martes, 24 de mayo de 2022

UNIDOS EN UN MISMO ESPÍRITU


Jesús se ha ido. Nos lo ha dicho el mismo: (Jn 16,5-11): En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: «Pero ahora me voy a Aquel que me ha enviado, y ninguno de vosotros me pregunta: ‘¿Adónde vas?’. Sino que por haberos dicho esto vuestrosY su ausencia nos ha puesto triste, y quizás, muchos tentados a no creer porque necesitan verle. La fe es precisamente eso, creer en Jesús aunque se haya ido.

En su ausencia ha venido el Paráclito, para asistirnos, dirigirnos el camino, fortaleciéndonos en cada instante, cada prueba y decisión. Necesitamos, pues, la fe y la confianza en abrir nuestro corazón de par en par a los impulsos del Espíritu Santo. Esa es su misión desde el instante que ha bajado a nosotros en la hora hermosa y decisiva de nuestro bautismo.

Un Espíritu Santo que nos llama a la unidad y a mantenernos todos unidos por la fe y el amor misericordioso. Un Espíritu Santo que nos convoca a seguir el mismo camino de unidad superando los rencores, las envidias, la soberbia y los egoísmos. Un Espíritu Santo que nos aúna en un mismo Espíritu para que, juntos, sigamos el Camino, la Verdad y la Vida que nos marca nuestro Señor Jesús.

lunes, 23 de mayo de 2022

ABRIRNOS A LA ACCIÓN DEL ESPÍRITU


La travesía de nuestra vida en el seguimiento del Señor no es ni será un camino de rosa. Estamos advertidos por el mismo Señor: (Jn 15,26—16,4): En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: «Cuando venga el Paráclito, que yo os enviaré desde el Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, Él dará testimonio de mí. Pero…

Por tanto, debemos estar preparados ante las dificultades que se nos presentarán. No seremos entendido y sí, seducidos y animados a dejarnos vencer y acomodarnos a la vida de bienestar y cómoda. Pero, tenemos, los bautizados, al Espíritu del Padre, que ha venido a nosotros en esa bendita hora del bautismo. Y en Él encontraremos la asistencia, la fortaleza y sabiduría para pertrecharnos de las malas intenciones, seducciones y tentaciones con las que el mundo, demonio y carne nos tratan de seducir.

Sin embargo, hay una condición sine qua non, abrirnos a la acción del Espíritu Santo y dejarle, confiando en Él, que actúe en nosotros y nos lleve por el camino que nos señala la Voluntad de Dios, que no es otro que el de amar y amar, sobre todo al enemigo. Un amor al que el mundo se opone y por el que recibiremos rechazos, persecuciones y hasta muerte. Jesús nos lo dice: … Os he dicho esto para que no os escandalicéis. Os expulsarán de las sinagogas. E incluso llegará la hora en que todo el que os mate piense que da culto a Dios. Y esto lo harán porque no han conocido ni al Padre ni a mí. Os he dicho esto para que, cuando llegue la hora, os acordéis de que ya os lo había dicho».

domingo, 22 de mayo de 2022

AMAR AL SEÑOR ES GUARDAR SU PALABRA


El Evangelio de hoy descubre la reiteración con la que Jesús enseña y repite: «Si alguno me ama, guardará mi Palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él. El que no me ama no guarda mis palabras. Y la palabra que escucháis no es mía, sino del Padre que me ha enviado… 

Observen que estos días atrás leíamos los pasajes evangélicos Jn 15, 12-17; Jn 15, 18-21; y hoy leemos Jn 14, 23-29. En todos ellos, Jesús nos recuerda a su Padre y su mandato y la dificultad que implica seguirle. Y nos recuerda que vendrá el Paráclito – Espíritu Santo – para recordarnos y enseñarnos lo que debemos tener presente y recordar a cada instante de nuestra vida. Es indudable quien ama a Jesús está también amando al Padre, pues, la Palabra que nos da Jesús es la Palabra del Padre.

Si no escuchamos y, en consecuencia, no amamos al Señor, tampoco amamos al Padre Dios. Queda, pues, claro que quienes dicen: “Yo creo en Dios, pero no el la Iglesia” está engañándose y desoyendo la voz de Jesús, fundador de la Iglesia que ha dejado en manos de los apóstoles. Por tanto, el camino está claro, se trata de no solo creer, sino de actuar y vivir en la Palabra que Jesús nos da. Palabra que guardamos, recordamos y nos esforzamos en vivir en la Iglesia, donde hemos recibido, en la hora de nuestro bautismo, al Espíritu Santo.

sábado, 21 de mayo de 2022

NO ACEPTADOS POR EL MUNDO


A la hora de replantearte seguir a Jesús tienes que saber y, por consiguiente, tener muy claro que enfrente de ti estará el mundo. Un mundo opuesto a todo lo que sea dar gratuitamente, sin condiciones y sin esperar recompensa. Un mundo donde la competencia, la rivalidad, el ser más y tener más prima ante todo lo demás. Se pospone todo derecho ante la oportunidad de ganar, de estar primero, de escalar o de ser más influyente y poderoso. La carrera política es un claro exponente de todo esto que reflexionamos y comentamos.

Sin lugar a discusión, desde esa atalaya, tú y yo, debemos tener muy claro que la Palabra y la Buena Noticia de Jesús nos plantea serios problemas. Los poderosos, a pesar de entender que la verdad va por ahí, no la aceptan, miran para otro lado y se dejan seducir por el bienestar temporal, la felicidad construida sobre arena movediza y los espejismo del placer y la belleza. El príncipe de este mundo tiene todas esas cartas y juega siempre con mucha ventaja. Sobre todo sobre aquellos que se desinteresan de escuchar la Palabra de Dios y, piensan, que solos se bastan. Quedan a merced del mundo, demonio y carne.

