martes, 10 de agosto de 2010

ANTIGUO TESTAMENTO: la religión católica antes de Cristo


Somos hermanos en la fe de los judíos porque partimos de la misma verdad: somos hijos del DIOS revelado por JESÚS de Nazaret, HIJO único de DIOS que se encarnó en naturaleza humana y se hizo hombre, nacido de María por obra y gracia del ESPÍRITU SANTO.

La historia de la Revelación se hace a través del pueblo judío, y su historia es la historia de la salvación, que, con la venida de DIOS hecho hombre, JESÚS, y por Muerte y Resurrección, entramos todos a participar de esa misma historia.

• A. Los comienzos.
• B. Después de Moisés.

Antes de Cristo, la historia de la religión católica coincide con la del pueblo judío, y se encuentra en los libros de la Biblia que forman el antiguo testamento.

A. Los comienzos

1. ¿Antes del mundo? Antes del mundo sólo existía Dios. Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo vivían eternamente felices. Y no había nada más, ni estrellas, ni planetas, ni animales, ni ángeles. Nada más. ¿Y qué hacían las tres personas divinas? Podemos decir que su actividad eterna era conocerse y amarse. Intercambiaban ideas y cariño, conversaban.

2. ¿Cómo empezó el mundo? En el principio creó Dios el cielo y la tierra. La Biblia narra la creación en seis períodos que llama días (es un modo de explicarlo, que nada se opone al big bang). El día séptimo cesó Dios de crear, y más tarde el Señor destinó este día a que fuese santificado y dedicado a Él.

3. ¿Qué creó primero? Probablemente Dios creó primero a los ángeles, que son seres espirituales de inteligencia y voluntad muy perfectas. Con su entendimiento poderoso conocen la verdad con agilidad y precisión. Con su fuerte voluntad toman decisiones y las cumplen sin fallar.

4. La prueba de los ángeles.- la bondad de Dios no se conformó con los dones que les otorgó. Quiso que los ángeles participaran de la divinidad y encontraran sitio en la familia divina. Y el Señor decidió que este gran tesoro no fuera obligatorio sino que lo ganaran en parte con sus méritos superando una prueba. Entonces:

o Muchos de estos espíritus permanecieron fieles a Dios y fueron premiados con la eterna felicidad de la gloria. Son los ángeles.
o Pero otros muchos rechazaron a Dios. Despreciaron el amor divino, y prefirieron su propia soberbia, el orgullo de ser independientes del Señor, como si no fueran criaturas. En consecuencia quedaron apartados de Dios y así surgió el infierno. Son los demonios.

5. ¿Y los hombres? Dios creó al hombre a su imagen y semejanza infundiéndole un alma inmortal. El primer hombre se llamó Adán y Dios le colocó en un lugar delicioso: el paraíso terrenal. Luego creó a la mujer, Eva. Además, el Señor les otorgó una participación de la vida divina -gracia-. El hombre no sufría, ni tenía enfermedades, ni moriría. Gozaba de armonía consigo mismo, con el Creador, entre hombre y mujer, y con la Creación.

6. La prueba del hombre.- Como en el caso de los ángeles, el Señor también quiso que el hombre aceptara libremente el amor divino y se ganara el cielo. El demonio, envidioso de su felicidad, les tentó, y el hombre desconfió de su Creador, quiso ser como Dios independiente de Él y desobedeció al Señor. Así Adán y Eva perdieron, para sí y para sus descendientes, la santidad inicial -la gracia- y otros dones. La naturaleza humana, sin estar corrompida, quedó herida en sus fuerzas, sometida a la ignorancia, al sufrimiento y a la muerte, e inclinada al pecado. Así para obrar bien hay que esforzarse superando la inclinación al mal. A esta situación en que todos nacemos se le llama pecado original.

7. Promesa de un Salvador.- Adán y Eva quedaron apartados de Dios y expulsados del paraíso, pero Dios no desamparó a los hombres sino que prometió un Salvador (el Mesías), que abrirá de nuevo las puertas del cielo. Luego, el Señor repitió esta promesa a los Patriarcas y Profetas.

