segundo.

Sin embargo, la parábola queda abierta a la posible entrada del segundo hermano. Acaba de llegar uno, pero resulta que ahora el otro se tambalea y está fuera. Por qué? ¿Que ha pasado con su total obediencia al PADRE? ¿Qué ocurre para que ahora ponga en duda la Palabra de su PADRE y por el fruto prohibido se incline a creer más en el diablo? Al parecer el diablo era más amigo para él que su PADRE, pues tenía más confianza en la palabra de satanás que en la que su PADRE le había dicho.

Satanás es mentiroso desde el principio. Invita a una felicidad ficticia y edificada en arena que sucumbe en las primeras tormentas y contratiempos. Las historias reflejadas en las parábolas son las historias de muchos de nosotros. Habrá muchos matices diferentes y otros caminos, pero el resultado viene a ser el mismo. Sólo en la casa de nuestro PADRE estaremos feliz. Se hace, pues, necesario la Cruz de CRISTO para manifestarlo y, así, entenderlo como apreciamos al final de las parábolas.

El deseo de ser mi propio maestro termina por transformarme en mi propio esclavo. Es la cultura que se quiere implantar ahora: "el hombre por el hombre como dueño y señor de su propio destino". Deseamos nuestra libertad y perdemos nuestra dignidad equiparándonos a los animales: aborto - eutanasia - droga - hedonismo - materialismo - corrupción - consumismo... etc; ya estamos poniéndonos a su misma altura: "proyecto simio". De ser el dueño y señor de la creación y estar todo sometido a y para nuestro bien, nos sometemos nosotros a la esclavitud del mundo creado. Ya no deseamos ser felices, sino que nos contentamos sólo con llenar nuestro estomago. Nuestros deseos han quedado igualados al de los animales.

Volver en sí es despertar y darme cuenta que estoy llamado a metas superiores; es despertar y comprender que he sido creado para alcanzar la plena felicidad que late dentro de mí. Es despertar y entender que tengo un PADRE que me llama y me promete saciarme de todo lo que anhelo. Es salir de mí mismo y dar un giro en mi camino que me permita sentir la experiencia de experimentarme salvado.

Y no significa que tengo que llegar a cuidar cerdos para experimentar mi propio encuentro, también me puede pasar a mí instalado a la entrada del atrio sagrado o acomodado en mis propios pensamientos y reclinado en la Casa de mi PADRE. ¿Cual es la actitud de mi hermano? Obediente, solícito y cumplidor no se planteaba otra cosa que obedecer los mandatos del PADRE. Satisfecho de su propia conducta, el hermano mayor, cegado por su propio ego de buen hijo, sólo se ocupa de cosas que están fuera del él mismo: sus obras, sus placeres, sus asuntos, su familia, más él no encuentra las horas de silencio necesarias para su examen personal, ni la valentía para considerar la condición de su alma.

Se enoja y no quiere participar de la alegría. Se niega a entrar. Aplica su propia justicia humana; la propia de nuestro corazón natural; la del publicano; la de Caín. Terrible obstáculo para la salvación. Se excluye a si mismo del gozo reinante en la Casa del PADRE, porque él quería estar allí, no a causa del amor del PADRE, sino a causa de su propia conducta, de su obediencia y de sus obras; de su propia prepotencia y suficiencia.

Le molesta que el PADRE perdone y sea misericordioso. Sólo se justifica por sus obras y sus hechos comparándolos con los de su hermano: yo que siempre te he obedecido sin haber traspasado jamás tu mandamiento y nunca me has dado un cabrito para gozarme con mis amigos. Aquel que se justifica a si mismo razona de esta manera. El cielo es sólo para personas como yo; es menester ganar el cielo por las buenas obras. Para él es absurdo pensar que las personas más viles pudiesen entrar allí sin buenas obras, sólo por el simple hecho de haber creído y arrepentirse, ejemplo del buen ladrón. Más la justicia de DIOS no discurre de ese modo, pues conoce nuestra naturaleza y nos sabe necesitados de su perdón.

Esperamos llenarnos de humildad y pedir la sabiduría, como Salomón, para encontrar el camino de volver en sí y dar los pasos en la luz del PADRE para entrar llenos de gozo en su Casa.

sábado, 26 de julio de 2008

LA PARÁBOLA DEL HIJO PRODIGO (I)












Reflexionar sobre el hijo prodigo es identificarse con ambos hijos, no sólo con el prodigo, sino con el que permanece aparentemente en casa y cumple la voluntad de su padre. Es también mirar por encima de nosotros mismos y darnos cuenta de la inmensidad de un PADRE rico, poderoso, dotado de un corazón amplio, lleno de amor generoso y franco para sus hijos, y sin duda, la imagen de DIOS, tal como nos es revelado por CRISTO.


Escuchar la parábola no es sólo oírla, sino hacerla mía y, llenándome de humildad, trascender la mirada hacia un PADRE bueno que nos ha sido dado a conocer y que nos espera, nos cuida y nos da todo lo que podamos necesitar hasta alcanzar la plena felicidad que anhelamos. Sin embargo, estando en la Casa y teniendo todo a nuestro alcance, hay algo que nos impulsa a anhelar más y a no conformarnos con los cuidados, consejos y mandatos del PADRE. ¡Queremos ser libres!


