martes, 25 de enero de 2022

«ID AL MUNDO Y PROCLAMAD EL EVANGELIO»

 

Dentro de nosotros bulle un deseo de amar. Sin amor la vida pierde su sentido. Necesitamos amar y sentirnos amado. Y ese deseo o impulso vigoroso e irrechazable dentro de nosotros nos anima a actuar con buena intención y con deseos de hacer el bien. 

Si bien, es verdad, crece junto con nosotros la semilla mal intencionada que nos inclina a actuar también de forma egoísta y con malos deseos e intenciones malignas. Indudablemente, el demonio está presente en nuestra vida.

Pero, ese deseo de amar es fuerte y, agarrado al Espíritu Santo – recibido en nuestro bautismo – podemos superar y vencer nuestras esclavitudes y malas inclinaciones a las que nos incita el pecado. De ahí el mandato imperativo de Jesús: «Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación. El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará. Necesitamos abrirnos al Espíritu Santo, y eso hace ineludible y necesario nuestro bautizo. No es lo mismo estar bautizado que no estarlo. La aceptación del bautismo lleva implícito el abrirnos a su acción, y con el Espíritu Santo no puede el demonio.

De esta manera, nuestro simple vivir, desde la cotidianidad de nuestra sencilla y simple vida y en una actitud de verdad y por amor «gratuito» nuestro obrar y sentir reflejarán la presencia del Señor en nuestros simples actos: «Quisiera ser tan bien intencionado y justo que todos aquellos que se acerquen o relacionen conmigo descubran tu presencia, Señor» Son oraciones en la medida que actuamos con una intención obediente y apoyada en la acción del Espíritu Santo. Y es que evangelizas y oras cuando cada instante de tu vida es realizada en y para Gloria de Dios y en el esfuerzo de hacer su Voluntad.

Cada día lo pedimos repetidas veces cuando rezamos el Padrenuestro. Y, posiblemente, cuando actuamos en y con esa buena e intencionada actitud, proclamamos la Buena Noticia.

lunes, 24 de enero de 2022

LA SOBERBIA TE CONDUCE A LA IRRACIONALIDAD

Mc 3,22-30

La mente se ofusca y tu razón se bloquea. Consecuencia: «asombra la cantidad de disparates – productos de la irracionalidad – y sin fundamentos, que dejamos escapar de nuestro descontrolado corazón inconscientes de lo que decimos. La soberbia se apodera de nuestra razón. Es inconcebible llegar a decir que Jesús expulsa demonios en nombre del demonio. ¿Se puede entender esto? ¿Cómo es posible que el jefe expulse a sus soldados? ¡Sería la ruina, la catástrofe y la división!

La respuesta de Jesús a ésta disparatada acusación no se hace esperar: « ¿Cómo puede Satanás expulsar a Satanás? Si un reino está dividido contra sí mismo, ese reino no puede subsistir. Si una casa está dividida contra sí misma, esa casa no podrá subsistir. Y si Satanás se ha alzado contra sí mismo y está dividido, no puede subsistir, pues ha llegado su fin. Pero nadie puede entrar en la casa del fuerte y saquear su ajuar, si no ata primero al fuerte; entonces podrá saquear su casa. Yo os aseguro que se perdonará todo a los hijos de los hombres, los pecados y las blasfemias, por muchas que éstas sean. Pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tendrá perdón nunca, antes bien, será reo de pecado eterno». Es que decían: «Está poseído por un espíritu inmundo».

No cabe duda que en esta respuesta de Jesús se transparente su Sabiduría. Un reino dividido está destruido. Y, ese forzudo – demonio – que trata de seducirnos y – siendo su poder más fuerte que el nuestro – intenta derrotarnos, nada podrá hacer con Jesús, cuyo Poder y Autoridad están por encima del demonio. Fue vencido en el desierto y, por supuesto, en la Cruz. 

Ahora, todos nuestros pecados quedan perdonados – Palabra del Señor – pero, el rechazo y la blasfemia contra el Espíritu Santo serán imperdonables. Y lo es, porque, precisamente es el Espíritu Santo el que nos fortalece, nos mueve y nos activa a abrirnos a la Misericordia que nuestro Padre Dios nos regala. Y sin su concurso y acción no podemos encontrar ni aceptar ese perdón misericordioso. Ese fue el caso de muchos fariseos que, endurecidos sus corazones, negaban la acción del Espíritu de Dios

domingo, 23 de enero de 2022

TODO LO PROFETIZADO EN EL ANTINGUO TESTAMENTO, SE CUMPLE EN JESÚS EN EL NUEVO

 

Nada se había dejado al azar. Todo lo profetizado por los Profetas del Antiguo Testamento estaba pensado y anunciado para que se cumpliera en el Nuevo. Y se cumpliera en Jesús de Nazaret. Así lo describe y narra el Evangelista Lucas refiriéndose a Teófilo: (Lc 1,1-4; 4,14-21): Puesto que muchos han intentado narrar ordenadamente las cosas que se han verificado entre nosotros, tal como nos las han transmitido los que desde el principio fueron testigos oculares y servidores de la Palabra, he decidido yo también, después de haber investigado diligentemente todo desde los orígenes, escribírtelo por su orden, ilustre Teófilo, para que conozcas…

Era lógico que la fama de Jesús se extendiera como la pólvora. Su autoridad entre lo que dice y lo que hace es única, y todo su obrar tiene cumplimiento. Acudió a Nazaret – donde se había criado – y, como costumbre, entra en la sinagoga en sábado. Allí le entregan el rollo del Profeta Isaías y, desenrollándolo, encuentra el pasaje donde estaba escrito: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor». Enrollando el volumen lo devolvió al ministro, y se sentó. En la sinagoga todos los ojos estaban fijos en Él. Comenzó, pues, a decirles: «Esta Escritura, que acabáis de oír, se ha cumplido hoy».