8. ¿Los Patriarcas? Fueron personajes que al frente de su familia destacaron por su fidelidad a Dios, transmitiendo su promesa y cumpliendo la voluntad divina. Destacaron Abrahán y su nieto Jacob, llamado después Israel. Sus descendientes serán el pueblo de Jacob o pueblo de Israel. Dios prometió a Abrahán que le haría cabeza de un gran pueblo y que de su descendencia nacería el Mesías.

9. Moisés.- Jacob y su familia se trasladaron a Egipto, donde se multiplicaron formando un gran pueblo. Entre sus descendientes está Moisés, que elegido por el Señor sacó a Israel de Egipto y lo llevó a la tierra de Canaán prometida por Dios a Abrahán. El Señor guió a su pueblo por el desierto con varios milagros, como el paso del mar Rojo y el maná. Se presentó a Moisés en el monte Sinaí y le entregó los diez mandamientos, estableciendo una alianza con los israelitas. Ellos serán su pueblo y Él será su Dios. Con Moisés, los israelitas toman conciencia de pueblo.

B. después de Moisés

1. Jueces y Reyes.- El pueblo de Israel no siempre fue fiel al Señor. Sucedía entonces que sus enemigos les dominaban, hasta que arrepentidos acudían de nuevo a Dios que les ayudaba por medio de buenos dirigentes llamados jueces, como Samuel. Luego, fueron gobernados por reyes, primero Saúl, luego David y Salomón. David fue predilecto del Señor.

2. División y cautiverio.- Después, el reino se dividió en dos: Israel (diez tribus) y Judá (dos tribus). Hubo altibajos de fidelidad a Dios, pero más bien se extendió el mal comportamiento y la idolatría. Entonces el Señor permitió que fueran derrotados y deportados.


3. Profetas.- En estos años, el Señor elegía de vez en cuando algunos profetas y los enviaba para que hablaran de su parte al pueblo y le recordaran sus deberes. Por ejemplo, Elías y Eliseo que hicieron muchos milagros. Entre las profecías destacan las que aluden al futuro Mesías, como algunas de Isaías y salmos de David.

4. Después del destierro.- Volvieron a Jerusalén, reconstruyeron el Templo, y procuraron ser más fieles a Dios esperando la llegada del Salvador. Algunos reyes extranjeros quisieron imponer la idolatría, y hubo algunos episodios de fidelidad al Señor. Los hermanos Macabeos consiguieron defender al pueblo de estas injerencias.

5. Imperio romano.- Después, llegaron los romanos y se hicieron con el control de la zona, respetando las costumbres religiosas. Y llegó el momento de que Jesucristo naciera en Belén.

sábado, 7 de agosto de 2010

SUBIR PARA BAJAR

MONTE TABOR


Toda subida supone una bajada y, por muy bien que nos sintamos, no podemos permanecer en ella porque se hace necesario bajar. La montaña nos aislaría porque antes debemos cumplir la misión de anunciarla y amarla. Y amar la montaña supone bajar al mundo a contagiarlo de la esperanza y visión de la montaña.

El éxtasis del Tabor supone tener claro que nuestra meta es esa: "Contemplar a Nuestro PADRE DIOS y permanecer en su presencia es el mayor gozo que el ser humano puede alcanzar", y lo más que desea, aún ignorado por muchos. Buscan ser felices donde no se encuentra la felicidad sino de forma aparente y fugaz.

La diferencia de un creyente a un no creyente radica en que ambos cumplen bien su misión profesional, pero el no creyente termina ahí, mientras que el creyente se esmera en trascender su atención y servicio hasta el punto de transmitir que, subida la montaña, hay algo que vale la pena encontrar y contemplar. Y ese gusto y complacencia nos transforma de tal manera que nuestra vida queda también transformada.

