viernes, 4 de febrero de 2022

¿TE HAS PREGUNTADO, QUIÉN ES REALMENTE JESÚS?

 

¿Alguna vez te has parado para plantearte seriamente quien es Jesús? Seguramente, has oído hablar de Él y, posiblemente, has hablado de Él y has dado tu opinión. Pero, realmente, ¿le conoces? ¿Te has interesado en saber qué ha dicho y hecho? ¿Puedes dar una opinión contrastada y razonada sobre su Persona? ¿O, simplemente, hablas de lo que oyes y te parece o conviene?

Algo así sucedió también en su tiempo. Herodes oía hablar de un tal Jesús y pensó que sería el espíritu de Juan el bautista – a quien él había mandado cortarle la cabeza, según narra el Evangelio de – Mc 6, 14-29 – que había resucitado y poseía poderes milagrosos. Otros pensaban en que era Elías o algún Profeta parecido a los del Antiguo Testamento. Al parecer había opiniones para todos los gustos.

Pero, hoy sigue sucediendo lo mismo. Se habla, se dice y se opina según se oye, pero no se indaga, se busca, se lee y se informa que dice la Escritura acerca de Jesús. Todos saben, sin ni siquiera conocer su Vida, dar una opinión y hablar de su Persona. Incluso, le rechazan y le dan la espalda sin saber nada de Él ni de lo que nos propone. Y muchos que saben lo que proponen y conocen sus obras y milagros tienen endurecido sus corazones y se cierran a su mensaje. Esa es la realidad en la que nos encontramos en esta hora y en este mundo.

Mi respuesta es que Jesús es el Hijo de Dios. Es el Dios encarnado en naturaleza que ha venido al mundo para enseñarnos y señalarnos el Camino de liberación al que estamos – por el pecado – sometidos y esclavizados. Y lo hace entregando su Vida voluntariamente y gratuitamente por amor. Ahora, ¿qué hago yo? Pues, humildemente tratar, asistido y en manos del Espíritu Santo, esforzarme y tratar de responder a lo que Dios me pide y me ha dado. Y, por supuesto, confiando en su Infinita Misericordia.

jueves, 3 de febrero de 2022

UNA PROPUESTA DE AMOR

 

No se trata de imponer sino de proponer. La Buena Noticia es una propuesta de amor desde la pobreza, la humildad y el amor. Un amor gratuito, desinteresado y dado en la verdad y la misericordia. Una propuesta desde la autoridad, recibida del Señor, y desde el amor sobre el poder del mal – demonio – para expulsar esos espíritus inmundos que aprisionan, esclavizan y someten al hombre.

Sin embargo, ante esta propuesta, el hombre no perderá su liberta y, será él quien elegirá el camino a seguir, bien aceptando la propuesta que anuncia la Buena Noticia o bien rechazándola. No se trata de un poder que impone, sino que propone. Y un poder lejos de imponerse por la fuerza o por el poder económico. Se trata del poder del amor misericordioso presentado y anunciado desde la verdad, la humildad y el amor. Un poder sobre el pecado desde la pobreza y la libertad. Un poder apoyado y legitimado en la coherencia de lo anunciado y las obras realizadas. Un poder desde el servicio y desde lo necesario e imprescindible para vivir, servir y amar.

Un poder recibido tras la vivencia de un periodo de formación junto a Jesús que  los envía a anunciar esa Buena Noticia de liberación de la esclavitud a la que somete el pecado. Y una Buena Noticia que tras ser anunciad desde la rectitud, testimonio y coherencia vivida, su respuesta queda fuera de la responsabilidad de los enviados. Y es que la responsabilidad, de aceptar o no el mensaje, recaerá sobre cada uno, puesto que somos libres para decidir éste u otro camino.

miércoles, 2 de febrero de 2022

¿PRESENTAS TÚ TAMBIÉN TUS OFRENDAS AL SEÑOR?

Jesús es presentando en el templo al Señor por sus padres. José y María llevan al Niño al templo para cumplir con la Ley de Moisés: «Todo varón primogénito será consagrado al Señor» y para ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o dos pichones, conforme a lo que se dice en la Ley del Señor. Y he aquí que había en Jerusalén un hombre llamado Simeón; este hombre era justo y piadoso, y esperaba la consolación de Israel; y estaba en él el Espíritu Santo. Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de haber visto al Cristo del Señor. Movido por el Espíritu, vino al Templo; y cuando los padres introdujeron al niño Jesús, para cumplir lo que la Ley prescribía sobre Él, le tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: «Ahora, Señor, puedes, según tu palabra, dejar que tu siervo se vaya en paz; porque han visto mis ojos tu salvación, la que has preparado a la vista de todos los pueblos, luz para iluminar a los gentiles y gloria de tu pueblo Israel».

Conviene, ahora, presentarnos también, tú y yo, al Señor. Posiblemente lo hayan hecho nuestro padres en la hora de nuestro bautismo, pero, sería bueno y necesario que también lo hagamos nosotros ahora ya con uso de razón y conscientes de quién es nuestro Padre Dios. Por eso, sería bueno y necesario mirar cuáles son nuestras ofrendas. Es decir, que ofrecemos al Señor, que nos ha dado todo lo que tenemos, empezando por la vida. Porque, dependerá de lo que estemos dispuestos a ofrecer, lo que estaremos dispuestos a dar. Y, en la medida de lo que ofrezcamos y demos, irá también la eficacia del anuncio de esta Buena Noticia.

