lunes, 25 de noviembre de 2013

NO IMPORTA LA CANTIDAD SINO LA CUALIDAD


(Lc 21,1-4)


No es mejor quien hace más cosas, sino quien las hace de corazón. No se trata de cuantificar ni de poner precio a las cosas, sino de valorarlas por sus buenas intenciones y la bondad de sus actos. Así, lo importante no es la cantidad, sino la cualidad.

Aquellos ricachones ponían sus dineros copiosos en el platillo para ser vistos y para quedar como verdaderos mecenas ante los demás. Era dinero que les sobraba y que, quizás habían ganado con el sudor de otros, pero sus intenciones no eran compartir sino repartir algo de lo que tenian mucho. Sus apariencias de buenas personas quedaba al descubierto por la sabiduría de Jesús que así lo advierte.

Sin embargo, aquella pobre viuda, que muy poco tenía, comparte lo que tiene y lo hace con la sana y buena intención de compartir con los que no tienen. Y eso queda reflejado a la luz de la mirada de Jesús. No importa lo que hagas, porque tu corazón es contemplado por la mirada de Dios, y en él está escrito tus buenas o malas intenciones.

Todo emergerá a la luz, y tanto lo escondido como lo aparentado serán puesto encima de la mesa. Así que mejor actuar con el corazón y no con las apariencias. Y, suele suceder, las grandes obras empiezan por pequeñas acciones que, en el trascurso del tiempo, se convierten en hábitos y buenas actitudes.

domingo, 24 de noviembre de 2013

ENVIDIA SANA

(Lc 23,35-43)


Ser envidioso es malo, sobre todo porque la envidia, como dice San Agustín, es la causa que produce la soberbia. Pero en este caso, no es una envidia ensoberbecida, sino del deseo de ser llamado por Jesús a estar con Él: «Yo te aseguro: hoy estarás conmigo en el Paraíso».

Porque esa es nuestra meta, el final de nuestro camino: "Llegar a estar con el Señor para siempre". Y nos parece fácil como lo logró el buen ladrón: Unas simples palabras y ya está. Sin embargo, el profundo arrepentimiento y acto de fe que se libró dentro de su corazón tuvo que ser durísimo y fuerte. No cabe duda que ahí intervino el Espíritu Santo, pero sus intervenciones siempre están precedidas por la libre aceptación y disposición de tu propia libertad.

Porque, por la Gracia de Dios, somos libres, y esa libertad la respeta el Espíritu totalmente. De forma, que si tú no quieres, Él no entra. Así que previamente a su acción, podemos aceptar o no. Y esa es la grandeza del buen ladrón. Mientras el otro rechazaba que Jesús aceptará su Pasión y Muerte, y le tentaba a liberarse y liberarlos, él reconocía sus pecados y pedía su Misericordia.

Una vez más, el Espíritu nos señala el camino por donde debemos caminar para encontrarnos con el Señor. 

sábado, 23 de noviembre de 2013

CUANDO TRATAS DE JUSTIFICARSE

(Lc 20,27-40)

Es lo que sucede cada vez que nuestra soberbia o suficiencia nos impide aceptar la verdad. Queremos dominar y saber más que la Verdad. No nos sometemos a ser dominados. Queremos imponernos. Y es cuando aparece nuestro incosciente autoengaño: "Nos autoengañamos", y buscamos ejemplos o situaciones que nos puedan explicar como tenemos razones para pensar y creer de esa forma.

No es, este nuestro mundo, igual al mundo, por llamarlo así, que estamos llamados. No sabemos, ni podremos saber que nos tiene Dios preparado. Sería, de saberlo, limitar la sabiduría de Dios, y nuestro Padre Dios es Omnipotente e Infinito, y no podemos abarcarlo ni llegar a comprenderlo. Menos entender como seremos o estaremos en el otro mundo.

Aceptamos, por nuestra fe y confianza en su Hijo Jesús, lo que Él nos dice con su Palabra: «Los hijos de este mundo toman mujer o marido; pero los que alcancen a ser dignos de tener parte en aquel mundo y en la resurrección de entre los muertos, ni ellos tomarán mujer ni ellas marido, ni pueden ya morir, porque son como ángeles, y son hijos de Dios, siendo hijos de la resurrección.

El Señor tiene Palabra de Vida Eterna.

viernes, 22 de noviembre de 2013

TAMBIÉN HOY HAY PROFETAS QUE NO QUEREMOS VER


(Lc 19,45-48)

Todos los tiempos han sido tiempos de profecía. El camino de salvación está marcado por los designios de Dios que nos va guiando hacia Él. Y cada momento de la historia de ese camino está alumbrado por voces que, en el Espíritu Santo, han gritado y descubierto la vereda por donde se debe ir.

Hoy, yo no me atrevo a señalarlo, hay también voces dentro de la Iglesia o fuera de ella, que gritan y hacen gestos de orientación por donde debe transcurrir el camino hacia la Casa del Padre. De tomar otra vereda podemos perdernos y retrasar nuestra llegada a la verdad o perderla para siempre.