Cuando has llegado a la montaña y has gozado de la visión de ver al Verdadero JESÚS, tu vida queda tocada por el amor y, pronto, tu entorno advierte que algo te ha sucedido y que algo ha cambiado tu vida. Es cuando tu entrega y servicio va dejando huella en aquellos otros que se cruzan en tu camino, porque tu amistad va más allá del puro hecho profesional o social.

En las dificultades, crisis y situaciones límites, las relaciones de amistad y de servicio al otro se estrechan muchisimo en aquellos que están movido por su fe trascendente. Es la prueba del algodón para darse cuenta quienes son los verdaderos amigos, porque distancian a los interesados y a los que rechazan el compromiso personal.

Ya lo clarificó JESÚS en la parábola del buen Samaritano. Cuando se necesita ayuda y se requieren sacrificios, los amigos desaparecen porque no permanecián por amor sino por intereses. La crisis no sólo ha sacado a relucir las amistades verdadera, sino que el testimonio de muchos cristianos, unidos en la adversidad, ha supuesto una ocasión para proponer una forma diferente de vivir.

De mismo modo que nuestro entorno influye en nosotros, nuestro comportamiento también influye en las personas que nos rodean. Así, la amistad ha ratificado en la fe a muchos católicos, y ha supuesto una ocasión para que otros comprueben cómo se hace efectivo el "Mira cómo se aman". Es la consecuencia de que la subida a la montaña (Tabor) se ha hecho bien.

Los resultados son estos: don Pedro, al poco tiempo de nacer su tercera hija, y cumplido los 47 años, se quedó en el paro. Justo al día siguiente del despido, su amigo don José María, que trabajaba en su misma profesión, le dijo: "Cuando quieras puedes venirte a trabajar conmigo". Hoy, don Pedro recuerda que Tronco (así llaman sus amigos a José María) me lo dijo al día siguiente de que me despidieran y ni siquiera me preguntó el motivo del despido, o cuanto tenía de paro..., nada.

Eso es lo que hace un amigo que ha subido verdaderamente a la montaña. Y además, como compartíamos la fe en CRISTO, somos muchos más que amigos. Para mí, Tronco es mi hermano. Ahora, el trabajo conjunto, lejos de haber dado ocasión de conflicto, ha supuesto una mayor cercanía para ambos.

En realidad, don Pedro y don José María llevan siete años quedando todas las semanas, junto a otros dos amigos (todos son del Movimiento de Cursillos de Cristiandad) para hablar y revisar su vida cristiana. Su reunión de grupo, como la llaman dentro de Cursillos de Cristiandad, ha dado frutos inesperados: como la hacen siempre en el mismo bar, al dueño del local le llamó la atención cómo se preocupaban los unos de los otros, y ellos han encontrado ocasión para evangelizarle.

"La amistad es fundamental para llegar al corazón de otra persona - dice don Pedro -. El otro podrá ver a CRISTO en ti en la medida en que tú seas su amigo y te preocupes por él". Y eso es lo que JESÚS encargó y dijo a Pedro, Santiago y Juan: "ahora no digan nada a nadie, bajemos al mundo porque hay que evangelizar haciéndose amigos y viviendo en verdad el amor, tal y cómo yo les he amado"

domingo, 1 de agosto de 2010

LA CODICIA NOS CIEGA LA REALIDAD


Vivimos sin sentido y de una forma muy irresponsable. Sin razones que justifiquen nada damos por hecho que la vida se termina con la muerte y no pensamos que eso no tiene mucho sentido, porque para muchos no merece la pena vivir. Sería injusto vivir rodeado de miserias, cuando no aquejado por una pertinaz enfermedad que no nos deja tranquilo, y si no es eso serán otro tipo de problemas familiares, económicos, de inseguridad, políticos...etc., que nos amargan la existencia y no nos dejan en paz.

