sábado, 5 de diciembre de 2009

ADVIENTO


Adviento es una palabra latina formada por la preposición ad, que significa hacia, y el verbo ventus que significa venida, (adventus), venida del Redentor. Es la preparación hacia la venida de Alguien en el que esperamos la salvación, la liberación de la esclavitud, no sólo material sino espiritual. Es la esperanza de alcanzar la libertad plena y gozosa eternamente.

Por todo ello, es tiempo de prepararnos, esperanzarnos, confiarnos y sentirnos gozosos ante tanta oscuridad, desvío, confusión y desconcierto. Es la llegada del Mesías que nos salva, y que hace salir de nuestros corazones HIMNOS de esperanza y alabanza.

De luz nueva se viste la tierra,
porque el sol que del cielo ha venido
en el seno feliz de la Virgen
de su carne se ha revestido.

El amor hizo nuevas las cosas,
El ESPÍRITU ha descendido
y la sombra del que es poderoso
en la Virgen su luz ha encendido.

Ya la tierra reclama su fruto
y de bodas se anuncia alegría,
el SEÑOR que en los cielos moraba
se hizo carne en la Virgen María.

Gloria a DIOS, el SEÑOR poderoso,
a su HIJO y ESPÍRITU SANTO,
que en su Gracia y su amor nos bendijo
y a a su reino nos ha destinado. Amén

Himno de Laudes del tiempo de Adviento.

jueves, 3 de diciembre de 2009

¡ULTREYA!


La palabra ultreya es una antigua palabra española que usaban los peregrinos de Compostela cuando se encontraban para saludarse y animarse a lo largo del camino. Esta palabra, probablemente derivada del latín ultra, significaba "¡Adelante!"

Los cursillistas utilizan esa palabra para designar un tipo de encuentro que tiene lugar después del Cursillo. Es la reunión de los cursillistas de una o algunas parroquias.

En donde las Reuniones de Grupos se hacen, la Ultreya congrega los grupos de una misma región, contribuyendo a mantenerlos en el espíritu del MCC y a sensibilizarlos a la realidad de la Iglesia.

En un clima de amistad, se intercambia sobre lo vivido, sea a base del trípode (piedad, estudio, acción), sea a partir de un texto del Evangelio.

Ahí se escucha unos testimonios referentes a la vida interior y unas experiencias apostólicas. Este hecho de compartir lo vivencial llega a ser un "modelo" apostólico, un ejemplo práctico, un reto del Señor que parece invitarnos: "Vayan y hagan igual".

Como "Ultreya" lo indica, este encuentro (semanal usualmente) es un aliento para ir adelante. Es el mejor medio para alimentar la llama del Cursillo.

Se hace necesario apoyarnos, juntarnos y vernos en la medida de nuestras posibilidades porque necesitamos del aliento, del empuje, de la palmadita del compañero o compañera que nos anima, que nos da ejemplo de su constancia, de su perseverancia, de su levantarse a pesar de las caídas, de su esperanza y de su fe.

La Reunión de Grupo es algo en lo que debemos poner mucho empeño, porque en ella fortalecemos nuestra fe al darnos y recibir. Es la vivencia de nuestras inquietudes, fatigas, sufrimientos, alegrías, trabajo, apóstolado, piedad, formación...etc en un clima de amistad, tranquilidad, entrega, sinceridad y a la hora que mejor les convenga a los que la forman.

Es el espacio donde aprendemos a perdonar, a aceptar, a colaborar, a realizar nuestra acción apostólica, a sensibilizarnos de los problemas y necesidades de los demás, a llorar juntos, a sufrir y compartir las penas, los problemas, las dificultades; también las alegrías, los momentos buenos, los éxitos tanto nuestro como los de los demás.