Lo verdaderamente importante no es quedarnos aquí, sino mirarnos y ver que pensamos nosotros hoy y donde estamos. ¿Qué nos dice la Palabra? ¿La escuchamos? ¿La reflexionamos? ¿Tenemos también nosotros al Espíritu? ¿No adviertes que tú – también yo – lo hemos recibido en nuestro bautismo? ¿Y le ponemos escucha y atención a lo que nos sugiere y nos dice? Tengamos muy presente que también el Espíritu de Dios está sobre nosotros. Y, en cada momento de tu vida, aunque no lo percibas, se cumple esta escritura: Tu compromiso de anunciar la Buena Notica a los pobres.

sábado, 22 de enero de 2022

ASEDIADO POR EL GENTÍO

 

El Evangelio de Marcos resalta como el gentío buscaba desesperado a Jesús. Su fama de curar toda enfermedad, expulsar espíritus inmundos, sanar leprosos, devolver la vista y, sobre todo la vida, llevo al mundo de su época a asediarle hasta el punto de que no le dejaban ni tiempo para comer. Así lo describe Marcos en su Evangelio: (Mc 3,20-21): En aquel tiempo, Jesús volvió a casa y se aglomeró otra vez la muchedumbre de modo que no podían comer.

Ante tal atropello, su familia – preocupada por la seguridad de Jesús – entiende que su Vida corre cierta amenaza y peligro, y tratan de disuadirle. Le busca para que se retire y se aparte de ese compromiso que Él anuncia con tanto empeño y, dando muestras aparente de estar fuera de sí. Es evidente que no le entendían. Y hoy, sigue sucediendo lo mismo. Muchos no le entienden, y otros no le siguen porque eso les complican sus vidas. Sería bueno y conveniente reflexionar sobre nuestra propia postura. ¿Dónde nos encontramos nosotros? ¿Estamos también nosotros dispuestos hasta el extremo de entregar nuestra vida?

La actitud de Jesús, por la acción del Espíritu Santo, que dirige a su Iglesia – Colegio Apostólico – sabemos cuál ha sido. Su compromiso de Amor, enviado, y libremente aceptado, por su Padre, ha sido el de anunciar la Buena Noticia. Una Noticia donde el Amor es el centro de la vida que vive en la verdad y la justicia. Un Amor que nos salva por la Infinita Misericordia de Dios que, en Jesús, tiene su mayor expresión y compromiso. Jesús conoce y sabe cuál es su camino y no desiste. Está entregado a cumplir la Voluntad del Padre hasta el extremo de entregar su propia Vida. Y, por sus Méritos – Pasión, Muerte y Resurrección, gana para nosotros la Gloria de la Vida Eterna junto al Padre.

viernes, 21 de enero de 2022

LA ELECCIÓN

 

Sólo lo sabe Él y su Padre del Cielo. Había estado antes en larga oración y escucha y, cuando lo decide, elige a los doce – de entre todos sus discípulos – para que formen con Él ese grupo apostólico que dará nacimiento a la Iglesia, nuestra Santa y Madre Iglesia.

¿Cuál fue el criterio de la elección? Sólo lo sabe quién es capaz de conocer y saber el pensamiento más profundo que vive en el corazón humano. Y, en consecuencia, sabe de tus pensamientos, tus capacidades, tu disponibilidad, tu entrega y…etc. Sabe lo que has recibido – Mt 25, 14-30 – y lo que, en el ejercicio de tu libertad, puedes dar. No quiere ni pide más de ti, simplemente que, lo que has recibido lo compartas, lo ofrezcas y lo entregues de la misma forma que Él te lo ha dado, gratuitamente y por amor.

Supongo y quiero pensar que de esa forma, Jesús, el Señor, eligió a sus doce más inmediatos colaboradores. Los conocía perfectamente y en profundidad, como también nos conoce a cada uno de nosotros. A ti y a mí también nos llama. Y eso nos exigirá indagar, mirarnos y buscar dentro de nuestro corazón lo que hemos recibido. El camino, el riesgo, en atrevimiento y la buena intención, siempre abiertos a la acción del Espíritu Santo, nos indicará, tanto lo que tenemos que hacer, como donde podemos y tenemos que esforzarnos. Mirar nuestros talentos recibido será lo primero que tenemos que pedirle al Señor:   ¡Señor, ayúdame y enséñame a descubrir los talentos o pobrezas que me has dado para ponerlos en tu presencia y en beneficio de todos mis hermanos en la fe!

No podemos negarnos, y menos conformarnos con conservarlo y enterrarlos. Es de sentido común que se nos pedirá cuenta, porque, todo lo que tú no hagas – en bien de los demás – quedará sin hacer, al menor por ti. Y será tu responsabilidad. ¿No sientes ese deseo profundo de amar, de hacer el bien? ¿No se inunda tu corazón de felicidad cuando experimentas que has ayudado a alguien? ¿O, simplemente cuando eres capaz de perdonar? Luego, ¿no descubres que es en el Amor donde realmente está la felicidad?

Te por seguro que Jesús también te ha elegido a ti, Su invitación al bautismo te lo señala claramente. Ahora, te toca a ti descubrir cuál es tu cometido y tu misión. Para eso has recibido al Espíritu Santo en la hora de tu bautismo