lunes, 3 de febrero de 2014

INTERESES Y BIENESTAR

(Mc 5,1-20)


Lo que prima en nuestra sociedad son los intereses materiales. Un programa político, lo primero que mira es la economía, el empleo, los sueldos y pensiones; la sanidad, la educación pensando más en lo profesional que los valores y poco se deja para el espíritu. Es lo que ven nuestros ojos primero y a lo que damos la mayor importancia.

Sin embargo, esas cosas materiales son caducas y desaparecerán tarde o temprano, más las espirituales permanecerán siempre, pero no las cuidamos ni les prestamos gran importancia. Y siempre ha sido así. A aquella gente le importó más los cerdos que la salud del endemoniado o de otros enfermos. Pero, es que hoy sigue siendo igual o peor.

No interesan los niños concebidos en el seno de sus madres, antes los intereses económicos. No interesa el hambre y la esclavitud de muchos niños y mayores que padecen carencias de todo tipo, antes están nuestros intereses y bienestar. Sigue ocurriendo lo mismo que en el tiempo de Jesús. Él puso al hombre antes que el sábado y las leyes, y nosotros lo hacemos al revés, primero las leyes, los intereses y después el hombre.

Para el hombre su egoísmo es siempre lo primero. Busca satisfacerse pero siempre queda insatisfecho e infeliz, y cada vez más vacío y desesperado. Su ceguera es tal que no ve que dentro lleva el secreto de su felicidad y eternidad: un corazón lleno de amor, pero es tanta la basura que le ha echado encima que no lo puede ver.

domingo, 2 de febrero de 2014

SIMEÓN SUPO VERLO


(Lc 2,22-40)

Quizás nosotros tenemos también una señal o aviso de que podemos encontrarnos con el Señor. Posiblemente mucho más fácil que Simeón, porque tenemos la Palabra de Jesús y el testimonio de los Apóstoles. Simeón se dejó guiar por el Espíritu Santo y obedeció su impulso, e iluminado descubrió al Señor Jesús en la presencia del aquel Niño, que con sus padres cumplían la ley establecida.

La pregunta, al menos a mí, que me interpela la Palabra de hoy es: "Me preparo y estoy atento a descubrir el Impulso del Espíritu en mi corazón? ¿Estoy disponible a abandonarme y obedecerle, como Simeón, con mi vida a su servicio?

Señor, dame la Gracia de escuchar tu llamada y de poner mi vida a tus pies para que sea tu Espíritu quien la dirija según tu Voluntad.

sábado, 1 de febrero de 2014

¿POR QUÉ TENGO MIEDO?

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(Mc 4,35-41)


Confieso que tengo fe, pero la vida me descubre que mi fe no es mucha ni tan firme, porque el miedo me supera y me aterroriza. Seguro que si estoy entre aquellos de la barca hubiese dudado del Señor y hasta, quizás, lo hubiese criticado. 

Todavía hoy, después de bastantes años siguiéndole, dudo de su intervención, y hasta de su presencia. Experimento mi pobreza, mis inseguridades, mis miedos, mis dudas, mi pequeñez... Y descubro la necesidad de gratitud, de estarte infinitamente agradecido por descubrirme mi propio yo.

Gracias, Señor, por descubrir mis pecados, mis miserias, mis infidelidades, mis egoísmos, mis apegos, apetencias y comodidades. Gracias por tu Misericordia, por tu perdón, por tu presencia, por tu Luz y por tu Fortaleza, y por tu compañía. Gracias, Señor, por sostenerme, por mantenerme en tu perseverancia, por disipar mis dudas e impulsarme a caminar.

Continua, Señor, aplacando mis tempestades, mis tormentas, mis dudas, mis miedos, mis inseguridades y acrecienta mi fe.

viernes, 31 de enero de 2014

EL REINO DE DIOS

(Mc 4,26-34)
 
El Reino de Dios ha sido sembrado en nuestros corazones. Está impreso en nosotros y sin darnos cuenta crece en nuestro interior. Lo notamos en todas las cosas buenas que hay en el mundo. A veces, a pesar de darle la espalda a Dios, percibimos como en el mundo hay cierto equilibrio que impide el caos absoluto. Nos sorprendemos de, a pesar del pecado, que el mundo abogue por los derechos y la solidaridad. Y se ven muchas campañas solidarias y fraternas.

La semilla crece sin contar para nada con nosotros. Así en el campo la semilla crece noche y día a pesar que nosotros descansemos. Ella seguirá su camino hasta dar frutos. También el Reino de Dios será pequeño en su comienzo, pero se hará grande porque el hombre lo lleva dentro y no se resiste a compartirlo y darlo a conocer.
 