No importa el tiempo que tardemos en conseguirlo, pero nunca dejemos de esforzarnos en conseguirla. Mi experiencia es positiva y aunque he tenido algunas que se han perdido, sigo insistiendo en conseguirla. Me ofrezco a tratar de formar una. El intento vale la pena, porque los frutos serán muy valiosos. No olvidemos que estamos hechos en racimos y sólo en racimos encontraremos el camino para llegar a la Casa del PADRE.

sábado, 28 de noviembre de 2009

DOMINGO I TIEMPO DE ADVIENTO CICLO C. Estad siempre despiertos Lc 21, 25-28. 34-36


El testimonio hace pensar cuando lo testimoniado es algo que sale del corazón. Muchas veces he oído decir a alguien: "tú sí que vives lo que dices, pues se transparenta y se ve". Y la realidad es que de la abundancia del corazón habla la boca. No haría falta hablar mucho, sino hacer realidad lo que se dice, es decir, obras, para transmitir lo que se habla. Obras son amores y no buenas razones, predica el refrán que certifica lo que trato de decir.

Pienso que mucha culpa de que JESÚS no sea mostrado tan deseado y transparente como irresistiblemente a los hombres es porque los que creen en ÉL, o al menos eso dicen, no le siguen como exige el llamarse discípulo de ÉL. Muchos cristiano andamos y nos movemos entre dos aguas, una la de una fe con condiciones, y otra nuestra vida social en la que aceptamos y admitimos muchas cosas que no serían aceptadas por JESÚS. Es la disyuntiva de dos vidas paralelas que se contradicen, y que, por consiguiente, no dejan pasar la luz y menos la descomponen en sus colores.

Así las cosas, el mensaje de JESÚS queda adulterado, empobrecido y descafeinado. No se corresponde la palabra con la vida y nada anima ni sugiere seguirlo y menos vivirlo. Muchos seremos tachados de haber contribuido desde dentro a no dejar salir la Palabra pura, verdadera y salvadora tal y como es. Y llegará ese día en que lo corrupto, lo injusto, lo falso y perverso será destruido, y emergerá la Verdad, lo bueno, lo justo, y habrá paz y armonía entre los hombre.

A continuación expongo esta homilía que me envío mi amigo y sacerdote Manuel Merchán que refleja, mejor que yo lo pueda hacer, todo lo que pienso y quisiera decir. Quizás no pueda servir para la reflexión en este tiempo de Adviento Les dejo con ella.

Estad siempre despiertos Lc 21, 25-28. 34-36

MATAR LA ESPERANZA

Tened cuidado: no se os embote la mente...

Jesús fue un creador incansable de esperanza. Toda su existencia consistió en contagiar a los demás la esperanza que él mismo vivía desde lo más hondo de su ser.

Hoy escuchamos su grito de alerta: «Levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación. Pero tened cuidado: no se os embote la mente con el vicio, la bebida y la preocupación del dinero».

Las palabras de Jesús no han perdido actualidad pues los hombres seguimos matando la esperanza y «embotando» nuestra existencia de muchas maneras.

Y no pensemos sólo en aquellos que, al margen de toda fe, viven según aquello de «comamos y bebamos, que mañana moriremos», sino en quienes, llamándonos cristianos, podemos caer en una actitud no muy diferente: «Comamos y bebamos, que mañana vendrá el mesías».

Cuando en una sociedad los hombres tienen como objetivo casi único de su vida la satisfacción ciega de sus apetencias y se encierran cada uno en su propio disfrute, allí muere la esperanza.

Los hombres satisfechos no desean nada realmente nuevo. No quieren cambiar el mundo. No les interesa esperar una vida futura mejor. El presente les satisface y les basta.

No se rebelan frente a las injusticias, sufrimientos y absurdos del mundo presente. En realidad, este mundo es para ellos «el cielo» al que se apuntarían para siempre. Pueden permitirse el lujo de no esperar nada mejor.

Qué tentador resulta siempre adaptarnos a la situación, instalarnos confortablemente en nuestro pequeño mundo y vivir tranquilos y cómodos, sin mayores aspiraciones.

Casi inconscientemente anida en bastantes la ilusión de poder conseguir la propia felicidad sin cambiar para nada el mundo. Pero no lo olvidemos. «Solamente aquellos que cierran sus ojos y sus oídos, solamente aquellos que se han insensibilizado, pueden sentirse a gusto en un mundo como éste».

Quien ama de verdad la vida y se siente solidario de todo hombre, sufre el desasosiego y la intranquilidad de comprobar que todavía no podemos disfrutar de la felicidad a que estamos llamados.

Este sufrimiento alcanza su verdadero sentido cuando nace de la esperanza y nos impulsa a actuar de manera creadora. Es signo de que afín seguimos vivos, de que todavía somos conscientes de que algo no está bien en este orden de cosas y de que nuestro corazón sigue anhelando algo más.