Jesús lo sabe y nos lo advierte. Si están conmigo el mundo les odia, porque también me odian a Mí. Ahí se esconde la clave del perseguimiento a la Iglesia, de la amenaza a todo lo que huele a católico, a valores cristianos, a…etc. Les molesta y se desvanecen los sexos por imaginar situaciones y formas de derrumbar a la Iglesia. Saben, como lo sabía Gamaliel, y se los advirtió – Hch 5, 34-39 – que no podrán con la Iglesia. Y eso les molesta y les preocupa más. Van ya XXI siglo y la Iglesia sigue su curso. La sangre de los mártires aumenta la cristiandad. Estamos dispuesto a dar nuestra vida al igual que la dio nuestro Señor. Y ese es el Camino, seguirle, porque solo Él es Camino, Verdad y Vida.

viernes, 20 de mayo de 2022

EL AMOR A DIOS POR ENCIMA DE TODO


A pesar de las diferencias y de pensar cada cual a su manera; a pesar de los egoísmos y de entender el amor como un dar y recibir, el amor, el verdadero amor, nos une y nos permite convivir en un clima de verdad, de justicia y de paz. Y es precisamente en esas circunstancias cuando el amor se descubre como auténtico y verdadero.

El mandato del Señor es precisamente ese, «el esfuerzo de cada día por amarnos». Porque, en el amor se esconde la verdad, la justicia y la paz. Y, se aman, los amigos, los que no tienen secreto y se saben iguales en derecho y dignidad. Las Palabras del Señor a este respecto nos lo aclara:  Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. No os llamo ya siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer.

Hemos sido elegidos por el Señor para amar, y, quienes se desmarcan de ese amor sin condiciones, gratuito y sin esperar recompensa, se borran de la lista que el Padre ha dado a su Hijo. Somos libres para elegir el camino del amor, al estilo de Jesús, o al estilo del mundo, un amor egoísta, que espera recibir lo que da y no da donde no hay posibilidad de recibir. Es el estilo que impone el mundo y en el que vemos que con esa forma de amar no hay verdad, justicia ni paz. Y así está el mundo, basta mirarlo con detenimiento y observar que impera el mal y se impone el hedonismo, el bien vivir sin pensar en aquellos que sufren y que necesitan, quizás más, del amor de los demás.

jueves, 19 de mayo de 2022

PERMANECER EN EL AMOR DEL SEÑOR

Hoy el Señor continúa hablándonos de la gran importancia que es la de permanecer en su Amor. Una permanencia que se trata de vivir y guardar sus mandamientos. Una permanencia que consiste en vivir el estilo de vida que vivió Jesús. Una permanencia que consiste en estar muy unido y frecuentar, en la medida de lo posible, el sacramentos Eucarístico y el de la reconciliación. Ellos son la fortaleza que nos sostienen firme ante las seducciones y tentaciones de este mundo.

Al vivir esforzándote en guardar sus mandamientos, advierte que lo que haces es amar. Amar como hizo Jesús. Unos mandamientos que están resumidos en dos: primera opción de tu vida Dios sobre todas las cosas; y, segunda, el prójimo como si se tratara de ti mismo. Esforzándote en lo segundo, vives en el primero. Y, para vivir en el primero – Amar a Dios – tienes que esforzarte en vivir en el segundo. Es fácil advertirlo y entenderlo, pero, diría imposible vivirlo sin estar, sin permanecer en el Amor del Señor. Por eso la importancia de estar unido a Él Eucarísticamente.

Un amor que viene del Padre y que Jesús nos hace partícipe desde su entrega amorosa y misericordiosa. Amándole a Él entramos en esa relación de amor entre Él y el Padre. Nos lo dice claramente: (Jn 15,9-11): En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: «Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor. Os he dicho esto, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea colmado».  

miércoles, 18 de mayo de 2022

PERMANECER ES LA CLAVE



Todo fruto exige una permanencia y constancia. Nada es fruto de un día. Amar exige permanecer en el Amor. Dios, nuestro Padre, es Amor y, en la medida que permanecemos en Él, permanecemos en el Amor. Junto a Él nos alimentaremos de su Cuerpo y su Sangre, y esa savia nos dará fortaleza y misericordia para amar como Él nos ama. De esa manera permaneceremos en Él.

Permanecer injertados a la Vid tendremos siempre vida. De ahí la importancia y la insistencia del grito de «permanencia» En el Evangelio de hoy se repite siete veces el verbo permanecer señalando la importancia fundamental que tiene. Nuestros frutos vendrán dependiendo de nuestra permanencia en el Señor. Es de vital importancia estar unido, injertado al Señor. Es de suma importancia alimentarnos, al ser posible, cada día del Alimento que nos da la Vida Eterna y transforma nuestro corazón, nuestra mirada y nuestro ser y obrar en este mundo.

Porque, los frutos, no son obras concretas que podamos realizar. No se trata de eso, sino de mirar a los demás, al hombre y a la mujer, con los mismos ojos que mira Jesús, el Señor. Una mirada con ojos llenos de amor, de comprensión, de humildad, de bondad, de servicio y suavidad. Una mirada abierta a la misericordia como Misericordiosamente es Jesús con nosotros. De eso se trata, de vivir esa permanencia de amor misericordioso cada día de nuestra vida. Entonces podemos decir que, al menos, tratamos y nos esforzamos en permanecer en el Señor. Y, Él, el Señor, permanecerá en nosotros.