Debemos estar muy atentos, avivar nuestros oídos y encender nuestra escucha, pero sobre todo dejar guiarnos por el Espíritu que sopla y se mueve por y en donde quiere.  Mi Casa es Casa de oración, pero quizás nosotros la estamos convirtiendo también en casa de nuestra oración, no la que quiere el Padre.

Porque orar es dejarnos hacer y actuar en la Voluntad de Dios, no en la nuestra.

jueves, 21 de noviembre de 2013

UN MUNDO DE LÁGRIMAS, PERO TAMBIÉN DE ESPERANZAS

(Lc 19,41-44)


No cabe duda que el mundo en el que vivimos lo podemos mirar desde diversos ángulos o ventanas, que nos depararán diferentes vistas y perspectivas. Así, descubrimos un mundo lleno de resentimientos, de odio, de luchas fratricidas, sangrientas, de guerras y enfrentamientos consecuencias del poder y la ambición.

Pero también, un mundo donde las apariencias y los egoísmos hacen su papel de corrupción, de fraudes, de mentiras, de explotaciones, sometimientos, esclavitudes, desuniones, abortos, eutanasia...etc. Un mundo que no hay por donde cogerlo. 

Apoyados en esa ventana y viendo lo que vemos, nuestras lágrimas inunda nuestras mejillas y sentimos decepción y compasión. Sin embargo, hay otra ventana que nos inunda de esperanza y de luz. Jesús, el Hijo de Dios vivo, ha pagado con su Compasión y Misericordia, entregando su Vida, el precio de la paz; el precio de la concordia y la fraternidad; el precio para que los hombres descubran donde se encuentra lo que tanto buscan en lugares de muerte; el precio del Amor que nos salva.

Lloremos de alegría y de esperanza, porque en, por y con Jesús hemos visto la Luz de nuestra salvación.

miércoles, 20 de noviembre de 2013

TENEMOS UN TIEMPO PARA RENDIR LO RECIBIDO


(Lc 19,11-28)


El tiempo es el espacio donde tenemos la posibilidad de lograr que nuestra vida sea gozosa y para siempre. Pedir esta gracia es nuestro mayor tesoro. Hagámoslo. 

Y hoy tenemos esa oportunidad, porque Jesús nos descubre que lo recibido, todos nuestros talentos y cualidades son para ponerlas a rendir en función de los demás. No podemos guardar las cosas para nuestra seguridad y provecho, sino que tenemos que arriesgarlas y negociarlas para el bien de todos.

Así, el tiempo de nuestra vida, hasta que el Señor nos llame, está destinado y misionado para hacer realidad esos dones, talentos o cualidades que el Señor ha puesto en nuestras manos. De modo que cruzarse de brazos es negarse a negociar los talentos recibidos.

Y desde aquí, ¿cómo pueden los hombres y mujeres atreverse a quitarles ese tiempo de sus vidas a muchos niños inocentes vivos en el vientre de sus madres? ¿Cuánto bien han podido quitar en uno u otro sentido? Porque para muchos podría ser ese el cometido de su vida, velar por la vida de ese niño.

 La Palabra nos lleva hoy a reflexionar sobre nuestras cualidades. ¿Las estamos poniendo al servicio de los demás?





martes, 19 de noviembre de 2013

¿ME PONGO EN LUGAR DE ZAQUEO?

(Lc 19,1-10)


Las palabras cuando se escuchan, si no tomas tú su lugar, ellas siguen y se van movidas y balanceadas por el viento. Sólo se pararan y anidaran cuanto tú las detengas y las acojas en tu corazón. Así si tendrán vida y actuarán en tu vida. Creo que muchas palabras que han pasado por mi vida han tomado la dirección que le viento les ha dado. Pocas se han hospedado en mi corazón. Sólo se me ocurre decir: ¿Dios mío, gracias porque sé que me perdonas".

Pero, no por eso no dejo de sentir vergüenza, mucha vergüenza, y más cuando descubres que te das cuenta. Quizás, de todas las que se han ido, no tenga mucha responsabilidad, pues no había caído en la cuenta. Pero de las de hoy en adelante empezaré a temblar, porque la Palabra actúa cuando tu la acoges e impides que el viento se la lleve.

Hoy mi nombre es Zaqueo. El Señor en él me llama a mí y se autoinvita a comer conmigo. Me dirás muchas cosas, que si abro mi corazón empezaré a oírlas. Pero, ¿tendré el valor de actuar como Zaqueo? Tiemblo porque mi compromiso se tambalea y mis fuerzas quedan en ridículo. Sin embargo, sé que el Espíritu Santo sigue ahí, quizás con una sonrisa compasiva y misericordiosa, pero animándome a que con Él puedo lograrlo. Jesús no nos pide cosas imposible, sino las que su Padre les ha dicho.

Intentar, esforzarnos, orar y pedírselo es el reto y compromiso adquirido. De repente, experimentas que la vida cambia, que la oración se fortalece; que la necesidad de buscarle, de alimentarte de su Vida, de hablar y agarrarte a Él es lo primero, lo más importante de tu vida. Claro, así la ilusión, a pesar de todas las dificultades, crece y aumenta y experimentas como Zaqueo que puedes llegar a compartir y repartir tu vida y tus bienes con los demás. 

La Gracia del Señor se encargará del resto al que tú ni yo llegamos.