Es verdad que hay una lucha contra el pecado, pero cuando el hombre abre su corazón a la acción del Espíritu Santo, todo se vuelve bueno para el hombre y para su salvación. Y esa semilla la tienen todos los hombres plantadas en sus corazones, y buscan sembrarlas en el mundo con la justicia, la concordia, la solidaridad...sólo que muchos la ahogan y la destruyen por el pecado al apartarse del Señor.

Seamos buena tierra y dejemos que la obra de Dios, sembrada en nuestros corazones dé los frutos esperados.


jueves, 30 de enero de 2014

NO ESCONDAS TU VIDA

(Mc 4,21-25)
 
La moda, las pasarelas, las galerías...etc., son expresiones y actos que tienden a divulgar, proclamar y exhibir sus logros, sus realizaciones y todo su trabajo. Su finalidad es dar a conocer lo que hacen y elaboran. No serían nada no tendría sentido su trabajo si no tuvieran la oportunidad de mostrar lo que hacen.

Las obras y trabajo son para que otros los vean y puedan así usarlos. No valdría para nada si se hiciesen para luego guardarlos en un baúl. Sería algo sin sentido común y totalmente ilógico. De la misma forma, Jesús nos dice hoy en su Palabra que la luz no serviría para nada si se pone debajo del celemín o debajo del lecho, porque su finalidad es alumbrar y en esos lugares no lo harían.

Nuestra vida necesita salir al mundo y alumbrar en el mundo. Alumbrar la justicia, lo honesto, la solidaridad, el respeto, la libertad, el derecho a la vida, a la educación... El derecho a amar y nunca a matar, porque cuando no se ama, se mata. No hay término medio. El desamor enciende el egoísmo y de ahí a anularte y someterte no hay sino un paso.

Hay muchas formas de matar: excluirte, marginarte, someterte, explotarte, no dejarte nacer (aborto), dejarte en la ignorancia, empobrecerte, esclavizarte, inclinarte a los vicios y las pasiones...etc.

La verdadera luz debe alumbrar todas esas muertes y despejarte el camino hacia la liberación.

miércoles, 29 de enero de 2014

SÓLO HAY QUE MORIR

(Mc 4,1-20)

 Es simple, morir y dar frutos. Todo consiste en abrir el surco de nuestro corazón y plantar la semilla del amor para que, abonada con buena tierra, dé los frutos que se esperan de ella. Esa es toda la historia de nuestra vida, plantar la semilla amorosa y recoger frutos de amor.

Sin embargo, la experiencia nos dice que eso no es tan fácil y sí muy difícil, por no decir imposible. Imposible cuando pretendemos realizarlo por nosotros mismos. Se oye mucho: yo sigo al Señor a mi manera, a mi ritmo y según mis posibilidades. Y en cierta medida puede tener algo de verdad, pero cuando abierto a lo que nos sugiere e indica el Espíritu Santo vamos dando los pasos según su Voluntad.

Pero nunca a nuestro antojo o según nosotros planeamos o creemos. Porque nos equivocamos guiados por nuestros egoísmos. Es la tendencia que nos inclina y arrastra hacia mirar para nosotros mismos e impedir que renunciemos a nuestros intereses, placeres, apetencias y gustos. Necesitamos la Gracia del Padre para que podamos ser capaces de enfrentarnos a esa lucha interior con garantías de victoria.

Abona, Señor, el surco de mi corazón empedrado y conviértelo en una tierra dócil y fértil para que dé los frutos que Tú quieres y esperas.

martes, 28 de enero de 2014

¿DÓNDE ESTÁN NUESTROS AMIGOS?

(Mc 3,31-35)


El mundo es ancho y grande pero nosotros lo acortamos de forma que lo reducimos a nuestro círculo más íntimo y familiar. Amigos, familiares, ambiente laboral y profesional u otros comportan el mundo que nos importa y nada más. Todo lo exterior a esos intereses y preferencias lo miramos con cierta indiferencia como si no fuera con nosotros.

Sin embargo, hoy Jesús en el Evangelio nos descubre el criterio de lo que debe ocupar el primer lugar en nuestra vida: Vivir en la preocupación y el esfuerzo de cumplir la Voluntad de Dios. Esa debe ser nuestra máxima preocupación y nuestra primera prioridad. Antes incluso que nuestra propia familia y amigos.

Son, pues, todas las personas las invitadas a pertenecer a la gran familia de Dios, y lo son en la medida que se esfuerzan en cumplir su Voluntad. Él ha venido para revelarnos esa invitación del Padre: ser sus hijos y vivir en sus mandatos, y a ello dedica su vida.

No cerremos nuestra acción a sólo los que pertenecen a nuestra sangre terrenal, sino ampliemos nuestra radio de acción a todos los hombres que son llamados a la Casa del Padre.