Hay mucho dónde mirar, leer, pensar, reflexionar, pero de nada vale todo eso sí no hay una experiencia profunda de encuentro con el PADRE que nos ama y no deja de mirarnos y extendernos sus manos. Una experiencia que pasa primero por el encuentro conmigo mismo donde, con la ayuda del ESPÍRITU SANTO, me esfuerce en ver lo ultimo de mis actitudes más profundas. Un encuentro con mis pecados disfrazados a veces de cierta serenidad, tranquilidad que cumple con todo lo ordenado de forma honesta y virtuosa según el hombre. Y otro confundido en un temperamento turbulento, pasional, impulsivo, inclinado al desenfreno de las pasiones, apetitos, ambiciones, atraído por lo variable, lo lejano y extranjero. Ambas actitudes están representadas en el pecado. El primero, tras la capa farisea del refinamiento y la apariencia, y el segundo, en su actitud más grosera, baja y pasional.

Se hace necesario un esfuerzo de verme retratado en esa imagen del hijo prodigo para, desde ahí, poder comprender y experimentar la vivencia de lo vivido como hijo de DIOS. Mirando todo lo que tengo: la posibilidad de felicidad prometida en la salvación eterna, lo demás, aún siendo en el presente un duro camino, no tiene ninguna relevancia ante tan grande promesa del PADRE. Si bien, es verdad que la participación de tanta riqueza, donde nada me va a faltar, me hace sentirme atraído por la ambición de no someterme al orden establecido en la Casa del PADRE.

La tentación de la manzana se hace experiencia en mi propia carne y siento la inclinación hacia la completa independencia; pienso que es mejor dirigirme por mi propia voluntad, relativismo actual, a mis apetencias y gustos, sin frenos, que por la de mi PADRE, ausencia de DIOS. Y la herencia de lo que exijo, sin pertenecerme, lo experimento como el camino hacia la libertad. De esta forma me siento más a gusto conmigo mismo, pues estaba descontento en la Casa de mi PADRE.

El largo camino de mi vida y la de tantas vidas, yo diría que todos tenemos experiencia de esto, se va a encargar de demostrarme que todos mis afanes, ilusiones y ansias de felicidad iban por camino equivocado. En primer lugar, no comprendía el Amor de mi PADRE. Encerrado en mí mismo consideraba todo lo de la Casa paterna pobre y vacío para mi corazón. Desdichado aquel que piensa que estar libre, para gozar de todas sus codicias, y de todas sus pasiones, es la verdadera libertad. Tarde o temprano todos nos daremos cuenta de que cometido el pecado, satisfecho nuestro egoísmo, seremos esclavo del pecado. La única y verdadera libertad es aquella que consiste en vivir según los pensamientos del PADRE que nos ha creado para su gloria y nos ofrece su Casa. Es en esta libertad donde únicamente hallaremos la verdadera felicidad.

Me vienen al recuerdo muchas experiencias que se quedan, no al cuidado de cerdos, pero sí instalados en la mediocridad y el sin sentido. Errantes sin rumbo y resentidos por un ansia de felicidad que no encuentran ni nunca encontraran. Experimentan la sin razón, la angustia, el desenfreno, el remordimiento, la resignación, el fin remoto que no da sentido al padecimiento, al sufrimiento, a la lucha, a la entrega, al perdón, a la solidaridad, a la fraternidad y a tantas cosas que nos explican por qué está el mundo como está. Sólo en la Casa del PADRE todo recobra sentido y orden.

Hay mucho más que comentar ante tanta profundidad del pensamiento que encierra la parábola, pero se hace prudente ir despacio y dar tiempo a que el ESPÍRITU nos adentre en nuestro propio interior, abonado primero con nuestro voluntario esfuerzo, para sembrar de luz nuestros pasos y embriagarnos de humildad. Porque necesitamos ser humildes para comprender y no caer en la actitud publicana del segundo hermano que cumpliendo todos los mandatos de su PADRE no estaba dispuesto a perdonar a su hermano, pues sentía suya toda la heredad que el PADRE poseía. Se estremece en mí el sentimiento egoísta posesivo de poseer y no compartir. Tú ya lo has dilapidado; ahora esto que hay aquí es sólo mío. Se delata la voluntad de cumplimiento, no por amor, sino por ambición y poder. Se cumple para tener más y tú eres un enemigo que amenazas quitarme lo mío.

Y las preguntas: ¿a QUIEN pertenece todo? ¿De QUIEN es la Casa donde vivimos? ¿Acaso tengo yo derecho a algo más sí todo me ha sido regalado? ¿Quien me creo que soy? ¿En quien me he transformado? ¿Quiero ser más que tú cuando no soy dueño ni de un cabello de mi cabeza? Hay tanto para dar gracias y reflexionar que termino alabando y dando gracias por el gran regalo de concedernos la asistencia y permanencia entre nosotros del ESPÍRITU SANTO.