    LA ESPERANZA, ¿UNA ILUSIÓN?

La primera acusación al hombre que trata de dar sentido a su vida desde una actitud de esperanza cristiana, ha sido la de falta de realismo.

Hay que ser realistas. Si vivimos de recuerdos, nos estamos remontando a un pasado que ya no existe. Si nos dejamos llevar por la esperanza, empezamos a soñar en un futuro que todavía tampoco existe. Seamos realistas y aprendamos a enfrentarnos con lucidez y valentía al momento presente, única realidad que tenemos ante nosotros.

Esta acusación ha adquirido un acento más científico desde la crítica a la religión operada por Karl Marx. La esperanza desplaza nuestra atención de los problemas de esta vida a un más allá ficticio y alienante. La religión invita a los hombres a esperar en una vida ultraterrena la solución de todas sus opresiones. Y, mientras tanto, los incapacita para lucha con eficacia y lucidez por la transformación real de la sociedad.

Un creyente honrado no puede menos que escuchar con inquietud la interpelación de la crítica marxista. ¿No hemos justificado muchas veces los cristianos con nuestra actitud falsamente conformista y «resignada», la acusación de vivir adormecidos por «el opio de la religión?». ¿No tendremos que escuchar hoy, de manera nueva, el grito de Jesús que nos llama a vivir despiertos en medio de nuestra sociedad contemporánea?

Para el verdadero creyente, la esperanza no es una ilusión engañosa. Al contrario, si vive con esperanza, es porque quiere tomar en serio la vida en su totalidad, y porque quiere descubrir todas las posibilidades que en ella se encierran para el futuro del hombre.

Precisamente, porque quiere ser realista hasta el final, no se aferra a la realidad tal como es hoy, ni se instala en esta vida como algo definitivo. Al contrario, se acerca a la vida como algo inacabado, algo que es necesario construir con esperanza.

Por eso, la verdadera esperanza no tranquiliza. La esperanza nos inquieta, nos desinstala, nos pone en contradicción con una realidad tan lejana todavía de esta liberación final que esperamos para el hombre.

Cuando se espera de verdad la liberación, comienzan a doler más las cadenas. El que espera una verdadera justicia para el hombre, no aguanta ya esta sociedad tan injusta. El que cree de verdad en el cielo, siente necesidad de luchar para cambiar la tierra.

jueves, 26 de noviembre de 2009

YO SOY EL QUE ESTÁ CON USTEDES.


Cuando Moisés pregunta al SEÑOR por su nombre, DIOS , nuestro PADRE, le responde: Yo soy el que está con ustedes: "YAHVÉ". DIOS se define como un DIOS que está con nosotros: "EN - MANU - EL". La palabra judía que significa EN= con; MANU= nosotros, y EL= DIOS.

Cuando llega el momento de proclamar a los griegos el Evangelio se les presenta en su lengua y se les habla de un DIOS escondido = SACROS= DIOS; MENTHOS= Escondido. El DIOS que no se ve y que muchos todavía esperan y buscan en el firmamento y en la Idea, se encuentra escondido en JESÚS, hombre y DIOS.

El pecado de muchos es buscar a DIOS en su Divinidad Infinita y Omnipotente, en su Idea de concebirlo como Alguien que está por encima de todos nosotros. Y en algo tienen verdad, que DIOS es inalcanzable y está por encima de todo lo creado, visible e invisible. Pero si de buscar a DIOS se trata, hay que hacerlo en JESÚS. Sólo ÉL es el Camino, la Verdad y la Vida. Todo fue concebido, pensado, armado, destinado, supeditado a ÉL. ÉL es la Piedra Angular donde todo gira a su alrededor.

Por eso, cuando se habla de DIOS hay que hacerlo desde JESÚS, porque ÉL es ese DIOS que todos buscamos, cercano, que escucha, que cura, que alivia, que da esperanza, que salva y libera. ÉL es ese DIOS que nos espera, nos aguanta, nos recibe, nos perdona y que viene a cuidar de los más pequeños, más pobres, los desposeídos, los sin nada de nada. Los no tenidos en cuenta.