Si hay algo seguro es el momento de nuestra muerte, y nuestra razón, apoyada por nuestra fe, nos revela que detrás de ella se esconde la verdadera vida que todos anhelamos desde la tierra y que esta será eterna y dependerá de nuestras actitudes y actos de amor que aquí hallamos hecho.
No le damos mucha importancia a esto y, ansiosos de tener premio inmediato a nuestra bús- queda de bienestar y placer optamos por responder a lo más efectivo y rentable según nuestros criterios terrenales, olvidándonos de lo que demanda más paciencia y sacrificio. Es lo que le ocurrió a este necio rico que creyéndose seguro y apoyado en su poder económico se preparó para pasar una vida placentera y dichosa, sin pensar que:

¡Necio! Esta misma noche morirás

Lucas 12, 13-21. Tiempo Ordinario. En las buenas y en las malas contemos con Dios, con Él todo se puede.
Autor: P. Luis Gralla | Fuente: Catholic.net
Lucas 12, 13-21

En aquel tiempo, dijo uno de la gente a Jesús: Maestro, di a mi hermano que reparta la herencia conmigo. Él le respondió: ¡Hombre! ¿quién me ha constituido juez o repartidor entre vosotros? Y les dijo: Mirad y guardaos de toda codicia, porque, aun en la abundancia, la vida de uno no está asegurada por sus bienes. Les dijo una parábola: Los campos de cierto hombre rico dieron mucho fruto; y pensaba entre sí, diciendo: "¿Qué haré, pues no tengo donde reunir mi cosecha?" Y dijo: "Voy a hacer esto: Voy a demoler mis graneros, y edificaré otros más grandes y reuniré allí todo mi trigo y mis bienes, y diré a mi alma: Alma, tienes muchos bienes en reserva para muchos años. Descansa, come, bebe, banquetea." Pero Dios le dijo: "¡Necio! Esta misma noche te reclamarán el alma; las cosas que preparaste, ¿para quién serán?" Así es el que atesora riquezas para sí, y no se enriquece en orden a Dios.

Reflexión


Cuentan que en una ocasión murió el señor más rico y conocido de todo el mundo, y al llegar al cielo vio una gran cantidad de castillos y palacios. Se preguntaba en cuál de ellos habitaría: “Quizá en aquel que tiene seis torres, o este otro que tiene techos de oro”. Al ver a su ángel le dijo: “ Sin duda que aquel que tiene seis torres es el mío, pues como yo fui el hombre más famoso y rico de la tierra, ese debe ser el lugar donde viviré, además con todo mi dinero lo podía haber construido”. Sin embargo, el ángel le dijo: “ Lamento defraudarte, pero su sitio es aquel del fondo, esa casita con cuatro palos a punto de caerse, pues eso fue lo único que le pudimos construir con las cosas que atesoró para el cielo”.

Pongámonos por un momento en el lugar de este señor. Cuántas veces nosotros también atesoramos para la tierra y no para el cielo. Nos confiamos en el éxito de un examen, de un negocio, en la compra o venta de algún objeto. Preguntémonos ¿Cuántas veces ante un bienestar humano, en lugar de acercarnos más a Dios nos hemos alejado? ¿Por qué en ocasiones nos sucede que cuantos más bienes materiales tenemos sentimos menos necesidad de acudir a Dios? Y al contrario, cuando todo nos falla, cuando los amigos nos traicionan, cuando en el estudio o en el trabajo las cosas marchan mal, cuando el dinero no alcanza para pagar el colegio de los hijos, -y cada cual ponga su situación personal-, es cuando parece que tenemos más necesidad de Dios.

Esta es la lección que Cristo nos quiere dejar hoy. Que en las buenas y en las malas contemos con Él. Con el que TODO lo puede. Con el que nos ha creado por amor, para hacernos felices en el amor a Él por encima de todo. El secreto del éxito en nuestra vida está en querer lo que Dios quiere de nosotros, pues Él sólo quiere para nosotros lo mejor.

Que nuestro propósito para este día sea estar invariablemente unido a Cristo, a Dios. Que ante los éxitos de hoy sigamos unidos y confiados en Cristo de la misma manera que si recibimos desilusiones y fracasos.


martes, 27 de julio de 2010

PUNTOS DEL CATECISMO MEDITADOS POR EL PADRE JESÚS.