Porque, para anunciar al Señor hay, primero, que vivir en el Señor. No se puede anunciar a alguien en quien no se cree o no se sigue hasta el extremo. No se puede dar lo que no se tiene, y, si no tiene al Señor en tu corazón, ¿cómo lo vas a anunciar a otros? Será bueno meditar sobre nuestras ofrendas al Señor y preguntarnos: ¿Qué estoy dispuesto a ofrecer al Señor? ¿Simplemente lo que dice la Ley o lo que desborda de amor y misericordia mi corazón?

martes, 1 de febrero de 2022

EL PODER DE LA FE


La fe movió a aquella mujer a buscar a Jesús. Había oído de sus curaciones a otras mujeres y de dijo « si logro tocar su manto, quedaré sanada» Eso, al menos, es lo que creyó aquella mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años y en lo que había gastado todo su dinero. El resultado lo sabes si lees el Evangelio de hoy: «¿Quién me ha tocado los vestidos?». Sus discípulos le contestaron: «Estás viendo que la gente te oprime y preguntas: ‘¿Quién me ha tocado?’». Pero Él miraba a su alrededor para descubrir a la que lo había hecho. Entonces, la mujer, viendo lo que le había sucedido, se acercó atemorizada y temblorosa, se postró ante Él y le contó toda la verdad. Él le dijo: «Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz y queda curada de tu enfermedad».

Ahora, no te quede ahí, ni con la historia, ni con los hechos. Hoy, Jesús también camina, vive, pasa por tu lado y, ¿te atreves a tocarle su manto? ¿Crees en Él y que, sólo Él puede limpiar tu ceguera, tu enfermedad, tus pecados? Si es así, búscalo como aquella mujer y trata de acercarte a Él. Hoy lo tienes mucho más fácil. Está en el Sagrario esperándote. Pero, también, está en cada persona con la que te relacionas cada día. Tu corazón puede descubrir la presencia del Señor si trata de amar, de buscar el bien, la verdad y la justicia en todas las personas. Sobre todo, en aquellas que están más desfavorecidas, son más pobres y necesitan más auxilio.

El Señor no te pide lo que tú no puedes dar, y tienes y tenemos muy poco que darle al Señor. Mejor, nada, porque nada necesita el Señor de nosotros. Simplemente, lo único que podemos darle, y porque Él así lo ha querido, es nuestra fe. Creer en Él y en su Palabra y todo sucederá tal y como Él quiere. Eso fue, precisamente, lo que le pidió a Jairo: «No temas; solamente ten fe». Y eso mismo nos dice a nosotros. ¿Qué respondemos? Y si nuestra respuesta es afirmativa, ¿cómo se lo demostramos al Señor? Porque, no todo consiste en hablar y decir, sino que a cada palabra corresponde una acción. Por tanto, busquemos al Señor y, confiados en Él, tratemos de tocar su manto.

lunes, 31 de enero de 2022

JESÚS HA VENIDO A ANUNCIAR EL AMOR DEL PADRE Y A LIBERAR AL HOMBRE DE LA ESCLAVITUD DEL PECADO

La encarnación tiene una misión específica. Dios se hace hombre para, viviendo entre nosotros, enseñarnos el Camino de salvación. Nos anuncia el Amor Infinito de su Padre Dios y nos habla de su Infinita Misericordia. Conoce nuestras debilidades y pecados, pero, su Misericordia supera todas esas barreras y miserias. Encarnado en naturaleza humana, sin perder la Divina, Jesús, el Hijo del Hombre, nos señala el Camino, la Verdad y la Vida en su Persona. Él es nuestra relación y salvación con el Amor de nuestro Padre Dios.

A pesar de ir contra corriente en un mundo seductor y tentador, Jesús se pone al frente del hombre para guiarle por el camino correcto y salvífico. A pesar de que caminamos amenazados por el peligro tentador y seductor del demonio, Jesús, que es más fuerte, nos libera y nos salva de las garras del Maligno. Pero, al crearte libre necesita de tu aceptación, de tu colaboración, de tu fe. Eres libre y tendrás que decidir.

Importa ver nuestra situación y reflexionar dónde nos encontramos en este momento. Olvidarnos del pasado y no mirar al futuro nos centrará en el hoy, en este momento presente. El Señor está con nosotros, ha venido precisamente a eso. Quizás, no advirtamos la esclavitud a la que estamos sometidos. Incluso, igual nos consideramos libres, pero, ¿realmente lo somos? Experimentamos que estamos sometidos al pecado y que, ciegos por las seducciones y engaños del Maligno, no nos damos cuenta. El espejismo de la falsa felicidad nos deslumbra y nos somete. ¿Dónde realmente estamos? Esa es la pregunta y también la respuesta de la venida de Jesús.

El demonio no descansa y está constantemente tentándonos. Puede más que nosotros y nos engaña y seduce con facilidad. También dentro de nuestro corazón se introduce el pecado, contaminándonos y sometiéndonos a la voluntad del demonio. Es nuestro mayor enemigo. Necesitamos acudir al Señor Sacramentado – Sacramentos -  para, alimentados y fortalecidos en ellos, sostenernos firmes en la fe y la esperanza. En ellos encontramos la Gracia para mantenernos erguidos, firmes y apoyado en el Amor y la Misericordia de nuestro Padre Dios. Y, en Él, encontramos la sabiduría y la fortaleza para dar a conocer a otros la experiencia de nuestra liberación. Es el mandato que recibimos a la hora de nuestro bautismo.