Ese es el DIOS visible, que se manifiesta, que se ve, que se palpa, que se siente. ¿Cómo, todavía dicen algunos, sabios, ricos, intelectuales, suficientes, poderosos, soberbios y... que no lo han visto o que no le conocen? ¿No observan como los cojos andan, como los ciegos ven, como los enfermos sanan, como los pobres son atendidos?

¿Y dónde ven eso, preguntan? ¿Dónde sí no? En la Iglesia, en nuestra Santa Madre la Iglesia, porque si de eso se trata, de buscar a DIOS, búscalo en JESÚS, pero a JESÚS búscalo en la Iglesia. Y verás cómo son curados los leprosos, atendidos los hambrientos, enseñados los ignorantes, acogidos los enfermos y desamparados...etc. ¿Qué no lo has visto? Mira bien a tu alrededor, la Iglesia está muy cerca.

La Iglesia tiene muchos nombres pequeñitos, pero que cuando se juntan significan y se leen "IGLESIA". Se me ocurre nombrar a algunos: Damián, Teresa, Juan de DIOS, Isidoro, Vicente, Emmanuelle, Juan Bosco, Francisco de Asís, y la lista sería interminable, al margen de los anónimos.

Es en esta Iglesia donde está JESÚS por todas las esquinas; en todos los lugares; en todos las situaciones, problemas y... No es difícil encontrarlo, sí, algo más difícil seguirlo, porque aunque no te pida nada a cambio y te de todo lo que te hace falta, es necesario que tú quieras y pongas tu vaso boca arriba para que te llenes de su Gracia, la que te ayudará a caminar junto a ÉL a pesar de lo empinado del camino.

martes, 24 de noviembre de 2009

POR LA GRACIA DE DIOS

El hombre busca desesperadamente ser feliz. Para lograr esa felicidad se afana en conseguir cosas y cosas: salud, dinero, poder, bienestar, comodidades, bienes...etc. y descubre que, si bien esas cosas le procuran felicidad, no le sacian plenamente. Siempre, el hombre está insatisfecho y busca angustiamente poder saciarse.

En ese torbellino desesperado y vertiginoso cae atrapado por sus propios egos y no advierte que la felicidad está en manos de Alguien que nos ama y nos quiere tanto hasta el punto de, no sólo darnos gratuitamente esa felicidad que buscamos, sino darse ÉL mismo. DIOS nos quiere tanto que nos da su misma Vida de forma gratuita, pero con una condición: que abramos nuestro corazón y nos dejemos embriagar por su misma Vida.

DIOS nos propone un gran Ideal: ser sus hijos y vivir plenamente gozosos en su presencia. Para ello nos comunica su propia Vida, que llamamos GRACIA y que es un don sobrenatural, interior y permanente. Sobrenatural, porque está por encima de nuestra naturalidad y no llegamos a comprender. Es algo que nos sobrepasa, pero que experimentamos y sentimos.

Interior, porque está en nosotros, en lo más profundo de nuestro ser. El deseo más profundo del hombre es amar, y cuando el hombre intenta y se esfuerza en amar, está sintiendo ese inmenso regalo que, sólo nos viene de DIOS, y que colma plenamente todas nuestras ansias de plenitud y felicidad.

Y permanente, porque queramos o no permanece siempre ofrecido y cercano y está sobre la mesa. Sólo basta decir SÍ y activar ese don de vivir plenamente su misma VIDA, que nos hace hijos de DIOS, y, si hijos, hermanos todos en CRISTO, templos vivos del ESPÍRITU SANTO e hijos de María.

También, nos santifica, porque al vivir en Gracia transparentamos la luz y la dejamos pasar con la alegría de sabernos llamados a vivir felices eternamente. Y eso no es sino transformarnos en santos, porque santos son los que dejan pasar la Luz que alumbra nuestro caminar.

Y nos hace miembros vivos del Cuerpo Místico de CRISTO, injertados en ÉL, con ÉL y por ÉL, y, por consiguiente, participados y resucitados como ÉL. Y, sólo en ÉL, transformados como el fuego con el hierro, de forma que ya no sabemos lo que es hierro o fuego porque todo nuestro ser arde inmensamente con los mismos sentimientos que el corazón de CRISTO.