PRIMERA PARTE LA PROFESIÓN DE LA FE

PRIMERA SECCIÓN «CREO»-«CREEMOS»
CAPITULO SEGUNDO,

DIOS AL ENCUENTRO DEL HOMBRE
Artículo 1 LA REVELACIÓN DE DIOS

RESUMEN

nº 68 al 73

68 Por amor, Dios se ha revelado y se ha entregado al hombre. De este modo da una respuesta definitiva y sobreabundante a las cuestiones que el hombre se plantea sobre el sentido y la finalidad de su vida.
69 Dios se ha revelado al hombre comunicándole gradualmente su propio Misterio mediante obras y palabras.
70 Más allá del testimonio que Dios da de sí mismo en las cosas creadas, se manifestó a nuestros primeros padres. Les habló y, después de la caída, les prometió la salvación (cf. Gn 3,15), y les ofreció su alianza.
71 Dios selló con Noé una alianza eterna entre El y todos los seres vivientes (cf. Gn 9,16). Esta alianza durará tanto como dure el mundo.
72 Dios eligió a Abraham y selló una alianza con él y su descendencia. De él formó a su pueblo, al que reveló su ley por medio de Moisés. Lo preparó por los profetas para acoger la salvación destinada a toda la humanidad.
73 Dios se ha revelado plenamente enviando a su propio Hijo, en quien ha establecido su alianza para siempre. El Hijo es la Palabra definitiva del Padre, de manera que no habrá ya otra Revelación después de El.

Meditación:

    PRIMERA PARTE LA PROFESIÓN DE LA FE,

    PRIMERA SECCIÓN «CREO»-«CREEMOS»

    CAPÍTULO SEGUNDO:
    DIOS AL ENCUENTRO DEL HOMBRE

    RESUMEN

    nº 68 al 73

Dios todo lo ha hecho y lo hace por Amor. Y por este mismo Amor se ha revelado a las personas; la Revelación es un acto de Amor de Dios al hombre.

Por obras y palabras, la revelación de Dios nos ha sido dada por Dios mismo, desde el principio de la Historia.


La alianza de Dios a los hombres, es esta mano amiga que necesita el hombre para levantarse y proseguir en la ruta de su salvación. El hombre, sin Dios permanece postrado eternamente. Agarrarse a la mano de Dios es aceptar su Salvación, es aceptarlo como Dios y entregarse a Él, para que se haga su voluntad en el hombre, y su voluntad es salvarlo. ¡Eso no lo dudéis jamás ¡jamás! Dios salva al hombre, por ser Dios y Hombre verdadero, por ser Dios. Ya Dios es hombre por siempre jamás, por tener vida por María, Dios es hombre siendo Dios. Tenemos un Dios Hombre, que nos lleva a su Reino de los Cielos, y hace que nuestra naturaleza humana, otro día viva en cuerpo glorioso, porque Jesús, que es Dios, abrió el camino para recorrerlo con él y dar la salvación a todo hombre que crea en su Revelación.

P. Jesús

Resonancia:

El hombre en lo más profundo de su ser desea amar y sentirse amado. Sólo cuando ama y se siente amado es feliz, pero ansía mantener esa felicidad eternamente, porque lo que no es eterno no puede contener la plena felicidad. Por lo tanto, el hombre se siente un ser que necesita amar y ser amado y deseoso de alcanzar la eternidad. Y eso sólo se lo puede dar su PADRE DIOS.

Por eso, Nuestro PADRE DIOS nos ha creado a su imagen y semejanza: "somos fiel reflejo de nuestro PADRE y en nuestro querer y ser no podemos negarlo. Queramos o no tenemos un PADRE que nos quiere y nos salva para darnos lo que realmente queremos: ser gozosos eternamente.

lunes, 26 de julio de 2010

PUNTOS DEL CATECISMO MEDITADOS POR EL PADRE JESÚS.


