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sábado, 15 de febrero de 2025

DE NUESTRO POCO, A LO MUCHO

El camino va desde lo pequeño a lo grande. Dios se vale de lo poco que tenemos para hacerlo grande. Se trata de ponernos en manos de nuestro Padre Dios para que lo poco que tenemos, Dios, nuestro Padre, lo haga grade y capaz de saciar a todos. Ahora, la condición queda bien clara, hay que poner en su mano todo lo que somos y tenemos.

Expresado de otra manera. No podemos dar migajas, aquello que no utilizamos, lo que nos sobra y quizás tiramos o desperdiciamos. Lo válido y correcto, es decir, la generosidad y compasión empieza por poner en la mesa todo de lo que disponemos. Después se repartirá para que alcance a todos.

Y es de eso de lo que realmente se trata, de poner cada cual de lo que tenga al servicio de quienes lo necesitan. Claro, luego, habrá quienes se aprovechan y toman mas de lo necesario, y quienes, no dan nada y cogen de lo que dan los demás. Posiblemente habrá de todo, pero eso son otras cosas que sólo Dios arreglará cuando llegue su momento. A nosotros nos corresponde ahora tratar de ser compasivos y misericordiosos y de pedirle al Señor que nos dé la Gracia de ser misericordiosos, compasivos y generosos dando todo lo que podamos para bien de los demás. Y no sólo en especie, sino también en tiempo y espíritu.

jueves, 23 de enero de 2025

UN MESÍAS BONDADOSO Y COMPASIVO

Jesús no puede estar ya sólo. La gente le sigue, le busca y le rodean. Han oído y saben por muchos que cura y sana a la gente enferma. Todos los que padecen de algo acuden a Él, tratan de tocarlo esperanzados en ser curados. Muchos incluso le gritaban: «Tú eres el Hijo de Dios».

Han pasado más de dos mil años, y, quizás de otra manera, pero muy parecida, muchos se acercan al Señor buscando solucionar sus problemas o enfermedades. Y Jesús no ha venido para aliviar nuestras cruces, ni tampoco a solucionar nuestros problemas. Ha venido para dar sentido a nuestras vidas, y para que podamos aceptar con esperanza nuestros problemas y enfermedades para luego, si creemos en su Palabra, disfrutar eternamente junto a Él en la Casa del Padre.

En consecuencia, nuestra meta no está en este mundo. Por lo tanto, llegará un momento que lo tendremos que dejar. Bien sea porque la edad así nos lo exige, por una temprana enfermedad o accidente de cualquier tipo. Y nuestro camino no termina ahí, vamos a la verdadera vida, que no acaba nunca, que es eterna. Y en la que nuestra situación dependerá de cómo hayamos vivida en esta.

Por tanto, esa es nuestra esperanza. Sabemos, por la Palabra de su Hijo, nuestro Señor Jesucristo, que nuestro Padre Dios es bondadoso y compasivo, y su Misericordia es Infinita, y, apoyados y esperanzados en su Infinito Amor, acudimos a Él.