Cuando rechazamos esta oferta única y deseada, aún no sabiéndolo, estamos condenándonos a vivir una vida de muerte, finita, caduca que nos convierte en cadáveres andantes. Porque todo lo que no está injertado en CRISTO es caduco y finito, por consiguiente, es muerte.

martes, 17 de noviembre de 2009

LIBERTAD PARA CELEBRAR.


El hombre es libre porque ha sido creado para poder elegir. Si no fuera así el derecho a la libertad no existiría, pues de nada sirve un derecho que no se pueda ejercer. Toda capacidad de elección pasa por la libertad de poder decidir que camino quiero tomar, y eso es innato al hombre.

Observamos que en los demás seres de la creación no ocurre igual. Están determinados para cumplir una función concreta que ya les viene dada desde su nacimiento. Toda su existencia harán lo mismo y no tendrán la oportunidad de decidir hacer otra cosa. Por esos están sometido a la voluntad del hombre y, por lo tanto, son esclavos de su propia naturaleza.

El hombre, por el contrario, creado para amar y alcanzar la plenitud eterna puede decidir no quererla y, por su propia voluntad, rechazar ser feliz eternamente. Según sus principios y razonamientos podrá ser más o menos feliz, pero solo brevemente, por un tiempo limitado. Desde ahí le es inherente su natural derecho a ser libre y discernir en libertad. De tal forma que, cuando se le priva de la misma, sus actos no le son imputables porque actúa sometido y no libremente.

Ser libre significa poder ejercer y celebrar lo más profundo de mi existencia vital que no es otra cosa que la proclamación de sentirme hijo de DIOS y llamado a participar de su Gloria eternamente. Ser libre es la manifestación de toda búsqueda del bien y bondad que haga más justa la convivencia y el amor entre los hombres. Ser libre es hacer justicia y contribuir al bienestar social, a la solidaridad, a la distribución de la riqueza y al respeto de lo bueno y verdadero entre los hombres.

Ser libre es tomar conciencia que lo mío no es propiamente mío, sino que me ha sido dado para devolverlo cuando me sea pedido. Ser libre es comprender que, si todo se queda aquí, yo sólo soy un administrador que administrará por un tiempo aquello que me ha sido confiado, para el bien de todos y de la sociedad universal. Ser libre es el único camino para que el hombre encuentre su propio destino.

Pero hay muchos muros y obstáculos que nos lo impiden. Desde nosotros mismos a todas las tentaciones que nos rodean. Estamos sometidos a muchas luchas internas que nos confunden y nos atraen. Son aparentes baños de oro que brillan sólo por poco tiempo, pero que luego se desvanecen y terminan por convertirse en chatarra, en basura.

Otros, están impuestos por aquellos que quieren ejercer su propia libertad mal entendida, y se apropian de los talentos y cualidades que le han sido confiadas para el bien de todos, y las emplean sólo en su propio bien o, simplemente, el de unos cuantos. Y someten y esclavizan. Nace entonces las injusticias, las luchas, el odio, la venganza...

No hay otro camino, el hombre es libre por naturaleza y tiene todo el derecho a ejercer esa libertad. Libertad para nacer y vivir, desde que es fecundado en el seno de su madre. Nadie puede quitarle ese derecho y si lo hacen están matando el derecho a ser libre y vivir a una criatura humana.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