PRIMERA PARTE LA PROFESIÓN DE LA FE

PRIMERA SECCIÓN «CREO»-«CREEMOS»
CAPITULO SEGUNDO,

DIOS AL ENCUENTRO DEL HOMBRE
Artículo 1 LA REVELACIÓN DE DIOS

III Cristo Jesús, «mediador y plenitud de toda la Revelación»(DV 2)

No habrá otra revelación nº 67

67 A lo largo de los siglos ha habido revelaciones llamadas "privadas", algunas de las cuales han sido reconocidas por la autoridad de la Iglesia. Estas, sin embargo, no pertenecen al depósito de la fe. Su función no es la de "mejorar" o "completar" la Revelación definitiva de Cristo, sino la de ayudar a vivirla más plenamente en una cierta época de la historia. Guiado por el Magisterio de la Iglesia, el sentir de los fieles (sensus fidelium) sabe discernir y acoger lo que en estas revelaciones constituye una llamada auténtica de Cristo o de sus santos a la Iglesia.
La fe cristiana no puede aceptar "revelaciones" que pretenden superar o corregir la Revelación de la que Cristo es la plenitud. Es el caso de ciertas Religiones no cristianas y también de ciertas sectas recientes que se fundan en semejantes "revelaciones".

Meditación:

    PRIMERA PARTE LA PROFESIÓN DE LA FE,

    PRIMERA SECCIÓN «CREO»-«CREEMOS»

    CAPÍTULO SEGUNDO:
    DIOS AL ENCUENTRO DEL HOMBRE

    III Cristo Jesús, «mediador y plenitud de toda la Revelación»(DV 2)

    No habrá otra revelación nº 67

Todo es sabido por la Iglesia Católica, porque todo esta revelado, por eso nadie puede cambiar la Revelación ya dada por Dios mismo. Y las revelaciones privadas tienen que estar sujetas a supervisión de los eclesiásticos competentes de la Santa Madre Iglesia Católica.

P. Jesús

Mi comentario:

A lo largo de la historia de la Iglesia, es el ESPÍRITU SANTO quien va revelando todo lo que a la Iglesia, en los Apóstoles y sus sucesores, le falta por saber y completar. Es promesa de JESÚS en su ascensión a los Cielos.

Hoy, en el Papa, Benedicto XVI, tenemos esa continuidad, desde Pedro, y esa Revelación , según el ESPÍRITU, que la Iglesia va revelando por la Palabra Viva del SEÑOR.

miércoles, 21 de julio de 2010

EL PELIGRO DEL ACTIVISMO.


La medida que usamos para cuantificar nuestra eficacia está siempre relacionada con la cantidad y la rentabilidad de lo realizado. De tal forma, que según las cosas que hayamos hecho durante el día nos sentiremos satisfecho o no, sin embargo, escapa a nuestra reflexión el preguntarnos por, no tanto la cantidad que la calidad. Es decir, lo que importa no es el cuanto sino el cómo de lo mucho o poco que hayamos hecho.

La verdadera medida es hacer lo que hacemos, bien y con el mayor entusiasmo y amor del que seamos capaces. Sólo tiene valor la cantidad de amor que hayamos puesto en lo que hayamos hecho, y si, realmente, lo hemos hecho por y para amar. Porque, al final, sólo eso va a valer su precio en oro, ya que todos los demás intereses que lo muevan son partidistas y egoístas. El amor, del que aquí hablamos y al cual nos referimos, es el que damos gratuito, tal como lo hemos recibido, porque de media otro interés ya no sería amor puro, sino amor interesado.

La eficiencia, en ocasiones, nos obsesiona. Queremos rendir más, aprovechar a fondo el tiempo, atender varios asuntos a la vez, conquistar metas y más metas. subir, trepar, acaparar la atención y centro de los demás...etc. Ansiamos destacar y que se nos premie ese esfuerzo y, sin darnos cuenta, olvidamos lo esencial: hacer las cosas por amor.

En el torbellino de todo ese activísimo nos dejamos coger por el tren de todo lo que hemos hecho a lo largo del día. Desde el excelente editorial que leímos a primeras hora de la mañana, el desayuno consumido rápidamente, la hora exacta y puntual a la que nos incorporamos al trabajo, el haber terminado 10 asuntos pendientes, el haber respondido a más de 25 mensajes del email y...etc.