LAS VÍAS DE ACCESO AL CONOCIMIENTO DE DIOS



Queramos o no el hombre es creado a imagen y semejanza de DIOS, y en lo más profundo de nuestro ser hay una llamada a la Vida de la Gracia y a compartir la Vida de la Gloria eternamente. Por eso, porque somos de DIOS y para DIOS, el hombre puede experimentar y conocer la existencia de su Creador a través de la naturaleza que le rodea, pero también con argumentos convergentes y convincentes que nos dan una y mil razones para creer.
La creación, el mundo material y la propia persona humana nos descubren infinidades de pruebas que nos hablan de un PADRE Creador, bueno y salvador. Exclamamos con espontaneidad y entusiasmo las bellezas que percibimos y observamos en el mundo. Estas bellezas sujetas a cambio, ¿quién las ha hecho sino la Suma Belleza no sujeta a cambio?
Nadie puede aspirar a algo irrealizable. Sería imposible pensar en llegar a volar como lo hacen las aves. Si sentimos y deseamos perpetuarnos es porque podemos llegar a serlo; si sentimos y nos abrimos a la verdad y a la belleza con su sentido del bien moral, con su libertad y la voz de su conciencia, con su aspiración al infinito y a la dicha, es porque el hombre descubre y se interroga sobre la existencia de DIOS.
Estas ansias de perpetuarse nos hacen percibir signos de nuestra alma espiritual, que lleva en sí la semilla de la eternidad, y que al ser irreductible a la sola materia, su alma no puede tener origen más que en DIOS.
El mundo y el hombre atestiguan que no tienen en ellos mismos ni su primer principio ni su fin último, sino que participan de Aquel que es el SER en sí, sin origen y sin fin. Así, por estas diversas vías el hombre puede acceder al conocimiento de la existencia de una realidad que es la causa primera y el fin último de todo, “y que todos llaman DIOS”.
El hombre es el ser superior de la creación, y como tal, tiene facultades que le capacitan para conocer la existencia de un DIOS personal. Y para entrar en relación y conocernos se hace necesario un acercamiento, una revelación. DIOS ha querido hacerlo así y revelarse al hombre y darle la Gracia de poder acoger en la fe esa revelación. Sin embargo, las pruebas de la existencia de DIOS pueden disponer a la fe y ayudar a ver que la fe no se opone a la razón humana.
La Santa Madre Iglesia, mantiene y enseña que DIOS, principio y fin de todas las cosas, puede ser conocido con certeza mediante la luz natural de la razón humana (razones para creer) a partir de las cosas creadas. Sin esta capacidad, el hombre no podría acoger la revelación de DIOS. El hombre tiene esta capacidad porque ha sido creado a imagen de DIOS (Gn 1, 27).
Sin embargo, en las condiciones históricas en que se encuentra, el hombre experimenta muchas dificultades para conocer a DIOS con la sola luz de la razón. A pesar de que la razón humana, sencillamente hablando, puede verdaderamente, por sus fuerzas y su luz naturales, llegar a un conocimiento verdadero y cierto de un DIOS personal, que protege y gobierna el mundo por su providencia, así como de una ley natural puesta por el Creador en nuestras almas, sin embargo hay muchos obstáculos que impiden a esta misma razón usar eficazmente y con fruto su poder natural.
Porque las verdades que se refieren a DIOS y a los hombres sobrepasan absolutamente el orden de las cosas sensibles, y cuando deben traducirse en actos y proyectarse en la vida, exigen que el hombre se entregue y renuncie a sí mismo. El espíritu humano, para adquirir semejantes verdades, padece dificultades por parte de los sentidos y de la imaginación, así como de los malos deseos nacidos del pecado original. De ahí procede que en semejantes materias los hombres se persuadan de que son falsas, o al menos dudosas, las cosas que no quisieran que fuesen verdaderas.
Por eso el hombre necesita ser iluminado por la revelación de DIOS, no solamente acerca de lo que supera su entendimiento, sino también sobre las verdades religiosas y morales que de suyo no son inaccesibles a la razón, a fin de que puedan ser, en el estado actual del género humano, conocidas de todos sin dificultades, con una certeza firme y sin mezcla de error.
Al poseer capacidad humana para tener experiencia y conocimiento de DIOS, la Iglesia expresa su confianza en la posibilidad de hablar de DIOS a todos los hombres y con todos los hombres. Desde ahí se abre la posibilidad de diálogo con otras religiones, filosofía y las ciencias, como con los no creyentes y los ateos.
Si nuestro conocimiento de DIOS es limitado, puesto que DIOS es infinito e inalcanzable en su comprensión, nuestro lenguaje de DIOS será también limitado. No podemos entender y nombrar a DIOS sino a partir de las criaturas, y según nuestro modo humano limitado de conocer y de pensar. Las múltiples perfecciones de las criaturas (su verdad, su bondad, su belleza) reflejan, por tanto, la perfección infinita de DIOS. Por ello, podemos nombrar a DIOS a partir de las perfecciones de sus criaturas, pues de la grandeza y hermosura de las criaturas se llega, por analogía, a contemplar a su Autor (Sb 13, 5).
(Tomado del Catecismo de la Iglesia católica).