Sin embargo, hay algo que nos dice que no estamos satisfechos, al menos del todo, porque, quizás, todas esas cosas no han sido hechas con verdadero amor. Queda un vacío en mi interior que me dice que en esa carrera vertiginosa, se han quedado cosas muy importantes, cosas que nunca mueren, que no caducan, porque lo hecho con amor deja siempre el recuerdo eterno de lo que siempre queda.

Es posible, como le pudo ocurrir a Marta, la hermana de María, que vivamos con la agenda repleta de compromisos y con un gran vacío en el corazón. Quizá nos ocurre eso porque la avalancha de actividades nos ha alejado de lo más importante, porque hemos perdido la brújula y no sabíamos exactamente hacia dónde queríamos llegar. Buscamos sin saber que buscamos.

Sí, sabemos que andamos detrás de la felicidad, poque ella buye en nuestro interior, pero no sabemos dónde debemos buscarla. Pararnos y reflexionar un poco; escuchar y sentarnos a lo pies de Quien puede alumbrarnos y orientar nuestro camino se hace como muy necesario: "Lo más importante". Hemos sido creado para algo mucho más grande, más noble, más profundo, más hermoso. La verdadera vocación del hombre está no en el hacer, sino en el amar.

Juan Pablo II lo explicaba con estas palabras: "El hombre no puede vivir sin amor. Él permanece para sí mismo un ser incomprensible, su vida está privada de sentido si no se revela el amor, si no se encuentra con el amor, si no lo experimenta" (Redemptor hominis, nº 10).

Nuestra plenitud no está en la técnica, ni en la televisión, ni en Internet, ni en los crucigramas, ni en la conquista de una buena forma física, ni en la dieta, ni en la lectura de novelas apasionantes o de libros de ciencia. Nuestra plenitud está en aprender a vivir según nuestra naturaleza íntima, profunda: según el plan de DIOS, que nos hizo por amor y nos invita cada día a amar.

Por lo tanto, la pregunta, nuestra pregunta debe de ir, en la dirección que JESÚS le respondió a Marta: "Marta, Marta: andas inquieta y nerviosa con tantas cosas: sólo una es necesaria. María ha escogido la parte mejor, y no se la quitarán".

No vale la pena afanarse tanto en hacer y hacer, sólo hay una única cosa importante: "Lo que se hace con amor , que es lo que nos hace posible descubrir nuestra propia felicidad para toda la eternidad".

martes, 13 de julio de 2010

PUNTOS DEL CATECISMO MEDITADOS POR EL PADRE JESÚS.


PRIMERA PARTE LA PROFESIÓN DE LA FE
-PRIMERA SECCIÓN «CREO»-«CREEMOS»
-CAPITULO SEGUNDO, DIOS AL ENCUENTRO DEL HOMBRE

Artículo 1 LA REVELACIÓN DE DIOS

III Cristo Jesús, «mediador y plenitud de toda la Revelación»(DV 2)

No habrá otra revelación nº 66

66 "La economía cristiana, como alianza nueva y definitiva, nunca cesará y no hay que esperar ya ninguna revelación pública antes de la gloriosa manifestación de nuestro Señor Jesucristo" (DV 4). Sin embargo, aunque la Revelación esté acabada, no está completamente explicitada; corresponderá a la fe cristiana comprender gradualmente todo su contenido en el transcurso de los siglos.

Meditación:

No habrá otra revelación nº 66

Dios habló con su Hijo, el Verbo encarnado, Jesús de Nazaret, el Mesías Salvador. Todo esta dicho por Dios, porque Dios mismo cumplió con su venida al mundo, la revelación. Pero dijo Jesús que aún faltaban muchas cosas por conocer y que el Espíritu Santo se ocuparía de esta labor, la de consolar e instruir, la de unir en un sólo pueblo a los salvados.

P. Je